Pocas plantas de jardín tienen una silueta tan reconocible como la cala blanca. Ese cucurucho de un blanco puro y mate, enrollado sobre sí mismo alrededor de un dedo amarillo, es un icono visual que aparece igual en un ramo de novia que en un cuadro de Georgia O'Keeffe. Y sin embargo, casi todo el mundo la cultiva mal, porque le aplica las reglas equivocadas.
La cala es una planta de orilla de charca, no una planta de macizo seco. Casi todos los consejos de jardinería que damos por buenos —"cuidado con encharcar", "riega poco en invierno", "no dejes plato con agua"— se invierten con ella. Entender eso cambia radicalmente el resultado.
Qué es exactamente una cala
Su nombre botánico es Zantedeschia aethiopica y pertenece a la familia de las Aráceas, la misma del potos, el filodendro, el anturio y el aro. También se la conoce como alcatraz, cartucho, lirio de agua o aro de Etiopía. El epíteto aethiopica despista: no viene de Etiopía, sino del sur de África, de la región del Cabo, donde crece en márgenes de arroyos, prados encharcados y zonas que se inundan en la estación húmeda.
Y ahora la aclaración que sorprende a mucha gente: esa "flor" blanca no es una flor. Es una espata, una hoja modificada que envuelve y protege al conjunto floral. Las flores de verdad son las decenas de flores diminutas, sin pétalos, apretadas sobre el espádice, ese cilindro amarillo del centro. Las femeninas están abajo y las masculinas arriba, y es una disposición idéntica a la del anturio o la de la cala común de los campos españoles.
Es una vivaz rizomatosa: bajo tierra tiene un rizoma grueso y carnoso del que brotan las hojas y los tallos florales. Alcanza entre 60 y 100 cm de altura, y las hojas —grandes, sagitadas, de un verde oscuro brillante— pueden pasar de los 30 o 40 cm de largo. El follaje solo ya justifica plantarla.
No confundas la cala blanca con las calas de colores
Es la distinción más útil de este artículo, porque los cuidados de una y otras son opuestos y de ahí vienen la mayoría de los fracasos.
La cala blanca (Zantedeschia aethiopica) tiene rizoma, es semiperenne, muy rústica, ama el agua hasta el punto de vivir con el pie sumergido y en clima suave mantiene hojas todo el año.
Las calas de colores —amarillas (Zantedeschia elliottiana), rosas y granates (Zantedeschia rehmannii) y sus híbridos, a menudo con hojas moteadas de blanco— tienen tubérculo, son de hoja caduca, mucho más frioleras y, sobre todo, se pudren con facilidad si se riegan en exceso. Estas sí necesitan un periodo seco de reposo y drenaje impecable.
Aplicar a una cala blanca el manejo de una de colores la deja seca y raquítica. Aplicar a una de colores el manejo de la blanca la pudre en un mes. A partir de aquí, todo lo que sigue se refiere a la blanca.
Su ciclo en España va al revés de lo que esperas
Este es el punto que más confusión genera y el que casi nunca se explica. En su hábitat de origen la cala crece durante la estación lluviosa y descansa en la seca. Trasladado al clima mediterráneo, eso significa que la cala es una planta de otoño, invierno y primavera.
El calendario real en la mayor parte de España:
Septiembre-octubre. Con las primeras lluvias y el descenso de temperatura, rebrota con fuerza y emite follaje nuevo.
Noviembre-enero. Desarrollo del follaje. En el litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias puede empezar a florecer ya en enero.
Febrero-junio. Plena floración. El pico está en marzo, abril y mayo en el grueso del país.
Julio-agosto. Con el calor seco entra en reposo estival. Las hojas amarillean y pueden desaparecer casi por completo. No está muerta. Es el error más común: se arranca la planta creyendo que se ha perdido, cuando el rizoma está perfectamente vivo esperando el otoño.
En el norte peninsular húmedo —Galicia, Asturias, Cantabria— y en zonas con riego constante, ese reposo se difumina y la planta puede mantener hojas todo el año.
Ubicación
La regla para España es semisombra, y en particular sol de mañana con sombra a partir del mediodía. Es la exposición que le da más flor sin quemar el follaje.
Puede ir a pleno sol con una condición: que tenga el pie constantemente húmedo. En Galicia o el Cantábrico, a pleno sol va bien. En un jardín de Sevilla o Zaragoza, a pleno sol y con riego normal, las hojas se queman por los bordes y la floración se acorta.
