La Schisandra chinensis es una liana caducifolia del extremo oriente asiático que en España se vende bajo dos nombres bastante engañosos: «magnolia trepadora» y «vid de cinco sabores». Ni es una magnolia ni es una vid, pero los dos apodos tienen su explicación y ninguno es del todo arbitrario.

Es una planta poco vista en jardines españoles y hay una razón: sus exigencias climáticas encajan mal con la mitad de la Península. Donde sí encaja —el norte húmedo, las umbrías de montaña, los jardines de suelo fresco y ácido— resulta una trepadora comestible de primer orden, y una de las pocas que aguanta la sombra.

Qué es y de dónde viene

Pertenece a la familia Schisandraceae. Durante mucho tiempo el género se incluyó dentro de las magnoliáceas, y de ahí viene lo de «magnolia trepadora». La clasificación moderna la separa, pero el parentesco lejano es real: ambas pertenecen al grupo de las magnólidas, un linaje muy antiguo de plantas con flor, anterior a la separación entre monocotiledóneas y eudicotiledóneas. Sus flores, simples y con las piezas dispuestas en espiral, tienen ese aire arcaico.

Es originaria del noreste de China, Corea, Japón y el extremo oriente ruso, donde crece como liana de bosque mixto en la taiga manchuriana, trepando por abedules, arces y coníferas. Ese hábitat —bosque caducifolio húmedo, suelo profundo y forestal, veranos templados e inviernos muy fríos— es la clave de todo lo que sigue.

Físicamente es una trepadora voluble de 6 a 9 metros, con tallos leñosos que se enrollan sobre el soporte. No tiene zarcillos, ni ventosas, ni raíces adventicias: se enrosca, sin más. Las hojas son alternas, elípticas, de 5 a 10 cm, algo carnosas y aromáticas al frotarlas, y en otoño toman un amarillo dorado limpio antes de caer.

Florece en mayo, con flores pequeñas de 1 a 1,5 cm, blanco-crema o rosadas, colgantes y discretas pero de perfume agradable. Los frutos son bayas rojas brillantes agrupadas en racimos colgantes alargados, de aspecto muy similar a un pequeño racimo de uvas, que maduran entre finales de agosto y septiembre. De ahí lo de «vid».

El nombre chino, wu wei zi (五味子), significa «fruto de los cinco sabores», y no es poética: la baya reúne simultáneamente sabor ácido, dulce, amargo, picante y salado. La pulpa es intensamente ácida, la piel algo dulce y la semilla, al masticarla, resinosa y picante. Es una experiencia gustativa desconcertante y, para la mayoría, no especialmente agradable en crudo.

Racimos de frutos rojos de Schisandra chinensis

El detalle que decide si tendrás fruto: el sexo de la planta

Esto es lo primero que hay que resolver, antes de comprar, y donde fracasa la mayoría de la gente.

La Schisandra chinensis es en general dioica: hay pies masculinos y pies femeninos, y solo los femeninos dan fruto, y solo si hay un macho cerca. Comprar una planta suelta en un vivero y esperar bayas es apostar a cara o cruz, con la agravante de que no sabrás el resultado hasta tres o cuatro años después, cuando florezca por primera vez.

La cosa se complica un poco más: la especie tiene expresión sexual plástica. Algunos ejemplares producen flores de ambos sexos, y la proporción entre flores masculinas y femeninas puede variar de un año a otro según la edad de la planta, su vigor, la nutrición y las condiciones del año. Una planta joven tiende a producir solo flores masculinas y a ir incorporando femeninas conforme madura.

Hay dos formas sensatas de resolverlo:

Plantar dos o tres ejemplares juntos, con la idea de que estadísticamente haya ambos sexos. Funciona, pero ocupa espacio y no garantiza nada.

Comprar cultivares seleccionados monoicos o autofértiles, que es lo recomendable. La selección hortícola de esta especie se ha hecho sobre todo en Ucrania, Rusia, Polonia y los países bálticos, donde se cultiva comercialmente. Existen variedades específicamente seleccionadas por ser autofértiles y de fructificación abundante. Al comprar, pregunta expresamente si la planta es monoica o si necesita polinizador, y desconfía de los viveros que no sepan responderlo.

