Tener un jacinto de agua flotando en el estanque del jardín es, en España, una infracción administrativa sancionable. No es una recomendación de buen criterio ambiental: es lo que dice el Real Decreto 630/2013, que incluyó la especie en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y prohibió su posesión, transporte, venta y cesión. Desde 2016 figura además en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea, con lo que la prohibición es idéntica en los veintisiete países. Conviene saberlo antes de comprar una planta que hasta hace no tanto se vendía sin más advertencia que la de "cubre rápido".

Y cubre rápido, esa parte es cierta. El problema es todo lo que viene después.

Qué planta es exactamente

El jacinto de agua es Pontederia crassipes, nombre actual de lo que durante décadas se llamó Eichhornia crassipes. Las dos denominaciones siguen conviviendo en catálogos, literatura y normativa, y se refieren a la misma planta. Pertenece a las Pontederiáceas y es originaria de la cuenca del Amazonas, en Brasil y países limítrofes.

Es una hidrófita flotante libre: no arraiga en el fondo, deriva con la corriente y el viento arrastrando una cabellera de raíces oscuras, finas y muy ramificadas, que pueden alcanzar el medio metro en aguas profundas. Las hojas salen en roseta, con el limbo redondeado y brillante y un pecíolo característico, ensanchado en una vejiga esponjosa llena de aerénquima. Esa vejiga es el flotador, y explica el nombre científico: crassipes, "de pie grueso". Cuando la colonia se densifica y las plantas compiten por la luz, los pecíolos se alargan y adelgazan, y la mata pasa de tener quince centímetros de altura a superar el metro.

La flor es lo que la vendió: una espiga de seis a quince flores lila azuladas, con el tépalo superior marcado por una mancha amarilla rodeada de azul intenso. Dura poco más de un día y la inflorescencia se dobla hacia el agua al marchitarse.

Jacinto de agua en flor, con los pecíolos inflados que le sirven de flotador

Por qué se descontrola

La reproducción sexual del jacinto de agua es casi anecdótica en el terreno. Lo que hace es emitir estolones: tallos horizontales que nacen en la base de la roseta y forman una planta hija a pocos centímetros. Esa hija emite sus propios estolones antes de haber alcanzado el tamaño adulto. En agua a 25-30 °C, con nutrientes disponibles, una colonia puede duplicar su biomasa en una o dos semanas. No es una cifra retórica: se ha medido repetidamente en embalses tropicales y subtropicales.

Ese ritmo se combina con un requisito muy bajo. Le basta con agua dulce, quieta o lenta, con nitrógeno y fósforo disponibles, y tolera un rango de pH amplísimo. Y en la Península encuentra justo lo que necesita: ríos regulados por presas, con tramos remansados durante el estiaje y una carga de nutrientes procedente de regadíos y depuradoras insuficientes. El caso del Guadiana en Extremadura es el ejemplo de manual. Detectado en 2004 aguas arriba de Mérida, llegó a tapizar decenas de kilómetros de cauce y las campañas de extracción han consumido decenas de millones de euros públicos a lo largo de dos décadas, sin haber conseguido erradicarlo.

Existe una creencia extendida de que el clima peninsular lo frena solo. Es media verdad y por eso resulta peligrosa. El follaje se destruye con heladas de -3 °C o algo menos, y en el interior el jacinto se ve muy castigado cada invierno. Pero los ápices sumergidos y las plantas alojadas en la orilla, entre carrizo, en agua que amortigua la temperatura, sobreviven lo justo para rebrotar en abril y volver a ocupar el cauce durante el verano. En el sur y en el litoral atlántico y mediterráneo ni siquiera hace falta ese refugio.

El daño real, más allá de tapar el agua

Una lámina flotante continua produce una cadena de efectos que se refuerzan entre sí:

Oscurecimiento. Bajo la mata no llega luz. Las plantas acuáticas sumergidas nativas desaparecen, y con ellas el sustrato de puesta y refugio de peces e invertebrados.

Anoxia. La capa flotante corta el intercambio de gases con la atmósfera y, al mismo tiempo, la biomasa que se hunde y se descompone consume el oxígeno que queda. El resultado son mortandades de peces que en verano pueden ser masivas.

