Un estanque con el 60 % de la lámina de agua cubierta por hojas flotantes se pone verde muchísimo menos que uno despejado. Ese dato, y no el catálogo del vivero, es lo que debería ordenar la compra de plantas: se eligen por la función que van a cumplir dentro del agua, no por la flor que tienen en la foto. Un estanque bien plantado se autorregula y necesita poco mantenimiento; uno plantado a capricho acaba siendo una piscina de sopa verde con dos nenúfares dentro.
Las cuatro capas de un estanque plantado
Las plantas acuáticas no compiten entre sí porque ocupan profundidades distintas. Entender esa estratificación es lo que evita el error más caro: comprar seis plantas que quieren lo mismo y dejar dos franjas del estanque vacías.
Sumergidas u oxigenadoras. Viven enteras bajo el agua y son las que trabajan de verdad. Consumen nitratos y fosfatos directamente de la columna de agua, que es exactamente el alimento de las algas filamentosas, y liberan oxígeno de día. Ceratophyllum demersum (cola de zorro) es la más agradecida porque ni siquiera necesita enraizar: se deja flotando en manojos lastrados. Myriophyllum spicatum y Hottonia palustris también funcionan bien en clima peninsular. Calcula un manojo por cada metro cuadrado de superficie como mínimo.
De hoja flotante y raíz al fondo. Nenúfares (Nymphaea) y nenúfar amarillo (Nuphar lutea). Su trabajo es dar sombra. El agua que no recibe luz directa no cría algas verdes unicelulares, y además se calienta menos en julio, cosa que importa mucho en Madrid, Sevilla o Zaragoza, donde un estanque somero puede pasar de 30 °C y quedarse sin oxígeno disuelto.
Flotantes libres. Sin raíz al sustrato. Aquí hay que ir con mucho cuidado por motivos legales que explico más abajo. La lenteja de agua (Lemna minor) es autóctona pero se multiplica de forma explosiva y tapa el estanque en tres semanas; entra sola con las plantas de vivero y con las patas de los pájaros.
Palustres o marginales. Ocupan el escalón de 0 a 25 cm de profundidad y son las que dan aspecto de estanque natural y no de barreño. Lirio amarillo (Iris pseudacorus), Iris laevigata, calta (Caltha palustris), Pontederia cordata, Sagittaria sagittifolia, Butomus umbellatus, Mentha aquatica y juncos como Juncus effusus o Schoenoplectus lacustris. Además de decorar, filtran, y sus tallos son donde salen del agua las libélulas.
Lo que no se puede plantar en España
Esto conviene decirlo antes que ninguna otra cosa, porque se sigue viendo a la venta de segunda mano y regalándose entre aficionados. El jacinto de agua (Eichhornia crassipes, también llamado camalote) está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y en la lista de la Unión Europea: su posesión, transporte, cultivo y cesión están prohibidos. Ha llegado a colapsar tramos enteros del Guadiana y su erradicación ha costado decenas de millones de euros. Lo mismo aplica a la lechuga de agua (Pistia stratiotes), a Myriophyllum aquaticum (la mal llamada "pluma de loro"), a Ludwigia grandiflora y Ludwigia peploides, al helecho de agua Azolla filiculoides, a Cabomba caroliniana y a Hydrocotyle ranunculoides.
No es una cuestión burocrática. Un estanque de jardín se desborda con las lluvias de otoño, o se vacía y el propietario tira los restos a un arroyo o a un descampado, y ahí empieza el problema. Si te regalan una flotante bonita y no sabes qué es, identifícala antes de meterla en el agua.
Hay alternativas legales y bonitas para el mismo hueco: Hydrocharis morsus-ranae (mordisco de rana), Nymphoides peltata o los propios nenúfares enanos cubren superficie sin ese riesgo.
Plantar: cesta, tierra pesada y grava
La creencia extendida de que las acuáticas se plantan en tierra rica es justo lo contrario de lo que conviene. El sustrato universal de saco no vale: lleva turba y materia orgánica, flota, enturbia el agua durante semanas y libera nutrientes que acaban alimentando algas. Lo correcto es tierra franco-arcillosa, pesada, sin abono; sirve tierra de huerto tamizada o el sustrato específico para plantas acuáticas.
Usa cestas de rejilla. Forra la cesta con arpillera o fibra de coco si la malla es ancha, rellena con la tierra, coloca el rizoma y remata con 3 cm de grava de 8-16 mm por encima. Esa capa de grava hace tres cosas: impide que la tierra salga a nadar, evita que los peces escarben el cepellón y frena la salida de nutrientes al agua.
La cesta, además, es un freno para las plantas expansivas. Typha latifolia (la espadaña grande) plantada suelta en el fondo se come el estanque en dos temporadas y sus rizomas pueden llegar a perforar una lámina de PVC fina. Para estanques pequeños, Typha minima o Typha laxmannii.
Profundidades: cada planta a su cota
Se mide desde la superficie del agua hasta el borde superior de la cesta.
Marginales: de 0 a 20 cm. Muchas admiten simplemente el suelo encharcado del borde.
