Cuando alguien imagina un estanque, imagina hojas redondas flotando y una flor abierta encima. Ese efecto lo consiguen un puñado de plantas muy concretas, las llamadas de hoja flotante enraizadas: arraigan en el fondo, suben un peciolo hasta la superficie y extienden allí la hoja. No son solo decorativas. Su sombra baja la temperatura del agua y le roba luz a las algas filamentosas, que es el problema recurrente de cualquier estanque en verano.

Estas cinco son las que mejor funcionan en un jardín español, con sus diferencias de tamaño, rusticidad y carácter, porque no todas sirven para todos los estanques ni para todos los climas.

Estanque de jardín con plantas acuáticas de hoja flotante

Nymphaea alba, el nenúfar blanco europeo

Es el nenúfar de toda la vida, el autóctono de nuestros ríos remansados y lagunas, y sigue siendo la mejor elección si buscas la estampa clásica sin recurrir a híbridos.

Pertenece a las Nymphaeaceae. Del rizoma, grueso y horizontal, salen hojas redondeadas con una hendidura profunda, de 10 a 30 cm de diámetro, verde brillante por el haz y a menudo rojizas por el envés. La flor, de 10 a 20 cm, abre entre junio y septiembre, tiene numerosos pétalos blancos que se van reduciendo hacia el centro y estambres amarillos. Se abre por la mañana y se cierra a media tarde, y cada flor dura tres o cuatro días.

Cultivo. Quiere sol pleno —con menos de cinco horas de sol directo apenas florece— y agua quieta. Este último punto se pasa por alto constantemente: los nenúfares odian el chapoteo. Si tienes una cascada o un surtidor, plántalos en el extremo opuesto, porque el agua que les cae encima pudre las hojas y frena la floración.

La profundidad de plantación depende del vigor. La especie tipo puede llegar a vivir con 60 a 150 cm de lámina sobre el rizoma, pero el arranque es más fácil situando la cesta a 30-40 cm el primer año y bajándola progresivamente. Necesita superficie: un ejemplar adulto puede ocupar 2 a 4 m², así que en estanques pequeños hay que ir a variedades enanas de Nymphaea, que se contentan con 20-40 cm de agua y menos de un metro cuadrado.

Es totalmente rústica en toda la Península: pasa el invierno con el rizoma bajo el agua sin ningún cuidado especial. Se divide en primavera, cada tres o cuatro años, cortando el rizoma en trozos con al menos una yema.

Nymphoides peltata, la más agradecida y menos conocida

Se la llama a veces nenúfar amarillo pequeño, y es una de las plantas acuáticas más útiles y peor aprovechadas del jardín español. No es un nenúfar: pertenece a las Menyanthaceae, familia emparentada con el trébol de agua.

Es autóctona de Europa, incluida buena parte de la Península. Forma un tapiz de hojas acorazonadas de 3 a 10 cm, mucho más pequeñas que las de un nenúfar, de un verde con moteado pardusco. Sobre ellas emergen, entre junio y septiembre, flores de un amarillo intenso de 3-4 cm con cinco pétalos cuyo borde está finamente flecado, como recortado con tijeras. Ese detalle es su firma. Florece con enorme profusión y de forma continua.

Cultivo. Sol o media sombra, profundidad de 30 a 90 cm, y una tolerancia notable a aguas ligeramente móviles y a inviernos duros: aguanta perfectamente la meseta. Es la solución ideal para estanques pequeños o para acompañar a un nenúfar sin competir con él.

Su punto débil, y hay que decirlo, es que se expande con muchísima energía mediante estolones que corren por la superficie y enraízan donde tocan. En un estanque grande es una virtud; en uno pequeño, un trabajo anual de contención. Plántala siempre en cesta y no dudes en retirar con salabre lo que sobre en verano. En Norteamérica está considerada especie invasora precisamente por esa capacidad de expansión, así que no la sueltes nunca en un medio natural.

Nymphoides indica, la flor de nieve

Prima tropical de la anterior y una de las flores acuáticas más singulares que existen. Las hojas son parecidas, acorazonadas y de 5 a 20 cm, pero la flor es completamente distinta: blanca con el centro amarillo y con los pétalos cubiertos de largos flecos plumosos que le dan aspecto de copo de nieve o de plumón. Abre por la mañana y dura un solo día, pero produce flores sin descanso durante todo el verano.

Cultivo. Aquí está la diferencia crítica con Nymphoides peltata: la indica es de origen tropical y subtropical, y no es rústica. Necesita agua templada, por encima de 18-20 °C para crecer y florecer bien, y sufre en cuanto el agua baja de 10 °C.

En la costa mediterránea, el sur y Canarias puede vivir todo el año en el estanque. En el interior peninsular y en el norte hay que tratarla como planta de temporada o invernarla: se saca la cesta en octubre y se guarda en un recipiente con agua a resguardo de heladas, en un invernadero o un garaje luminoso. Mucha gente la compra en mayo, disfruta de un verano espléndido y da por muerta la planta en enero sin saber que simplemente había que entrarla.

Profundidad: entre 20 y 60 cm, y sol directo abundante. Se propaga con facilidad porque genera plantitas hijas en la base del peciolo, que se desprenden y enraízan solas.

Nuphar lutea, el nenúfar amarillo autóctono

El más rústico y el más tolerante de los cinco, y el único que soluciona dos problemas que la Nymphaea no puede resolver: la sombra y el agua en movimiento.

