Hay un puñado de plantas que resuelven un problema muy concreto del jardín mediterráneo: tener color entre octubre y febrero, cuando casi todo lo demás está parado. La Tecoma capensis, conocida como tecomaria o bignonia naranja, es una de las mejores respuestas a esa pregunta. Florece cuando el jardín está apagado, aguanta la sequía, tolera la sal marina y crece con una velocidad que a veces hay que frenar.

Empecemos aclarando el nombre, porque es fuente constante de confusión. Se la llama «bignonia naranja» y pertenece a la familia de las bignoniáceas, pero no es una Bignonia. Su nombre científico aceptado es Tecoma capensis, aunque durante mucho tiempo se clasificó como Tecomaria capensis, y con ese nombre se sigue vendiendo en muchos viveros. Tampoco hay que confundirla con la Campsis radicans, la auténtica trompeta trepadora de flores naranjas, que es caducifolia y florece en verano.

Flores naranjas tubulares de Tecoma capensis

Cómo es la tecomaría

Es un arbusto perennifolio de porte sarmentoso. Esta descripción, que suena técnica, tiene consecuencias prácticas: produce ramas largas y flexibles que, si se guían y atan, se comportan como una trepadora de tres o cuatro metros, y si se podan con regularidad forman un arbusto compacto de metro y medio a dos metros. No es una trepadora verdadera: no tiene zarcillos ni raíces adventicias, así que no sube sola por un muro. Necesita un soporte y ataduras, o acabará tumbada.

La hoja es compuesta e imparipinnada, con cinco a nueve foliolos ovalados de borde dentado, verde brillante y aspecto lustroso. Mantiene el follaje todo el año en clima suave; en zonas con heladas puede defoliarse parcialmente.

Las flores son lo que justifica su cultivo: tubos curvados de 4 a 6 centímetros, agrupados en racimos terminales, de un naranja rojizo intenso, con estambres largos que sobresalen. Existen variedades en amarillo puro ('Aurea', de crecimiento algo menos vigoroso) y en tonos salmón o rojo más oscuro.

El calendario de floración es su mayor virtud. En el litoral mediterráneo español florece desde finales de verano hasta bien entrado el invierno, con el grueso entre septiembre y enero, y en años suaves puede tener flor casi todo el año con picos en otoño y primavera. Es una fuente de néctar muy valiosa en una época en que hay poca, y atrae abejas y, donde las hay, aves nectarívoras.

Tras la floración forma cápsulas alargadas y aplanadas, de unos 12 cm, que al secarse liberan semillas aladas.

De dónde viene y dónde se cultiva en España

Es originaria del sur de África: Sudáfrica, Suazilandia y Mozambique, de ahí el epíteto capensis, por la región del Cabo. Crece de forma natural en matorrales costeros y laderas soleadas, en climas con verano seco o con lluvias irregulares. Ese origen explica todo su comportamiento: sol, sequía, calor y suelos pobres no le suponen ningún problema.

En España se cultiva sin dificultad en:

Todo el litoral mediterráneo, de Cataluña a Andalucía, incluidas Baleares.

Andalucía y Extremadura, incluido el interior, con la precaución de protegerla las primeras invernadas.

Canarias, donde se comporta de forma óptima y florece prácticamente sin parar.

Litoral atlántico sur, Huelva y Cádiz, donde además aprovecha su tolerancia a la brisa salina.

En el interior de la meseta, el valle del Duero, Aragón o la cornisa cantábrica interior es más problemática: las heladas fuertes la queman. Puede cultivarse en maceta grande y guardarse a cubierto, o plantarse contra un muro orientado al sur asumiendo que algunos inviernos perderá la parte aérea.

Clima y resistencia al frío

Este es el dato que decide si puedes plantarla. La tecomaría resiste heladas ligeras, del orden de -3 a -5 °C, en ejemplares adultos y bien establecidos. Por debajo de eso los brotes tiernos se queman; con heladas prolongadas o por debajo de -7 u -8 °C la planta puede morir hasta el suelo, aunque a menudo rebrota de cepa en primavera si el sistema radicular no se ha congelado.

