Sus flores son tubos escarlata de tres centímetros con la boca estrecha, una forma que en México y el suroeste de Estados Unidos solo saben aprovechar los colibríes. En un jardín español no hay colibríes, pero sí esfinges colibrí (Macroglossum stellatarum) y mariposas de trompa larga, que hacen exactamente el mismo trabajo. Esa es la primera razón por la que merece la pena plantar Bouvardia ternifolia: florece cuando otros arbustos han parado y atrae a un tipo de fauna que pocas plantas de jardín consiguen convocar.

Flores tubulares rojas de Bouvardia ternifolia

Qué planta es exactamente

Pertenece a las rubiáceas, la misma familia del café y de la gardenia, y ese parentesco explica bastantes cosas de su comportamiento en el jardín, empezando por su rechazo a los suelos muy calizos. Es un subarbusto de porte suelto que en cultivo se queda entre 40 y 90 cm, aunque en sus zonas de origen puede pasar del metro. La base tiende a lignificarse mientras que las ramas del año se mantienen tiernas.

El epíteto ternifolia describe el rasgo más fácil de reconocer: las hojas salen en verticilos de tres (a veces cuatro) en cada nudo, no enfrentadas de dos en dos. Son lanceoladas, de unos 3 a 6 cm, algo ásperas y de verde mate. Las flores se agrupan en cimas terminales, tienen la corola soldada en un tubo largo que se abre en cuatro lóbulos y van del rojo escarlata al rojo anaranjado. En el interior peninsular florece desde junio hasta las primeras heladas; en el litoral mediterráneo y en Canarias puede alargar la floración hasta bien entrado el otoño.

Conviene no confundirla con las bouvardias de floristería. Las que se venden como flor cortada, con ramilletes densos de flores blancas o rosas y perfume, son híbridos derivados sobre todo de Bouvardia longiflora y Bouvardia leiantha, agrupados como Bouvardia × domestica. Son plantas de invernadero, más exigentes y menos rústicas. B. ternifolia es la especie silvestre, roja, sin apenas aroma, y bastante más resistente al calor y a la sequía que sus parientes comerciales.

Clima y resistencia al frío

Aquí está el punto que decide si la plantas en el suelo o en maceta. B. ternifolia aguanta heladas ligeras, de unos -4 o -5 °C, y su reacción típica es perder toda la parte aérea y rebrotar desde el cepellón en primavera, comportándose como una vivaz. Por debajo de esos valores, o con heladas prolongadas y suelo húmedo, la pérdida suele ser total.

Traducido al mapa: en la costa mediterránea, el litoral atlántico andaluz, el valle del Guadalquivir, Levante y las islas puede quedarse en el jardín todo el año. En Madrid, Zaragoza, Castilla o el interior de Cataluña sobrevive si se planta al pie de un muro orientado al sur, con un buen acolchado de 10 cm sobre la base en cuanto llegan los primeros fríos, y asumiendo que rebrotará tarde, ya en abril o mayo. En la meseta norte y zonas de montaña, maceta y refugio en invernadero frío o galería a 5-10 °C.

Un detalle contraintuitivo: lo que la mata en invierno rara vez es solo el frío, sino la combinación de frío con exceso de agua. Un suelo pesado y encharcado en enero acaba con ella antes que la temperatura. Si tienes arcilla, planta en caballón o en un talud.

Suelo, riego y el problema de la cal

Quiere un suelo suelto, con materia orgánica y drenaje rápido, y un pH entre ligeramente ácido y neutro, digamos de 5,5 a 7. En terrenos francamente calizos —la mitad de España— aparece con facilidad la clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios todavía verdes. Es el mismo cuadro que sufren la gardenia, la hortensia o el arándano, y por el mismo motivo, porque el hierro queda bloqueado a pH alto y no porque falte en el suelo.

Dos medidas prácticas. La primera, regar con agua de lluvia siempre que se pueda; las aguas duras de gran parte del interior peninsular van subiendo el pH del sustrato riego tras riego, y en maceta el efecto se nota en un par de temporadas. La segunda, si aparece la clorosis, corregirla con quelato de hierro EDDHA, que es el único que sigue siendo estable por encima de pH 7; los quelatos EDTA, más baratos, se degradan en suelo calizo y no resuelven nada.

El riego, en verano, moderado pero regular: es una planta que agradece que el sustrato no llegue a secarse del todo mientras está en flor, aunque tolera algún apuro. En maceta, riega cuando los dos primeros centímetros estén secos y vacía siempre el plato. De octubre a marzo, con la planta parada, reduce drásticamente. Nada de plato con agua permanente en invierno.

Luz, poda y abonado

A pleno sol florece mucho más, pero en el sur peninsular, con más de 35 °C en julio y agosto, agradece sombra en las horas centrales. La combinación ideal en clima cálido es sol de mañana y sombra desde las dos de la tarde. En sombra densa vegeta, se ahíla y da cuatro flores contadas.

La poda es el gesto que más cambia el resultado y el que más se omite. Florece en la madera del año, así que una poda fuerte a finales del invierno —cuando el riesgo de heladas fuertes ha pasado, entre febrero y marzo según zona— rejuvenece la planta y multiplica los ramilletes. Corta un tercio o incluso la mitad de la estructura, eliminando ramas viejas, finas o cruzadas. En ejemplares jóvenes, además, conviene pinzar las puntas dos o tres veces durante la primera primavera: cada pinzado dobla el número de brotes y, con ellos, el de inflorescencias. Sin poda, en tres o cuatro años tienes una mata desgarbada con flores solo en las puntas.