Es una Nymphaeaceae autóctona, frecuente en ríos y canales de buena parte de Europa y de la Península. Su rizoma es muy grueso y produce dos tipos de hoja, un rasgo que sorprende a quien lo ve por primera vez: unas hojas sumergidas, translúcidas, onduladas y de aspecto de lechuga, que persisten bajo el agua, y unas hojas flotantes coriáceas y ovaladas de 20-40 cm.

La flor no se parece a la de un nenúfar: es una copa globosa y semicerrada de 4-6 cm, de un amarillo intenso, formada sobre todo por sépalos gruesos, que sobresale unos centímetros por encima del agua. Florece de mayo a septiembre y desprende un olor alcohólico peculiar que en inglés le ha valido el nombre de brandy bottle, botella de brandy, reforzado por la forma del fruto.

Cultivo. Admite de 50 a 200 cm de profundidad, lo que la hace la mejor candidata para estanques hondos donde un nenúfar no prosperaría. Tolera media sombra y corriente suave. Es completamente rústica y de mantenimiento casi nulo. Su inconveniente es el tamaño: no es planta para un estanque de dos metros cuadrados, porque el rizoma se hace enorme con los años.

Nelumbo nucifera, el loto sagrado

El más espectacular y el más exigente. Conviene aclarar de entrada que el loto no es un nenúfar y ni siquiera está en su familia: pertenece a las Nelumbonaceae. La diferencia se ve a simple vista: sus hojas no flotan, sino que se elevan por encima del agua sobre peciolos que pueden alcanzar uno o dos metros, y son peltadas, es decir, con el peciolo insertado en el centro del disco, sin hendidura.

Esas hojas tienen una superficie con una microestructura cerosa que repele el agua de manera extrema: las gotas ruedan formando esferas perfectas y arrastran la suciedad. Es el llamado efecto loto, estudiado en ciencia de materiales para desarrollar superficies autolimpiantes.

La flor mide de 15 a 25 cm, es rosada o blanca, muy perfumada, y abre en pleno verano, entre julio y agosto. Al marchitarse deja un receptáculo cónico perforado muy característico, con las semillas alojadas en los orificios. Esas semillas son famosas por su longevidad extraordinaria: se han conseguido germinar ejemplares procedentes de semillas de más de mil años recuperadas de sedimentos.

Cultivo. Es donde falla la mayoría de la gente. El loto necesita calor real: agua templada y un verano largo con al menos cinco o seis horas de sol directo. En Andalucía, Levante, Extremadura o el valle del Ebro florece sin problema; en el norte húmedo y en zonas de montaña se queda casi siempre en hojas y no llega a florecer.

Se planta de forma distinta a un nenúfar: en recipiente ancho y poco profundo, sin agujeros de drenaje, con tierra arcillosa, porque el rizoma corre horizontalmente y necesita superficie para extenderse. La lámina de agua sobre el sustrato debe ser de solo 15 a 45 cm. El rizoma se coloca en primavera casi horizontal, con las yemas hacia arriba y muy cerca de la superficie del sustrato, y no debe enterrarse en profundidad: es el error clásico que hace fracasar la plantación. En invierno se retira la parte aérea y basta con que el rizoma quede a suficiente profundidad para no congelarse.

Cómo combinarlas y qué evitar

Estas cinco compiten por la misma superficie: la lámina. Meterlas todas en un estanque doméstico garantiza que unas ahoguen a otras. Algunas combinaciones que funcionan:

  • Estanque pequeño (2-5 m²): un nenúfar enano y un grupo contenido de Nymphoides peltata.
  • Estanque medio (6-15 m²) y clima cálido: Nymphaea alba en la zona honda, Nymphoides indica en la media y, si hay espacio, un loto en contenedor aparte.
  • Estanque grande, profundo o con algo de corriente: Nuphar lutea como base, acompañada de palustres en los márgenes.

Tres reglas comunes a todas. Primera: plantar en cesta de rejilla con tierra arcillosa o sustrato para acuáticas —nunca sustrato universal con turba y perlita, que flotan y ensucian el agua— y cubrir con dos o tres centímetros de grava lavada. Segunda: abonar solo con conos o pastillas de liberación lenta clavados en el cepellón en primavera; cualquier abono líquido acaba alimentando a las algas. Tercera: mantener entre un tercio y dos tercios de la superficie cubierta, ni más ni menos, y aclarar con salabre lo que sobre.

Y una advertencia que nunca está de más: no viertas restos de plantas acuáticas ni agua de estanque en ríos, acequias o alcantarillas. Así es como se han producido las principales invasiones de flora acuática exótica en España.

En resumen

Nymphaea alba es el nenúfar clásico, rústico, para agua quieta, sol pleno y estanques con espacio. Nymphoides peltata, autóctona y de flor amarilla flecada, es la opción más agradecida para estanques pequeños, con la única precaución de contener su expansión. Nymphoides indica ofrece flores blancas plumosas todo el verano, pero es tropical y hay que invernarla salvo en el sur y el litoral. Nuphar lutea es la más tolerante: aguanta profundidad, media sombra y corriente suave, ideal para estanques hondos o naturalizados. Y Nelumbo nucifera, el loto, es la más espectacular y la que más calor exige, con una plantación particular en recipiente ancho y rizoma casi superficial. Elige una principal, acompáñala con una secundaria compatible, plántalas en cesta y controla que la superficie cubierta no pase de dos tercios.


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