Plantar kudzu en España es ilegal, y eso conviene decirlo antes que ninguna otra cosa sobre esta trepadora. Pueraria montana var. lobata —el nombre Pueraria lobata sigue usándose y es el que aparece en la mayoría de los textos— figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea del Reglamento (UE) 1143/2014. Eso significa que no se puede introducir, cultivar, mantener, reproducir, transportar, vender ni liberar en el medio ningún ejemplar vivo, ni siquiera en una maceta dentro de un invernadero particular.

Dicho lo cual, es una planta extraordinaria en varios sentidos, con una historia agrícola de siglos y una farmacopea propia. Merece entenderse bien, aunque solo sea para saber reconocerla si aparece.

Qué es exactamente el kudzu

Es una leguminosa trepadora perenne de la familia Fabaceae, originaria del este de Asia: China, Corea, Japón y buena parte del sureste asiático. En su área nativa es una planta más del sotobosque y de los márgenes, contenida por herbívoros, patógenos y competencia. Nada en ella anticipa lo que hace cuando se la suelta en un continente donde nada la come.

Morfológicamente se reconoce sin dificultad. Las hojas son trifoliadas, con foliolos grandes —de diez a quince centímetros o más—, a menudo con lóbulos marcados, y con pelo áspero en el envés. Los tallos jóvenes son herbáceos y pilosos; con los años se lignifican y engrosan hasta parecer sogas, y en un ejemplar viejo pueden superar los diez centímetros de diámetro en la base. Trepa por enrollamiento, sin zarcillos ni ventosas, así que necesita algo delgado a lo que agarrarse: una rama, una valla, un cable. En terreno llano se limita a reptar y arraigar en cada nudo.

La flor sale a final de verano, en racimos erectos de color púrpura a violeta con la garganta amarilla, con la estructura amariposada típica de las leguminosas. Es una flor bonita y muy visitada por abejas, y desprende un aroma dulzón que se compara habitualmente con el de la uva. El fruto es una legumbre plana cubierta de pelos pardos.

Flor púrpura en racimo de Pueraria lobata, el kudzu

Pero lo decisivo está bajo tierra. El kudzu forma raíces tuberosas enormes, capaces de bajar dos metros y de acumular reservas de almidón durante años; los ejemplares viejos alcanzan pesos de decenas de kilos. De esa despensa salen los brotes cada primavera, y de ella depende cualquier intento de control. Como toda leguminosa, además fija nitrógeno atmosférico mediante Bradyrhizobium en nódulos radiculares, lo que le permite prosperar en suelos degradados y pobres donde otras plantas no arrancan.

La velocidad, y el mito de la velocidad

Los datos de crecimiento son reales: en condiciones favorables —calor, humedad, luz— un tallo puede alargarse alrededor de veinte o treinta centímetros al día y un ejemplar establecido cubrir veinte metros en una temporada. Eso, multiplicado por decenas de tallos desde una misma corona, produce las imágenes conocidas del sureste de Estados Unidos: bosques enteros convertidos en una topografía verde donde ya no se distingue el árbol del poste de la luz.

Merece la pena, sin embargo, poner un matiz que rara vez se lee. El relato popular estadounidense —el kudzu «se está comiendo el Sur», millones de hectáreas engullidas— está considerablemente inflado. Las estimaciones forestales serias sitúan la superficie realmente ocupada en un orden de magnitud muy inferior al de las cifras que circulan, y su expansión se concentra sobre todo en bordes: cunetas, líneas de ferrocarril, orlas de bosque, parcelas abandonadas. Dentro de una masa forestal cerrada y con poca luz, el kudzu avanza mucho menos de lo que sugiere la leyenda. Esto no lo convierte en inofensivo; lo que hace es explicar dónde hay que vigilarlo de verdad, que es en cualquier terreno abierto y removido.

Su historia norteamericana explica también cómo se llega a un desastre con las mejores intenciones. Se presentó en la Exposición del Centenario de Filadelfia en 1876 como ornamental de sombra rápida, se promocionó después como forrajera y, en los años treinta, el Servicio de Conservación de Suelos lo repartió y subvencionó masivamente para frenar la erosión de las tierras arrasadas por el algodón. Se plantaron millones de plantones con dinero público. En 1997 pasó a estar catalogado como maleza nociva.

Usos: la otra cara

En Asia oriental el kudzu no es una plaga sino un cultivo con miles de años de historia, y sus usos son perfectamente serios.

Alimentación. De la raíz se extrae un almidón finísimo, el kuzuko japonés, que se usa como espesante de calidad muy superior a la del maíz: da salsas transparentes, sedosas y estables. Con él se hacen postres tradicionales como el kuzumochi o los fideos kuzukiri. El proceso de extracción, lavado y decantación repetidos es lento, y por eso el kuzu auténtico es caro y suele adulterarse con fécula de patata.