Durante la floración, un abono líquido para plantas de flor cada dos o tres semanas, con potasio abundante y nitrógeno contenido. El error habitual es abonar con fórmulas ricas en nitrógeno pensando que va a crecer más: crece, sí, pero en hoja blanda y verde oscura, con menos flores y mucho más apetecible para el pulgón.

Mata de bouvardia cultivada en el jardín

Cómo multiplicarla

Esquejes de tallo. Es el método más fiable. De finales de primavera a mediados de verano, toma trozos de 8 a 10 cm de brotes semileñosos, es decir, ya firmes pero no todavía duros. Quita las hojas del verticilo inferior, deja dos o tres arriba y recorta a la mitad las más grandes para frenar la transpiración. Hormona de enraizamiento en la base, sustrato de turba y perlita a partes iguales, y calor de fondo. Con 20-22 °C en la base y ambiente húmedo enraízan en tres o cuatro semanas.

Esquejes de raíz. Poca gente los usa y en el género Bouvardia funcionan muy bien, porque emite yemas adventicias en la raíz con facilidad. En pleno invierno, con la planta en reposo, descalza un lateral del cepellón, corta trozos de raíz del grosor de un lápiz y de unos 5 cm, y entiérralos horizontalmente a 2 cm de profundidad en un sustrato arenoso, en un lugar protegido y apenas húmedo. Brotan en primavera. Es la forma de obtener plantas nuevas sin sacrificar ramas en flor.

División de mata. Viable en ejemplares adultos que rebrotan de la base, al final del invierno y coincidiendo con la poda. Cada porción debe llevar raíces y al menos un par de yemas.

Semilla. Posible, aunque menos práctica: las semillas son diminutas, se siembran en superficie sin enterrar, con luz, a 20-24 °C y humedad constante. La descendencia es variable en tono y en porte, y tarda más en dar una planta presentable. Merece la pena solo si te interesa seleccionar.

Plagas y problemas frecuentes

La araña roja es la plaga número uno en el verano español, sobre todo en plantas de terraza contra una pared que refleja calor. Se detecta por el punteado amarillo en el haz y las telillas finas en el envés. El ambiente seco la favorece, así que pulverizar agua sobre la planta al atardecer en los días de calor extremo es prevención barata y eficaz.

El pulgón ataca los brotes tiernos en primavera, sobre todo si se ha abonado en exceso con nitrógeno. La mosca blanca y la cochinilla algodonosa aparecen en invernada bajo cubierta. Y en otoño húmedo, con la planta apretada y mal ventilada, puede aparecer botritis en las inflorescencias marchitas: retirarlas a mano en cuanto pasan suele bastar.

Si las hojas amarillean de forma generalizada, empezando por las viejas, y el sustrato está siempre húmedo, el problema es asfixia radicular, no falta de abono. Es el diagnóstico equivocado más repetido con esta planta: se ve amarillo, se abona, y se remata lo que ya estaba pudriéndose.

Para qué se usa

En jardín, funciona muy bien en primer plano de macizo, en borduras cálidas junto a salvias, lantanas, plumbago o penstemon, y en jardines pensados para atraer polinizadores. Su época fuerte, del verano al otoño, cubre justo el hueco en el que muchos macizos mediterráneos se apagan.

En maceta, un contenedor de 25-30 cm de diámetro le basta durante años, y permite entrarla en las zonas frías. Es también una buena planta para patios y balcones orientados al sur.

Como flor cortada, el género tiene tradición comercial, aunque los cultivares blancos y rosas son los que dominan el mercado. Si cortas ramas de B. ternifolia, ten en cuenta que sus tallos se obstruyen con facilidad por bacterias: corta en oblicuo con tijera limpia, no machaques el extremo, usa agua limpia con conservante y cámbiala cada dos días. Además, el género es sensible al etileno, así que no dejes el jarrón junto a un frutero.

En su área de origen, con el nombre popular de trompetilla o hierba del pasmo, ha tenido usos en medicina tradicional mexicana. Es un dato etnobotánico interesante, pero no un aval: no hay base para recomendar su consumo ni su aplicación, y lo sensato es tratarla como lo que es en nuestros jardines, una planta ornamental.

En resumen

Bouvardia ternifolia es un subarbusto de rubiácea con hojas en grupos de tres y flores tubulares escarlata que florece de junio hasta el frío. Quiere sol —con sombra en las horas duras si vives en el sur—, suelo suelto y drenado, riego regular en verano y casi nulo en invierno, y un pH que no se dispare hacia lo calizo, porque si lo hace responde con clorosis que se corrige con quelato EDDHA y agua de lluvia. Aguanta heladas suaves rebrotando desde la base; por debajo de -5 °C, maceta y refugio. Se multiplica con facilidad por esqueje semileñoso en verano y, con menos gente enterada, por esqueje de raíz en invierno. Poda fuerte a finales de invierno y pinzados en los ejemplares jóvenes: sin eso, la mata se desmadeja y la floración se va a las puntas. Vigila la araña roja en julio y desconfía del amarilleo cuando el sustrato lleva semanas mojado.


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