Un estanque no se planta como un parterre. En un jardín seco eliges por color y porte; en el agua, lo primero que decide una planta es a qué profundidad puede vivir. Esa es la razón por la que los catálogos clasifican las plantas acuáticas en grupos que parecen arbitrarios y que en realidad describen franjas de agua muy concretas. Entender esos grupos te evita el error más caro del estanque doméstico: comprar cinco plantas preciosas que necesitan todas exactamente el mismo nivel de agua, y dejar el resto del vaso vacío.

Estanque de jardín con distintos tipos de plantas acuáticas

La lógica de las profundidades

Un estanque bien diseñado tiene escalones. La zona más honda, de 60 a 100 cm o más, es la que garantiza que el agua no se congele del todo en invierno ni hierva en agosto. A media altura, entre 20 y 50 cm, viven las plantas de hoja flotante. Y en el borde, con apenas 0 a 20 cm de lámina sobre el cepellón, va el grupo más numeroso: las palustres o marginales.

Si tu estanque es un vaso liso sin repisas, aún tienes solución: se colocan las cestas sobre ladrillos, bloques huecos o plataformas de plástico invertidas para elevar cada planta a su cota. Es tan eficaz como excavar el escalón y mucho más flexible.

Los cinco grupos funcionales son los siguientes, y un estanque equilibrado necesita al menos cuatro de ellos.

Plantas de aguas profundas

Son las que arraigan en el fondo y emiten hojas hasta la superficie. Su función estética es evidente —son las protagonistas—, pero la ecológica lo es más: su sombra baja la temperatura del agua y priva de luz a las algas filamentosas, que son el gran problema de todo estanque nuevo.

Las reinas del grupo son los nenúfares (Nymphaea). Existen variedades enanas que viven con 20-30 cm de lámina y son perfectas para estanques pequeños o incluso para una tinaja, y variedades vigorosas que piden 60-100 cm y cubren varios metros cuadrados. Comprar una vigorosa para un estanque de dos metros es un error clásico: acaba tapándolo entero. Aquí también entran Nuphar lutea, el nenúfar amarillo autóctono de nuestros ríos, mucho más tolerante a la sombra y al agua corriente que las Nymphaea, y el loto (Nelumbo nucifera), que no es un nenúfar: saca las hojas por encima del agua, exige mucho calor y bastante sol, y en la mitad norte peninsular a menudo no llega a florecer bien.

Regla práctica: la superficie cubierta por hoja flotante debe quedar entre un tercio y dos tercios del total. Menos, y el agua se calienta y se llena de algas; más, y el estanque queda sin oxígeno ni luz para el resto.

Plantas flotantes

No arraigan en el fondo: flotan libremente y toman los nutrientes del agua con raíces colgantes. Eso las convierte en depuradoras extraordinarias, porque compiten directamente con las algas por el nitrógeno y el fósforo. También son las plantas más problemáticas de todo el catálogo, y conviene decirlo claro.

Las de uso legal y razonable en España incluyen la lenteja de agua (Lemna minor), diminuta y de multiplicación explosiva, y el mordisco de rana (Hydrocharis morsus-ranae), autóctono, de hojas acorazonadas y flores blancas.

Ahora la advertencia importante. Varias flotantes que se vendieron durante años en garden centers están hoy incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y su comercio, tenencia y transporte están prohibidos. Es el caso del jacinto de agua (Eichhornia crassipes), que ha causado un desastre ecológico y económico de primer orden en el Guadiana; del helecho de agua (Azolla filiculoides), que en Doñana forma mantos que asfixian la lámina; de la lechuga de agua (Pistia stratiotes); y de Salvinia molesta. Fuera del grupo flotante, están en la misma situación Myriophyllum aquaticum y Ludwigia grandiflora. No las compres aunque las veas a la venta, y jamás vacíes un estanque ni tires restos de plantas acuáticas a un cauce, una acequia o el alcantarillado: así se han producido casi todas las invasiones documentadas.

Plantas oxigenadoras o sumergidas

Viven completamente bajo el agua, apenas se ven y son el grupo que más gente se salta. Es un error, porque son la infraestructura biológica del estanque: liberan oxígeno durante el día, consumen nitratos y fosfatos, y ofrecen refugio a las puestas de anfibios, a las larvas de libélula y a los alevines.

Las más útiles en clima español son la cola de zorro (Ceratophyllum demersum), que ni siquiera necesita arraigar y aguanta agua fría y turbia; los miriofilos autóctonos como Myriophyllum spicatum o Myriophyllum verticillatum; la cola de caballo de agua (Hippuris vulgaris); las Callitriche, y los Potamogeton. La Elodea canadensis y sobre todo Egeria densa, muy vendidas de acuario, se comportan como invasoras agresivas en aguas templadas, así que mejor evitarlas.

Una dosis orientativa: entre tres y cinco manojos por metro cuadrado de superficie de estanque, plantados en cesta con grava o simplemente lastrados y hundidos a 30-80 cm. Y una advertencia: por la noche estas plantas consumen oxígeno en vez de producirlo, de modo que un estanque sobrecargado de sumergidas y con peces puede sufrir asfixia de madrugada en olas de calor.

Plantas palustres o de márgenes

Es el grupo más amplio y el que da carácter al estanque, porque disimula el borde de la lámina impermeable y hace la transición con el jardín. Se plantan con el cepellón cubierto por 0 a 20 cm de agua, según la especie.