En sombra densa vegeta y da poca flor, aunque la mata de hojas sigue siendo decorativa.
Sitios donde da lo mejor de sí:
El borde de un estanque o de un arroyo artificial, plantada en el agua o justo en la orilla. Es su lugar natural.
El lado norte de una casa o de un muro, donde recibe luz pero no sol directo de tarde.
Bajo árboles de sombra ligera y de hoja caduca, que la protegen en verano y la dejan al sol en invierno, que es justo su ciclo.
En maceta grande en una terraza orientada al este.
Suelo y sustrato
Quiere lo contrario de lo habitual: un suelo fértil, profundo y que retenga la humedad. Los suelos arcillosos, que para tantas plantas son un problema, aquí son una ventaja.
Enmienda el terreno con abundante compost o estiércol maduro antes de plantar. El pH ideal es ligeramente ácido a neutro, entre 6 y 6,5, aunque tolera bien suelos algo calizos.
En maceta, sustrato universal de calidad con un 20-30 % de fibra de coco o turba para que retenga agua, y sin exceso de perlita. La maceta debe ser ancha y profunda: el rizoma engorda y las raíces son potentes. Mínimo 30 cm de diámetro para un ejemplar adulto.
Profundidad de plantación: el rizoma se entierra a unos 8-10 cm, con las yemas hacia arriba, y separado 30-40 cm del siguiente. Plantado más superficial sufre con las heladas; mucho más profundo tarda en salir.
Riego: aquí se rompen todas las reglas
Riega abundantemente durante todo el periodo de crecimiento, de otoño a comienzos de verano. El sustrato debe mantenerse constantemente húmedo. No es una planta que aguante secarse entre riegos: si le falta agua, aborta flores y amarillea.
Es tan tolerante al agua que puede cultivarse en el margen de un estanque con el rizoma bajo 10 a 25 cm de agua, en cesta de plantas acuáticas. Poca gente lo sabe, y es la forma más espectacular de tenerla.
En maceta, esta es la única planta de este blog a la que se le puede dejar plato con agua durante la fase de crecimiento activo, siempre que el agua se renueve cada pocos días para evitar mosquitos y estancamiento.
La excepción es el verano. Cuando entra en reposo y las hojas amarillean, hay que reducir el riego drásticamente, hasta un aporte mínimo que solo evite que el rizoma se deshidrate del todo. Un rizoma dormido y encharcado en agosto con 35 °C es el escenario perfecto para la podredumbre bacteriana.
Un detalle de calidad de agua: si tu agua es muy dura, alternar con agua de lluvia mejora bastante el aspecto del follaje.
Abonado
Es una planta glotona, con esa masa de hoja y esos tallos florales.
Durante el crecimiento, de otoño a primavera, aplica abono líquido para plantas de flor cada 15 o 20 días, o un granulado de liberación lenta al inicio de la temporada. En jardín, un aporte generoso de compost en otoño suele ser suficiente.
Elige fórmulas con más potasio que nitrógeno. El exceso de nitrógeno produce hojas enormes y bonitas... y casi ninguna espata. Es una queja frecuentísima —"tengo una mata preciosa pero no florece"— y en la mayoría de los casos la causa es esa, o falta de luz.
En verano, durante el reposo, nada de abono.
Rusticidad y protección invernal
Es bastante más resistente al frío de lo que su aspecto tropical sugiere. El follaje se daña en torno a los -3 o -5 °C, pero el rizoma, si está bien enterrado y acolchado, sobrevive a -8 o -10 °C y rebrota en primavera.
En la práctica: en todo el litoral, Andalucía, Levante, Canarias y buena parte del norte, se cultiva al aire libre sin ninguna protección. En la meseta y zonas de invierno duro, conviene un acolchado de 10 cm de paja, hoja seca o corteza sobre la mata en noviembre, o cultivarla en maceta y resguardarla en un porche o invernadero frío.
Si una helada le quema las hojas, no las cortes inmediatamente: déjalas hasta que pase el riesgo de nuevas heladas, porque protegen la corona. Después se retiran y rebrota.
Multiplicación
Por división de rizoma, que es rápido, fiable y además necesario cada tres o cuatro años porque la mata se apelotona y florece cada vez menos.
El momento es el final de la floración o durante el reposo estival, entre junio y septiembre. Se desentierra la mata con una horca, se sacude la tierra y se separan los rizomas con la mano o con un cuchillo limpio, dejando al menos una yema de crecimiento en cada trozo. Descarta las partes viejas, fibrosas o blandas.
