La semilla de camomila no se entierra. Pesa tan poco que en un solo gramo caben más de diez mil, y necesita luz para germinar: si la cubres con un centímetro de tierra, no sale. Ese detalle, que aparece en pocas etiquetas de sobre, explica buena parte de las siembras fallidas de esta planta.

Con la camomila pasa igual en el resto de su manejo: es un cultivo fácil, pero rodeado de confusiones. Empezando por el nombre, que en español designa al menos a tres plantas distintas.

Flores de camomila o manzanilla

Tres plantas, un mismo nombre

«Camomila» y «manzanilla» se usan como sinónimos en la conversación diaria, pero en la práctica se reparten entre especies diferentes de la familia de las compuestas (Asteraceae):

  • Camomila romana (Chamaemelum nobile, antes Anthemis nobilis). Planta perenne, de porte bajo y tapizante, entre 10 y 30 cm, con tallos que se tumban y enraízan. Aroma marcadamente afrutado, a manzana; de ahí el nombre griego chamaimelon, «manzana de tierra». Es la que más se cultiva como cubierta vegetal y la que da el aceite esencial rico en ésteres del ácido angélico.
  • Manzanilla común o alemana (Matricaria chamomilla, también citada como M. recutita). Anual, erecta, de 20 a 60 cm, de hoja lampiña y muy dividida. Es la que se recolecta a escala comercial y la que llena las bolsitas de infusión. Su aceite esencial es azul por el camazuleno, que no está en la flor fresca: se forma durante la destilación a partir de la matricina.
  • Manzanilla de Mahón (Santolina chamaecyparissus). No es una manzanilla, sino un abrótano hembra de hoja gris y aroma resinoso. Se usa en licorería y en infusiones digestivas tradicionales, pero su composición nada tiene que ver con las anteriores y no debe sustituirlas.

A esto se suma la manzanilla bastarda (Anthemis arvensis) y la maloliente Anthemis cotula, que crecen como malas hierbas en cunetas y campos de cereal por toda la Península y se cuelan a menudo en las recolecciones silvestres.

Cómo distinguirlas en el campo

El truco más fiable es de anatomía y se hace con una navaja: corta la cabezuela por la mitad, de arriba abajo.

En Matricaria chamomilla el receptáculo (la parte carnosa amarilla del centro) es cónico y hueco, con una cavidad clara en el interior, y no tiene escamas entre las flores. En Chamaemelum nobile y en las Anthemis el receptáculo es macizo y lleva escamitas o brácteas entre los flósculos. Ese hueco es la prueba definitiva; el olor y el tamaño engañan.

Como pistas complementarias: la manzanilla alemana muere después de florecer y resiembra sola; la romana persiste año tras año y forma una alfombra que se puede pisar con cuidado. La romana, además, huele claramente a manzana al frotarla; la Anthemis cotula huele mal, y eso basta para descartarla.

Siembra y plantación

Manzanilla alemana (Matricaria). Se siembra directamente en su sitio, porque el trasplante la resiente. En la mitad sur y en el litoral mediterráneo, la mejor época es el otoño, de septiembre a noviembre: la planta pasa el invierno como roseta y florece de abril a junio, mucho más generosa que la de siembra tardía. En zonas de invierno duro (meseta norte, montaña), siembra en febrero o marzo, en cuanto el suelo se pueda trabajar.

Prepara la superficie fina, esparce la semilla al voleo sin cubrirla, presiona con la mano o con una tabla para asegurar el contacto y mantén la humedad con pulverizaciones suaves. A 15-20 °C germina en 7-14 días. Después aclara a 20-25 cm entre plantas: en marco apretado se ahíla y florece menos.

Camomila romana (Chamaemelum). Se puede sembrar igual en primavera, pero es más rápido y más seguro dividir matas en marzo o a principios de otoño. Separa fragmentos con raíz y plántalos a 20-30 cm. Enraízan en pocas semanas.

