El mildiu no es un hongo. Pertenece a los oomicetos, un grupo emparentado con las algas pardas, y esa diferencia no es una curiosidad de manual: explica por qué el azufre, que arregla un oídio en dos aplicaciones, no le hace absolutamente nada al mildiu, y por qué muchos fungicidas polivalentes del armario del trastero son papel mojado contra él.
Antes de comprar nada conviene tener claras dos cosas: qué tienes exactamente delante y en qué momento estás. Los productos contra el mildiu son casi todos preventivos. Aplicados sobre una planta ya invadida, la mayor parte no revierte nada.
Qué es el mildiu y quién lo causa
"Mildiu" es un nombre común que agrupa a varios patógenos distintos, cada uno especializado en su cultivo. Los que se encuentran en un huerto o un jardín español son:
Phytophthora infestans, el mildiu de la patata y el tomate, el más destructivo de todos. Plasmopara viticola, el mildiu de la vid. Bremia lactucae, en lechuga. Peronospora destructor, en cebolla y ajo. Pseudoperonospora cubensis, en calabacín, pepino y melón. Peronospora belbahrii, en albahaca, cada vez más común en macetas de terraza. Y Peronospora sparsa, en rosal y zarzamora.
Ninguno salta de un cultivo a otro con facilidad: el mildiu del tomate no va a pasar a tu parra. Lo que sí ocurre es que las condiciones que favorecen a uno favorecen a todos, así que en un año húmedo aparecen a la vez y da la impresión de que es lo mismo.
Todos comparten un rasgo que condiciona el manejo: se dispersan por esporangios que necesitan agua líquida sobre el tejido para germinar. Con la hoja seca, el mildiu se para. Con la hoja mojada durante unas horas y temperatura templada, avanza a una velocidad que sorprende a cualquiera que no lo haya visto.
Cómo reconocerlo sin confundirlo con el oídio
Esta confusión hace perder cosechas enteras, porque lleva a comprar el producto equivocado. Se lee muy a menudo que el mildiu es "un polvo grisáceo sobre las hojas". No lo es, o no exactamente.
El oídio es un polvo blanco harinoso sobre el haz, que se quita frotando con el dedo, y aparece con tiempo seco y noches húmedas. Se trata con azufre o bicarbonato potásico.
El mildiu se ve distinto por las dos caras de la hoja. Por el haz, manchas de aspecto aceitoso, amarillentas o pardas, que en la vid se llaman "manchas de aceite" y que en muchos cultivos quedan delimitadas por los nervios, con contorno anguloso en vez de redondo. Por el envés, y solo con humedad alta, un fieltro blanquecino o grisáceo muy fino, tipo pelusa, que no se desprende igual y que puede desaparecer si el ambiente se seca. En tomate y patata, además, aparecen manchas pardas de aspecto húmedo en tallos y peciolos, y en el fruto una podredumbre parda, dura, irregular, que arruina el tomate desde fuera hacia dentro.
Regla práctica: si el polvo está arriba y se limpia con el dedo, es oídio. Si la mancha está arriba y la pelusa abajo, es mildiu. Si compras un fungicida a base de azufre para lo segundo, has tirado el dinero.
Cuándo hay que estar en alerta
Tratar por calendario es caro e ineficaz. Tratar antes de un episodio de riesgo es lo que funciona.
En vid, la referencia clásica es la regla de los tres dieces: brotes de unos 10 cm, temperatura media por encima de 10 °C y una lluvia de 10 mm o más. Con esas tres condiciones juntas ya son posibles las primeras infecciones, y ese es el momento del primer tratamiento, no cuando aparecen las manchas.
En patata y tomate, el riesgo se dispara cuando se encadenan dos días con mínimas por encima de 10 °C y humedad relativa por encima del 90 % durante once horas o más. En la práctica peninsular eso significa primaveras lluviosas, nieblas persistentes y la franja cantábrica y atlántica casi todo el año. En el interior seco de Castilla o en Murcia, el mildiu del tomate suele ser un problema puntual de mayo o de un septiembre tormentoso, no una condena.
Con temperaturas por encima de 30 °C y ambiente seco el mildiu se detiene. Por eso en pleno julio manchego no se ve, y por eso reaparece con las tormentas de final de verano.