Con material autóctono se puede montar un estanque completo y muy resistente. El lirio amarillo (Iris pseudacorus) es probablemente la palustre más agradecida de la Península: florece en mayo, aguanta sequía estival del borde y prospera de Galicia a Almería. La espadaña o enea (Typha latifolia, y la más contenida Typha laxmannii) da verticalidad y depura muy bien, pero es tremendamente invasora por rizoma: plántala siempre en cesta cerrada, nunca suelta en el fondo. En la misma línea, el carrizo (Phragmites australis) solo tiene sentido en estanques grandes y bajo control.

Otras muy recomendables: la calta o hierba centella (Caltha palustris), que florece amarillo en marzo, cuando aún no hay nada; el junco florido (Butomus umbellatus), con umbelas rosadas; la menta de agua (Mentha aquatica), aromática y llena de polinizadores; la Sagittaria sagittifolia, de hojas en punta de flecha; el Alisma plantago-aquatica; los juncos (Juncus, Schoenoplectus) y el acoro (Acorus calamus). La Pontederia cordata, americana pero no invasora en nuestro clima, aporta una floración azul de verano difícil de igualar.

Plantas de ribera húmeda

Hay un quinto grupo que rara vez aparece en las listas y que marca la diferencia visual: las plantas que no viven en el agua pero sí en suelo permanentemente húmedo, en la franja exterior del estanque. Sin ellas, el borde tiene un corte brusco y artificial.

Aquí funcionan bien la salicaria (Lythrum salicaria), autóctona y con espigas moradas todo el verano; la filipéndula (Filipendula ulmaria); las Astilbe y las Hosta en zonas de clima atlántico o de media montaña; los helechos como Osmunda regalis, y los carex ornamentales. En jardines grandes y de clima húmedo, la Gunnera manicata ofrece un efecto espectacular, aunque necesita mucho espacio y no soporta el verano seco del interior.

Cómo se plantan: cestas, sustrato y grava

Salvo en estanques naturalizados de gran tamaño, lo sensato es plantar en cesta de rejilla, no directamente en el fondo. La cesta contiene los rizomas invasores, permite sacar la planta para dividirla o trasladarla y evita que el sustrato enturbie el agua.

Usa tierra arcillosa de jardín o sustrato específico para acuáticas, nunca sustrato universal con turba y perlita: la turba flota, la perlita también, y ambos liberan materia orgánica que dispara las algas. Forra la cesta con arpillera si la malla es muy abierta, llena, planta y cubre la superficie con dos o tres centímetros de grava lavada para que la tierra no se disuelva ni los peces la revuelvan.

El abonado se hace con pastillas o conos de liberación lenta específicos para acuáticas, clavados en el cepellón en primavera. Los abonos líquidos convencionales van directos al agua y alimentan a las algas, no a la planta.

La época de plantación en la Península va de abril a junio, cuando el agua ya ha superado los 12-15 °C y las plantas arrancan con fuerza. Plantar en pleno agosto o en invierno da resultados mediocres.

Composición equilibrada de un estanque tipo

Para un estanque doméstico de unos 6 m² y 80 cm de profundidad máxima, una combinación sensata sería:

  • Uno o dos nenúfares de vigor medio en la zona honda, en cesta grande.
  • Unos 20 manojos de oxigenadoras repartidos por el fondo, con Ceratophyllum como base.
  • Seis a diez palustres en el escalón perimetral, mezclando alturas: iris, junco florido, menta de agua, calta y algún junco.
  • Un pequeño grupo de flotantes autóctonas, controlado con salabre cuando se excedan.
  • Tres o cuatro plantas de ribera húmeda en el exterior para cerrar el borde.

Con esa mezcla, el estanque se autorregula en una o dos temporadas y la dependencia del filtro y de los productos antialgas baja drásticamente.

Mantenimiento a lo largo del año

Primavera. Divide y replanta lo que haya crecido demasiado, coloca las pastillas de abono, retira hojas muertas del invierno. Es el momento de incorporar plantas nuevas.

Verano. Vigila el nivel: en el interior peninsular un estanque pierde varios centímetros por semana en evaporación, y una bajada de nivel deja los cepellones de las palustres en seco. Retira flotantes sobrantes con salabre y quita algas filamentosas enrollándolas en un palo.

Otoño. Coloca una malla sobre la lámina si hay árboles caducos cerca: la hoja que se hunde se descompone, consume oxígeno y libera nutrientes que alimentarán a las algas el año siguiente. Corta las varas secas de espadaña y carrizo, pero deja algunas en pie como refugio de fauna.

Invierno. Casi nada. No vacíes el estanque. Si se hiela la superficie, no rompas el hielo a golpes —la onda expansiva daña a los peces—: coloca un objeto flotante o funde un agujero con agua caliente.

En resumen

Las plantas de estanque se organizan por la profundidad a la que viven: de aguas profundas, como nenúfares y lotos, que dan sombra y frenan las algas; flotantes, grandes depuradoras pero con varias especies prohibidas en España por invasoras; oxigenadoras sumergidas, la infraestructura invisible que sostiene el equilibrio biológico; palustres o de márgenes, el grupo más amplio y el que da carácter al borde; y plantas de ribera húmeda, que suavizan la transición con el jardín. Un estanque sano combina al menos cuatro de esos grupos, mantiene entre un tercio y dos tercios de la superficie cubierta por hoja flotante, planta en cesta con tierra arcillosa y grava, abona solo con conos de liberación lenta y renuncia por completo a Eichhornia, Azolla, Pistia y demás especies catalogadas como invasoras.


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