Cuidado con tratarla bien: si abonas y riegas la Anthemis tinctoria como cualquier otra vivaz de macizo, la perderás en dos temporadas. Es una planta de terrenos secos, pobres y calcáreos, y responde a la generosidad creciendo blanda, tumbándose sobre sus vecinas y pudriéndose por el cuello el primer invierno húmedo. Cultivada con la dureza que pide, en cambio, cubre el jardín de capítulos amarillos desde junio hasta septiembre y apenas necesita atención.
Identidad y nombre correcto
Conviene aclarar de entrada el nombre científico, porque genera confusión en viveros y catálogos. La planta se describió como Anthemis tinctoria L., pero la taxonomía actual la sitúa en el género Cota, de modo que el nombre aceptado hoy es Cota tinctoria (L.) J.Gay. Ambos designan la misma planta y Anthemis tinctoria sigue siendo el nombre comercial habitual.
En castellano se la llama manzanilla amarilla, manzanilla de tintoreros o ojo de buey amarillo. Pertenece a las Asteraceae y procede del centro y sur de Europa, el Cáucaso y Asia occidental. En España aparece asilvestrada o naturalizada sobre todo en el tercio norte, en cunetas, taludes y pastos secos de montaña.
Y aquí una precisión que evita disgustos: no es la manzanilla de infusión. La manzanilla que se bebe es Matricaria chamomilla o Chamaemelum nobile, ambas de flor blanca con centro amarillo. La Anthemis tinctoria tiene lígulas amarillas, no se usa en tisanas y su follaje huele a resina más que a manzana. Tampoco hay que confundirla con la Anthemis cotula, la manzanilla hedionda, de olor desagradable y savia irritante.
Características de la planta
Forma una mata densa y ramificada de 50 a 90 cm de alto por otro tanto de ancho, con base algo leñosa con los años. Las hojas son pinnatisectas, de segmentos finos y dentados, verde grisáceo por el haz y tomentosas y casi blanquecinas por el envés: ese fieltro es una adaptación a la sequía y explica su resistencia al sol fuerte.
Los capítulos miden entre 3 y 5 cm y se llevan solitarios sobre pedúnculos largos y rígidos. La forma típica de la especie tiene lígulas y disco central del mismo amarillo dorado, lo que le da un aspecto de moneda muy reconocible. La floración va de junio a septiembre en el interior peninsular y puede empezar en mayo en el litoral mediterráneo.
Los cultivares suavizan ese amarillo, que a algunos les resulta demasiado estridente:
- 'E.C. Buxton': lígulas amarillo limón muy pálido con disco dorado. El más elegante y el más fácil de combinar.
- 'Kelwayi': amarillo intenso, floración muy abundante, el clásico.
- 'Sauce Hollandaise': lígulas casi crema, tono mantequilla.
- 'Wargrave Variety': amarillo crema intermedio.
- 'Susanna Mitchell': lígulas blancas con centro amarillo y porte más compacto.
Un punto que conviene tener claro desde el principio: es una vivaz de vida corta. Tres o cuatro años es lo normal, y a menudo menos si se cultiva con exceso de riego. No se está haciendo nada mal cuando la mata envejece; se resuelve renovándola, y es facilísimo hacerlo.
Ubicación y suelo
Pleno sol, sin discusión. A media sombra crece más alta, se abre por el centro, se tumba y florece la mitad. Necesita como mínimo seis horas de sol directo, y en España conviene darle las que haga falta: el sol de julio en Sevilla o Zaragoza no la molesta.
El suelo es donde se decide la partida. Quiere terreno pobre, suelto, seco y muy drenante, mejor calcáreo que ácido, y prospera en sustratos pedregosos, arenosos y de baja fertilidad. En suelo arcilloso que se mantiene húmedo en invierno, la planta muere por pudrición de cuello y raíz, y esa es con diferencia la causa más frecuente de fracaso en el este y el sur peninsular, mucho más que el frío o el calor.
Si tu terreno es pesado, hay dos soluciones que funcionan: plantar en caballón o cama elevada, o enmendar generosamente la zona de plantación con grava fina, arena de río gruesa y algo de compost. Un acolchado de grava o gravilla alrededor del cuello, en lugar de corteza o materia orgánica, mantiene seca la base y previene la pudrición.
En maceta hay que usar recipiente ancho, sustrato con un 40 % de material mineral (perlita, arena silícea, pumita) y agujeros de drenaje amplios. Y ojo con los platos: un plato con agua estancada bajo una Anthemis es una sentencia.
Riego
Los primeros meses tras la plantación sí requiere riegos regulares para que enraíce en profundidad, sin llegar a encharcar. Una vez establecida es muy resistente a la sequía: en jardín, en la mitad norte, puede pasar el verano prácticamente con la lluvia y algún riego de apoyo en las olas de calor.
En el sur y sureste, riega en profundidad y con poca frecuencia —mejor un riego abundante cada diez o quince días que un poco de agua a diario—, porque eso obliga a las raíces a bajar. El riego superficial y frecuente produce raíces someras y una planta que sufre a la primera racha de calor.
En invierno, riego cero. Con lo que caiga tiene de sobra, y con más de eso se pudre.
La poda: lo que de verdad marca la diferencia
Si de este artículo solo te llevas un dato, que sea este. La Anthemis tinctoria agota su energía produciendo semilla y, si se la deja, se apaga y se degrada en una sola temporada.
La práctica correcta es un corte severo tras la primera oleada de floración, hacia finales de julio o principios de agosto, cuando la mayoría de los capítulos ya están pasados. No se trata de despuntar: hay que rebajar la mata a unos 15-20 cm del suelo, dejando el brote basal verde que ya asoma en el centro. La planta rebrota en dos o tres semanas y suele dar una segunda floración en septiembre, esta vez sobre una mata compacta y ordenada.