Ligado a esto: si propagas por semilla no controlas el sexo de la descendencia; si propagas por esqueje o acodo, la planta hija conserva el sexo y las características de la madre. Por eso, para fruto, la multiplicación vegetativa es muy superior.

Dónde se puede cultivar en España (y dónde no)

La Schisandra chinensis es extraordinariamente rústica al frío: soporta sin daño temperaturas de −30 °C o inferiores. En España, por tanto, el frío nunca es el problema. Ni siquiera en Burgos, en Soria o en el Pirineo.

El problema es exactamente el contrario: el calor y la sequía estivales. Es una planta de bosque húmedo con veranos templados, que no tolera ni el estrés hídrico ni el aire seco ni el sol abrasador sobre la base del tallo.

Traducido a mapa:

Zonas favorables: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra húmeda, valles y umbrías del Pirineo y prepirineo, montaña leonesa y palentina, Sistema Central en exposición norte, zonas de montaña con suelo ácido y verano suave. Ahí es una planta fácil.

Zonas difíciles pero posibles con esfuerzo: mitad norte del interior peninsular, siempre que se le dé sombra a mediodía, riego regular todo el verano, suelo enmendado con materia orgánica abundante y acolchado grueso. Es un cultivo de mantenimiento constante, no de plantar y olvidar.

Zonas donde no merece la pena intentarlo: valle del Guadalquivir, Extremadura seca, La Mancha, Murcia, litoral mediterráneo cálido y Canarias a baja altitud. Aparte del calor y la sequedad, los suelos calizos de estas zonas le provocan clorosis férrica severa. Se puede mantener viva en maceta grande, en sombra y con agua de lluvia, pero fructificará poco o nada.

Suelo, exposición y plantación

Suelo. Profundo, suelto, muy rico en materia orgánica, con drenaje bueno pero capacidad de retener humedad —es decir, un suelo forestal. El pH debe ser ácido a ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,8. En suelo calizo amarillea y se estanca sin remedio; si tu terreno tiene caliza activa, plántala en maceta con sustrato ácido y riega con agua de lluvia.

Al plantar, abre un hoyo generoso, de 60 × 60 cm como mínimo, y sustituye buena parte de la tierra por una mezcla de tierra vegetal, compost maduro y mantillo de hojas o corteza compostada.

Exposición. Aplica la regla clásica de las clemátides: pies a la sombra, cabeza al sol. La base debe estar fresca y sombreada —por otras plantas, por una piedra, por un acolchado grueso— mientras las guías superiores reciben luz. Sombra completa produce planta sana pero sin fruto; sol pleno directo sobre suelo seco la mata. La orientación ideal en España es este o norte, o bajo la copa alta de un árbol caducifolio.

Acolchado. No es opcional. Diez centímetros de corteza de pino, hojarasca o paja sobre la zona radicular mantienen el suelo fresco, conservan humedad y aportan materia orgánica al descomponerse. La raíz es superficial y sufre enormemente si el suelo se calienta y se seca.

Época de plantación. Otoño en zonas de invierno suave, o comienzos de primavera en zonas frías. Evita la plantación de finales de primavera, porque llegaría al verano sin sistema radicular establecido.

Soporte. Al ser voluble, necesita elementos verticales de diámetro moderado a los que enrollarse: alambres tensados, cañas, varillas, celosías de listones finos. Un muro liso o un poste grueso no le sirven. El soporte debe ser sólido, porque una planta adulta con fruto tiene peso considerable. Pérgolas, arcos y enrejados contra pared son sus mejores usos.

