Bajo el nombre de alhelí se venden en España al menos tres plantas distintas, y no se cultivan igual ni florecen en la misma época. Saber cuál tienes entre manos es el paso previo a todo lo demás, porque los cuidados que sirven para una condenan a otra.

Todas pertenecen a la familia de las Brassicaceae —la de las coles, los rábanos y la mostaza—, y esa pertenencia tiene consecuencias muy concretas a la hora de decidir dónde plantarlas, como veremos.

Quién es quién entre los alhelíes

Matthiola incana, el alhelí encarnado o alhelí de jardín, es el que se ve en semilleros y garden centers. Mata compacta de 30 a 70 cm, hojas grisáceas y aterciopeladas, espigas densas de flores en blanco, rosa, malva, lila o granate, y un perfume intenso a clavo que llena un patio entero. Es el que se usa para arriates de invierno-primavera y para flor cortada.

Erysimum cheiri (antes Cheiranthus cheiri), el alhelí amarillo o alhelí de muro, es el que crece espontáneo en tapias, castillos y muros viejos de media España. Más leñoso en la base, flores amarillas o anaranjadas, algo más rústico y más duradero que el anterior.

Matthiola longipetala subsp. bicornis, el alhelí de noche, es la decepción de quien lo compra por la foto. De día es una planta desgarbada de flores pequeñas y cerradas, sin gracia ninguna. Al atardecer abre y perfuma con una potencia desproporcionada para su tamaño. Se siembra por el olor, no por la vista, y se coloca junto a una ventana o una zona de estar nocturna, con otras plantas delante que la tapen.

Hay una cuarta, Malcolmia maritima, el alhelí de mar, anual pequeñísima y de ciclo cortísimo, que se usa en mezclas de pradera florida.

El grueso de este artículo se refiere a Matthiola incana, que es lo que se busca cuando se busca "alhelí".

Matthiola incana en flor

De dónde viene y qué ciclo tiene

Matthiola incana es originaria de las costas del Mediterráneo occidental, incluidos acantilados del sur y el este peninsular y de Baleares. Eso explica casi todo su comportamiento: soporta el salitre y el viento marino, exige drenaje perfecto, agradece la caliza y detesta el calor húmedo del verano continental.

Botánicamente es bienal o perenne de vida corta, no anual, aunque se cultive como anual de temporada. En la práctica, en jardín se agota entre el segundo y el tercer año, se desgarba y conviene renovarla.

Y aquí está la clave que casi nunca se explica en la etiqueta: necesita frío para florecer. Las variedades tradicionales de Matthiola incana requieren un periodo de vernalización, unas dos o tres semanas con temperaturas por debajo de 10-15 °C, una vez la planta tiene ya cierto tamaño (a partir de unas ocho o diez hojas verdaderas). Sin ese frío se quedan en roseta indefinidamente. Existen series modernas de día largo que florecen sin vernalizar, pero no son la norma.

De ahí se deduce el calendario español correcto: plantar en otoño, disfrutar de febrero a mayo, y aceptar que en junio la planta se estropea. Quien la planta en primavera avanzada esperando flores todo el verano está trabajando contra la fisiología de la especie.

Ubicación

Sol directo, cuantas más horas mejor, sobre todo en el ciclo de invierno, cuando la luz escasea. A la sombra estira los tallos, produce espigas raquíticas y pierde perfume.

Le viene bien un sitio aireado. La combinación de mata densa, hoja algo carnosa y aire estancado en invierno es exactamente lo que buscan los hongos. En balcón, mejor la barandilla exterior que el rincón cerrado.

Toleran razonablemente el viento y la proximidad al mar, así que son una buena opción para jardines de costa donde otras plantas de temporada se queman.

Tierra

Dos condiciones firmes: drenaje muy libre y pH neutro o ligeramente alcalino. Es de las pocas plantas de flor de temporada que agradece de verdad un suelo calizo, y una de las que peor lleva los sustratos ácidos.

