El nombre despista. La amapola real no es una versión mejorada de la amapola de los trigales, sino otra especie distinta: Papaver somniferum, la misma planta que en castellano se llama adormidera y de cuyas semillas salen los granos negros que llevan algunos panes. En jardinería se vende bajo el nombre bonito, en herbolario bajo el otro, y quien compra un sobre de "amapola real doble" pocas veces sabe que está sembrando adormidera.

Eso tiene consecuencias prácticas que conviene conocer antes de sembrar, y también explica por qué esta planta se comporta en el jardín de forma bastante diferente a la amapola silvestre.

Flor de amapola real, Papaver somniferum, con pétalos rosados y estambres oscuros

Qué planta es exactamente

Pertenece a la familia de las papaveráceas y es una anual de ciclo invierno-primavera: nace con las lluvias de otoño o al final del invierno, crece durante los meses fríos formando una roseta baja, sube la caña en primavera y muere en verano después de granar. No es una planta que dure de un año para otro; lo que dura es su descendencia, porque se resiembra sola con enorme facilidad.

Se distingue de la amapola común (Papaver rhoeas) sin necesidad de esperar a la flor. La adormidera tiene hojas glaucas, de un verde azulado ceroso, anchas, abrazadoras y prácticamente lampiñas; la amapola de campo tiene hojas verdes, muy divididas y cubiertas de pelos ásperos. Al tacto la diferencia es inmediata: una resbala, la otra raspa.

La planta alcanza entre 60 y 150 cm según variedad y fertilidad del suelo. Los tallos son gruesos, erguidos y rematados por un capullo colgante que se endereza justo antes de abrir. Las flores miden de 8 a 12 cm, mucho más grandes que las de la amapola silvestre, y aparecen en blanco, lila, malva, rosa, rojo vinoso o casi negro, a menudo con una mancha oscura en la base de los pétalos. Las variedades de tipo paeoniflorum tienen la flor doble, con decenas de pétalos apretados que recuerdan a una peonía, y las laciniatum los tienen flecados.

Tras la flor viene lo que para muchos jardineros es la mejor parte: la cápsula, una urna redondeada coronada por un disco radiado. Cuando madura se abren unos poros diminutos justo bajo ese disco y la cápsula funciona como un salero: al mecerse con el viento va soltando miles de semillas alrededor. Secas, esas cápsulas duran años en un arreglo floral.

Conviene decirlo claro porque casi ningún sobre de semillas lo advierte: en España el cultivo de Papaver somniferum está sometido a autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, en aplicación de la legislación de estupefacientes. La norma no distingue entre intención ornamental y cualquier otra: lo que se regula es el cultivo de la especie, no el motivo.

La semilla en sí se vende con normalidad, tanto en sobres de jardinería como en la sección de alimentación, porque la semilla madura no contiene alcaloides en cantidad relevante. Esa contradicción aparente es la que confunde a mucha gente: comprar semillas no es lo mismo que sembrarlas.

En la práctica nadie persigue a quien tiene tres adormideras nacidas solas en el arriate, y la planta crece espontánea en cunetas y baldíos de media España. Pero una cosa es una resiembra casual y otra plantar un bancal entero. Si quieres una amapola grande y vistosa sin entrar en ese terreno, existen alternativas legales sin ninguna restricción: la amapola oriental (Papaver orientale), vivaz y de flores aún mayores, o la amapola de Islandia (Papaver nudicaule), y para conseguir el efecto de mancha roja masiva, la propia Papaver rhoeas.

Siembra: el punto donde se falla

La adormidera tiene raíz pivotante y no admite trasplante. Ni desde semillero, ni desde alveolo, ni con cepellón. En cuanto esa raíz principal se rompe o se dobla, la planta se queda enana, sube a flor prematuramente y produce una flor mísera. Todo el que se queja de que "le salieron raquíticas" suele haberlas criado en bandeja. Se siembra a voleo y directamente en su sitio definitivo, y punto.

Época: en la España mediterránea y el interior templado, de octubre a noviembre. Sembrada en otoño, la planta pasa el invierno como roseta, desarrolla un sistema radicular profundo y en abril o mayo da flores muy superiores. En zonas de invierno duro (meseta norte alta, montaña) o si se pasó el otoño, se siembra de febrero a marzo, en cuanto el suelo se pueda trabajar; la planta será más pequeña y florecerá algo más tarde, en junio.

La semilla es finísima, casi polvo. No se entierra: necesita luz para germinar, así que se esparce sobre el suelo previamente rastrillado y se afirma con la palma de la mano o con un rulo improvisado, sin cubrirla con tierra. Un truco útil es mezclarla con un puñado de arena seca antes de esparcirla, porque de otro modo es imposible repartirla y salen matas apelotonadas.

Germina en 10 a 20 días con temperaturas de 8 a 15 °C. Cuando las plántulas tengan tres o cuatro hojas hay que aclarar sin piedad hasta dejar una planta cada 20-30 cm. Es la operación que más cuesta hacer y la que más se nota: en espesura salen tallos delgados que se tumban con la primera tormenta y las cápsulas no engordan.

