Compras una begonia elatior cubierta de flores en pleno enero y tres semanas después está pelada, con las hojas blandas y un moho gris en la base. No la has matado tú necesariamente: esa planta venía de un invernadero con el fotoperiodo, la temperatura y el riego controlados al detalle, y el salto a un salón con calefacción es brusco. Entender de dónde viene explica casi todos sus cuidados.

La begonia elatior, cuyo nombre botánico correcto es Begonia x hiemalis, es un híbrido obtenido cruzando Begonia socotrana —una especie de la isla de Socotra, con floración invernal— con begonias de tubérculo del grupo Begonia x tuberhybrida. De ahí saca su combinación característica: flores dobles grandes y muy vistosas, en rojo, naranja, amarillo, rosa, salmón o blanco, sobre una mata compacta de hojas verdes brillantes y asimétricas, y una tendencia natural a florecer cuando los días son cortos.

Begonia elatior con flores dobles de color rosa

El dato que cambia cómo se cuida: es una planta de día corto

La Begonia x hiemalis hereda de Begonia socotrana el carácter de planta de día corto: forma botones florales cuando la duración de la luz baja de unas doce horas diarias. Por eso su floración natural en España va de octubre a marzo, justo al revés que casi cualquier otra planta de flor, y por eso los viveros pueden tenerla florida los doce meses del año jugando con mallas de oscurecimiento.

Esto tiene una consecuencia muy práctica que casi nunca se menciona: si dejas la planta en un salón donde se enciende la luz todas las noches hasta medianoche, estás alargándole artificialmente el día y puede no volver a florecer nunca, por muy bien que la riegues y la abones. Si quieres reflorecerla, necesita un sitio donde a partir de septiembre reciba oscuridad real durante al menos doce o trece horas seguidas: un dormitorio poco usado, una galería, una habitación de invitados.

Aclaremos también una confusión habitual con su otro progenitor: la elatior no forma tubérculo aprovechable. Las begonias de tubérculo de balcón, esas que se arrancan en noviembre y se guardan en seco en una caja hasta marzo, son otra cosa. Con una elatior ese tratamiento no funciona, se seca y se pierde.

Luz

Quiere mucha luz indirecta y nada de sol directo entre abril y septiembre. Una ventana al este o al norte es lo ideal; una al sur o al oeste sirve si media un visillo o si la planta está retirada un metro del cristal. El sol de mediodía del verano español quema las flores en un día y deja las hojas con manchas pardas que ya no se van.

En invierno, en cambio, agradece toda la luz que pueda darle una ventana, incluido algo de sol directo de la mañana. Es cuando está floreciendo y cuando la intensidad luminosa en un piso español baja mucho. Con luz insuficiente los tallos se estiran, se vuelven blandos y quebradizos, y los botones se caen sin abrir.

Temperatura: su punto más delicado

El rango bueno está entre 18 y 21 °C de día y entre 15 y 18 °C de noche. Ese descenso nocturno no es un capricho: favorece que cuajen los botones y alarga la duración de cada flor. En una casa con la calefacción a 23 °C constantes, la floración dura la mitad.

Por encima de 24 °C la planta deja de formar flores nuevas y empieza a soltar botones. Por debajo de 12 °C se para y las hojas se ponen blandas; no soporta ninguna helada. Y lo más letal en un piso: las corrientes y el aire seco de un radiador. Colocarla encima de un radiador o al lado de la salida del aire acondicionado es la causa más común de que una elatior recién comprada se venga abajo en quince días.

La humedad relativa le conviene alta, en torno al 50-60 %. Pero no se consigue pulverizándola: mojar las flores dobles de una elatior es prácticamente garantizar Botrytis, porque el agua se queda atrapada entre los pétalos apretados y no se evapora. La forma correcta es un plato ancho con grava y agua debajo de la maceta, con la base del tiesto apoyada sobre la grava y sin tocar el agua.

Riego: por abajo y sin pasarse

Es donde se pierden más ejemplares. Las raíces son finas y el cuello de la mata es carnoso y se pudre con una facilidad extraordinaria si permanece mojado.

Riega cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto, no antes. En un piso con calefacción eso suele caer cada cuatro o cinco días en invierno, y cada dos o tres en verano, pero comprueba siempre con el dedo en vez de fiarte del calendario.

Lo mejor es regar por inmersión: se pone la maceta en un barreño con tres o cuatro dedos de agua templada, se deja quince minutos hasta que la superficie del sustrato se oscurezca, y se saca a escurrir. Así el agua nunca toca el cuello, ni las hojas, ni las flores. Si riegas por arriba, hazlo con una regadera de pitorro fino dirigiendo el chorro al borde de la maceta.

El plato no puede tener agua pasados diez minutos. Y quítale el envoltorio de plástico o el cubremacetas decorativo con el que viene de la tienda, o al menos vacíalo después de cada riego: dentro se acumula el agua sobrante y el cepellón acaba encharcado sin que se vea desde fuera.

Usa agua a temperatura ambiente. El agua fría del grifo en invierno le da un choque térmico a las raíces que se traduce en caída de botones a los pocos días.

Sustrato y trasplante

Necesita un sustrato ligero, aireado y ligeramente ácido, con pH entre 5,5 y 6,2. Una mezcla que funciona bien es 60 % de turba rubia o sustrato universal de calidad, 20 % de perlita y 20 % de fibra de coco. Los sustratos baratos, muy compactos y con mucha materia fina, retienen demasiada agua y son medio problema resuelto de antemano si los evitas.

