Una mancha negra no es un diagnóstico, es un síntoma, y detrás de él hay al menos seis causas distintas que se tratan de maneras incompatibles entre sí. Aplicar fungicida a una planta cuyas hojas están negras por exceso de riego no arregla nada; limpiar con jabón una hoja quemada por el sol tampoco. Antes de comprar ningún producto conviene dedicar cinco minutos a mirar la hoja de cerca, tocarla y comprobar el sustrato. Con esos tres gestos se resuelve la mayor parte de los casos.

Este artículo va en ese orden: primero cómo distinguir unas manchas de otras, después qué hacer con cada tipo y, al final, las medidas que evitan que vuelvan.

Lo primero: tres comprobaciones antes de tratar

Frote la mancha con el dedo o con un paño húmedo. Si el negro se va y debajo aparece hoja verde y sana, no hay ninguna enfermedad del tejido: es negrilla, un hongo que vive encima de la hoja, no dentro. Si la mancha no se mueve, está en el tejido y hay que seguir mirando.

Toque la mancha. Una mancha seca, crujiente, como de papel quemado, apunta a un daño físico (sol, frío, sales, viento). Una mancha blanda, húmeda, que al apretar suelta líquido o huele mal, apunta a bacterias, a asfixia radicular o a podredumbre.

Mire dónde está. Las manchas que empiezan por las hojas viejas de abajo y suben suelen tener causa de raíz o de riego. Las que aparecen solo en la cara expuesta al sur o al mediodía son quemaduras. Las que se reparten al azar por toda la planta y crecen en círculos son casi siempre fúngicas. Y una hoja negra suelta, la más vieja de todas, en una planta que por lo demás está bien, con frecuencia no significa nada.

Negrilla: hollín que se quita frotando

Es la causa número uno en el jardín mediterráneo, y también la más malinterpretada. La negrilla o fumagina es una capa negra, mate, polvorienta, formada por hongos saprófitos de los géneros Capnodium, Cladosporium y Alternaria, entre otros. Esos hongos no parasitan la planta: se alimentan de la melaza azucarada que excretan ciertos insectos chupadores mientras se alimentan de la savia.

La consecuencia práctica es importante: tratar la negrilla con fungicida es tirar el dinero. Mientras haya insecto habrá melaza, y mientras haya melaza volverá el hollín. Lo que hay que buscar es al culpable, que casi siempre está en el envés de las hojas jóvenes o en los brotes tiernos:

  • Pulgón (Aphis spp., Myzus persicae): colonias visibles en brotes tiernos en primavera y otoño.
  • Mosca blanca (Trialeurodes vaporariorum, Bemisia tabaci): al mover la planta levantan una nube de mosquitas blancas.
  • Cochinillas: la del olivo y los cítricos (Saissetia oleae), en forma de "H" sobre el escudo; la cochinilla algodonosa (Planococcus citri), con aspecto de algodón en las axilas.
  • Psila del laurel (Trioza alacris), que además enrolla y engrosa los bordes de la hoja.

Un indicio infalible: si hay hormigas subiendo y bajando por el tronco, hay insecto productor de melaza. Las hormigas lo protegen precisamente para cosechar esa melaza.

El tratamiento tiene dos partes. Contra el insecto, jabón potásico al 1-2 % pulverizado a fondo por el envés, repitiendo cada 7-10 días hasta que desaparezca; contra cochinillas, que llevan escudo impermeable, funciona mejor el aceite de parafina (aceite mineral de verano) al 1-1,5 %, aplicado a temperaturas suaves, nunca con sol de mediodía ni por encima de 28-30 °C. Contra la limpieza de la hoja, un paño húmedo con unas gotas de jabón neutro. El hollín que queda tras eliminar la plaga no se cae solo: hay que retirarlo o esperar a que la hoja envejezca, porque mientras esté ahí reduce la fotosíntesis.

Hojas cubiertas por la capa negra y polvorienta de la negrilla

Manchas foliares de origen fúngico

Aquí la mancha sí está dentro del tejido. El aspecto típico es una lesión redondeada u ovalada, de borde bastante definido, a menudo con un halo amarillo alrededor y con puntitos negros diminutos en el centro cuando se mira de cerca: son los cuerpos fructíferos del hongo. Algunas dibujan anillos concéntricos, como una diana.

Casos frecuentes en España:

  • Mancha negra del rosal (Diplocarpon rosae). Manchas negras de borde irregular, casi estrellado, con halo amarillo; la hoja acaba cayendo y el rosal se queda desnudo a media temporada. Necesita varias horas seguidas de hoja mojada a temperaturas templadas para infectar, de modo que se dispara en primaveras lluviosas y en otoños húmedos.
  • Repilo del olivo (Venturia oleaginea, antes Spilocaea oleagina). Manchas circulares oscuras con halo amarillento, el clásico "ojo de gallo" o de pavo, sobre todo en la parte baja y sombreada de la copa. Defolia y merma la cosecha.
  • Alternariosis (Alternaria spp.). Manchas pardo-negruzcas con anillos concéntricos, muy común en tomatera, hortalizas y bastantes plantas de interior debilitadas.
  • Antracnosis (Colletotrichum spp.). Lesiones hundidas, de aspecto húmedo, en hojas, tallos y frutos; frecuente en aguacate, judía, frutales y en interiores con mucha humedad.
  • Mancha de alquitrán del arce (Rhytisma acerinum). Manchones negros brillantes, gruesos, muy llamativos, sobre hojas de Acer. Alarma mucho y perjudica poquísimo: no hace falta tratar el árbol, basta con recoger la hojarasca.