Esto tiene una consecuencia práctica que conviene subrayar: plantar alhelíes en turba rubia pura, ácida y retentiva, es un error. Si usas sustrato comercial, mézclalo con un tercio de arena gruesa o perlita y, si el sustrato es marcadamente ácido, corrige con un puñado de caliza molida o compost maduro. En suelo pesado y arcilloso, planta sobre caballón elevado.

En maceta o jardinera, agujeros de drenaje despejados y nada de plato con agua permanente debajo.

Riego

Moderado y espaciado. La forma más habitual de matar un alhelí es ahogarlo: encharcado, el cuello del tallo se pudre en pocos días y la planta colapsa de golpe, con la mata todavía verde. Riega cuando los primeros tres o cuatro centímetros de tierra estén secos y hazlo al pie, sin mojar el follaje ni las espigas florales.

En invierno, con lluvias frecuentes, puede que no necesites regar en semanas. En marzo y abril, en plena floración, sube el consumo y ahí sí conviene ser regular: la sequía brusca durante la floración acorta la espiga y hace caer botones.

Abonado

Sin excesos. Un buen aporte de compost o humus de lombriz incorporado en la plantación y, a partir de que se insinúan las espigas, un abono líquido de floración —bajo en nitrógeno, alto en potasio y con fósforo— cada 15 días.

El nitrógeno abundante da una planta grande, verde y blanda que florece poco y se tumba. En flor cortada, además, los tallos con exceso de nitrógeno se doblan al vase.

Época de plantación y siembra

Para el ciclo normal español:

Siembra: de julio a septiembre en semillero protegido del sol fuerte. Germina en 7-14 días a 15-20 °C. Por encima de 25 °C la germinación se resiente bastante, así que en pleno agosto conviene un sitio fresco y sombreado.

Trasplante: de octubre a noviembre al lugar definitivo, con la planta ya formada. Marco de 20-30 cm entre pies para las variedades de arriate y algo más para las altas de flor cortada.

Floración: de febrero a mayo, adelantándose en el litoral mediterráneo y en el sur, y retrasándose hacia mayo-junio en la meseta norte y la cornisa cantábrica.

Como alternativa, en zonas de invierno duro se siembra a finales de invierno bajo cubierta y se planta en marzo para florecer en mayo-junio, con floración más corta.

Un apunte de trasplante: el alhelí tiene raíz principal marcada y no le gustan las manipulaciones. Usa alvéolos profundos, trasplanta pronto —con cuatro o cinco hojas verdaderas— y no entierres el cuello por encima de donde estaba, porque es justo donde empiezan las podredumbres.

Flores dobles: cómo elegirlas de plántula

Las variedades dobles del alhelí, las más apreciadas por su volumen y su duración en jarrón, tienen una particularidad genética: son estériles, y la semilla que se vende produce una mezcla de plantas de flor simple y de flor doble.

Lo interesante es que en muchas series comerciales, llamadas precisamente selectables, las dobles se pueden distinguir en el semillero. Manteniendo las plántulas recién germinadas unos días a una temperatura fresca, en torno a 10 °C, las que darán flor doble muestran cotiledones de un verde más claro y algo más grandes, mientras que las de flor simple quedan de un verde más oscuro. Se descartan las oscuras y se cultivan solo las claras. No es infalible, pero eleva mucho la proporción de dobles.

Si compras planta ya hecha en bandeja no hace falta nada de esto, pero explica por qué la semilla de alhelí doble da resultados desiguales y por qué el vivero cobra lo que cobra por la planta seleccionada.

Plagas

Pulgón. El principal, en particular el pulgón ceniciento de la col (Brevicoryne brassicae), que forma colonias grisáceas y polvorientas en las hojas y en las espigas jóvenes. Vigila desde marzo, cuando suben las temperaturas. Jabón potásico cada cuatro o cinco días hasta romper el ciclo, aplicado a última hora de la tarde, y ojo con el envés, que es donde se esconden.

