Ocho milímetros de oruga bastan para dejar un tomate inservible. La larva entra por un punto oscuro junto al pedúnculo, apenas visible desde fuera, y cuando se abre el fruto aparece una galería llena de excrementos negros y, casi siempre, una podredumbre secundaria que ha aprovechado el agujero. Ese es el trabajo de la tuta, y explica por qué una plaga tan pequeña puede arruinar una cosecha entera de tomates ya cuajados.

Adulto de tuta del tomate sobre una hoja

Qué insecto es y de dónde salió

La tuta es una polilla minúscula de la familia Gelechiidae. Durante años se la conoció como Tuta absoluta, y el nombre común viene de ahí; una revisión taxonómica reciente la ha devuelto al género Phthorimaea, de modo que la denominación científica válida hoy es Phthorimaea absoluta. Verás las dos en etiquetas, boletines y trampas, y se refieren al mismo insecto.

Es originaria de América del Sur, donde se describió sobre patata. Llegó a la Península en 2006, detectada en la provincia de Castellón, y en dos o tres campañas ya estaba en todas las zonas tomateras españolas. Su expansión fue tan rápida porque encontró aquí un cultivo abundante, inviernos suaves en el litoral y ningún enemigo natural especializado.

El adulto mide entre 6 y 7 mm de longitud y unos 10 mm de envergadura. Es de color gris plateado o pardo con manchitas negras dispersas en las alas anteriores, tiene antenas largas y filiformes y palpos labiales curvados hacia arriba, muy característicos vistos de perfil. Es de hábitos crepusculares: vuela al amanecer y al atardecer, y durante el día permanece quieto entre el follaje, lo que hace que se vea poco pese a que haya muchos.

Los huevos son diminutos, de unos 0,35 mm, ovalados, de color crema al principio y anaranjados poco antes de eclosionar. Se ponen de uno en uno sobre el envés de las hojas, en tallos tiernos, en sépalos y sobre frutos verdes. La larva pasa por cuatro estadios; la recién nacida es casi transparente y la desarrollada llega a 8-9 mm, de color crema a verdoso con tonos rosados en los últimos estadios, y con una banda oscura bien marcada justo detrás de la cabeza. Esa banda negra en el primer segmento es el rasgo que permite distinguirla de otras orugas minadoras. La crisálida es parda, de unos 5 mm, y se forma dentro de la propia mina, en un pliegue de la hoja o en el suelo, envuelta en un capullo sedoso.

El ciclo, que es la clave del problema

Una hembra pone del orden de 250 a 300 huevos a lo largo de su vida, que dura una o dos semanas. La duración del ciclo completo depende directamente de la temperatura: alrededor de 76 días a 14 °C, unos 40 días a 20 °C y solo 24 días a 27 °C. Traducido al calendario español, en el litoral mediterráneo la plaga encadena entre 8 y 12 generaciones al año y en verano solapa todos los estadios a la vez, de forma que en una misma planta hay simultáneamente huevos frescos, larvas jóvenes en superficie, larvas grandes dentro del fruto y adultos volando.

Ese solapamiento tiene una consecuencia práctica que conviene interiorizar: no hay un "momento del tratamiento". Cualquier actuación puntual deja atrás todas las larvas ya protegidas dentro de las galerías y todos los huevos que eclosionarán tres días después. El control de la tuta es un régimen sostenido, no una intervención.

El insecto no tiene diapausa obligada. Pasa el invierno como huevo, pupa o adulto, y en la costa mediterránea y en Canarias sigue activo todo el año a expensas de restos de cultivo, tomateras asilvestradas y plantas espontáneas de la familia de las solanáceas. En el interior peninsular, con heladas, la población invernal cae mucho, pero se reconstruye desde invernaderos y desde planta de vivero infestada.

Aunque el tomate (Solanum lycopersicum) es su hospedante preferido, también ataca berenjena, patata (sobre todo la parte aérea) y, en menor medida, pimiento. Y mantiene poblaciones en malas hierbas como la hierba mora (Solanum nigrum) y el estramonio (Datura stramonium), que suelen crecer en los mismos ribazos y bordes de huerto.

Cómo se reconocen los daños

La larva nace, camina un poco por la superficie y perfora el tejido, quedando protegida desde ese momento. Lo que se ve depende del órgano atacado.

En hoja aparecen minas irregulares, anchas, de aspecto translúcido o plateado al trasluz, con los excrementos negros acumulados dentro. No son galerías finas y serpenteantes como las del minador de los cítricos, sino manchas amplias que acaban secándose y volviéndose papel marrón. Con ataque fuerte la planta pierde superficie foliar y se desnuda.

En tallo y brotes la larva excava el interior, lo que puede detener el crecimiento de la guía y deformar la planta. En plantas jóvenes recién trasplantadas esto es especialmente grave.

