Arrancas una mata de tomate que llevaba todo el verano floja, con las hojas mustias a mediodía por mucho que regaras, y las raíces salen llenas de bultos irregulares. Eso son agallas de Meloidogyne, y para esa planta ya no hay nada que hacer. Para la parcela sí, pero el planteamiento tiene que cambiar: contra los nematodos fitoparásitos no existen repelentes en el sentido en que existen repelentes de mosquitos. Lo que existe son plantas antagonistas, rotaciones, calor y variedades resistentes.

Nematodo visto al microscopio

Qué tienes exactamente en el suelo

Los nematodos son gusanos microscópicos, de menos de dos milímetros, y de las miles de especies que viven en un suelo sano solo unas pocas atacan a las plantas. Las que dan problemas en un huerto o jardín español son sobre todo estas:

Meloidogyne spp., el nematodo de las agallas o del nódulo. Es el más común, ataca a tomate, pimiento, berenjena, melón, calabacín, pepino, zanahoria y muchas ornamentales, y su síntoma característico son esas agallas en la raíz. Prolifera en suelos arenosos, sueltos y cálidos, y por eso el litoral mediterráneo y el sur son su terreno.

Pratylenchus spp., nematodos lesionadores, que no producen agallas sino manchas necróticas alargadas en las raicillas. Frecuentes en frutales, fresa y cereales.

Globodera rostochiensis y G. pallida, los nematodos del quiste de la patata. Son organismos de cuarentena y su presencia debe comunicarse al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma. No es una recomendación: la declaración es obligatoria y de ella dependen las restricciones de plantación de la zona.

Ditylenchus dipsaci, que ataca bulbos y tallos de ajo, cebolla y narciso, y Xiphinema index, importante en viña porque transmite el virus del entrenudo corto.

Antes de tratar, asegúrate del diagnóstico

Hay una confusión que lleva a tratar parcelas sanas. En judías, habas, guisantes y demás leguminosas, las raíces llevan nódulos de Rhizobium, que son beneficiosos y fijan nitrógeno. La forma de distinguirlos es sencilla: el nódulo de rizobio es una bolita adherida a la raíz que se desprende con la uña sin romperla y por dentro es rosada; la agalla de Meloidogyne es un engrosamiento de la propia raíz, no se puede separar de ella y por dentro es blanquecina.

Los síntomas en la parte aérea nunca son concluyentes por sí solos: crecimiento desigual por rodales, plantas que se marchitan en las horas de más calor y se recuperan al atardecer, hojas pequeñas, clorosis y una respuesta muy pobre al abonado. Todo eso también lo produce un suelo compactado o un hongo de raíz. Si vas a invertir una campaña entera en solucionarlo, merece la pena mandar una muestra de suelo y raíces a un laboratorio de sanidad vegetal para que identifique la especie y estime la población.

Tagetes, la planta que sí funciona (y no es la caléndula)

Aquí hay un error de traducción con décadas de recorrido. En inglés, la planta antinematodos es la marigold, y marigold se traduce mal como caléndula. La planta con eficacia documentada es el clavel de moro o damasquina, Tagetes patula, y su pariente Tagetes erecta, esa mata de flores naranjas y amarillas que se ve en los bordes de los huertos. La caléndula (Calendula officinalis), la de las flores usadas en cosmética, es otra planta distinta y su efecto sobre los nematodos es mucho menos consistente. Si compras semillas pensando en el suelo, mira el nombre científico en el sobre.

Flores de caléndula, a menudo confundida con el clavel de moro

El Tagetes no repele nada. Sus raíces liberan tiofenos, en particular alfa-tertienilo, tóxicos para los nematodos, y además la planta funciona como hospedador pobre: el nematodo penetra en la raíz y no consigue completar su ciclo, con lo que la población de la siguiente generación cae en picado.

De ahí se deduce cómo hay que usarlo, y es justo lo contrario de lo que se hace normalmente. Cuatro matas repartidas entre los tomates no sirven de nada, porque el efecto se limita al medio palmo de suelo que ocupan sus raíces. Para que funcione hay que sembrarlo como cubierta densa en toda la superficie afectada, dejarlo crecer entre dos y tres meses con el suelo limpio de malas hierbas, y después segarlo e incorporarlo. En el calendario peninsular eso significa sembrar en mayo o junio y enterrar en agosto o septiembre, o dedicarle una temporada completa a la parcela problemática.

Dos matices honestos: el efecto es especialmente sólido frente a Pratylenchus y bueno frente a varias especies de Meloidogyne, pero algunas poblaciones de M. incognita y M. javanica se reproducen sobre Tagetes, así que no es una solución universal. Y el efecto dura una o dos campañas, no es permanente.

Dalias, ruda y ricino: lo que dicen las listas y lo que hay

Estas tres aparecen una y otra vez en los listados de plantas antinematodos y conviene mirarlas con lupa.

La dalia (Dahlia spp.) se cita por sus poliacetilenos, emparentados químicamente con los del Tagetes, pero el respaldo experimental es escaso y hay un problema práctico: la dalia es sensible a los nematodos foliares (Aphelenchoides ritzemabosi) y sus tubérculos son un vehículo conocido para transportar nematodos de un jardín a otro. Como cultivo antagonista no está a la altura de su fama.

La ruda (Ruta graveolens) merece una advertencia sanitaria antes que agronómica. Contiene furanocumarinas y provoca fitofotodermatitis: el jugo sobre la piel, seguido de exposición al sol, causa quemaduras con ampollas que tardan semanas en curar y dejan manchas durante meses. Podarla en manga corta un día de verano es una mala idea. Su actividad nematicida está poco demostrada y no compensa el riesgo de manejarla en un huerto familiar o donde haya niños.