Ubicación, suelo y riego

Sol directo, cuantas más horas mejor. A media sombra se ahíla, se tuerce buscando la luz y florece la mitad. No es planta de terraza norte ni de patio interior sombrío.

El suelo debe ser sobre todo suelto y con buen drenaje. Le van bien los terrenos francos e incluso los calizos y algo pobres; lo que no tolera es el encharcamiento invernal, que le pudre el cuello. En suelo arcilloso y compacto conviene sembrarla en caballón elevado o mezclar arena gruesa y compost bien hecho en los primeros 20 cm.

El riego es escaso. Con las lluvias de otoño e invierno tiene bastante en casi toda la península; hay que regar solo si el otoño viene seco, para asegurar la nascencia, y luego puntualmente en primavera si se alarga la sequía durante la subida de la caña. Regar de más engorda el follaje y arruina la floración, además de invitar al mildiu. Cuando la planta empieza a amarillear en junio no se está muriendo de sed: está terminando su ciclo, que es lo que le toca.

Abonado y sujeción

Poco abono y ninguno rico en nitrógeno. Un aporte de compost maduro o estiércol muy hecho al preparar el terreno, unos 2-3 kg por metro cuadrado, cubre toda la temporada. Los abonos nitrogenados producen tallos blandos y acuosos que se doblan y atraen al pulgón; si acaso, en el momento de subir la caña puede darse un aporte de un complejo bajo en nitrógeno y alto en potasio, y nada más.

Las variedades dobles, con esas flores tan pesadas, se vencen con la lluvia. Si las siembras en grupo cerrado se sostienen entre ellas; si van sueltas, conviene una malla horizontal de sujeción colocada a media altura cuando las plantas tienen 30 cm, para que crezcan a través de ella.

Problemas habituales

Pulgón negro. Es el visitante más constante, y se instala en manguitos apretados en la parte alta del tallo y bajo la cápsula. Con poblaciones bajas basta un chorro de agua a presión o jabón potásico al atardecer; conviene actuar pronto porque también transmite virosis.

Mildiu (Peronospora). Aparece en primaveras húmedas como manchas cloróticas en el haz con un fieltro grisáceo o violáceo en el envés, y deforma los brotes. Se previene con marco de plantación amplio, riego al pie y nunca por aspersión, y eliminando las plantas afectadas.

Botritis y podredumbre del cuello. Casi siempre son consecuencia de exceso de agua o de siembra demasiado densa.

Caracoles y babosas. Arrasan las plántulas en pocas noches durante el otoño lluvioso. Es la fase crítica: una vez la roseta tiene mano de ancho, ya no les interesa tanto.

Y una advertencia de seguridad: toda la planta verde contiene un látex lechoso con alcaloides y es tóxica por ingestión para personas y para animales domésticos o de granja. Solo la semilla madura y seca está exenta. No es planta para tener al alcance de niños pequeños que se lleven cosas a la boca ni en cercados de conejos o gallinas.

Aprovechamiento

Flor cortada. Dura poco, entre dos y cuatro días, pero merece la pena si se hace bien. Se corta de madrugada, con el capullo ya coloreado y a punto de abrir, nunca la flor abierta. Como el tallo cortado sangra látex y se tapona, hay que sellar el corte: cinco segundos de llama de mechero en el extremo, o diez segundos en agua hirviendo, y después al agua fría. Sin ese paso el ramo se marchita en unas horas.

Cápsulas secas. Se cortan cuando la cápsula suena a semilla al agitarla y ha virado a color pajizo. Boca abajo en manojo, en sitio seco, ventilado y a la sombra, aguantan años.

Semilla. Se recoge poniendo un sobre bajo la cápsula e inclinándola. Guardada seca y en oscuridad mantiene buena germinación tres o cuatro años. Si además quieres que se resiembre sola, basta con dejar sin cortar dos o tres cápsulas: al año siguiente aparecerán decenas de plantas por todo el arriate, y ahí el trabajo consiste en arrancar las sobrantes, no en sembrar.

En resumen

La amapola real es Papaver somniferum, una anual de invierno-primavera con hoja azulada, flores enormes y cápsulas decorativas, cuyo cultivo en España requiere autorización administrativa aunque sus semillas se vendan libremente. Se siembra en otoño, en su sitio definitivo, en superficie y sin enterrar, porque su raíz pivotante hace inviable el trasplante. Pide sol pleno, suelo drenante, poca agua y menos abono todavía, y hay que aclarar las plántulas a 20-30 cm si se quieren flores grandes. El pulgón y el mildiu son sus problemas típicos, la planta verde es tóxica, y la flor cortada solo aguanta si se le quema el extremo del tallo antes de ponerla en agua. Quien busque el efecto sin la parte legal tiene en Papaver orientale, Papaver nudicaule y Papaver rhoeas tres sustitutas más que suficientes.


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