Un macho de polilla localiza a una hembra a cientos de metros siguiendo un rastro de unas pocas moléculas por metro cúbico de aire. Ese sistema de comunicación, afinado durante millones de años, es exactamente lo que aprovecha una trampa de feromonas: se copia el mensaje químico de la hembra, se cuelga de una rama y el insecto acude solo.
El problema empieza cuando se compra la trampa esperando que haga de insecticida. No lo es. Una trampa de feromona sexual captura machos, y en la mayoría de los casos su valor real está en decirte cuándo actuar, no en reducir por sí sola la población. Entender esa diferencia es lo que separa un uso rentable de una decepción de treinta euros colgada de un manzano.
Qué es una feromona y por qué es tan selectiva
Las feromonas son sustancias que un insecto emite para comunicarse con otros individuos de su misma especie. En control de plagas se usan sobre todo tres tipos:
Feromonas sexuales. Las emite normalmente la hembra virgen para que el macho la localice. Son mezclas de acetatos, alcoholes y aldehídos de cadena larga, y la proporción exacta entre componentes es lo que hace que un macho de Cydia pomonella ignore por completo el difusor de Grapholita molesta colgado a tres metros. Esa especificidad es la gran ventaja del método: no atrae a nada más.
Feromonas de agregación. Las emiten machos o hembras para reunir a la población entera en un punto: alimento, pareja, refugio. Capturan ambos sexos. El caso más conocido en España es el del picudo rojo de las palmeras, Rhynchophorus ferrugineus.
Paraferomonas y atrayentes alimenticios. No son feromonas verdaderas, sino compuestos sintéticos o cebos proteicos que el insecto confunde con una señal útil. El trimedlure de las trampas de mosca de la fruta (Ceratitis capitata) entra en esta categoría, igual que los cebos de proteína hidrolizada o sales amoniacales que sí capturan hembras.
La distinción no es académica. Una feromona sexual solo te da machos, y los machos no ponen huevos. Un cebo alimenticio captura hembras grávidas, y ahí sí estás quitando puestas del árbol.
Las cuatro formas de emplearlas
Seguimiento o monitoreo. Una o dos trampas por parcela, revisadas semanalmente, para saber cuándo empieza el vuelo de cada generación. Es el uso más barato y el más eficaz. La primera captura sostenida marca el arranque del vuelo, y a partir de ahí se cuenta el tiempo hasta la eclosión de los huevos, que es el momento en que un tratamiento tiene sentido. En carpocapsa del manzano se manejan del orden de 130 a 150 grados-día en base 10 °C desde ese primer vuelo hasta las primeras eclosiones, según el modelo que se use. Tratar antes es tirar el producto; tratar después es tratar sobre larvas ya dentro del fruto, donde nada las alcanza.
Trampeo masivo. Muchas trampas por superficie, entre 20 y 50 por hectárea según especie, para retirar tantos individuos que la reproducción caiga. Funciona razonablemente en invernadero cerrado (Tuta absoluta en tomate) y en cultivos donde se capturan también hembras. En parcelas abiertas y pequeñas rodeadas de huertos sin tratar, la inmigración de adultos desde fuera se come el efecto.
Confusión sexual. Se saturan el aire con difusores, entre 250 y 1.000 por hectárea, hasta que el macho no distingue el rastro de una hembra real entre el ruido de fondo. Es la técnica más elegante y la que mejor funciona a gran escala: en viñedo contra la polilla del racimo (Lobesia botrana) es ya el estándar en denominaciones enteras. Exige superficie mínima continua —a partir de una hectárea, y con resultados fiables por encima de cuatro o cinco— y poblaciones de partida bajas. En una parcela de doscientos metros cuadrados no hace absolutamente nada: las hembras se aparean fuera y entran ya fecundadas.
Atracción y muerte. Combina el atrayente con una superficie insecticida o adhesiva en dosis mínima. Reduce mucho la cantidad de materia activa aplicada respecto a una pulverización.
Qué plagas se pueden seguir así en España
Hay difusores comerciales registrados para buena parte de las plagas que importan en el huerto y el jardín peninsular:
En frutales de pepita, la carpocapsa (Cydia pomonella) en manzano, peral y nogal. En hueso, la polilla oriental (Grapholita molesta) y la anarsia (Anarsia lineatella). En viña, Lobesia botrana, con dos o tres generaciones al año y vuelos que arrancan en abril en el sur y en mayo en el interior. En olivo, la polilla Prays oleae y la mosca Bactrocera oleae. En cítricos y frutales de verano, Ceratitis capitata. En tomate, Tuta absoluta. En pinos, la procesionaria Thaumetopoea pityocampa, cuyos machos vuelan de junio a septiembre según altitud y latitud. Y en palmeras, el picudo rojo.
No existe feromona práctica para pulgones, mosca blanca, araña roja ni trips. Para esos se recurre a trampas cromáticas, que son otra cosa por completo.
Feromonas y polinizadores: dos cosas que se confunden
Una trampa de feromona sexual no atrae abejas, abejorros, sírfidos ni mariquitas. La molécula que emite no significa nada para ellos, y por eso este método es compatible con la producción ecológica y con jardines donde interesa conservar fauna auxiliar.
Las trampas cromáticas, en cambio, no distinguen. Una placa amarilla adhesiva atrae a todo lo que vuela y responde al amarillo, y ahí caen sírfidos, parasitoides diminutos del género Encarsia o Aphidius y, si están mal colocadas, abejas. Si las usas, ponlas dentro del cultivo y a la altura de la plaga, no sobre plantas en flor, retíralas cuando ya tienes la información y no las dejes colgadas toda la temporada por inercia. La placa azul, orientada a trips, es algo más selectiva.