Riego y abonado

Riego. Regular y abundante durante toda la estación de crecimiento, sin encharcar. Es la variable crítica en clima español. La planta reacciona muy mal a los ciclos de sequía y remojo: con estrés hídrico suelta las hojas, aborta la fructificación y en casos severos muere. Un riego por goteo con dos o tres emisores por planta, más acolchado, es la solución práctica. En invierno, con la planta en reposo y sin hoja, no necesita riego salvo sequías extremas.

Abonado. Poco y orgánico. Un aporte de compost maduro o estiércol bien hecho en superficie a finales de invierno, cada año, cubre sus necesidades. Si el crecimiento es pobre, un abono para plantas acidófilas en primavera. Evita el exceso de nitrógeno: da tallos largos y blandos y poca fructificación.

Poda

Se poda en reposo vegetativo, entre finales de invierno y antes del desborre, o bien a finales de otoño una vez caída la hoja. Podar en plena savia provoca sangrado abundante, como en la vid.

La lógica de la poda: la planta fructifica sobre brotes cortos de la madera del año anterior. El objetivo es mantener una estructura de guías principales bien repartidas por el soporte y renovar periódicamente la madera vieja, que va perdiendo productividad.

En la práctica, cada invierno: elimina la madera seca y las ramas enredadas entre sí, aclara el interior para que entre luz —una liana densa sombrea sus propios frutos—, acorta los brotes laterales dejando cuatro o cinco yemas y suprime cada dos o tres años una de las guías más viejas al ras, para que la planta emita una de reemplazo desde la base.

También conviene retirar los rebrotes de raíz que emite a cierta distancia del pie si no los quieres: es una planta con tendencia a estolonar y puede colonizar un rincón entero.

Cómo multiplicarla

Por semilla. Es el método más laborioso y el que menos garantías da, pero el único disponible si partes de frutos. La semilla tiene latencia morfofisiológica: necesita un periodo cálido húmedo seguido de un periodo frío húmedo prolongado. En la práctica, la vía más sencilla es imitar la naturaleza: extrae las semillas de la pulpa madura en otoño, lávalas bien, siémbralas en una bandeja con sustrato ácido y déjala a la intemperie en un lugar protegido de la lluvia excesiva durante todo el invierno. Germinarán irregularmente en primavera, a lo largo de varias semanas.

Si prefieres control, estratifica dos o tres meses a 3-5 °C en nevera, en arena o vermiculita húmeda dentro de una bolsa, tras un mes previo a temperatura ambiente. La germinación es desigual y una parte de las semillas puede esperar al segundo año. No tires el semillero antes de tiempo.

Inconvenientes de la semilla: no sabes el sexo de las plantas resultantes y tardan de cuatro a seis años en fructificar.

Por esqueje semileñoso. En junio o julio, tomando brotes del año que empiezan a lignificar, de 12-15 cm, con corte bajo nudo, dos hojas superiores reducidas a la mitad y aplicación de hormona de enraizamiento. En sustrato de turba y perlita, bajo plástico o campana, con calor de fondo y humedad ambiental alta. El porcentaje de éxito es bajo, esta especie no es fácil de estaquillar.

Por acodo. Es el método casero más fiable con diferencia. En primavera, dobla una guía flexible hasta el suelo, entiérrala unos 10 cm en un punto donde hayas hecho una pequeña herida en la corteza, sujétala con una horquilla o una piedra y deja la punta fuera. Mantén la zona húmeda. Al otoño siguiente, o al segundo, tendrás raíces y podrás separarla. Conserva el sexo y el vigor de la madre y fructifica en dos o tres años.

Por división de rebrotes de raíz. Si la planta emite chupones enraizados, separarlos en invierno es rápido y eficaz.

Cosecha y uso del fruto

Los racimos maduran de finales de agosto a septiembre, según zona, y se recolectan cuando las bayas están rojo intenso y ligeramente blandas. Se cortan racimos enteros, no bayas sueltas.

En crudo la baya es ácida y astringente, y la semilla resinosa: pocos la comen tal cual con gusto. Sus usos habituales son mermeladas y gelatinas (mezcladas con manzana para compensar la acidez), zumos y siropes muy diluidos, licores por maceración en alcohol, infusión de fruto seco y deshidratado, que es la forma en que se comercializa tradicionalmente en Asia. La baya seca conserva bien durante meses.