Los ejemplares jóvenes, recién plantados, son mucho más sensibles. Durante los dos primeros inviernos conviene acolchar generosamente la base con paja, corteza o compost, y cubrir la planta con manta térmica en las noches de helada prevista.

El calor, en cambio, no le afecta: soporta perfectamente los 40 °C de un verano andaluz, siempre que tenga las raíces asentadas.

Ubicación y suelo

Pleno sol. Sin discusión. Es el factor que más influye en la cantidad de flor. A media sombra sobrevive, crece incluso más rápido, pero florece mucho menos y se vuelve desgarbada. Si tu tecomaría tiene mucha hoja y poca flor, el primer sospechoso es la falta de sol; el segundo, el exceso de nitrógeno.

En cuanto al suelo, es de una tolerancia notable. Acepta suelos calizos, arenosos, pedregosos y pobres, que son la norma en el levante y el sur español. El pH le da igual dentro de un rango amplio. Lo único que exige es drenaje: en suelos arcillosos que se encharcan en invierno la raíz se pudre.

Tolera bien la salinidad, tanto del suelo como del viento marino, lo que la convierte en una de las opciones más sólidas para jardines de primera línea de costa.

Para plantarla, abre un hoyo del doble del cepellón, incorpora compost si el suelo es muy pobre y planta a la misma altura a la que venía en el contenedor, sin enterrar el cuello. La mejor época es primavera, de marzo a mayo, para que tenga toda la temporada cálida por delante y llegue al invierno bien enraizada. En el litoral suave y en Canarias también se puede plantar en otoño.

Riego

Durante el primer año, riego regular: una o dos veces por semana en verano, de forma abundante para que la raíz profundice. Este es el periodo crítico.

A partir del segundo año, es una planta de bajo consumo. En clima mediterráneo litoral, un riego profundo cada diez o quince días en verano basta. En invierno, si llueve algo, no necesita riego alguno.

Hay un matiz que conviene entender: la tecomaría sobrevive con muy poca agua, pero florece más y mejor con riego moderado. No es lo mismo mantenerla viva que hacerla lucir. Si quieres una floración otoñal espectacular, mantén algún riego durante el verano.

En maceta cambia todo: necesita riego frecuente, casi diario en los meses de calor, porque el volumen de sustrato es limitado y la planta transpira mucho. Usa un recipiente de al menos 40 litros y un sustrato con drenaje franco.

Abonado

Poco y bien orientado. Un aporte de compost o estiércol maduro al final del invierno, esparcido bajo la copa, suele ser suficiente en suelo.

Si quieres forzar la floración, aplica un abono rico en fósforo y potasio y pobre en nitrógeno a finales de verano, justo antes de que arranquen los botones. Los abonos de tomate o de plantas de flor sirven perfectamente.

Lo que no debes hacer es abonarla con productos ricos en nitrógeno tipo abono de césped: produce ramas largas, blandas, muy vegetativas, más sensibles al frío y con menos flor. Es el error clásico.

Poda: dónde se decide todo

Sin poda, la tecomaría se convierte en una maraña de ramas largas con flor solo en las puntas más altas y la base pelada. Con poda, es un arbusto denso y florido. Merece la pena hacerlo bien.

Cuándo. Al terminar la floración principal, es decir, a finales de invierno o principios de primavera, en febrero o marzo en el litoral mediterráneo. Podarla en otoño es eliminar los brotes que iban a florecer, porque florece sobre la madera del año.

Cómo, según la forma que quieras:

Como arbusto o seto. Recorta toda la planta a un tercio o la mitad de su altura. Tolera podas severas sin problema y rebrota con fuerza. Es la forma de mantener setos informales densos, muy usados en el sur para separar parcelas.