La maceta debe ser ancha y poco profunda, con agujeros de drenaje generosos. No conviene trasplantarla nada más comprarla: está en plena floración y el cambio le hace soltar botones. Espera a que termine de florecer y hazlo entonces, subiendo un solo número de maceta.

Abonado

Durante la floración, abono líquido para plantas de flor cada quince días y a la mitad de la dosis indicada en el envase. Las begonias son sensibles a la acumulación de sales, y en una elatior el exceso de fertilizante se ve enseguida como puntas de hoja quemadas.

Conviene un abono con poco nitrógeno y bastante potasio —del estilo 5-10-15 o similar—, porque el nitrógeno alto produce mata frondosa y pocas flores. Suspende el abonado durante las semanas de reposo posteriores a la floración y retómalo cuando veas brotación nueva.

Mantenimiento durante la floración

Retira cada flor marchita con su pedúnculo completo, tirando suavemente hacia abajo hasta que se desprenda del tallo, o cortando con tijera limpia. Dejar los restos entre las hojas es exactamente lo que hace falta para que aparezca la Botrytis: el moho gris coloniza primero el tejido muerto y desde ahí salta al vivo.

Muchas variedades comerciales son de flor doble y muy pesada; si los tallos se doblan, un par de tutores finos de bambú ayudan sin afear. Y gira la maceta un cuarto de vuelta cada semana para que la mata no se incline hacia la ventana.

Qué hacer cuando termina de florecer

Aquí es donde la planta suele acabar en la basura, y no hace falta que sea así. Después de la floración la planta entra en un reposo parcial de unas seis a ocho semanas. Es normal que pierda vigor y que las hojas se vean cansadas.

El procedimiento es este: corta la mata a unos 8-10 centímetros del sustrato, retira todos los restos secos, reduce el riego a la mitad —lo justo para que el cepellón no llegue a secarse del todo— y colócala en un sitio fresco, entre 12 y 15 °C, con luz clara. No abones durante ese periodo.

Pasadas seis u ocho semanas, cuando veas brotes nuevos en la base, trasplántala a sustrato fresco, vuelve a la temperatura normal, reanuda el riego habitual y empieza a abonar. Crecerá vegetativamente durante la primavera y el verano, y volverá a formar botones en otoño al acortarse los días, siempre que respetes la oscuridad nocturna.

Aun así, conviene decirlo con claridad: la elatior no es una planta longeva. A partir del segundo o tercer ciclo se debilita, se lignifica por la base y florece peor. Lo razonable es aprovechar la poda para hacer esquejes y renovar la planta.

Esquejes

Se multiplica muy bien por esqueje de tallo en primavera, entre abril y junio. Toma brotes jóvenes de 8 a 10 centímetros, corta justo debajo de un nudo, quita las hojas inferiores y déjalos con dos hojas arriba. Planta en una mezcla de turba y perlita a partes iguales, mantén el sustrato apenas húmedo y sitúalos a 20-22 °C con luz clara sin sol directo. Enraízan en tres o cuatro semanas.

Cúbrelos con una bolsa transparente para conservar humedad, pero ventila unos minutos cada día: la campana cerrada sin aireación es un criadero de hongos y perderás los esquejes por podredumbre antes de que enraícen.

Problemas frecuentes

Moho gris sobre flores y tallos. Es Botrytis cinerea. Causas: agua sobre el follaje, restos florales sin retirar y falta de ventilación. Corta y tira todo lo afectado, airea la habitación y deja de mojar la planta.

Polvillo blanco harinoso en el haz de las hojas. Oídio, el otro hongo típico de las begonias. Aparece con poca ventilación y contrastes fuertes de temperatura entre el día y la noche. Retira las hojas afectadas y separa la planta de otras.

Caída de botones sin abrir. Suele ser exceso de calor —por encima de 24 °C—, corriente de aire, cambio brusco de ubicación o riego irregular. Estabiliza las condiciones y no la muevas.

Hojas amarillas y tallo blando en la base. Podredumbre del cuello por exceso de riego. Si está avanzada, la planta no se salva; salva lo que puedas haciendo esquejes de la parte sana.

Hojas con punteado amarillo y telillas finas. Araña roja, favorecida por el aire seco de la calefacción. Sube la humedad ambiental y trata con jabón potásico al 1 % mojando el envés, tres veces cada cinco o siete días.

Motas blancas algodonosas en las axilas. Cochinilla algodonosa. Lo más rápido es un bastoncillo con alcohol de 70° foco a foco, y después un repaso con jabón potásico.

Un apunte de seguridad: como todas las begonias, contiene oxalatos solubles y resulta tóxica por ingestión para perros y gatos. Manténla fuera de su alcance.

En resumen

La Begonia x hiemalis pide luz abundante sin sol directo, entre 18 y 21 °C de día con noches algo más frescas, riego por inmersión cuando los dos primeros centímetros de tierra están secos, plato siempre vacío y abono quincenal a media dosis con poco nitrógeno. Nunca se pulverizan sus hojas ni sus flores: la humedad se sube con un plato de grava, y el agua sobre los pétalos dobles es la puerta de entrada de la Botrytis. Cuando acabe de florecer, córtala a 8-10 centímetros, dale seis u ocho semanas frescas y secas, y vuelve a arrancarla en primavera. Y si quieres que repita floración, recuerda que es planta de día corto: necesita noches largas y oscuras de verdad a partir de septiembre, o no formará un solo botón.


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