La hierba de la Pampa se plantó durante décadas en rotondas, medianas y jardines de toda España por una razón comprensible: es barata, resistente y sus plumeros son vistosos. Hoy está prohibida, y quien la tiene en su jardín está obligado a eliminarla. Conviene entender por qué, porque no es una cuestión estética.

Plumeros de Cortaderia selloana

Qué es y por qué se descontrola

Cortaderia selloana es una gramínea originaria de Sudamérica que forma matas enormes, de dos o tres metros, con hojas de borde cortante y grandes penachos plateados en verano y otoño.

Su capacidad invasora viene de una combinación difícil de batir. Una sola planta hembra produce del orden de un millón de semillas al año, ligerísimas y con vilano, que el viento transporta decenas de kilómetros. Germinan en cualquier suelo removido —taludes de carretera, obras, terrenos quemados, campos abandonados— y una vez instalada forma matas tan densas que ninguna especie autóctona puede competir.

En la cornisa cantábrica el problema es especialmente grave: hay laderas enteras del País Vasco, Cantabria y Asturias transformadas.

Qué dice la ley

Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. Eso implica la prohibición de su posesión, transporte, tráfico, comercio y, por supuesto, plantación.

Los viveros no pueden venderla y los particulares no deberían tenerla. Hay comunidades autónomas con planes específicos y campañas de retirada, y en algunas existen sanciones. Antes de actuar, merece la pena consultar en tu ayuntamiento o en la consejería de medio ambiente: en muchos sitios hay servicios de recogida del material vegetal, que es la parte delicada del asunto.

Cómo distinguirla de gramíneas parecidas

Hay gramíneas ornamentales legítimas con las que se confunde. La Cortaderia se reconoce por su tamaño —dos o tres metros con el plumero—, por la mata muy densa que forma en la base, y sobre todo por sus hojas de borde aserrado y muy cortante, capaces de producir cortes serios en las manos.

Los plumeros son blancos plateados o algo rosados. Hay ejemplares macho y hembra: los femeninos tienen el penacho más ancho y sedoso, y son los que producen la nube de semillas.

Cómo eliminarla

El error que más se comete es empezar por el sitio equivocado.

1. Corta y destruye los plumeros primero. Antes de tocar nada más. Si arrancas la planta con los penachos maduros puestos, liberas millones de semillas y el problema se multiplica. Córtalos con cuidado, mételos directamente en bolsas cerradas y no los sacudas.

2. No los tires al compost ni al contenedor de restos vegetales. Las semillas sobreviven. Van a residuos, en bolsa cerrada, o al punto limpio siguiendo las indicaciones de tu municipio.

3. Extrae la mata entera con raíz. Es lo único definitivo. La cepa es grande y muy dura; en matas adultas suele hacer falta una azada fuerte, una pala de corte y a veces maquinaria. Cualquier trozo de cepa que quede rebrota.

4. Si no puedes extraerla, el método habitual es cortar a ras y aplicar herbicida sistémico sobre la superficie de corte, inmediatamente después. Comprueba primero qué está permitido en tu comunidad y respeta escrupulosamente el producto y la dosis; cerca de cauces de agua hay restricciones específicas.

5. Vigila el terreno durante dos o tres años. Van a germinar semillas del banco del suelo. Los plantones jóvenes se arrancan a mano con facilidad; el trabajo real está en no abandonar el seguimiento.

6. Cubre el suelo desnudo. Sembrar o plantar rápidamente la zona evita que vuelva a colonizarla, porque necesita suelo removido y sin competencia.

Protección: guantes gruesos, manga larga y gafas. Las hojas cortan de verdad.

Con qué sustituirla

Si lo que te gustaba era el porte de gramínea grande y el juego de las inflorescencias con el viento, hay alternativas que hacen lo mismo sin el problema:

Stipa gigantea, ibérica, con espigas doradas espectaculares a contraluz. Stipa tenuissima, más pequeña y de textura muy fina. Miscanthus sinensis, con penachos otoñales y muchas variedades. Ampelodesmos mauritanicus, el barrón, mediterráneo y de buen porte. Muhlenbergia capillaris, con esa nube rosada en otoño.

De todas ellas, las autóctonas tienen la ventaja añadida de sostener fauna local y no necesitar riego una vez establecidas.

Por qué importa hacerlo

Un jardín no es un sistema cerrado. Con una planta cuyas semillas viajan kilómetros, lo que tengas en tu parcela acaba en el monte de al lado. La Cortaderia desplaza vegetación autóctona, empobrece el hábitat de la fauna que depende de ella y, por su masa de hoja seca acumulada, aumenta la carga de combustible en zonas con riesgo de incendio.

En resumen

Está catalogada como invasora y prohibida en España. Si la tienes, corta y embolsa primero los plumeros, extrae después la cepa entera, no la eches al compost, vigila los rebrotes dos o tres años y consulta a tu ayuntamiento cómo gestionar los restos. Y si echas de menos el efecto, hay gramíneas autóctonas que lo dan sin el problema.


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