Antes de comprar el sobre de semillas conviene aclarar una confusión que se arrastra desde los catálogos ingleses: la caléndula que se usa en cocina y en cosmética es Calendula officinalis, y no tiene nada que ver con los tagetes (Tagetes patula, Tagetes erecta), esas flores anaranjadas de olor penetrante que aquí llamamos damasquina, clavel chino o clavelón. En inglés ambas comparten el nombre marigold y de ahí viene el lío. Son géneros distintos, con usos distintos, y quien siembra tagetes esperando pétalos comestibles se lleva una decepción olfativa considerable.

Flor abierta de Calendula officinalis

De dónde viene el nombre y qué planta es

Calendula procede de calendae, el primer día de cada mes en el calendario romano, y el apodo popular de maravilla de todos los meses viene de la misma idea: en los inviernos suaves del litoral mediterráneo, la planta casi siempre tiene alguna flor abierta. En el interior peninsular, con heladas serias, esa promesa se cumple a medias, pero sigue siendo de las pocas plantas de flor que dan color en febrero.

Es una anual de la familia de las asteráceas, de 30 a 60 cm, con tallos algo angulosos y ligeramente pegajosos al tacto, hojas alternas, oblongas y algo carnosas, y capítulos de 4 a 7 cm en tonos que van del amarillo limón al naranja intenso. Como toda asterácea, lo que parece una flor es en realidad un conjunto de flores: las lígulas del exterior, que son los "pétalos", y las flores del disco central, tubulares. En zonas de invierno benigno se comporta como bienal o vivaz de vida corta, pero lo normal es tratarla como anual y dejar que se resiembre.

Hay además una caléndula silvestre, Calendula arvensis, muy común en bordes de camino y cultivos de toda la Península. Es más pequeña, de flor amarillo pálido, y no es la especie que se emplea con fines medicinales, aunque muchas veces se confunda.

Cuándo y cómo sembrarla

La caléndula se siembra directamente en el sitio definitivo. Trasplanta bien de cepellón pequeño, pero no gana nada con el semillero salvo que quieras adelantar en clima frío, y las plantas sembradas a golpe suelen ser más robustas.

La época depende de la zona, y aquí está la decisión que más condiciona el resultado:

En clima mediterráneo y en el sur, siembra en otoño, de septiembre a noviembre. La planta se instala con el suelo aún caliente, hace raíz durante el invierno y empieza a florecer entre febrero y marzo, con un tamaño y una duración que una siembra de primavera no alcanza jamás. Ese es el calendario correcto en Valencia, Andalucía, Murcia, Baleares o la costa catalana.

En el interior y el norte, con heladas fuertes, siembra a finales de invierno o principios de primavera, de febrero a abril, y tendrás flor de mayo a julio. También se puede sembrar en septiembre y proteger con un túnel bajo o un velo, pero es más trabajo del que la planta merece.

Las semillas son inconfundibles: curvadas como una uña, rugosas, de 1 a 2 cm, y grandes, así que se manejan una a una sin problema. Dos detalles técnicos que marcan la diferencia:

Cúbrelas con 1 o 1,5 cm de tierra. La caléndula germina mejor a oscuras, y las semillas dejadas en superficie germinan de forma irregular. Es lo contrario de lo que pide una petunia o una begonia, y por eso mucha gente que siembra "a voleo y sin tapar" obtiene nascencias pobres.

Temperatura de 15 a 20 °C y sustrato húmedo, no encharcado. Nace en 7 a 14 días. Por encima de 25 °C la germinación empeora, así que no tiene sentido sembrar en pleno agosto.

Coloca las plantas a 25-30 cm entre sí. Apretadas dan menos flores y contraen oídio con mucha más facilidad. La semilla conserva su poder germinativo tres o cuatro años bien guardada, en sobre de papel y sitio seco.