Colocación, altura y densidad
El tipo de trampa depende del insecto. La delta, un triángulo de cartón plastificado con base adhesiva, es la estándar para lepidópteros. Los embudos o trampas de agua se usan para capturas altas, donde el adhesivo se saturaría en días. La McPhail, con cebo líquido, es la de moscas. Para picudo rojo se emplean cubos con material vegetal fermentado.
Reglas que cambian el resultado:
Altura. En frutal, en el tercio superior de la copa, a unos dos tercios de la altura del árbol; una trampa de carpocapsa colgada a un metro del suelo captura una fracción de lo que capturaría bien situada. En viña, a la altura de los racimos. En hortícolas, unos veinte centímetros por encima del cultivo, subiéndola conforme la planta crece.
Orientación. Con la abertura hacia el viento dominante y sin hojas tocando la base adhesiva. Una hoja pegada al pegamento convierte la trampa en un adorno.
Densidad. Para seguimiento basta con una trampa por hectárea, y nunca menos de dos por parcela, porque una sola trampa mal ubicada te da una lectura falsa. Para trampeo masivo hay que subir a la densidad que indique la etiqueta del producto, que no es negociable a la baja: la mitad de trampas no da la mitad de control, da cero.
Recambio. Los difusores tienen una vida útil de cuatro a ocho semanas para septas de goma y hasta tres meses o toda la campaña en difusores de mayor carga. Pasada esa fecha la emisión cae y las capturas bajan, lo cual se interpreta erróneamente como que la plaga ha desaparecido. Anota la fecha de puesta en la propia trampa con rotulador permanente.
Manipulación: detalles pequeños con efecto grande
Los difusores de repuesto se guardan en su bolsa sellada, en el congelador o en nevera, nunca en el cobertizo a cuarenta grados en agosto. Se colocan con guantes de nitrilo limpios y, sobre todo, no se manipulan dos feromonas distintas con las mismas manos: la contaminación cruzada basta para que una trampa de anarsia empiece a capturar polilla oriental y las cuentas dejen de significar nada.
La revisión es semanal. Se cuentan los machos, se retiran con un palito y se anota la cifra en un cuaderno con la fecha. Sin la serie de números apuntada, la trampa no sirve para nada: lo que informa no es cuántos hay hoy, sino la curva.
Las bases adhesivas se sustituyen cuando el pegamento está cubierto de polvo, polillas o restos, aunque quede hueco. Un adhesivo saturado deja de retener.
El picudo rojo funciona al revés
La feromona de agregación de Rhynchophorus ferrugineus, combinada con un cebo vegetal fermentado, atrae adultos de ambos sexos a mucha distancia. De ahí se deduce algo que conviene tener claro antes de comprar la trampa: colgarla al lado de la palmera que quieres proteger es traerle picudos a la puerta. Estas trampas se instalan en el perímetro de la zona, a distancia de los ejemplares valiosos, y su papel es de barrera y de detección temprana, nunca de tratamiento del árbol.
El control del picudo está regulado y hay obligación de comunicar los focos a la administración agraria de la comunidad autónoma, con medidas de tratamiento y de eliminación de ejemplares afectados que varían de una a otra. Si detectas una palmera con la corona caída o con perforaciones y serrín húmedo en las axilas, eso hay que notificarlo, no resolverlo por libre.
Dos advertencias sanitarias
Las trampas de procesionaria se manejan sin tocar nada más del pino. Los pelos urticantes de las orugas provocan reacciones cutáneas y oculares serias en personas y son un riesgo real para perros, que las lamen y pueden sufrir necrosis de la lengua. La retirada de bolsones no es tarea de aficionado con escalera.
Los productos con feromonas están registrados como fitosanitarios y aparecen en el registro del ministerio. Eso implica usarlos según la etiqueta, con su dosis y su cultivo autorizados, también en el huerto de casa. Los difusores agotados se retiran del campo y se gestionan como residuo, no se dejan colgados de la rama año tras año.
Fallos que estropean el seguimiento
Interpretar una captura aislada como una alarma. Un macho en la trampa no significa daño; significa que hay vuelo. Los umbrales orientativos en carpocapsa se sitúan en el entorno de dos a cinco machos por trampa y semana antes de plantearse una intervención, y siempre contrastando con la evolución de la curva.
Colgar la trampa en junio, cuando la primera generación ya voló en abril. Sin la fecha de inicio del vuelo, el modelo de grados-día no arranca y la trampa solo confirma que hay plaga, que ya lo sabías.
Esperar que el trampeo masivo salve un huerto rodeado de parcelas abandonadas. Con presión externa alta, la feromona sirve para saber, no para resolver, y hay que combinarla con otras medidas: recogida de fruta caída, mallas, tratamientos bien posicionados o sueltas de auxiliares.
Y montar la trampa dentro del invernadero para una plaga de exterior, o al revés. Las condiciones de emisión cambian mucho: con calor la feromona se agota antes, con viento fuerte el rastro se dispersa y las capturas bajan sin que la población haya cambiado.
En resumen
La feromona es una herramienta de información antes que de exterminio. Colgada con criterio —altura correcta, difusor fresco, revisión semanal anotada— te dice el día exacto en que empieza cada vuelo y te permite tratar una vez en el momento justo en lugar de tres a ciegas. El trampeo masivo solo compensa en recintos cerrados o con capturas de hembras, y la confusión sexual necesita hectáreas continuas para funcionar. En el jardín pequeño, dos trampas bien puestas y un cuaderno valen más que veinte mal colocadas.