Colonia de pulgones sobre un tallo

Orugas de la col. Pieris rapae y compañía comen las hojas del alhelí exactamente igual que las de una berza. En primavera, si aparecen agujeros irregulares, mira el envés. Bacillus thuringiensis resuelve sin tocar a los polinizadores.

Pulguilla o altisa (Phyllotreta spp.). Escarabajitos negros y saltarines que perforan las hojas jóvenes dejándolas como un colador. Molestan sobre todo en plántula y en tiempo seco; mantener el semillero algo húmedo y con malla los frena.

Caracoles y babosas. Devastadores en el trasplante de otoño, con la tierra fresca y la planta pequeña.

Mosca blanca. Frecuente en invernadero y en balcones resguardados; menos importante en pleno suelo.

Enfermedades

Podredumbre de cuello y raíz (Rhizoctonia, Phytophthora, Fusarium). Consecuencia directa del exceso de agua y del mal drenaje. La planta se marchita de arriba abajo sin razón aparente y el tallo se ennegrece a ras de tierra. No tiene arreglo una vez declarada: se previene con sustrato drenante y riego contenido.

Mildiu (Hyaloperonospora parasitica). Manchas amarillentas en el haz y un fieltro grisáceo en el envés, típico de otoños e inviernos húmedos y templados. Airea, no mojes la hoja y retira las partes afectadas.

Hernia de la col (Plasmodiophora brassicae). Esta merece un aviso serio y rara vez se menciona en las fichas de jardinería. Al ser una crucífera, el alhelí es sensible a esta enfermedad del suelo, que provoca engrosamientos deformes en las raíces y marchitez a pesar del riego. El patógeno persiste en el terreno muchos años y prospera en suelos ácidos y encharcados. La regla práctica: no plantes alhelíes donde hayas tenido coles, coliflores, rábanos, rúcula u otros alhelíes en las últimas temporadas, y mantén el pH cercano a la neutralidad o por encima. Es otra razón más para el encalado.

Botritis. Moho gris sobre las flores marchitas en primavera húmeda. Retirar las espigas pasadas evita que se extienda al resto de la mata.

Resistencia al frío

Matthiola incana aguanta heladas ligeras, en torno a -5 °C en planta bien enraizada y endurecida, y es precisamente ese frío el que dispara la floración. Lo que no soporta son las heladas fuertes y prolongadas de la meseta interior en enero, ni las heladas tardías cuando ya está en botón.

En litoral mediterráneo, sur peninsular, Canarias y buena parte de la costa atlántica pasa el invierno fuera sin protección. En Castilla, Aragón interior o zonas de montaña conviene un velo de invernaje en las noches más duras, o retrasar la siembra al final del invierno y cultivarla de primavera.

Erysimum cheiri es sensiblemente más resistente y aguanta inviernos más severos, otra razón para elegirlo si vives tierra adentro.

Qué simboliza el alhelí

En el lenguaje tradicional de las flores, el alhelí representa la fidelidad y el afecto que resiste la adversidad. La imagen no es casual ni gratuita: el Erysimum cheiri florece agarrado a la piedra de muros y ruinas, sin apenas tierra, y esa capacidad de florecer donde no hay nada es lo que le dio ese significado.

De ahí también su presencia en la poesía y la copla españolas como flor de patio, de reja y de ventana, ligada al cortejo y a la espera. Regalar alhelíes se ha entendido tradicionalmente como declaración de constancia, más que de pasión.

En resumen

El alhelí de jardín (Matthiola incana) es una planta mediterránea de invierno y primavera, no de verano. Siémbrala entre julio y septiembre, plántala en octubre o noviembre a pleno sol, en tierra muy drenante y de reacción neutra o caliza, riégala con moderación y al pie, y abónala con potasio desde que asoman las espigas.

Los dos errores que arruinan el cultivo son el exceso de agua, que pudre el cuello, y plantarla en sustrato ácido o en terreno que ha llevado coles, donde acecha la hernia. Y si vives en el interior con inviernos duros, el Erysimum cheiri te dará menos problemas por el mismo perfume.


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