Semillas curvadas de caléndula

Cuidados durante el cultivo

Sol. Pleno sol, sin discusión. En sombra parcial vive, pero se ahíla, los tallos se tumban y los capítulos ni siquiera llegan a abrirse del todo. Los capítulos, además, se cierran de noche y en días muy nublados; no es un síntoma de nada, es su comportamiento normal.

Suelo. Es poco exigente y prospera en terrenos mediocres, incluso algo calizos, siempre que drenen. Un suelo demasiado rico en nitrógeno —estiércol fresco, abundante abono verde, fertilizante de crecimiento— produce matas grandes, hojas enormes, tallos blandos y pocas flores. Si vienes de fertilizar el huerto, planta la caléndula en el borde peor abonado, no en el mejor.

Riego. Moderado. Deja secar los primeros centímetros entre riegos y riega al pie, no por aspersión sobre la hoja: mojar el follaje al atardecer es la mejor manera de invitar al oídio. Resiste bien la sequía puntual, aunque con estrés hídrico prolongado reduce el tamaño de las flores.

Retirada de flores marchitas. Este es el cuidado decisivo y el que casi nadie hace con la constancia necesaria. La caléndula es anual: en cuanto forma semilla suficiente, entiende que su ciclo ha terminado y deja de florecer. Si cortas los capítulos pasados cada pocos días —o simplemente los cosechas para secar— la planta sigue emitiendo flores durante meses. Una mata a la que se le quitan las flores marchitas puede doblar la duración de la floración respecto a otra abandonada.

Rebrote de verano. Con más de 30 °C la floración cae y la planta se ve desmadejada, sobre todo en el sur. En lugar de arrancarla, córtala a un tercio de su altura en julio, riega y espera: si el verano no es extremo, muchas rebrotan y dan una segunda floración en septiembre y octubre.

Se resiembra sola. Deja madurar unos cuantos capítulos al final del ciclo y tendrás plantas nuevas espontáneas al año siguiente. Ojo con una cosa: si tu variedad era doble, la descendencia tenderá a volver hacia flores más sencillas y colores más apagados, generación tras generación. Para mantener un cultivar concreto hay que comprar semilla o seleccionar solo de las mejores plantas.

Problemas que sí vas a tener

Oídio. El polvillo blanco en las hojas es su enfermedad clásica, y llega con el calor de finales de primavera combinado con noches húmedas. Se previene con marco de plantación amplio, riego al pie y sol directo; una vez instalado, retira las hojas más afectadas y trata con azufre mojable o bicarbonato potásico, siempre fuera de las horas de sol fuerte para no quemar el follaje.

Pulgón negro. La caléndula atrae al pulgón negro de las habas (Aphis fabae) como pocas plantas. Esto se puede leer como plaga o como herramienta: colocada en los bordes del huerto, funciona como planta trampa que concentra el pulgón y, al mismo tiempo, atrae sírfidos, cuyas larvas devoran pulgones a docenas. Si vas a usarla así, no la trates con insecticidas de amplio espectro, porque entonces solo consigues un cebo sin depredadores.

Roya y mosca blanca aparecen de forma más ocasional, y las babosas se ceban con las plántulas recién nacidas en las siembras de otoño.

Un mito conviene desmontarlo: la fama de repeler nematodos del suelo pertenece a los tagetes, no a la caléndula. Es el alfa-tertienilo de las raíces de Tagetes el que actúa contra los nematodos agalladores, y ese efecto se ha atribuido por contagio a la caléndula por la confusión de nombres del principio. La caléndula tiene virtudes reales en el huerto —atrae auxiliares, sirve de trampa, es comestible—, pero esa no es una de ellas.

Usos en la cocina

Solo se comen las lígulas, esas tiras de color que se desprenden con los dedos. El receptáculo central y la base verde son resinosos y amargos, así que la operación es sencilla: sujetar el capítulo por la base y tirar de los pétalos.

