Aguantan que las pisen, que las siegue el cortacésped cada quince días y que hiele en enero, y siguen floreciendo. Esa dureza es lo que define a las Bellis, un pequeño género de la familia Asteraceae con una docena escasa de especies repartidas por Europa y la cuenca mediterránea, del que en jardinería se aprovecha sobre todo una: Bellis perennis, la margarita común, chiribita o maya, y sus variedades de flor doble que llenan los viveros de octubre a marzo.

Conviene aclarar de entrada un lío de nombres que provoca compras equivocadas. En castellano se llama «margarita» a plantas de tres géneros distintos: Bellis, la margarita menor, de mata rastrera y flores de dos a cuatro centímetros; Leucanthemum vulgare, la margarita mayor de los prados, con tallos de medio metro; y Argyranthemum frutescens, la margarita canaria o «de los areneros», un arbusto leñoso de hasta metro y medio. Cuidados y usos no tienen nada que ver. Este artículo va del primero.

Flores de Bellis perennis con lígulas blancas y disco amarillo

Qué es una Bellis y cómo está construida

Son herbáceas de roseta basal: las hojas, en forma de cuchara o espátula, con el borde algo dentado, salen todas a ras de suelo formando un disco aplanado, y de ese centro emergen escapos florales sin hojas de 5 a 15 centímetros. Esa arquitectura es exactamente la que le permite sobrevivir a la siega y al pisoteo, porque el punto de crecimiento queda por debajo de la altura de la cuchilla.

Lo que llamamos «flor» es en realidad un capítulo: un conjunto de flores diminutas agrupadas. Las del centro, amarillas y tubulares, son las flores fértiles; las blancas del borde, que parecen pétalos, son lígulas, y con frecuencia llevan el envés teñido de rosa o púrpura, algo muy visible al amanecer, cuando el capítulo todavía está cerrado. Ese cierre nocturno y su reapertura con la luz dieron nombre a la planta en inglés, daisy, contracción de day's eye, el ojo del día.

Principales especies

Bellis perennis. La vivaz de toda la vida, extendida por prados, céspedes y taludes de buena parte de la Península. Florece de manera masiva de febrero a mayo, y en climas suaves o húmedos puede tener flores sueltas prácticamente todo el año. Es la base de todas las variedades de jardín.

Bellis sylvestris. Mediterránea, más robusta, con hojas mayores y escapos que llegan a 30 centímetros. Su rasgo distintivo es el calendario invertido: florece de octubre a marzo, aprovechando las lluvias de otoño. Aparece en dehesas, pastos y claros de encinar por todo el sur y el centro peninsular, y es muy interesante para jardinería mediterránea de bajo mantenimiento, porque tiene color cuando el jardín seco está parado.

Bellis annua. Anual, diminuta, de dos a diez centímetros, con capítulos de apenas un centímetro. Nace con las primeras lluvias y completa el ciclo en primavera. No se cultiva, pero coloniza sola suelos frescos y arenosos.

Bellis microcephala. Otra anual del suroeste peninsular y el norte de África, de capítulos aún menores, propia de suelos arenosos y terrenos que se encharcan en invierno.

Bellis annua, la margarita anual de porte diminuto

Las variedades de jardín

Lo que se compra en bandeja de alveolos son cultivares de Bellis perennis seleccionados por tener el capítulo doble o pomponado, es decir, con las flores centrales transformadas en lígulas hasta formar una bola. Las series más frecuentes en España son «Tasso» (pompones densos y bajitos, en rosa, rojo, blanco y bicolor con punta blanca), «Pomponette» (flores más pequeñas y numerosas, de aspecto más ligero), «Habanera» (lígulas largas y afiladas, capítulos grandes de hasta 5-6 cm) y «Galaxy» o «Roggli», de floración muy temprana.

Un aviso útil: cuanto más doble es la flor, menos rústica y menos duradera resulta la planta, y menor es su valor para los polinizadores, porque las flores fértiles del disco han desaparecido. Si el objetivo es atraer abejas tempranas, la especie sencilla es incomparablemente mejor.