El manejo es más de higiene que de química. Retire y tire a la basura las hojas afectadas y, sobre todo, la hojarasca caída al pie: ahí es donde el hongo pasa el invierno y desde ahí vuelve a infectar en primavera. No las eche al compost doméstico, que rara vez alcanza la temperatura necesaria. Aclare la planta para que corra el aire y deje de regar por encima. Si hace falta producto, el cobre (oxicloruro, hidróxido) funciona bien como preventivo en aplicaciones de otoño y de final de invierno, y para el rosal existen fungicidas sistémicos a base de triazoles. Ninguno cura la mancha ya formada: protegen la hoja sana, así que aplicarlos cuando la planta ya está devastada sirve de poco.

Manchas bacterianas: angulares y con aspecto grasiento

Las bacterias fitopatógenas más habituales en jardín (Pseudomonas syringae, Xanthomonas spp.) dan un cuadro distinto y merece la pena aprender a separarlo del fúngico, porque el fungicida no las toca.

La mancha bacteriana suele ser angular, con los bordes rectos porque se detiene al llegar a los nervios de la hoja; tiene aspecto acuoso o grasiento, y mirada a contraluz se ve traslúcida en su primer estadio, antes de ennegrecer. Muchas veces la rodea un halo amarillo amplio y difuso. Avanza rápido con calor y humedad, y entra por heridas y por los estomas.

Contra ellas: eliminar de inmediato la parte afectada cortando bastante por debajo de la lesión, no mojar el follaje bajo ningún concepto, separar la planta de sus vecinas y aplicar cobre, que es bacteriostático. Si la infección alcanza el tallo principal, lo sensato suele ser sacrificar el ejemplar antes de que contagie al resto.

Quemaduras: sol, frío, sales

Un tercio largo de las consultas por "manchas negras" no son ni hongos ni bacterias, sino tejido muerto por un daño físico. Se reconoce porque la zona está seca, quebradiza, sin halo amarillo definido y, sobre todo, porque no avanza: la mancha que hizo el sol de hace dos semanas sigue teniendo exactamente el mismo tamaño hoy.

Quemadura solar. Aparece en las hojas más expuestas y en la mitad que da al sol, respetando las de dentro. El caso típico es la planta que ha pasado el invierno en casa y sale a la terraza en abril de golpe, o la que se compró en un invernadero sombreado. Empieza como decoloración blanquecina o parda y termina en placas negras secas. También la provoca la lupa de una gota de agua sobre hoja pilosa, y la ventana orientada al sur en verano, que concentra calor sin ventilación.

Daño por frío. Manchas negras de aspecto acuoso, blandas al principio, en plantas tropicales expuestas por debajo de 10-12 °C: Ficus, Spathiphyllum, Alocasia, Dieffenbachia, potos. En el interior peninsular basta con dejar la maceta cerca de una ventana mal aislada en enero, o entrarla del balcón después de una noche de helada. En exterior, la escarcha tardía de marzo hace lo mismo con los brotes nuevos de higuera, hortensia o aguacate.

Quemadura por sales. Puntas y bordes de la hoja pardo-negruzcos, con una línea de transición nítida hacia el tejido verde. La causan el abono en exceso, el abono aplicado sobre sustrato seco, el agua muy dura o salina y, en macetas, la acumulación de sales por regar siempre poca cantidad sin que drene nada. La solución es lavar el cepellón: regar abundantemente varias veces seguidas dejando salir el agua por el fondo, y ajustar después la dosis de abono.

Exceso de riego y asfixia radicular

Cuando el problema está abajo, la hoja lo cuenta arriba. Las raíces asfixiadas por un sustrato encharcado o compactado dejan de absorber, se pudren y abren la puerta a hongos de suelo como Phytophthora y Pythium. En la hoja se ve un ennegrecimiento que suele empezar por la base o por el nervio central, con el tejido blando y el conjunto de la planta mustio, curiosamente, como si le faltara agua. Ese es el gran malentendido: la planta ahogada parece sedienta, se riega más y se remata.

Compruebe siempre el sustrato con el dedo o con un palo antes de decidir. Si sale húmedo y frío a cinco centímetros y huele a cerrado, hay exceso, no falta. En ese caso: dejar de regar, sacar el cepellón, retirar la tierra empapada y las raíces marrones y blandas, recortar hasta encontrar raíz blanca y firme, y replantar en sustrato nuevo con buen drenaje y en una maceta que no sea desproporcionadamente grande. Y quite el plato con agua permanente debajo, que es la causa material de buena parte de estos casos. Cactáceas, Sansevieria, Zamioculcas, orquídeas y suculentas son las que más caen.