Suelo: ligero, suelto y con buen drenaje, arenoso o franco-arenoso, con pH entre 5,5 y 7,5. Y aquí una recomendación que va a contracorriente: no la abones. En suelo rico en nitrógeno crece frondosa, verde y espectacular, pero da menos flores y con menos aceite esencial. Un poco de compost maduro al preparar el terreno es todo lo que necesita, y ni eso en suelos fértiles.

Cultivo de la manzanilla en el jardín

Cuidados durante el cultivo

Luz. Pleno sol. En el interior peninsular y en Andalucía tolera y agradece algo de sombra en las horas centrales de julio y agosto, pero la sombra permanente le sienta mal: florece poco y se tumba.

Riego. Moderado y espaciado. La manzanilla está adaptada a suelos pobres y secos, y el exceso de agua es su principal causa de muerte. Durante la germinación y las primeras semanas, humedad constante; a partir de ahí, riega cuando los primeros centímetros de tierra estén secos. En maceta —que admite bien, con al menos 20 cm de profundidad— se seca antes y hay que vigilarla más.

Temperatura. Ambas especies son rústicas y aguantan heladas moderadas; la romana resiste bien por debajo de -10 °C. Lo que peor lleva es el calor húmedo, que favorece los hongos.

Malas hierbas. Al principio la plántula es diminuta y cualquier hierba la ahoga. Escarda a mano hasta que cubra el suelo; después se defiende sola.

Resiembra. La Matricaria se resiembra con entusiasmo. Si no quieres que se te extienda por todo el huerto, corta las cabezuelas antes de que maduren la semilla.

El césped de camomila

La idea de sustituir el césped por camomila tiene siglos y sigue siendo atractiva: huele al pisarla, no hay que segarla y consume menos agua. Conviene, eso sí, saber en qué te metes.

Se usa Chamaemelum nobile, y en concreto la variedad 'Treneague', que no florece y se mantiene a ras de suelo; al no dar semilla, solo se multiplica por división o esqueje. Se plantan de 8 a 10 ejemplares por metro cuadrado y tarda una temporada completa en cerrar.

Las limitaciones: no aguanta el paso continuo —vale para un rincón o unos pasos entre losas, no para una zona de juego—, exige escarda manual porque no admite herbicidas selectivos, y en el interior de España, con veranos secos de 38 °C, necesita riego de apoyo pese a su fama de planta austera. Funciona mucho mejor en el norte húmedo y en superficies pequeñas.

Recolección y secado

El momento de corte marca la calidad del producto final. Recoge las cabezuelas cuando las lígulas blancas están completamente abiertas y horizontales, justo antes de que empiecen a doblarse hacia abajo. Pasado ese punto, el contenido en aceite esencial cae.

Corta a media mañana, con el rocío ya evaporado y antes del calor fuerte. En Matricaria puedes repetir la recolección cada 7-10 días durante toda la floración; cortar estimula nuevas cabezuelas.

Para secar, extiende las flores en una sola capa sobre rejilla o papel, a la sombra y con buena ventilación, nunca al sol directo, que degrada los principios activos y decolora. Con secadora, no pases de 35-40 °C. Están listas cuando el receptáculo se desmenuza entre los dedos. Guárdalas enteras (no molidas) en tarros de cristal opaco o en lata, bien cerrados y lejos de la luz. El aroma se mantiene alrededor de un año; cuando dejes de olerlas al abrir el bote, ya no sirven para gran cosa.

Propiedades y usos internos

La flor concentra aceite esencial (bisabolol y sus óxidos, camazuleno, farneseno), flavonoides —sobre todo apigenina y sus glucósidos—, cumarinas y mucílagos. De ahí sus dos aplicaciones mejor documentadas: antiespasmódica digestiva y antiinflamatoria.

La infusión clásica se prepara con 2 o 3 gramos de flores secas —una cucharadita colmada— por taza de 150-200 ml de agua a unos 90-95 °C, reposando de 5 a 10 minutos, hasta tres o cuatro veces al día. Un detalle que casi nadie respeta y que cambia el resultado: tapa la taza mientras reposa. Los componentes activos son volátiles y, si dejas escapar el vapor, buena parte del efecto se va con él.

