La septoriosis no es una plaga. Es una enfermedad fúngica, y la distinción tiene consecuencias prácticas: no hay ningún insecticida que sirva, no aparece porque «venga un bicho» y no se controla persiguiendo nada. La causan hongos del género Septoria y de géneros emparentados que antes se englobaban en él, y lo que hacen es matar la hoja por partes hasta dejar la planta sin superficie con la que fotosintetizar.

El detalle que la identifica cabe en la punta de un dedo: manchas redondeadas de dos a cuatro milímetros, con el centro gris claro o pajizo, un borde oscuro bien definido y, dentro de ese centro, puntitos negros del tamaño de un grano de pimienta molida. Esos puntos son los picnidios, los cuerpos de fructificación del hongo. Con una lupa de bolsillo de diez aumentos se ven sin dificultad, y son la prueba definitiva: ninguna de las enfermedades con las que se confunde los produce.

Hoja completamente cubierta por las manchas de la septoriosis

Distinguirla de lo que se le parece

En tomate, que es donde más se sufre en el huerto de aficionado, hay cuatro cuadros que se mezclan constantemente y que exigen respuestas distintas:

Alternariosis (Alternaria linariae, antes A. solani): manchas bastante mayores, de hasta un centímetro o más, pardo oscuras y con anillos concéntricos que dibujan una diana. Sin puntitos negros dentro. Esta sí afecta al fruto, en el cuello del pedúnculo.

Mildiu (Phytophthora infestans): manchas grandes, irregulares, de aspecto aceitoso o escaldado, que avanzan en días y que con humedad muestran un fieltro blanquecino en el envés. Es mucho más rápida y más destructiva, y arruina el fruto.

Mancha bacteriana (Xanthomonas spp.): lesiones más pequeñas, angulosas, con aspecto húmedo y sin centro claro delimitado. No hay picnidios porque no hay hongo.

Cladosporiosis (Passalora fulva): típica de invernadero, mancha amarilla difusa por el haz y un aterciopelado oliváceo por el envés, justo debajo.

La septoriosis, frente a todas ellas, se reconoce por su regularidad: manchas pequeñas, muchas, del mismo tamaño, con el mismo halo y esos puntos negros. Cuando confluyen, la hoja amarillea entera, se seca y cuelga del tallo sin caerse del todo.

Por qué siempre empieza por abajo

El inóculo pasa el invierno en los restos del cultivo anterior, en malas hierbas de la misma familia —la hierba mora, Solanum nigrum, es un reservorio clásico de la septoriosis del tomate— y a veces en la propia semilla. En primavera, con la planta ya establecida, ocurre lo decisivo: los picnidios, empapados por la lluvia o por el riego, exudan una masa gelatinosa de esporas que solo viaja por salpicadura.

Ahí está la clave de todo el manejo. La septoriosis no se dispersa por el viento a distancia como otros hongos; sube gota a gota, del suelo a las hojas bajas y de las hojas bajas a las de encima. Por eso el ataque siempre progresa de abajo arriba y por eso las dos medidas más eficaces del huerto son cortar ese camino: acolchar el suelo y no mojar el follaje.

Necesita además hoja mojada durante muchas horas —conviene contar en jornadas, no en ratos— y temperaturas suaves, con un óptimo en torno a los 20-25 °C. De ahí que sea un problema serio en la cornisa cantábrica, en Galicia y en el norte peninsular durante veranos húmedos, y bastante menor en el interior seco o en el sureste, salvo tras una racha de tormentas o en huertos que se riegan por aspersión al atardecer.

Hay un desfase que despista mucho: entre la infección y la aparición de la mancha pasan de una a tres semanas. Cuando ves el primer síntoma, las hojas de dos pisos más arriba ya están infectadas aunque parezcan sanas. Esa es la razón de que un tratamiento aplicado «en cuanto lo vi» llegue con retraso.

No es una sola enfermedad

Cada especie de Septoria está muy especializada en su huésped, así que la del apio no pasa al tomate ni la del perejil al rosal. Las que se encuentran con más frecuencia en España:

Tomate: Septoria lycopersici. La más conocida en huerto familiar, capaz de defoliar una mata desde abajo en tres o cuatro semanas de agosto húmedo.

Apio: Septoria apiicola. Se transmite por semilla, lo que explica brotes súbitos en cultivos donde no había antecedentes. La semilla vieja, de más de dos campañas, suele estar ya libre del hongo, y en producción profesional se recurre al tratamiento térmico de la simiente.

Perejil: Septoria petroselini, con el mismo comportamiento.

Trigo: Zymoseptoria tritici (durante décadas Septoria tritici). Es la enfermedad foliar más importante del trigo blando en la Europa atlántica, y en las zonas trigueras húmedas del norte de España condiciona el calendario de tratamientos de la campaña entera. Sus manchas alargadas entre nervios, con los picnidios alineados en filas, son inconfundibles.

Ornamentales y arbolado: azaleas (Septoria azaleae), crisantemos, chopos —donde algunas especies del grupo llegan a formar chancros en ramas, no solo manchas en hoja— y el madroño (Arbutus unedo), atacado por Septoria unedonis, que le llena las hojas de manchas circulares oscuras y le provoca defoliaciones antiestéticas en ejemplares de jardín mal ventilados.