Nenúfares enanos (Nymphaea 'Pygmaea Helvola', 'Perry's Baby Red'): 20-40 cm. Son los adecuados para estanques de menos de 3 m², bebederos y contenedores.
Nenúfares medianos y vigorosos ('Marliacea Chromatella', 'Attraction', 'Gonnère', Nymphaea alba): 50-90 cm. Nymphaea alba es la autóctona y necesita espacio: puede cubrir 2 m² de superficie ella sola.
Truco para los nenúfares recién comprados: no los pongas de golpe a su profundidad final. Si acaban de brotar y las hojas no llegan a la superficie, el rizoma se agota. Calza la cesta con ladrillos y ve retirándolos conforme la planta crece, en tres o cuatro semanas.
Y un dato que se pasa por alto: a los nenúfares les molesta el agua en movimiento. Salpicaduras de cascada o corriente de bomba sobre las hojas y no florecen o se pudren. Colócalos en la zona más tranquila, siempre en el extremo opuesto a la caída de agua.
Cuánta planta y cuánto sol
El objetivo razonable es que entre el 50 y el 65 % de la superficie quede sombreada en pleno verano por hojas flotantes. Menos de eso y tendrás agua verde; más del 75 % y el agua se queda sin luz, las sumergidas se debilitan y el intercambio gaseoso empeora.
Los nenúfares quieren cinco o seis horas de sol directo para florecer bien. En zonas de verano duro (interior peninsular, valle del Guadalquivir) agradecen sombra a partir de las cinco de la tarde. En umbría no florecen, por mucho abono que se les eche.
Abonado, poda y agua
Nunca eches abono soluble ni granulado al agua: alimentará a las algas antes que a las plantas. Los nenúfares y las marginales de flor se abonan con pastillas o conos de liberación lenta específicos para acuáticas, clavados dentro del cepellón, una vez a la salida del invierno (marzo) y otra a mediados de junio si la planta va justa de vigor. Las oxigenadoras no se abonan jamás: viven precisamente de que sobren nutrientes en el agua.
La poda es constante y sencilla: retira cada hoja amarilla y cada flor pasada cortando el pecíolo bajo el agua, lo más cerca posible del rizoma. Cada hoja muerta que se queda dentro se descompone y suma carga orgánica. Corta las espigas de Typha antes de que suelten semilla y despunta las marginales que invadan a las vecinas.
El agua de lluvia es preferible al agua de red, sobre todo en el arco mediterráneo, donde el agua de grifo suele ser muy dura y rica en cales. Si rellenas con manguera, hazlo poco a poco y no vacíes nunca el estanque entero para "limpiarlo": destruyes la colonia de bacterias nitrificantes y el agua tarda otro mes en aclararse. Con cambiar un 10-15 % en verano es suficiente.
El agua verde de las primeras semanas
Un estanque nuevo se pone verde entre la segunda y la sexta semana. Es normal y no se arregla con producto alguno: es el desequilibrio previo a que las plantas y las bacterias del filtro cojan el ritmo. Los alguicidas químicos matan las algas y también dañan a las sumergidas, y al morir toda esa biomasa de golpe se consume el oxígeno. Paciencia, sombra vegetal y oxigenadoras.
Si el verde persiste pasados dos meses, revisa las causas reales: exceso de comida para peces, demasiados peces para el volumen, hojas en descomposición en el fondo, poca superficie cubierta o sol directo todo el día sin ninguna sombra.
Las algas filamentosas (las hebras verdes que se enredan) son otra cosa: se retiran a mano enroscándolas en un palo, mejor en primavera, cuando aún son pocas.
El invierno
En casi toda la Península, los nenúfares rústicos, los iris palustres y las oxigenadoras autóctonas pasan el invierno solos siempre que el rizoma quede por debajo de la cota de congelación: con 60-80 cm de agua sobre él basta en la meseta. En estanques someros o en zonas de montaña, saca la cesta y guárdala en un cubo con agua en el garaje.
Lo que no aguanta es el papiro auténtico (Cyperus papyrus), que se hiela por debajo de 0 °C y hay que refugiar; Cyperus alternifolius es bastante más tolerante y en el litoral mediterráneo suele salvarse. Corta las cañas secas de las marginales por encima de la lámina de agua, no bajo ella: los tallos huecos que asoman sirven de respiradero cuando la superficie se hiela.
Antes de que caiga la hoja de los caducos cercanos, tiende una malla sobre el estanque. Retirar hojarasca del fondo en enero, con el agua a 5 °C, no es agradable.
En resumen
Planta por capas —oxigenadoras, flotantes de raíz, marginales— y apunta a cubrir de sombra algo más de la mitad de la superficie: eso resuelve solo el 80 % de los problemas de agua verde. Usa cestas con tierra pesada sin abono y grava encima, nunca sustrato de saco. Comprueba que ninguna de tus flotantes esté en el catálogo de invasoras antes de meterla en el agua. Abona solo con pastillas clavadas en el cepellón, retira hojas muertas cada semana y aleja los nenúfares de la cascada. Y en un estanque nuevo, deja pasar el primer verde sin tocar nada: se corrige solo cuando las plantas se instalan.