En fruto entra normalmente por debajo del cáliz, donde el orificio queda oculto. Dentro hace galerías y deposita excrementos. El agujero abre la puerta a hongos y bacterias, así que a la galería se le suma podredumbre: es habitual encontrar Alternaria u otros oportunistas instalados en el interior. Un tomate así no se aprovecha, y en el huerto casero es frecuente descubrirlo solo al cortarlo.

Un apunte que evita sustos innecesarios: los puntitos negros dentro de la mina no son la plaga ni huevos, son excrementos. Los huevos están fuera, en el envés, y son mucho más pequeños y claros. Buscar huevos con lupa en el envés de las hojas altas es la mejor forma de saber si hay puesta activa en ese momento.

Daños de la tuta del tomate en hojas y frutos

Vigilancia: saber cuándo empieza

Colocar trampas con feromona sexual es barato y da la información que decide todo lo demás. Sirven las trampas de agua (un recipiente ancho con agua y unas gotas de jabón o una película de aceite, con el difusor suspendido justo encima) y las trampas delta con placa engomada. Se cuelgan a la altura del cultivo, se colocan antes del trasplante o a la vez, y se revisan una vez por semana anotando capturas.

El difusor de feromona se agota; hay que cambiarlo según indique el fabricante, habitualmente cada 4 a 6 semanas. Un difusor viejo da cero capturas y transmite una tranquilidad falsa.

Lo que se busca no es el número absoluto, sino el cambio de tendencia. Un aumento brusco de capturas indica emergencia de una generación y marca el momento de actuar sobre las larvas jóvenes, que es la única fase realmente vulnerable. Junto a las trampas, conviene revisar semanalmente unas cuantas plantas mirando hojas del tercio superior y frutos cercanos al cáliz.

Aquí hay una confusión extendida que cuesta cosechas: las trampas de feromona capturan machos y sirven para vigilar. Como método de control por captura masiva requieren densidades altas, del orden de 20 a 40 trampas por hectárea, mantenimiento constante y una población de partida baja, y aun así no sustituyen al resto de medidas. Colgar dos trampas en un huerto familiar informa, pero no protege.

Higiene del cultivo: lo que más rinde

Frente a un insecto con diez generaciones anuales, cortar la continuidad entre cultivos vale más que cualquier producto.

Empezar con planta sana. Revisa el plantel antes de plantar, hoja por hoja si hace falta. Una minita en una plántula de vivero introduce la plaga el primer día.

No dejar tomateras de un año para otro. Las plantas que se dejan "por si rebrotan" y los rebrotes espontáneos en el compost son el puente que permite a la población pasar el invierno junto al huerto.

Retirar restos al arrancar. Los restos de cultivo, incluidos frutos caídos y hojas secas, contienen larvas y pupas vivas. Sacarlos en bolsas cerradas y dejarlas al sol varios días antes de eliminarlas, o enterrarlos en profundidad, evita que los adultos emerjan al lado.

Quitar la hierba mora y el estramonio de los alrededores del huerto durante todo el año, no solo en campaña.

Eliminar hojas y frutos atacados a medida que aparecen, en cuanto se detectan las primeras minas, y sacarlos del huerto. Ojo: retirar hojas minadas ayuda al principio, pero por sí solo no controla nada cuando la plaga ya está instalada, porque muchas larvas abandonan la mina para pupar en el suelo.

En invernadero, malla en bandas y aberturas, doble puerta y cierre nocturno. El adulto mide 6-7 mm, así que una malla antiinsectos estándar de 10x20 hilos por cm² lo frena razonablemente bien si está bien sellada; el fallo suele estar en las juntas y en las puertas abiertas al atardecer, justo a la hora de vuelo. También ayuda una trampa de luz o cromática para capturar adultos que hayan entrado.

Solarizar el suelo del invernadero en verano entre ciclos reduce las pupas enterradas.

Control biológico y biotécnico

Es la vía que ha permitido volver a producir tomate en las zonas donde la plaga llegó a ser inmanejable con insecticidas.

Míridos depredadores. Nesidiocoris tenuis y Macrolophus pygmaeus son chinches depredadoras que devoran huevos y larvas jóvenes de tuta, además de mosca blanca. Se sueltan pronto, incluso en semillero o justo tras el trasplante, y necesitan tiempo para establecerse. Hay una advertencia importante con Nesidiocoris: si se queda sin presa, pica la planta y provoca anillos necróticos en tallos y pedúnculos, aborto de flores y caída de frutos recién cuajados. En ausencia de plaga hay que alimentarlo con huevo de Ephestia o vigilar sus poblaciones. Macrolophus es más lento en establecerse pero mucho menos agresivo con la planta.