Productos de contacto: cobre y compañía
Son fungicidas que forman una película protectora sobre la superficie. No entran en la planta, así que no protegen el brote que crece después de la aplicación ni curan lo ya infectado.
Cobre. Sigue siendo la base del control del mildiu, sobre todo en manejo ecológico. Se comercializa como hidróxido cúprico, oxicloruro de cobre, óxido cuproso y sulfato cuprocálcico (el conocido caldo bordelés). Compra formulaciones comerciales ya preparadas y aplícalas a la dosis de la etiqueta: las mezclas caseras ni están autorizadas ni tienen una concentración fiable, y el exceso de cobre quema el follaje.
Lo que hay que saber del cobre para usarlo bien: se lava con la lluvia, y a partir de unos 20-25 mm acumulados hay que renovar la aplicación; no llega a las hojas nuevas, así que en primavera, con la planta creciendo rápido, la protección envejece en pocos días; y es fitotóxico si se aplica en pleno sol de mediodía, con calor o sobre tejido muy tierno.
Y una advertencia que se ignora demasiado porque el cobre se percibe como inocuo: es un metal pesado que se acumula en el suelo, no se degrada, resulta tóxico para lombrices y microfauna y es muy peligroso para los organismos acuáticos. La normativa europea limita su uso a una media de 4 kg de cobre metal por hectárea y año. Nunca lo apliques cerca de un estanque, una acequia o un arroyo, ni laves el pulverizador en el desagüe.
Folpet. Fungicida de contacto multisitio, muy usado en viña, con buen perfil frente a resistencias precisamente porque actúa sobre varias dianas a la vez. En jardinería particular su disponibilidad es limitada.
Mancozeb. Aparece en muchísimos textos antiguos y en recomendaciones de foro. La Unión Europea no renovó su aprobación y sus usos terminaron en enero de 2021. Si te queda un bote en el trastero, no lo uses: está fuera de la legalidad y su retirada se debió a preocupaciones toxicológicas. Llévalo a un punto limpio o a un gestor de residuos.
Productos penetrantes y sistémicos
Se mueven dentro de la planta, protegen el crecimiento nuevo, aguantan la lluvia una vez absorbidos y algunos tienen un margen curativo corto sobre infecciones muy recientes.
Fosetil-aluminio y fosfonatos potásicos. Sistémicos en los dos sentidos, ascendente y descendente. Estimulan además las defensas de la planta. Son de los pocos con presentación accesible en jardinería.
Metalaxil-M (mefenoxam) y benalaxil. Muy eficaces y con acción curativa de uno o dos días, pero con un historial de resistencias muy serio: hay poblaciones de Phytophthora infestans y Plasmopara viticola insensibles desde hace décadas. Por eso se formulan siempre mezclados con un contacto y se limita el número de aplicaciones por campaña.
Cimoxanilo. Efecto "stop" sobre infecciones de las últimas 24-48 horas, con persistencia corta. Siempre en mezcla.
Dimetomorfo, mandipropamid, ciazofamida, amisulbrom, zoxamida, propamocarb, oxatiapiprolina. Materias activas modernas y muy específicas de oomicetos. En su mayoría son formulaciones profesionales, con lo que eso implica en cuanto a requisitos de uso.
Antes de comprar: lo que dice la ley
En España, un particular solo puede usar productos cuya etiqueta indique "uso reservado a jardinería exterior doméstica". Los envases profesionales exigen carné de aplicador e inscripción en el ROPO, y venderlos a un particular sin ese requisito es ilegal.
Tres comprobaciones antes de pagar, en la propia etiqueta:
Que el cultivo que vas a tratar figure expresamente en el envase. Un producto autorizado en vid no está autorizado en tomate por parecido que sea el problema. Que veas el plazo de seguridad, los días que deben pasar entre la última aplicación y la recolección; varía mucho según materia activa y cultivo, y es el dato que determina si podrás comer ese tomate. Y que el producto esté vigente en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, que es público y se consulta en línea: las autorizaciones cambian cada año y las listas que circulan por internet envejecen muy rápido.