Una planta adulta bien situada puede dar varios kilos anuales, aunque en clima español la producción es sensiblemente menor que en su área nativa.

Las propiedades atribuidas y qué se puede decir con honestidad

La Schisandra chinensis es uno de los pilares de la medicina tradicional china, donde el wu wei zi figura entre las drogas de uso más antiguo y frecuente. Los compuestos responsables de su actividad son un grupo de lignanos dibencilciclooctadiénicos —esquisandrinas y gomisinas— concentrados sobre todo en la semilla, no en la pulpa.

La tradición y una parte de la investigación experimental la asocian con efectos adaptógenos (mejora de la tolerancia al estrés y de la resistencia física), hepatoprotectores y de apoyo a la función cognitiva y la concentración. La línea de trabajo más consolidada es la hepática: hay estudios que documentan efecto sobre marcadores de daño hepático.

Dicho esto, y para no engañar a nadie: gran parte de esa evidencia es preclínica o procede de ensayos pequeños y metodológicamente limitados. No es un medicamento, no sustituye a ningún tratamiento y no está indicada para tratar ninguna enfermedad.

Y hay una precaución que conviene tomarse en serio: los lignanos de Schisandra interfieren con el metabolismo de los fármacos. Actúan sobre el sistema enzimático del citocromo P450 y sobre la glicoproteína P, lo que puede alterar de forma significativa los niveles en sangre de medicamentos como inmunosupresores, anticoagulantes, algunas estatinas y otros muchos. No es una interacción teórica ni menor.

Por tanto: no la tomes en cantidades medicinales si sigues cualquier tratamiento farmacológico sin consultar antes con tu médico o farmacéutico. Se desaconseja además durante el embarazo y la lactancia, y en personas con epilepsia, reflujo o úlcera péptica. Comer unas cuantas bayas de tu propia planta o hacer mermelada es otra cosa; los extractos concentrados no.

Schisandra chinensis cubriendo un soporte como magnolia trepadora

Dónde usarla en el jardín

Su mejor destino es una pérgola o un arco en sombra parcial, donde la caída de hojas amarillas en otoño y los racimos rojos en septiembre tienen buen efecto. Como es caducifolia, deja pasar la luz en invierno, lo que la hace idónea sobre una zona de estar o una ventana que interese sombrear solo en verano.

Funciona también contra un muro orientado a levante con un enrejado, y en jardines comestibles o de tipo bosque de alimentos, donde ocupa el estrato de liana bajo árboles caducifolios, un nicho que muy pocas especies comestibles cubren en sombra.

No es una trepadora para tapar rápido y a lo bruto: crece a ritmo moderado, tarda unos años en cubrir y necesita atención al riego. Su valor está en la combinación de follaje limpio, fruto original, rusticidad extrema al frío y tolerancia a la sombra, una mezcla poco común.

En resumen

La Schisandra chinensis es una liana caducifolia de los bosques del noreste asiático, emparentada de lejos con las magnolias, que produce racimos de bayas rojas de sabor complejo en septiembre.

Antes de comprarla resuelve dos cosas. Primera, el sexo: la especie suele ser dioica, así que necesitas un cultivar monoico o autofértil, o varios pies plantados juntos. Segunda, el clima: aguanta −30 °C sin inmutarse, pero no aguanta el verano seco ni el suelo calizo. Es planta del norte húmedo y de las umbrías de montaña.

Dale suelo forestal ácido y rico, base sombreada y guías al sol, riego constante en verano, acolchado grueso, un soporte de elementos finos al que enrollarse y una poda de aclareo en invierno. Multiplícala por acodo si quieres asegurar sexo y adelantar la fructificación.

Y con sus propiedades medicinales, prudencia: interés real, evidencia todavía limitada e interacciones farmacológicas documentadas que obligan a consultar antes de tomarla en forma concentrada.


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