Hojas con zonas ennegrecidas en una planta de jardín

Mojar la hoja: pulverizaciones y riego por encima

Pulverizar las hojas está muy extendido como forma de "dar humedad ambiental", y su eficacia real es escasa: el efecto dura unos minutos y luego la humedad relativa vuelve a la que había. Lo que sí es duradero es el rastro que deja.

Una gota de agua que permanece horas sobre la hoja es el requisito que necesitan los hongos foliares para germinar. Si además hay cal en el agua, la evaporación deja una costra blanquecina que después se mancha. Y si el agua se acumula en el cogollo o en las axilas de plantas con roseta (violeta africana, Begonia, ciclamen, Echeveria), lo que se pudre es el corazón de la planta.

Reglas sencillas: regar al pie, no por encima; si hay que mojar el follaje, hacerlo a primera hora de la mañana para que se seque antes de la noche, y nunca en las horas centrales de un día soleado; y para humedad ambiental de verdad, agrupar plantas, usar bandejas con grava y agua sin que el fondo de la maceta toque el agua, o un humidificador.

Hojas viejas que sencillamente se mueren

Vale la pena decirlo porque ahorra tratamientos innecesarios: toda planta renueva su follaje. Las hojas más antiguas, las de abajo o las del interior de la copa, amarillean, se manchan y se secan. Si la mancha afecta a una o dos hojas de las más viejas, no crece, no se contagia a las nuevas y el resto de la planta está sana y brotando, no hay nada que tratar. Corte la hoja y siga adelante. Palmeras, Ficus, drácenas y helechos hacen esto de forma constante y en muchos casos se les aplica un fungicida que no hacía ninguna falta.

Cómo evitar que vuelvan

Aclimatar antes de cambiar de sitio. Cualquier planta que pase de interior o de sombra a pleno sol necesita entre dos y tres semanas de transición: primero sombra luminosa, luego sol de primera hora, y solo después exposición completa. Nunca de golpe, y menos entre mayo y agosto.

Regar bien y en el momento correcto. Al pie, en abundancia, con menos frecuencia, y por la mañana. En verano, temprano; en invierno, a media mañana. El riego por goteo o el riego por inmersión evitan por completo el problema del follaje mojado.

Dar aire. Plantas demasiado juntas, setos densos sin aclarar y macetas apiñadas contra una pared crean el microclima húmedo que los hongos necesitan. Una poda de aclareo hace más contra la mancha foliar que dos tratamientos.

Recoger la hojarasca enferma. Es la medida más barata y la que más se salta. En el rosal, en el olivo y en los frutales, el inóculo del año que viene está ahora mismo en el suelo.

Herramientas limpias. Desinfecte tijeras y serrucho entre planta y planta, y con más razón si acaba de cortar tejido enfermo. Alcohol de 70º es lo más práctico: actúa en segundos y no corroe el acero como la lejía. Y afile: un corte limpio cicatriza; uno que machaca deja tejido muerto donde entra cualquier cosa.

No abonar de más. El exceso de nitrógeno produce brotes tiernos, acuosos y blandos, que es justo lo que prefieren pulgón, cochinilla y hongos. Un abono equilibrado, con potasio suficiente, da tejido más duro y más resistente.

Sobre la pasta cicatrizante

Aquí conviene actualizar una costumbre muy asentada. Durante décadas se recomendó sellar toda herida de poda con masilla o pasta cicatrizante. La investigación posterior sobre cómo compartimentan las heridas los árboles mostró que esos productos no aceleran el cierre y que, al retener humedad bajo la capa impermeable, pueden favorecer justamente la pudrición que pretendían evitar. Hoy la recomendación general es no sellar.

Lo que sí funciona es lo otro: podar en el momento adecuado (para los caducifolios, el reposo invernal; para los sensibles a chancros, evitar los periodos húmedos), cortar en el sitio correcto, respetando el rodete o cuello de la rama sin dejar tocón y sin herir la corteza, hacerlo con tiempo seco y con herramienta afilada y desinfectada, y no quitar de una vez más de un cuarto de la copa. Un árbol bien podado se defiende solo.

La excepción son casos concretos en los que existe un riesgo conocido de infección o de atracción de insectos vectores a través de la herida fresca; ahí sí se recomienda proteger el corte, normalmente con un fungicida cúprico y siguiendo las indicaciones oficiales para esa especie y esa plaga.

En resumen

Frote la mancha: si se va, es negrilla y el problema real es un insecto chupador, no un hongo. Si no se va, toque: seca y quebradiza apunta a quemadura por sol, frío o sales, y no requiere tratamiento fitosanitario, sino corregir la ubicación, la temperatura o el abonado; blanda y húmeda apunta a bacterias o a asfixia radicular, y entonces hay que revisar el sustrato antes que la hoja. Las manchas redondeadas con halo amarillo y puntitos negros son fúngicas y se combaten sobre todo con higiene, aireación y riego al pie, con el cobre como apoyo preventivo. Y si solo hay una o dos hojas viejas afectadas mientras la planta brota con normalidad, lo más probable es que no ocurra nada en absoluto.


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