Unas botas de agua rotas o que ya no le valen a nadie de la casa son un objeto incómodo: ocupan, no se reciclan fácilmente porque mezclan caucho o PVC con forro textil, y acaban en el contenedor. Convertirlas en macetas les da salida y además funciona bien desde el punto de vista del cultivo, siempre que se hagan un par de cosas que casi nadie explica.

Porque una bota es, en esencia, un recipiente alto, estrecho y completamente estanco. Esas tres características determinan qué se puede plantar dentro y cómo hay que prepararla. Si te limitas a echar tierra y meter una planta, en tres semanas tendrás un cilindro de barro encharcado con las raíces asfixiadas.

Botas de agua reutilizadas como macetas con flores

Qué botas sirven y cuáles no

Sirven las de caucho o PVC, que es la inmensa mayoría de las botas de agua. Aguantan la intemperie, el sol y la humedad constante durante años.

Descarta las botas de cuero o las de goma con forro interior de fieltro o borreguillo. El cuero se pudre y el forro textil se convierte en un criadero de hongos y en un depósito de agua que nunca llega a secarse. Si la bota tiene forro, arráncalo antes de empezar; suele salir tirando desde la caña.

Las botas infantiles de colores son las más agradecidas visualmente, pero también las más pequeñas: apenas dan dos o tres litros de sustrato. Las de adulto rondan los cuatro o cinco litros, que ya permite plantas más serias.

Los agujeros de drenaje: el paso que no puedes saltarte

Es la diferencia entre una maceta y una bañera. Necesitas hacer entre cinco y ocho agujeros de unos 8-10 mm en la suela.

El caucho es elástico y tiende a atrapar la broca, así que conviene sujetar bien la bota, apoyarla sobre un taco de madera y taladrar a velocidad baja con una broca de metal. Otra opción, más rápida si no tienes taladro: calentar la punta de un destornillador viejo o un clavo grueso al fuego y atravesar la suela, que es una técnica limpia porque el plástico se derrite y deja el borde sellado. Hazlo al aire libre, porque el PVC caliente huele mal y no conviene respirar ese humo.

Añade además dos o tres agujeros en el lateral del talón, a unos 2 cm de la suela. En un recipiente tan alto, el agua se acumula en el fondo y los agujeros inferiores se taponan con facilidad; los laterales garantizan que siempre haya salida.

Cómo rellenarla bien

La forma de bota tiene un problema físico que conviene resolver: es una columna estrecha y alta, y en las columnas de sustrato el agua se acumula abajo mientras arriba se seca. La solución no es la capa de gravilla que se recomienda siempre, que en realidad empeora las cosas al elevar la zona saturada. Lo que funciona es lo siguiente:

Rellena la caña, que es zona muerta. Los primeros 8-10 cm desde la suela corresponden al pie, donde una raíz raramente va a llegar. Rellénalos con material ligero e inerte: trozos de arlita, corcho blanco troceado o piñas secas. Reduces peso y evitas tener sustrato permanentemente empapado ahí abajo.

Usa un sustrato que drene de verdad. Mezcla sustrato universal con un 30 % de perlita o arena de río gruesa. En un recipiente estanco de plástico, la tierra de saco sola compacta y se apelmaza en una temporada.

Deja 2 cm libres en el borde para poder regar sin que rebose.

Qué plantar dentro

El volumen es limitado y la columna es estrecha, así que buscamos plantas de sistema radicular reducido y, a ser posible, que soporten cierta irregularidad en el riego. Además, jugar con plantas colgantes que caigan por la caña mejora mucho el resultado visual.

Aromáticas. Tomillo (Thymus vulgaris), orégano (Origanum vulgare), romero rastrero (Salvia rosmarinus 'Prostratus') y cebollino son casi ideales: raíces poco profundas y preferencia por sustratos secos entre riegos. La albahaca, en cambio, pide más agua y va peor.

Suculentas y crasas. Sedum, Echeveria, Sempervivum, Aeonium. Perfectas para el drenaje que ofrece una bota bien agujereada, aunque en zonas de lluvia frecuente como el norte peninsular conviene colocarlas bajo alero.

Flor de temporada. Petunias y surfinias, Lobelia, alegrías (Impatiens) para sombra, pensamientos y violas para el otoño-invierno. Las colgantes son la mejor elección porque disimulan la forma del recipiente.

Bulbos pequeños. Narcisos enanos, muscari, crocus. Se plantan en octubre y florecen a finales de invierno, con la ventaja de que la bota los mantiene fuera del alcance de los caracoles.

Lo que no funciona: hortalizas de raíz o de porte grande. Tomateras, calabacines, zanahorias y patatas necesitan mucho más volumen del que ofrece una bota, por mucho que se vean fotos bonitas por ahí. Las lechugas y rúculas de corte sí van bien porque son de ciclo corto y raíz somera.

Riego y mantenimiento

El plástico oscuro absorbe calor. En un balcón orientado al sur en julio, el interior de una bota negra puede subir varios grados por encima de la temperatura ambiente y cocer literalmente las raíces contra la pared del recipiente. Si tus botas son oscuras y el sitio es soleado, colócalas donde reciban sombra en las horas centrales, o píntalas de un color claro.

Riega comprobando con el dedo a 3-4 cm de profundidad, no por calendario. En verano puede tocar cada día; en invierno, casi nunca. Y vigila que los agujeros de drenaje no se hayan taponado con raíces o con sustrato compactado: es el fallo más habitual pasados unos meses.

El sustrato se agota rápido en un volumen tan pequeño. Aporta abono líquido cada dos o tres semanas durante la primavera y el verano, o mezcla humus de lombriz al plantar.

Ideas de colocación

Las botas ganan mucho agrupadas y a distintas alturas, en lugar de sueltas por el suelo. Algunas opciones que funcionan bien:

Colgadas de una valla o de una pared con un par de escarpias y una brida pasada por el tirador trasero. La caña queda vertical y la planta cae hacia delante.

Clavadas en una tabla de palet apoyada en vertical, formando un jardín de pared con seis u ocho botas.

Alineadas sobre un banco viejo o una escalera de mano en desuso, alternando alturas y colores.

Un aviso práctico: las botas vacías vuelcan con el viento. Cuando estén llenas de sustrato húmedo pesan lo suficiente para aguantar, pero recién plantadas, o si has rellenado la caña con corcho, conviene asegurarlas o meter una piedra en el fondo del pie.

Cuánto dura

Con honestidad: el PVC expuesto al sol se degrada. Al cabo de dos o tres veranos a pleno sol, el material pierde elasticidad, la superficie se vuelve mate y aparecen grietas, sobre todo en la zona del empeine, que es donde el caucho ya estaba fatigado de tanto doblarse. No es una maceta para toda la vida, es una segunda vida útil para un objeto que iba a la basura. Cuando se agriete, la bota se puede seguir usando en un rincón menos visible o retirarse ya sin remordimiento.

En resumen

Reutilizar botas de agua como maceteros es viable si se hacen bien tres cosas: quitar cualquier forro textil, perforar la suela con cinco u ocho agujeros más dos laterales en el talón, y rellenar la parte del pie con material inerte antes de poner un sustrato aligerado con un 30 % de perlita o arena gruesa. Planta aromáticas, crasas, flor de temporada colgante o bulbos pequeños, evita hortalizas grandes, protégelas del sol directo si son de color oscuro y abona con regularidad porque el volumen de tierra es escaso. Dura un par de temporadas largas y, mientras tanto, es un buen destino para un calzado que ya nadie va a usar.


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