Se emplea tradicionalmente en digestiones pesadas, espasmos gastrointestinales, gases y gastritis leves. La apigenina se une a los receptores de benzodiacepinas del sistema nervioso central, lo que respalda su fama de infusión relajante antes de dormir, aunque su efecto es suave y no equivale a un medicamento. Conviene ser honesto en esto: la manzanilla alivia molestias menores; no trata enfermedades.

Usos externos

En aplicación tópica, una infusión más concentrada (unos 5 g por cada 100 ml) sirve para compresas sobre irritaciones cutáneas leves, enjuagues bucales en caso de aftas o encías inflamadas, y baños de asiento (unos 50 g de flores por cada 10 litros de agua). También se usa en vahos para la congestión nasal, con unos 6 g de flores por litro de agua caliente.

El aclarado capilar con manzanilla funciona, pero menos de lo que promete: la apigenina aporta un tono dorado solo sobre cabello ya rubio o castaño muy claro, y de forma gradual, tras muchas aplicaciones. Sobre pelo oscuro no hace absolutamente nada.

Y una advertencia importante, porque es el uso más extendido y el más problemático: lavar los ojos con infusión de manzanilla casera no es buena idea. Una infusión doméstica no es estéril, no está tamponada al pH lagrimal y contiene partículas y polen; los oftalmólogos desaconsejan la práctica por el riesgo de conjuntivitis alérgica y de contaminación bacteriana, precisamente en un ojo que ya está irritado. Para lavar un ojo, suero fisiológico estéril.

Precauciones

  • Alergia a las compuestas. Quien reacciona a la artemisa, el crisantemo, la ambrosía o la árnica puede reaccionar también a la manzanilla, por reactividad cruzada. Las dermatitis de contacto son más frecuentes con la camomila romana y con Anthemis cotula, ricas en lactonas sesquiterpénicas.
  • Anticoagulantes. Contiene cumarinas y se han descrito interacciones con warfarina y similares. Si tomas anticoagulantes, consúltalo antes de convertirla en costumbre diaria.
  • Embarazo. Se le atribuye acción emenagoga; se desaconsejan las dosis altas y prolongadas.
  • Dosis elevadas. Las flores de camomila romana en cantidad han tenido uso histórico como emético. La infusión normal es inocua; las decocciones muy cargadas pueden provocar náuseas.

Plagas y problemas

Es un cultivo poco problemático. Lo que puede aparecer:

Pulgón en los tallos florales, sobre todo en primavera avanzada; jabón potásico y poco más. Trips, que deforman las cabezuelas. Oídio, con su polvo blanco en las hojas, típico de finales de verano cuando hay humedad nocturna y días calurosos; se combate aclarando la plantación para que corra el aire. Mildiu en primaveras muy lluviosas. Y la ya mencionada podredumbre de raíz por encharcamiento, que en un suelo mal drenado se lleva la plantación entera.

Un apunte sobre una creencia muy difundida: se dice que la manzanilla es la «planta médico» del huerto y que cura a las plantas vecinas. Lo que sí es cierto y comprobable es que sus flores atraen sírfidos, avispas parasitoides y otros insectos auxiliares que controlan pulgones. Eso ya es motivo suficiente para tener una mata cerca del huerto, sin necesidad de atribuirle poderes que no tiene.

En resumen

Bajo el nombre de camomila conviven una perenne tapizante, Chamaemelum nobile, y una anual erecta, Matricaria chamomilla, que es la de las infusiones; se distinguen cortando la cabezuela y mirando si el receptáculo está hueco. El cultivo pide sol, suelo pobre y bien drenado, riego escaso y nada de abono nitrogenado; la semilla se siembra en superficie porque necesita luz, en otoño en el sur y a finales de invierno en el norte. Recoge las flores con las lígulas horizontales, sécalas a la sombra por debajo de 40 °C y guárdalas enteras y a oscuras. Para la infusión, dos o tres gramos por taza y tapar mientras reposa. Y dos correcciones que conviene retener: el aclarado capilar solo funciona en pelo claro, y los lavados oculares con infusión casera no se recomiendan.


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