El agua sale por los agujeros del fondo a los diez segundos y la maceta pesa exactamente lo mismo que antes de regarla. Eso no es un riego: el cepellón está tan seco que ha repelido el agua y esta se ha escurrido por el hueco que se abre entre la tierra y la pared del tiesto. Es la primera trampa de cualquier planta reseca, y explica por qué hay quien riega a diario durante una semana entera y la planta sigue mustia.
Un sustrato muy seco repele el agua
La turba rubia y la fibra de coco, base habitual de los sustratos comerciales, se vuelven hidrófobas cuando bajan de cierto contenido de humedad. Los compuestos orgánicos de su superficie dejan de mojarse, la tierra se contrae, se separa de las paredes y el agua encuentra un atajo por el lateral hasta el plato. Por dentro, el cepellón sigue polvo.
La solución es el baño por inmersión. Mete la maceta entera en un barreño con agua hasta la altura del sustrato, sin cubrirlo, y déjala entre veinte y cuarenta minutos, hasta que dejen de salir burbujas. El agua entra por capilaridad desde abajo y moja lo que el riego por arriba no consigue mojar. Después, saca la maceta y deja escurrir bien: media hora larga sin plato, porque una planta estresada metida a continuación en un plato lleno pasa de la sequía a la asfixia radicular en tres días.
Para macetas grandes o plantas en el suelo, la alternativa es regar poco a poco y varias veces: cinco minutos de agua, media hora de espera, otros cinco minutos. Se moja igual y sin escorrentía. Existen humectantes agrícolas —agentes tensioactivos— que rebajan la tensión superficial y facilitan que la turba vuelva a admitir agua; se venden en tienda de jardinería y se aplican diluidos según etiqueta. Evita improvisar con detergentes domésticos: no están formulados para esto y a ciertas concentraciones dañan la raíz.
Antes del agua, comprueba que sea sed
Una planta caída no siempre tiene sed. El marchitamiento es la respuesta a la falta de agua en el tejido, y esa falta puede venir de que no la hay en el suelo o de que la raíz está podrida y no puede absorberla. Las dos cosas se parecen mucho y se tratan al revés.
Pesa la maceta. Es la prueba más fiable y no cuesta nada. Ligera y con la tierra despegada de los bordes: sed. Pesada, con la tierra oscura y compacta y olor a estancado: exceso de riego, y regar de nuevo la mata.
Mete el dedo hasta el segundo nudillo. Tres o cuatro centímetros. La superficie de un sustrato se seca en horas y no dice nada de lo que ocurre abajo.
Mira a qué hora se cae. Calabacines, pepinos, calabazas y las hortensias (Hydrangea macrophylla) se marchitan a las tres de la tarde en pleno agosto aunque el suelo esté húmedo, simplemente porque transpiran más rápido de lo que absorben, y se recuperan solas al caer el sol. Si a las nueve de la mañana están otra vez turgentes, no les falta agua: les sobra calor. Regar por ese síntoma acaba encharcando la planta.
Conviene además leer el tipo de daño en la hoja. La sequía deja las hojas lacias primero y con los bordes crujientes después, empezando por las más viejas y de abajo. Las quemaduras de sol aparecen como manchas blanquecinas o cobrizas en la cara expuesta de las hojas superiores. El exceso de sales, por abono mal dosificado o agua muy caliza, quema el borde y la punta de la hoja dejando una banda marrón nítida con el resto del limbo verde.
Los primeros días después del baño
Sombra. Una planta que ha pasado sed tiene la raíz dañada y no puede sostener la transpiración de pleno sol, así que las macetas van a un lugar luminoso pero sin sol directo durante una o dos semanas. Las de suelo se pueden proteger con una malla de sombreo del 50 % durante los días de más calor.
Sin abonar. Aquí falla mucha gente por querer ayudar: se echa un fertilizante "reconstituyente" a una planta cuyas raíces están medio quemadas, y lo que llega es más sal a un sustrato que ya la acumula. Espera tres o cuatro semanas y a que haya rebrote visible antes de volver al abonado, y entonces empieza con media dosis.
Nada de trasplantes inmediatos. Cambiar de maceta rompe las pocas raicillas finas que quedan funcionando. El trasplante viene después, cuando la planta ha reaccionado, y en otoño o a principios de primavera si es posible.
Y sobre el riego posterior: vuelve a un ritmo normal, no a un ritmo de compensación. Una planta deshidratada no absorbe más rápido por regarla el doble; absorbe al ritmo que le permite la raíz que le queda.