Hojas de madroño con manchas oscuras de septoriosis

Lo que la septoriosis no hace

Conviene desmontar dos ideas muy repetidas. La primera: en tomate, este hongo no infecta el fruto. Si tienes manchas en los tomates, estás ante otra cosa —alternariosis, mildiu, bacteriosis o simple podredumbre apical, que ni siquiera es una enfermedad, sino un desorden por falta de calcio disponible—. El daño de la septoriosis es indirecto: al quedarse la planta sin hojas, los frutos pierden sombra y se queman con el sol, la maduración se desiguala y el calibre cae. Una mata defoliada en agosto puede perder buena parte de la producción sin que un solo fruto muestre una mancha.

La segunda: no mata a la planta de golpe. Es una enfermedad de desgaste. Una mata atacada en julio puede seguir dando hasta septiembre, aunque cada vez menos. Eso significa que arrancarlo todo al primer síntoma es una reacción exagerada, y que gestionar bien lo que queda tiene sentido.

Y una tercera cuestión que suele preocupar: el hongo no afecta a las personas ni a los animales. Un tomate sano recogido de una planta con septoriosis en las hojas es perfectamente comestible.

Cómo frenarla

Acolcha el suelo. Paja, restos de siega secos, cartón, plástico. Corta la salpicadura desde el suelo, que es el primer escalón del contagio, y es la medida que mejor relación esfuerzo-resultado tiene de toda la lista.

Riega al pie y por la mañana. Goteo o alcorque. Regar con manguera sobre las hojas al atardecer es exactamente el escenario que el hongo necesita: agua en la hoja durante toda la noche y salpicadura desde el suelo. Aquí es donde se pierde la cosecha de tomate cada verano en huertos que por lo demás están bien llevados.

Retira las hojas bajas. En tomate, quitar las hojas por debajo del primer ramillete cuando la planta ya está desarrollada aleja el follaje del suelo y airea la base. Hazlo con tiempo seco y con las manos limpias.

Da espacio y entutora. Marco amplio, un solo tallo o dos como mucho, y aire circulando entre las matas para que la hoja se seque pronto tras el rocío.

No trabajes entre plantas mojadas. Las esporas viajan en la ropa y en las manos. Espera a que el cultivo esté seco para atar, despuntar o recolectar.

Rota y limpia. Dos o tres años sin solanáceas en la misma parcela; el tomate no debe volver donde hubo patata o berenjena. Al terminar la campaña, retira y destruye los restos: la compostera doméstica no alcanza la temperatura necesaria para inactivar los picnidios y devolverá el problema con el compost del año siguiente. Y elimina la hierba mora de los bordes.

Tratamientos, y lo que ya no está disponible

Ningún producto recupera una hoja ya manchada. Todo lo que se aplica es preventivo: protege el tejido sano de las infecciones que vendrán. Por eso el tratamiento tiene sentido antes o al principio del ataque, y no cuando la planta está tomada hasta la mitad.

Para uso doméstico, la herramienta realista en España son los formulados de cobre —oxicloruro, hidróxido, sulfato tribásico— autorizados para jardinería exterior doméstica, aplicados con las primeras condiciones de riesgo y renovados tras lluvias fuertes, ya que se lavan. Dos advertencias de peso: el cobre es un metal que se acumula en el suelo y su uso está limitado en la Unión Europea a 28 kg por hectárea en siete años, de ahí que abusar de él no sea inocuo ni siquiera en ecológico; y aplicado en tiempo frío y húmedo o sobre brotación tierna puede provocar quemaduras y frenar el crecimiento.

Materias que mucha gente sigue buscando y que ya no puede usar: el mancoceb perdió la aprobación en la Unión Europea y sus usos terminaron a comienzos de 2021, y el clorotalonil no fue renovado en 2019. Si te queda un envase en el cobertizo, no es legal aplicarlo. Los fungicidas sistémicos que se emplean hoy contra septoriosis en cultivo profesional —difenoconazol, azoxistrobina y compañía— solo pueden manejarlos usuarios con carné de aplicador. Comprueba siempre en la etiqueta el número de registro del Ministerio y la mención de uso doméstico; lo demás circula por foros, no por la normativa.

Un apunte del lado agrícola que explica por qué esta enfermedad se toma en serio: en trigo, Zymoseptoria tritici ha desarrollado resistencia generalizada a las estrobilurinas, ha reducido la sensibilidad a los triazoles y empieza a mostrar problemas con los SDHI. Es el ejemplo de manual de un hongo con enorme variabilidad genética que se adapta a lo que le echen. La lección vale también para el huerto: alternar modos de acción y no repetir siempre el mismo producto no es una recomendación decorativa.

En resumen

Busca los picnidios: manchas pequeñas y regulares, centro claro, borde oscuro y puntitos negros dentro. Eso es septoriosis y no alternariosis ni mildiu. Sube por salpicadura desde el suelo, avanza de las hojas bajas hacia arriba, necesita hoja mojada durante horas y tarda una a tres semanas en manifestarse, así que cuando la ves ya está más extendida de lo que parece. En tomate no toca el fruto: el daño llega por defoliación y golpe de sol. Acolchar, regar al pie por la mañana, despejar las hojas inferiores, dar espacio, rotar y retirar los restos del cultivo resuelven la mayor parte de los casos en un huerto familiar. El cobre, aplicado a tiempo y con moderación, completa el trabajo; ninguna aplicación tardía lo sustituye.


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