Pérdida de agua. La evapotranspiración de un manto de jacinto es varias veces superior a la evaporación de la lámina libre equivalente. En una cuenca con déficit hídrico esto no es un detalle menor.

Infraestructura. Obstruye tomas de riego, rejillas de bombeo, azudes y turbinas. Las balsas de mata desprendida bajan con las avenidas y se acumulan en el primer obstáculo.

Salud pública. El entramado de raíces y pecíolos crea agua remansada y protegida, hábitat ideal para larvas de mosquito.

Añade a esto que las semillas conservan viabilidad en el sedimento durante muchos años, de modo que un tramo limpiado a fondo puede volver a brotar cuando una bajada de nivel deja el fango expuesto a la luz.

Si te la encuentras, o si ya la tienes

El vector de entrada al medio natural casi siempre es el mismo: alguien vacía un estanque ornamental o un acuario en un arroyo, o tira los restos de una limpieza junto al agua. Una sola roseta basta.

Si tienes jacinto de agua en un estanque doméstico, la retirada correcta es sencilla. Sácalo entero, incluidos los fragmentos pequeños, extiéndelo al sol sobre una superficie impermeable hasta que quede completamente seco y quebradizo, y llévalo a residuos como fracción resto. No lo lleves al compostador si el compostador está cerca de una acequia o de un curso de agua, y desde luego no lo devuelvas a ningún cauce ni alcantarilla. Vacía después el estanque filtrando el agua, porque las plántulas jóvenes son diminutas.

Si lo detectas en un río, embalse, canal o charca, avisa a la confederación hidrográfica correspondiente o al 112, indicando el punto exacto. Una detección temprana de dos o tres matas es la única situación en la que el control resulta barato.

A escala de cuenca, lo que se aplica es retirada mecánica con barcos cosechadores y barreras flotantes, apoyada con extracción manual en las orillas, que es donde se refugia la planta. En otros países se han liberado gorgojos del género Neochetina, específicos del jacinto, como control biológico; funcionan a medio plazo y reducen el vigor de la colonia, pero no la eliminan. El tratamiento químico en aguas continentales está muy restringido en España y no es una vía disponible para un particular.

Qué poner en un estanque en su lugar

Quien buscaba jacinto de agua normalmente buscaba tres cosas: sombra sobre el agua para frenar las algas, absorción de nutrientes y una flor vistosa. Se consigue todo sin especies prohibidas.

Para cubrir superficie, los nenúfares (Nymphaea) son la respuesta obvia: arraigan en cesta, no derivan y con un tercio de la lámina cubierta ya se nota el efecto sobre las algas filamentosas. En estanques pequeños, Nymphoides peltata da un efecto parecido con hojas menores, aunque conviene contenerlo en cesta porque rastrea con ganas. El Aponogeton distachyos tiene la virtud de vegetar y florecer en invierno y descansar en verano, justo al revés que casi todo lo demás.

Para consumir nutrientes, que es lo que de verdad mantiene el agua clara, la palanca son las plantas sumergidas y las de ribera: Ceratophyllum demersum, Myriophyllum spicatum, Ranunculus aquatilis, y en el borde Iris pseudacorus, Butomus umbellatus, Menyanthes trifoliata o Mentha aquatica. Todas ellas están en el elenco silvestre ibérico.

Y una advertencia que ahorra disgustos: el jacinto no es la única flotante vetada. Pistia stratiotes (lechuga de agua), Azolla filiculoides, Myriophyllum aquaticum, Ludwigia grandiflora y varias especies de Elodea están también catalogadas como invasoras. Antes de comprar una planta acuática, comprueba el nombre científico en el catálogo español y en la lista de la Unión. Los nombres comerciales cambian; los binomios, no.

En resumen

Pontederia crassipes es una planta de flor bonita cuyo problema no es estético sino aritmético: se duplica cada una o dos semanas y en un cauce remansado y eutrofizado no tiene freno natural. Está prohibida en España y en la Unión Europea desde hace más de una década, y los inviernos peninsulares la castigan pero no la eliminan. Si aparece en tu estanque, sécala al sol y tírala a residuos; si aparece en un cauce, comunícalo cuanto antes. Para lo que se le pedía —sombra, nutrientes y flor— hay una lista larga de plantas legales, y varias de ellas son autóctonas.


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