Deja secar los cortes unas horas a la sombra antes de replantar; eso reduce mucho el riesgo de infección bacteriana. Replanta a la profundidad indicada y riega moderadamente hasta que rebrote.
Por semilla es posible pero lento —tarda dos o tres años en florecer— y solo tiene interés para quien quiera experimentar.
La cala como flor cortada
Es una de las mejores flores de corte que existen: dura entre una y dos semanas en jarrón y su forma escultórica no necesita acompañamiento.
El detalle profesional que marca la diferencia: no cortes el tallo con tijera junto a la base. Sujétalo cerca del suelo y tira con un giro suave hasta que se desprenda entero del rizoma. El tocón que queda tras un corte con tijera acumula agua y se pudre, y esa podredumbre puede propagarse al rizoma.
Una vez cortada, retira las hojas que queden bajo el agua, usa poca agua en el jarrón —cinco o seis centímetros bastan, el tallo es carnoso y se reblandece si está muy sumergido— y cámbiala cada dos días.
Plagas, enfermedades y problemas
Podredumbre blanda bacteriana (Pectobacterium, antes Erwinia). Es su enfermedad grave. El rizoma se vuelve blando, acuoso y con un olor desagradable inconfundible. Aparece con exceso de agua en época de calor, o por heridas mal cicatrizadas al dividir. No tiene cura. Se retira y destruye el material afectado —no al compost—, y se previene evitando encharcar en verano, no hiriendo el rizoma y dejando secar los cortes tras la división.
Caracoles y babosas. Adoran sus hojas tiernas y las dejan agujereadas, especialmente en otoño e invierno húmedos, que es justo cuando la cala está creciendo. Recogida nocturna, trampas de cerveza o cebos de fosfato férrico.
Pulgón. En brotes tiernos y bajo la espata. Jabón potásico.
Trips. Deforman y manchan las espatas, arruinando su valor ornamental. Trampas azules y tratamiento con aceite de neem.
Araña roja. Solo si la planta está en ambiente demasiado seco y caluroso, lo que ya indica que está mal ubicada.
Hojas amarillas. Si es en verano, es el reposo normal. Si es en pleno invierno o primavera, sospecha de falta de agua, falta de nutrientes o exceso de sol.
No florece. Por orden de probabilidad: sombra excesiva, exceso de nitrógeno, mata demasiado apelotonada que necesita división, o planta demasiado joven.
Dos advertencias que conviene tomarse en serio
Es tóxica. Como todas las aráceas, contiene cristales de oxalato cálcico en todos sus tejidos. La ingestión provoca ardor intenso, inflamación de boca y garganta y molestias digestivas, y la savia puede irritar la piel sensible. No es una planta letal, pero sí desagradable: tenlo en cuenta si hay niños pequeños, perros o gatos, y usa guantes al dividir rizomas si tienes piel reactiva.
Puede escaparse del jardín. En zonas de clima suave y húmedo, especialmente en el noroeste peninsular y la cornisa cantábrica, la cala blanca se ha naturalizado a partir de plantaciones de jardín y coloniza cunetas húmedas, riberas y prados encharcados, donde desplaza a la vegetación local. Si vives en esas zonas, evita plantarla junto a cursos de agua, no arrojes restos de división al monte ni al compost comunitario, y consulta la normativa autonómica antes de plantarla en el medio rural. Cultivada en maceta o en un jardín cerrado no plantea ningún problema.
En resumen
La cala blanca (Zantedeschia aethiopica) es una vivaz rizomatosa sudafricana cuya famosa flor blanca es en realidad una espata que envuelve al verdadero conjunto de flores, el espádice amarillo del centro.
La clave para tenerla espléndida es asumir que es una planta de humedal y de estación fresca: semisombra, suelo fértil que retenga agua, riego abundante de otoño a primavera —hasta el punto de admitir plato con agua o cultivo en la orilla de un estanque— y riego mínimo en el reposo de verano, cuando las hojas amarillean y parece muerta sin estarlo. Abona con predominio de potasio; el exceso de nitrógeno da hojas y no flores.
Divide el rizoma cada tres o cuatro años en verano dejando secar los cortes, protege la mata con acolchado donde hiele fuerte, no la confundas con las calas de colores —que son tuberosas y se pudren con el agua— y recuerda que es tóxica por ingestión y que en el norte húmedo conviene mantenerla lejos de los cursos de agua.