Ese corte hace tres cosas a la vez: evita el agotamiento por semilla, elimina la parte tumbada y desgarbada, y alarga la vida de la planta uno o dos años. Es la diferencia entre una Anthemis que dura cinco años y una que desaparece al segundo.
Durante la floración, retirar las flores marchitas con regularidad prolonga la floración por el mismo motivo, aunque en una mata grande es trabajo pesado; el corte de conjunto rinde más.
En invierno, deja la estructura seca en pie hasta finales de febrero. Protege el cuello del frío y de las lluvias, y las semillas alimentan a los pájaros. Se limpia a comienzos de la primavera, cuando arranca el brote nuevo.
Abonado, o mejor dicho, su ausencia
No la abones, o hazlo muy poco. Es planta de suelos pobres y el exceso de nutrientes, especialmente de nitrógeno, produce tallos largos, blandos y quebradizos que se tumban con la primera tormenta de verano, además de acortarle la vida y hacerla más sensible al oídio.
Un aporte ligero de compost en superficie en primavera, cada dos años, es todo lo que necesita en jardín. En maceta, un fertilizante equilibrado a media dosis una o dos veces en toda la temporada.
Frío, calor y plagas
La rusticidad al frío es excelente: aguanta sin problema -15 o -20 °C en suelo seco, así que en ninguna zona de la península hay que protegerla de las heladas. Lo repito porque es contraintuitivo: lo que la mata no es el frío, es la humedad invernal. La misma planta que sobrevive a un invierno soriano muere en un invierno gallego suave pero encharcado.
El calor lo tolera bien mientras el aire sea seco. En zonas de verano húmedo y bochornoso puede sufrir más de hongos.
Problemas habituales:
- Oídio: polvillo blanco en las hojas al final del verano, favorecido por el exceso de nitrógeno y la mala ventilación. Se corrige con el corte de verano, dando espacio entre plantas y, si hace falta, con azufre mojable aplicado al atardecer, nunca por encima de 30 °C.
- Pulgón: en los brotes tiernos de primavera. Jabón potásico o simplemente esperar, porque suelen llegar los depredadores.
- Podredumbre de raíz (Pythium, Phytophthora): irreversible cuando se manifiesta. Solo se previene con drenaje.
- Tumbado de la mata: no es enfermedad, es exceso de abono, sombra o riego. Se corrige con tutores discretos ese año y con menos mimos al siguiente.
Multiplicación
Es de las plantas más fáciles de reproducir, cosa que compensa su vida corta.
Esquejes basales. El método más seguro. A finales de verano o principios de otoño, tras el corte de rejuvenecimiento, se toman brotes no florecidos de 6-8 cm de la base, se les quitan las hojas inferiores y se plantan en sustrato arenoso, a la sombra y con humedad ambiental. Enraízan en tres o cuatro semanas.
División de mata. En primavera, cuando arranca el crecimiento. Se levanta la planta, se descartan las porciones centrales viejas y leñosas y se replantan las periféricas con raíz sana. Hacerlo cada dos o tres años renueva el ejemplar de forma indefinida.
Semilla. Germina con facilidad. Siembra en semillero de febrero a abril a 18-20 °C, apenas cubierta porque necesita luz para germinar; nace en dos o tres semanas. Sembrada temprano puede florecer el mismo año, aunque lo normal es que lo haga el segundo. En jardín se resiembra sola con generosidad si no se hace el corte, lo que a veces se aprovecha y a veces resulta invasivo en un macizo cuidado. Ten en cuenta que los cultivares no salen fieles por semilla: para conservar 'E.C. Buxton' o 'Sauce Hollandaise' hay que ir por esqueje o división.
Usos en el jardín y algo más
Su lugar natural es el jardín seco, el macizo de gravas o el talud soleado, exactamente esos sitios donde otras vivaces piden agua constante. Combina bien con Salvia nemorosa, Achillea, Nepeta, Perovskia, Echinacea y gramíneas como Stipa tenuissima: el amarillo pálido de 'E.C. Buxton' junto a los azules violáceos de las salvias es una de las combinaciones más solventes que existen para junio.
Es también una planta muy útil para la fauna auxiliar. Sus capítulos abiertos y poco profundos son accesibles a sírfidos, crisopas, avispas parasitoides y pequeños polinizadores, insectos que después se comen los pulgones del huerto. Por eso se usa en bandas florales y setos herbáceos junto a cultivos hortícolas.
Sirve además como flor de corte, con tallos rígidos y duración de una semana larga en jarrón.
Y el nombre tiene motivo: el epíteto tinctoria alude a su uso como planta tintórea. Los capítulos, cocidos y con mordiente de alumbre, dan sobre lana amarillos y dorados muy sólidos, y con hierro viran a tonos oliva. Es uno de los tintes amarillos tradicionales de Europa, todavía usado en tintorería artesanal.
En resumen
La Anthemis tinctoria —o Cota tinctoria, su nombre actual— es una vivaz de vida corta para pleno sol y suelo pobre, seco y drenante, que florece en amarillo de junio a septiembre y no tiene nada que ver con la manzanilla de infusión. Prospera con abandono y se estropea con cuidados excesivos: nada de abonos ricos, nada de riego frecuente, nada de suelos que se queden húmedos en invierno, porque la humedad la mata mucho antes que el frío, del que aguanta hasta -20 °C. La clave del cultivo es el corte severo a 15-20 cm después de la primera floración, que la rejuvenece, provoca una segunda tanda de flor en septiembre y le añade años de vida. Y como no dura eternamente, conviene tener siempre unos esquejes basales enraizando en otoño.