Cultivo y cuidados

Ubicación y clima

Quieren sol directo en invierno y principios de primavera, que es cuando florecen; sin él, los escapos se alargan, se tumban y la floración se ralentiza. A partir de mayo, en el centro y el sur peninsular, agradecen la semisombra de las horas centrales. La regla práctica en España es plantarlas a pleno sol al norte del Sistema Central y en zonas de montaña, y a sol de mañana con sombra de tarde en Andalucía, Extremadura, Murcia y el valle del Guadalquivir.

Su límite no es el frío, es el calor. Una Bellis se detiene por encima de 25-28 °C y con calor seco sostenido las hojas se agostan y la mata muere. De ahí viene el desengaño más habitual con esta planta.

Suelo

Suelo fresco, profundo y rico en materia orgánica, con buen drenaje pero capaz de retener humedad. Tolera bien el pH desde ligeramente ácido hasta ligeramente calizo, así que ese punto rara vez es un problema en un jardín peninsular. Lo que no soporta es un suelo compactado que encharque durante semanas en invierno: la corona se pudre. En terrenos arcillosos pesados conviene enmendar con compost y arena gruesa, o plantarlas en caballón elevado.

En maceta, sustrato universal de calidad con un 20 % de perlita, en recipientes de al menos 15 centímetros de profundidad; las jardineras muy someras se secan a mediodía y la planta lo acusa enseguida.

Riego

Riego regular y sin llegar a secar el cepellón. Es una planta de suelo fresco: en pleno periodo de floración, con tiempo templado y seco, puede necesitar agua cada dos o tres días en maceta y una o dos veces por semana en suelo. En invierno lluvioso, ninguno. Es preferible regar al pie y no por aspersión sobre las flores, porque el agua acumulada en los pompones dobles se queda ahí y acaba en botritis.

Abonado

Con la floración tan concentrada, agradecen aporte. Lo más cómodo es incorporar abono de liberación lenta en el momento de la plantación, en otoño, y a partir de febrero complementar con un fertilizante líquido rico en potasio cada dos semanas hasta que termine la floración. Los abonos muy nitrogenados dan mucha hoja verde y pocas flores, error frecuente cuando se usa el mismo abono del césped.

Época de plantación y trasplante

El calendario español es claro: plantar de octubre a diciembre, con la planta ya formada en alveolo, para que enraíce durante el invierno y florezca de febrero a mayo. Plantarlas en marzo, que es cuando más se ven en flor en los centros de jardinería, funciona pero da un espectáculo mucho más corto, porque la planta apenas tiene tiempo de instalarse antes de que llegue el calor.

La distancia entre plantas, de 15 a 20 centímetros; en bordura, se plantan a tresbolillo en dos filas para que cierren sin huecos. El cuello de la roseta debe quedar a ras de suelo, nunca enterrado, o se pudre.

Multiplicación

Por semilla, sembrando en semillero de junio a agosto en un sitio fresco y sombreado. La semilla es fina y se cubre apenas con un velo de sustrato; germina en una o dos semanas a 18-20 °C. Se repican a alveolo y se plantan definitivamente en otoño. De semilla, los cultivares dobles no salen todos iguales: siempre aparece un porcentaje de flores sencillas, cosa normal.

Por división de mata, que es más rápido y conserva el cultivar. Al terminar la floración, entre mayo y junio, se levanta la mata y se separan las rosetas laterales, cada una con sus raíces; se replantan de inmediato en un lugar fresco y se riegan bien. También se puede dividir a principios de otoño.

Y por resiembra espontánea: si no se retiran todas las flores marchitas, la especie sencilla se instala sola en el jardín y se mantiene indefinidamente sin ayuda. En un césped rústico eso es un activo, no un problema.