Como trepadora en muro o celosía. Selecciona cuatro o cinco ramas principales, átalas al soporte de forma abierta, casi horizontal —las ramas horizontales brotan a lo largo de todo su recorrido, las verticales solo por la punta— y recorta las ramas laterales dejando dos o tres yemas. De esas yemas saldrán los brotes florales.

Como cobertura de talud. Déjala extenderse y recorta solo lo que se salga. Enraíza donde los tallos tocan el suelo, lo que ayuda a fijar terrenos en pendiente.

Durante la temporada, despunta los brotes muy largos para provocar ramificación y elimina los chupones que salgan de la base si quieres mantener una estructura definida. Si no los quitas, tenderá a formar una mata desde el suelo.

Retira también las cápsulas de semilla: la planta invierte energía en madurarlas que puede dedicar a nuevos brotes.

Multiplicación

Esqueje semileñoso es el método habitual y más rápido. En verano o a principios de otoño, toma trozos de 12-15 cm de ramas del año que ya empiecen a endurecerse, quita las hojas inferiores, aplica hormona de enraizamiento y planta en una mezcla de turba y perlita, en ambiente húmedo y a la sombra. Enraíza en cuatro a seis semanas.

Acodo. Muy fácil por su porte sarmentoso: dobla una rama larga hasta el suelo, entiérrala unos centímetros en un punto donde le hayas raspado ligeramente la corteza, sujeta con una piedra y espera unos meses. Después separa la rama enraizada.

Semilla. Germina bien en primavera con calor, pero tarda más en llegar a floración y las plantas pueden no ser idénticas a la madre.

Problemas habituales

Es una planta notablemente sana. Los inconvenientes más frecuentes son:

Pulgón en los brotes tiernos de primavera. Jabón potásico o simplemente esperar a que llegue la fauna auxiliar.

Cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas y en plantas muy densas o mal aireadas. Aceite de verano o alcohol aplicado con pincel en ataques localizados.

Araña roja en veranos muy secos y calurosos, sobre todo en ejemplares en maceta. Punteado amarillento en las hojas.

Clorosis férrica en suelos muy calizos con riego de agua dura: hojas amarillas con nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro.

Poca floración. El problema más consultado. Por orden de probabilidad: falta de sol, exceso de nitrógeno, poda hecha en el momento equivocado, o planta demasiado joven —tarda dos o tres años en dar una floración plena.

Un aviso sobre su vigor: en algunos países de clima subtropical se considera invasora por su capacidad de rebrotar de raíz y extenderse. En el sur y el levante español no es un problema de esa magnitud, pero conviene no plantarla junto a linderos donde no se pueda controlar, ni cerca de alcorques y pavimentos donde los rebrotes molesten.

Cómo usarla en el jardín

Sus usos más eficaces son:

Seto informal florido, plantando a 1-1,5 metros entre ejemplares. Denso, perenne y con flor en otoño e invierno.

Cubrición de muros, vallas y pérgolas, guiada sobre alambres o celosía.

Taludes y desmontes, donde tapiza, sujeta el suelo y no pide casi mantenimiento.

Jardín de bajo consumo de agua, junto a bugainvillea, plumbago, lantana, romero o adelfa.

Maceta grande en terraza en zonas donde el invierno obligue a resguardarla.

En resumen

La Tecoma capensis es un arbusto sarmentoso sudafricano, perenne, que florece en naranja de finales de verano hasta el invierno justo cuando el jardín mediterráneo lo necesita. Pide pleno sol, suelo bien drenado —le da igual que sea pobre o calizo—, riego generoso solo el primer año y moderado después, poco nitrógeno y una poda anual a finales de invierno, después de florecer y nunca antes. Su límite es el frío: aguanta hasta unos -5 °C, así que en el litoral, Andalucía y Canarias es una planta de primerísima elección, y en el interior frío hay que asumir protección o cultivo en maceta. Recuerda que no trepa sola: si la quieres sobre un muro, tendrás que atarla.


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