El sabor es suave, ligeramente amargo y algo resinoso; lo que aporta de verdad es color. Los carotenoides responsables son liposolubles, y por eso el truco funciona mejor infundiendo los pétalos en materia grasa o líquido caliente —mantequilla, leche, aceite, el caldo del arroz— que espolvoreándolos crudos por encima. Históricamente se ha usado para dar color a mantequillas, quesos, sopas y arroces.

De ahí viene el apodo de azafrán de los pobres, que hay que matizar: sustituye al azafrán en el color, no en el aroma. El azafrán aporta safranal y picrocrocina, compuestos que la caléndula no tiene. Un arroz con caléndula será amarillo, pero no sabrá a arroz con azafrán.

También funcionan frescas en ensaladas, en mantequillas compuestas, en panes y en vinagres aromatizados. Como con cualquier flor comestible, usa solo plantas que no hayan recibido tratamientos fitosanitarios y aclara los pétalos brevemente.

Usos medicinales y cosméticos

La caléndula es una de las plantas medicinales mejor asentadas para uso externo. Sus capítulos contienen ésteres triterpénicos —los de faradiol son los mejor estudiados—, flavonoides y aceites esenciales, y las agencias europeas reconocen su uso tradicional en aplicación tópica para inflamaciones leves de la piel y como coadyuvante en la cicatrización de pequeñas heridas.

La preparación casera más común es el aceite de caléndula: llenar un tarro con flores bien secas (si están húmedas, el aceite se enrancia o enmohece), cubrirlas por completo con aceite de oliva o de girasol, dejar macerar tres o cuatro semanas en un sitio templado y sin luz directa, agitando cada pocos días, y filtrar después con un colador fino. Ese aceite es la base de cremas y ungüentos cuando se espesa con cera de abeja.

Para la cosecha, corta los capítulos completamente abiertos, a media mañana, cuando ya no queda rocío, y desecha los que empiezan a formar semilla. Sécalos en una sola capa, a la sombra, con buena ventilación y por debajo de 40 °C; conserva luego en tarro hermético al abrigo de la luz. Las variedades más resinosas y de color naranja intenso, como 'Erfurter Orangefarbige' o 'Resina', son las que tradicionalmente se seleccionan para este fin, por delante de las variedades ornamentales de flor doble y color pálido.

Dos advertencias sensatas. Al ser asterácea, puede provocar dermatitis de contacto en personas sensibles a esta familia (manzanilla, árnica, crisantemo); conviene probar en una zona pequeña de piel antes de usarla ampliamente. Y su uso interno no está respaldado del mismo modo que el externo: para eso, y para cualquier problema que vaya más allá de una irritación menor, la consulta médica va antes que el tarro.

Variedades que merece la pena buscar

'Pacific Beauty', de tallo largo y buena tolerancia al calor, es la mejor elección si quieres flor cortada. 'Indian Prince' da naranja oscuro con el reverso caoba y aguanta bien el sol fuerte. 'Erfurter Orangefarbige' y 'Resina' son las clásicas para secar y macerar. Para tonos suaves, 'Snow Princess' y las series color crema. Y para bordura baja o maceta, busca las variedades enanas de 25-30 cm, que no se tumban con el viento ni con la lluvia de primavera.

En resumen

Calendula officinalis es una anual fácil que se siembra directa, tapando la semilla un centímetro porque germina mejor a oscuras: en otoño si vives en clima mediterráneo, a finales de invierno si tienes heladas. Quiere pleno sol, suelo pobre y drenado, riego moderado al pie y, sobre todo, que le quites las flores pasadas, porque en cuanto forme semilla dejará de florecer. Sus enemigos previsibles son el oídio y el pulgón negro, este último aprovechable si la usas como planta trampa junto al huerto. En la cocina se comen solo las lígulas y aportan color más que sabor, así que no la vendas como sustituto del azafrán. En uso externo, macerada en aceite, tiene un aval tradicional serio para irritaciones leves de la piel. Y recuerda de dónde partíamos: caléndula no es tagete, ni siquiera cuando el catálogo diga marigold.


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