En la aplicación: guantes y protección respiratoria según indique la etiqueta, nunca pulverizar con viento, mejor a primera hora o al atardecer, jamás por encima de 28-30 °C, y respetar el plazo de reentrada al recinto tratado.
Alternar es tan importante como elegir bien
Los oomicetos generan varias generaciones por temporada y mutan deprisa. Repetir la misma materia activa toda la campaña selecciona las cepas resistentes y en dos o tres años el producto deja de funcionar en tu parcela, aunque siga funcionando en la de al lado.
La pauta sensata es no repetir el mismo modo de acción más de dos o tres veces por campaña, alternar con un multisitio como el cobre o el folpet, y aplicar los sistémicos siempre en mezcla con un contacto. Los grupos de resistencia vienen codificados en la etiqueta según la clasificación FRAC; dos productos con el mismo código no cuentan como alternancia por mucho que se llamen distinto.
Lo que ningún producto puede sustituir
Un huerto donde la hoja se seca pronto necesita la mitad de tratamientos. Estas medidas no son un complemento decorativo del pulverizador; son la parte que decide el resultado.
Riego al pie y por la mañana. Goteo o exudación, nunca aspersión sobre el follaje. Si mojas la hoja al atardecer, la dejas húmeda desde la puesta de sol hasta media mañana siguiente, sumando el rocío: son doce horas de condiciones perfectas para la germinación.
Aire. Marcos de plantación amplios —en tomate, 50-60 cm entre plantas y 80-100 cm entre líneas—, deshojado de la parte baja hasta unos 30 cm del suelo y ventilación diaria del invernadero, incluso en días frescos. Un túnel cerrado con humedad condensando es un incubador.
Acolchado. Paja o plástico sobre el suelo cortan el salpicado de agua que sube el inóculo desde el suelo a las hojas bajas, que es por donde empieza casi siempre.
Eliminar el material afectado. Hojas, tallos y frutos con síntomas, fuera de la parcela. No al compost casero. En patata, retira los tubérculos que queden en el suelo tras la cosecha y los montones de deshecho: ahí es donde Phytophthora infestans pasa el invierno y desde donde arranca la epidemia del año siguiente.
Variedades y fechas. Hay variedades de patata y de tomate con tolerancia alta al mildiu, y en vid las híbridas resistentes de nueva generación reducen drásticamente el número de tratamientos. Adelantar la plantación de la patata para que el tubérculo esté hecho antes del pico de humedad también funciona como estrategia de escape.
Rotación. No repitas solanáceas en el mismo bancal dos años seguidos, ni cucurbitáceas, ni cebolla tras cebolla.
Si el mildiu ya está declarado
Con una planta de tomate con manchas en tallo y frutos podridos, no hay producto que la recupere. Lo realista entonces es arrancar y retirar la planta para proteger a las vecinas y tratar preventivamente las que aún estén limpias. En vid, un ataque fuerte en racimo se salda con la pérdida de esa cosecha; lo que se protege ya es la hoja, para que la cepa acumule reservas y llegue bien al año siguiente.
Aceptar esa pérdida pronto sale mucho más barato que encadenar tratamientos sobre un cultivo perdido, y evita mantener en el huerto una fuente de esporas que va a infectar todo lo demás.
En resumen
El mildiu es un oomiceto, no un hongo, y el azufre no le hace nada. Identifícalo por la combinación de mancha aceitosa y angulosa en el haz con pelusa grisácea en el envés, que es lo que lo separa del oídio.
Los productos eficaces son el cobre y otros contactos como el folpet, y los sistémicos a base de fosetil-aluminio, fosfonatos, metalaxil-M o cimoxanilo, casi siempre formulados en mezcla. Todos funcionan de forma preventiva, aplicados antes del episodio de humedad, no después de ver las manchas. El mancozeb está retirado en la UE desde 2021 y no debe usarse. Compra solo envases con la mención de uso reservado a jardinería exterior doméstica, comprueba que tu cultivo figure en la etiqueta y respeta el plazo de seguridad. El cobre no es inocuo: se acumula en el suelo y es muy tóxico para la vida acuática.
Y por encima de todo, riega al pie y por la mañana, airea, acolcha, retira el material enfermo, rota los cultivos y elige variedades tolerantes. Ahí es donde se gana la partida; el pulverizador solo remata.