Podar lo seco, pero no hoy
Espera dos o tres semanas antes de coger la tijera. Lo que parece muerto a la vuelta de vacaciones a menudo tiene yemas viables, y una rama seca al menos da sombra al tronco y evita que el sol queme la corteza recién expuesta. Cuando la planta haya reaccionado ya se ve con claridad dónde está el límite entre lo vivo y lo muerto.
Las hojas completamente secas y colgantes sí se pueden retirar antes, con la mano o con tijera, porque no aportan nada y facilitan revisar la planta. Al podar, corta hasta encontrar tejido verde bajo la corteza y hazlo por encima de una yema orientada hacia fuera.
En las herbáceas y vivaces la poda puede ser drástica: una Salvia, una menta o un geranio segados casi a ras rebrotan sin problema con riego regular. En la lavanda y el romero, en cambio, cortar dentro de la madera vieja y desnuda deja un hueco permanente, porque no emiten brotes nuevos desde ahí. En esas dos, quédate siempre en la zona que conserva hoja verde.
Plantas en el suelo, setos y césped
En jardín, el riego de rescate tiene que ser profundo y espaciado, no diario y superficial. Un riego que moja los tres primeros centímetros invita a la raíz a subir, y en cuanto llegue el siguiente golpe de calor la planta lo pasará peor. Aplica agua suficiente para empapar 25-30 centímetros de perfil, comprueba con una varilla o una cala hecha con la azadilla, y repite cada varios días según la textura del suelo: los arenosos piden más frecuencia, los arcillosos menos cantidad y más lentitud.
Después de mojar, acolcha. Cinco a siete centímetros de corteza de pino, paja o restos de siega secos sobre el suelo húmedo reducen la evaporación de forma notable y mantienen la temperatura del suelo más baja. Deja siempre unos centímetros libres alrededor del cuello del tronco para que no se mantenga húmedo y se pudra.
Con el césped, una aclaración que ahorra mucho trabajo: un césped marrón en agosto no está necesariamente muerto. Las gramíneas entran en latencia estival, detienen el crecimiento y conservan vivos corona y rizomas. La grama (Cynodon dactylon) y la Zoysia rebrotan con fiabilidad en cuanto vuelven el agua y las temperaturas suaves. El ray-grass (Lolium perenne) y algunas festucas aguantan peor y sí pueden perderse en parte; la solución no es forzarlos en agosto, sino resembrar en septiembre u octubre, que es cuando el suelo aún está caliente y el aire ya no castiga. Antes de resembrar, escarifica para retirar el fieltro seco.
Que no vuelva a pasar en las próximas vacaciones
Agrupa las macetas de terraza en el rincón más sombreado y protegido del viento, juntas y pegadas entre sí: crean su propio microclima húmedo y se secan mucho más despacio que dispersas al sol. Trasplanta previamente las que estén en macetas muy pequeñas, porque un tiesto de 12 centímetros en julio no aguanta ni dos días.
Acolcha también las macetas, con grava, corteza o fibra de coco. Los sistemas de riego por capilaridad —mecha de fieltro desde un depósito— funcionan bien para plantas de interior y ausencias de una o dos semanas. Un programador con goteros es la opción segura para la terraza; conviene probarlo unos días antes de irse, porque los fallos aparecen siempre en el primer ciclo.
Lo que no recomiendo es dejar las macetas en platos llenos de agua durante quince días. Sí evita la sequía, pero somete la raíz a asfixia continuada y además el agua estancada al aire libre es un criadero de mosquito tigre (Aedes albopictus). Si vas a usar reserva de agua, que sea con arlita o grava en el plato para que la maceta no toque el agua directamente.
En resumen
Una planta seca no se recupera regándola más, sino consiguiendo que el agua entre de verdad: baño por inmersión de veinte a cuarenta minutos para las macetas y riegos lentos y repetidos para el suelo. Antes de nada, pesa la maceta y mete el dedo, porque una planta encharcada se marchita igual que una sedienta y el riego la remata. Después, sombra durante una o dos semanas, riego normal, y ni abono ni trasplante hasta que haya rebrote. Deja la poda para dos o tres semanas más tarde, cuando se distinga lo vivo de lo muerto, y no entres en la madera vieja de lavanda ni de romero. En el jardín, riego profundo más acolchado de cinco a siete centímetros; y con el césped marrón de agosto, paciencia primero y resiembra en otoño si hace falta.