Plagas

Las más dañinas, con diferencia, son babosas y caracoles: atacan de noche a las rosetas jóvenes recién plantadas y pueden liquidar una bordura entera en dos semanas de otoño lluvioso. Se controlan con barreras, trampas de cerveza o cebos de fosfato férrico, que no son tóxicos para erizos ni mascotas.

El pulgón aparece en los escapos florales al calentarse la primavera y deforma los capítulos; con jabón potásico basta. En primaveras secas y cálidas puede salir araña roja, que decolora las hojas con un punteado fino. También son frecuentes las orugas defoliadoras y algún minador de hoja, ambos de importancia menor.

Enfermedades

La roya (Puccinia distincta) es la enfermedad específica de Bellis perennis y se ha extendido bastante: pústulas pardas en el envés y deformación de hojas y escapos. No tiene tratamiento cómodo en jardinería doméstica; se retiran las hojas afectadas, se evita mojar el follaje y se espacian las plantas para que ventilen.

El oídio sale al final de la floración, con noches húmedas y días cálidos, como polvo blanco en el haz. La botritis (Botrytis cinerea) pudre las flores dobles pasadas y desde ahí salta a la corona: quitar las flores marchitas cada pocos días es la medida preventiva más eficaz y la que menos se aplica. En suelos encharcados aparecen podredumbres de cuello por Sclerotinia y Rhizoctonia, que se combaten con drenaje, no con productos.

Rusticidad

Bellis perennis resiste sin problemas hasta unos -15 °C una vez enraizada, y los cultivares dobles algo menos, en torno a -10 °C. Eso las hace válidas para cualquier zona de España, incluidas la meseta norte y las áreas de montaña. Con heladas fuertes las hojas se ponen mustias y los capítulos se caen, pero rebrotan intactas al templar. Lo que sí las mata en invierno es la combinación de hielo y suelo empapado, no el frío en sí.

Usos en el jardín

Su papel natural es la bordura de temporada invierno-primavera, sola o combinada con pensamientos, violas, primaveras y bulbos. La combinación clásica y todavía imbatible es plantarlas sobre un tapiz de tulipanes o narcisos: las Bellis cubren el suelo y florecen antes, y los bulbos emergen a través de ellas en marzo.

Funcionan igual de bien en jardinera de balcón, en tiestos pequeños de entrada y como tapizante bajo rosales o arbustos caducos, donde aprovechan la luz invernal que después les quitará el follaje. En parterres de estilo formal se usan para dibujar líneas de color, porque su altura es muy uniforme.

Merece la pena replantear la idea de la margarita como mala hierba del césped. En un césped florido —esa tendencia de segar alto y menos a menudo— Bellis perennis es una de las pocas plantas que soporta el paso continuo y aporta néctar en febrero, cuando los primeros abejorros salen y casi nada hay abierto. Eliminarla con herbicida selectivo para tener un verde uniforme es una decisión estética legítima, pero no una necesidad agronómica.

Un uso menos conocido: las lígulas y los capítulos jóvenes de la especie sencilla son comestibles, con sabor ligeramente amargo, y se emplean en ensaladas. En la medicina popular europea, Bellis perennis se conoció como «consuelda menor» por su uso tradicional sobre contusiones. Como con cualquier planta silvestre, solo si se recoge lejos de tratamientos herbicidas y de bordes de carretera.

En resumen

Las Bellis son la flor de temporada del invierno español, no de la primavera tardía: se plantan de octubre a diciembre, florecen de febrero a mayo y se retiran cuando el calor las agota. Piden sol de invierno, suelo fresco con materia orgánica, riego regular sin encharcar y flor marchita retirada a menudo para frenar la botritis. Resisten el frío intenso —hasta unos -15 °C en la especie— pero no el calor seco por encima de los 28 °C, y esa es la variable que decide cuánto duran en tu jardín. Multiplícalas por semilla en verano o por división de mata al acabar la floración, y si eliges la especie sencilla en lugar de los pompones dobles, se resembrará sola año tras año y alimentará a los primeros polinizadores del año.


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