El ricino (Ricinus communis) es el caso más serio. Su semilla contiene ricina, una de las toxinas vegetales más potentes que se conocen: unas pocas semillas masticadas pueden matar a un adulto, y una sola es peligrosa para un niño o un perro. La torta que queda tras prensar el aceite se emplea en agricultura como enmienda con efecto nematicida, pero solo detoxificada industrialmente y con etiquetado de producto comercial; los casos de intoxicación mortal de perros que se comen la torta de ricino en un huerto están bien documentados. Aquí no hay recetas caseras que dar, y este texto no las da. Añade que en Canarias y en buena parte del sureste peninsular la planta se comporta como invasora y coloniza ramblas y descampados. Sembrar ricino en un jardín doméstico no tiene ninguna justificación.

Ricinus communis, planta con semillas altamente tóxicas

Biosolarización: el método más eficaz en clima español

Si tienes que quedarte con una sola técnica, quédate con esta, porque el verano peninsular la hace posible sin ningún producto químico.

Consiste en incorporar al suelo materia orgánica fresca (estiércol, restos de brásicas, gallinaza), regarlo hasta capacidad de campo y cubrirlo con plástico transparente, no negro, bien sellado en los bordes, durante cuatro a seis semanas en pleno julio y agosto. La combinación de calor —los primeros quince centímetros llegan a 45 o 50 °C— con los gases de la fermentación anaerobia reduce drásticamente la población de nematodos, y de paso la de hongos de suelo como Fusarium y Verticillium.

Los detalles importan. El plástico transparente calienta el suelo; el negro se calienta él y transmite menos. El suelo debe estar húmedo, porque el agua conduce el calor y hace a los nematodos más vulnerables. Y hay que remover y nivelar antes, porque los terrones dejan bolsas de aire donde sobreviven.

Variedades resistentes y portainjertos

En tomate existe el gen Mi, que confiere resistencia a las tres especies principales de Meloidogyne. Aparece en los catálogos de semillas como una N o como «Mi» detrás del nombre de la variedad, y en los portainjertos comerciales que se usan para injertar tomate y berenjena.

Un detalle que casi ningún catálogo explica: esa resistencia se rompe por encima de unos 28 °C de temperatura del suelo. En un invernadero de verano en Murcia o Almería, la planta resistente deja de serlo. Por eso la resistencia genética funciona mejor combinada con acolchado, riego que mantenga el suelo fresco y plantación en la fecha adecuada, y no como solución aislada.

Rotación, brásicas y materia orgánica

Lo que sostiene el resultado a largo plazo es la rotación. Meloidogyne apenas se multiplica sobre cereales y gramíneas, así que una temporada de cebada, avena o centeno en la parcela afectada hace bajar la población. Repetir solanáceas y cucurbitáceas año tras año en el mismo bancal es exactamente lo que la dispara.

La biofumigación con brásicas es la otra pata: mostaza (Sinapis alba), Brassica juncea o rábano forrajero se siembran, se dejan crecer hasta prefloración, se pican finos y se entierran de inmediato regando después. Los glucosinolatos se transforman al romperse los tejidos en isotiocianatos, compuestos volátiles con actividad nematicida. Picarlos finos y enterrarlos en el momento es la clave; si se secan al sol, el efecto se pierde.

Y el compost, que aquí no actúa como abono sino como criadero de la fauna que come nematodos: hongos nematófagos, ácaros y nematodos depredadores. Un suelo con materia orgánica alta rara vez tiene problemas graves de nematodos, aunque los tenga presentes.

Los nematodos buenos que venden en el garden

Conviene aclararlo porque la palabra es la misma. Los nematodos entomopatógenos de los géneros Steinernema y Heterorhabditis que se venden en sobres refrigerados son aliados, no plagas: se aplican con el agua de riego para controlar larvas de gusano blanco, tipúlidos, gorgojo de la vid o el picudo rojo de las palmeras. Nada que ver con los fitoparásitos de este artículo. Se aplican con el suelo húmedo, al atardecer, y hay que respetar la cadena de frío hasta el momento del uso.

Higiene, la parte aburrida

Los nematodos se mueven muy poco por sí solos, apenas unos centímetros al año. Casi todo su desplazamiento lo hacemos nosotros: tierra pegada a las botas, azadas y motocultores sin limpiar, agua de escorrentía y, sobre todo, plantel comprado. Un solo cepellón infestado contamina un bancal limpio para años. Compra planta con pasaporte fitosanitario, limpia las herramientas al pasar de una zona afectada a una sana y no muevas tierra de un lado a otro del huerto.

En resumen

Contra los nematodos fitoparásitos no hay repelentes: hay estrategia. Identifica primero la especie y descarta que confundas agallas con nódulos de rizobio. Después combina rotación con cereal, biosolarización en julio y agosto, cubierta densa de Tagetes patula durante dos o tres meses —no cuatro matas sueltas—, variedades con gen Mi cuando el cultivo lo permita y mucha materia orgánica. De la lista clásica de plantas repelentes, la ruda quema la piel al sol, la dalia no sostiene lo que promete y el ricino es sencillamente peligroso: sus semillas contienen ricina y no tiene sitio en un jardín doméstico. Y si aparece el nematodo del quiste de la patata, la obligación no es tratar por tu cuenta, sino comunicarlo.


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