Medicina tradicional. La raíz, gé gēn en la farmacopea china, se emplea desde antiguo para fiebre, rigidez cervical y trastornos digestivos. Contiene isoflavonas —puerarina, daidzeína, daidzina— que han sido objeto de bastante investigación moderna, en particular por su posible efecto sobre el consumo de alcohol y sobre la sintomatología de la resaca. Los resultados de esos estudios son prometedores en algunos aspectos y modestos o inconsistentes en otros; conviene leer las afirmaciones comerciales con escepticismo. Como cualquier planta con isoflavonas activas, no es un producto inocuo por ser natural, y tiene interacciones documentadas.

Fibra y forraje. Del tallo se obtiene una fibra con la que se teje el kuzu-fu, un tejido rústico japonés. Y la parte aérea es un forraje de alto contenido proteico que el ganado consume bien, hasta el punto de que el pastoreo intensivo con cabras es una de las herramientas de control más eficaces que existen.

Masa de vegetación de Pueraria montana var. lobata cubriendo la vegetación

¿Se puede cultivar en España?

No. La respuesta legal es tajante y no admite matices de jardín particular: al estar en la lista de la Unión, la prohibición cubre la tenencia de ejemplares vivos, incluidas semillas y esquejes, y la infracción está tipificada en la Ley 42/2007 con sanciones considerables. No existe la figura del «lo tengo en una maceta controlada»; los permisos son para investigación y conservación ex situ, con autorización expresa.

Hay un punto que suele confundirse: la prohibición recae sobre el material vivo. El almidón de kuzu que se vende en tiendas de alimentación japonesa y los extractos de raíz en cápsulas son productos procesados, sin capacidad de regenerar planta, y su comercio no está afectado por la norma. Comprar kuzuko para cocinar es legal; tener un esqueje, no.

Al margen de la ley, ¿tendría sentido agronómico? En parte de la Península el kudzu encontraría un clima muy cómodo. Necesita veranos con humedad y calor, y suelos profundos; la cornisa cantábrica, Galicia y las zonas de media montaña del norte con precipitación estival cumplen ese perfil bastante mejor de lo que cumple el interior seco o el sureste árido, donde el estrés hídrico de julio y agosto lo frenaría. Las raíces resisten inviernos duros —soporta helada fuerte, con la parte aérea muerta cada otoño y rebrote desde la corona—, así que el frío no es el factor limitante. El limitante es el agua en verano. Dicho de otro modo: el riesgo real para España está en el norte húmedo, no en el sur, y por eso la vigilancia tiene sentido justamente allí.

Cómo se controla si aparece

Lo primero, no confundirlo. En España hay trepadoras leguminosas de hoja trifoliada que pueden despistar, y la glicinia (Wisteria sinensis) es leñosa y de hoja pinnada compuesta por muchos foliolos, no tres. Si aparece una trepadora vigorosa con hojas de tres foliolos grandes y peludos, tallos que enraízan en cada nudo y racimos violetas olorosos a final de verano, merece una fotografía y un aviso a la administración ambiental autonómica.

Sobre el control, lo esencial es que todo el trabajo está en las coronas radiculares. Cortar la maraña de tallos produce un alivio visual de tres semanas y nada más: las reservas del tubérculo rebrotan de inmediato. Lo que funciona, y siempre en combinación y con años de constancia:

Localizar y excavar cada corona. Una mata puede tener docenas de puntos de arraigo repartidos a lo largo de los tallos reptantes. Si queda una, se reconstruye la colonia entera.

Cortes repetidos durante la temporada de crecimiento. No para matarla, sino para vaciar la reserva de almidón: la planta gasta cada vez que rebrota. Un solo corte al año no agota nada; cinco o seis cortes anuales durante varios años sí van reduciendo el tubérculo.

Pastoreo con cabras u ovejas donde el terreno lo permita. Es el mismo principio de agotamiento, aplicado de forma continua y barata.

Tratamiento químico dirigido, aplicado sobre la corona recién cortada o sobre hoja en pleno crecimiento, y siempre por personal autorizado y con los productos permitidos en cada momento. En un cauce o en un espacio protegido esto no es cosa de un particular.

Gestión de los restos. Los fragmentos de tallo con nudo arraigan. Ni compost, ni pila de restos, ni transporte suelto: bolsa cerrada y gestión como residuo.

El error más común es dar por resuelto el problema el primer año, cuando la superficie se ve limpia. El kudzu se cuenta en campañas de tres a diez años según el tamaño de la infestación, y el seguimiento posterior es tan importante como la intervención inicial.

En resumen

Pueraria montana var. lobata es una leguminosa trepadora asiática de crecimiento excepcional, con raíces tuberosas que almacenan almidón y con una tradición alimentaria y medicinal legítima —el kuzuko japonés, la raíz gé gēn y sus isoflavonas—, que en Norteamérica se convirtió en el ejemplo de manual de introducción bienintencionada acabada en catástrofe.

En la Unión Europea está prohibida por completo como planta viva; los derivados procesados, no. Si algún día se detecta un foco en España, el sitio probable es el norte húmedo, y lo que decide el resultado no es cortar la maraña sino eliminar cada corona radicular con paciencia de varios años. Ante una sospecha, lo que toca es fotografiar, no arrancar por libre, y comunicarlo a la administración ambiental correspondiente.


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