Parasitoides de huevo. Trichogramma achaeae parasita huevos de tuta y se emplea en sueltas repetidas. Funciona mejor como complemento de los míridos que como única herramienta.

Bacillus thuringiensis var. kurstaki. Es el tratamiento de referencia en huerto ecológico y en huerto familiar, y es compatible con la fauna auxiliar. Actúa por ingestión, de modo que solo mata a la larva mientras está en la superficie o comiendo tejido tratado; una vez dentro de la galería o del fruto, no le llega. Eso obliga a aplicarlo pronto y a repetir cada 5 a 7 días mientras haya puesta, siempre al atardecer, porque la radiación ultravioleta degrada la bacteria, y mojando bien el envés de las hojas, que es donde nacen las larvas. Aplicado tarde y una sola vez no hace absolutamente nada, y de ahí viene la fama injusta de que "el Bt no funciona contra la tuta".

Confusión sexual. Difusores de feromona distribuidos por la parcela saturan el ambiente e impiden que los machos localicen a las hembras. Es una técnica eficaz en superficies suficientemente grandes y homogéneas, con la población controlada desde el inicio; en una parcela pequeña rodeada de tomate ajeno pierde eficacia porque llegan hembras ya fecundadas del exterior.

Insecticidas: cuándo y con qué cabeza

La tuta ha desarrollado resistencia a numerosos insecticidas allí donde se ha tratado de forma intensiva y repetida, incluidos piretroides y varias familias modernas. Cualquier programa que se apoye en una sola materia activa la pierde en pocas campañas.

Las reglas que sí funcionan son las mismas siempre: tratar contra larvas jóvenes, guiándose por las capturas y por la presencia de minas nuevas; alternar materias activas de distinto modo de acción entre generaciones, y no tratar dos generaciones seguidas con el mismo grupo; mojar bien la planta entera incluyendo el envés; y no aplicar de forma calendarizada sin comprobar antes que hay plaga.

Entre las materias activas empleadas en tomate se encuentran el spinosad y otras espinosinas, el clorantraniliprol y el indoxacarb, entre otras. El registro de productos fitosanitarios cambia con frecuencia y las autorizaciones se retiran o modifican, así que hay que consultar el registro oficial vigente antes de comprar nada. Para huerto doméstico solo pueden emplearse productos con la mención de uso autorizado para jardinería exterior doméstica o similar, que en la práctica se reducen a Bacillus thuringiensis, spinosad y poco más. Respeta el plazo de seguridad indicado en la etiqueta: en tomate de consumo continuo, con recolecciones cada pocos días, ese plazo condiciona por completo qué se puede usar.

Los remedios caseros que circulan como solución (extractos de ajo, jabón potásico solo, purines diversos) pueden molestar a los adultos o reducir puestas de forma marginal, pero no alcanzan a la larva minadora. Como apoyo, adelante; como estrategia única frente a una población establecida, se pierde el cultivo.

Un calendario razonable para el huerto peninsular

De febrero a abril, según zona, se prepara el terreno y se revisa el plantel. Las trampas de feromona se cuelgan en el momento del trasplante, no después.

De abril a junio, con la planta joven, es cuando se decide la campaña: sueltas de míridos si se trabaja con fauna auxiliar, primeras aplicaciones de Bacillus thuringiensis en cuanto las capturas suban, y eliminación manual de las primeras hojas minadas. Mantener la población baja ahora significa no tener que perseguirla en agosto.

De julio a septiembre, con calor y ciclos de 24 días, la presión es máxima. Revisión semanal, retirada constante de material atacado, tratamientos ajustados a las capturas y atención especial a los frutos en envero.

En otoño, al terminar la producción, se arranca y se retira todo el cultivo sin dejarlo secar en la parcela. Este paso, poco vistoso, es el que determina con qué población empieza la campaña siguiente.

En resumen

La tuta del tomate, Phthorimaea absoluta (antes Tuta absoluta), es una polilla de 6-7 mm cuyas larvas minan hojas, tallos y frutos, entrando en el tomate por debajo del cáliz y abriendo la puerta a podredumbres. Con 8 a 12 generaciones al año y todos los estadios solapados, no existe un tratamiento único que la resuelva. Lo que funciona es un conjunto: planta sana de partida, trampas de feromona colocadas desde el trasplante para saber cuándo actúa cada generación, higiene estricta del cultivo y de los restos, malla y cierre en invernadero, míridos depredadores como Nesidiocoris tenuis o Macrolophus pygmaeus, y Bacillus thuringiensis aplicado al atardecer sobre larvas jóvenes y repetido cada semana mientras haya puesta. Los insecticidas se reservan para picos concretos y se alternan por modo de acción, porque esta plaga genera resistencias con rapidez. Y la medida que más rinde a largo plazo es la menos llamativa: no dejar tomateras ni restos de cultivo de un año para otro.


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