Convertir muebles y accesorios de Ikea en macetas es una de las ideas de bricolaje que más circulan, y en general funciona bien: son piezas baratas, de medidas estándar y con materiales fáciles de trabajar. El problema es que la mayoría de tutoriales se quedan en la parte estética y se saltan lo único que determina si la planta vivirá o no: el drenaje, el volumen de sustrato y el comportamiento térmico del material.

Una caja de madera preciosa sin agujeros es una bañera. Un cubo metálico en una terraza de Sevilla en agosto es un horno para las raíces. Vamos a repasar las conversiones que mejor funcionan y, sobre todo, cómo hacerlas de forma que la planta sobreviva.

Maceta hecha a partir de una pieza reconvertida

Las tres reglas que valen para cualquier conversión

Antes de tocar el taladro, tres principios que se aplican a todo lo que viene después.

1. Sin agujeros de drenaje no hay maceta. Ninguna excepción, salvo los terrarios cerrados, que son otra cosa. El agua que se queda en el fondo desplaza el aire del sustrato, las raíces dejan de respirar y en dos o tres semanas se pudren. Si la pieza no se puede taladrar, la solución es usarla como cubremacetas: se mete dentro una maceta de plástico convencional con sus agujeros, y se vacía el agua sobrante después de cada riego.

2. La capa de grava en el fondo no sustituye al drenaje. Este es el mito más extendido del bricolaje jardinero y merece una explicación. Al poner una capa de grava bajo el sustrato no se crea una zona de drenaje: se crea una interfase entre dos materiales de porosidad muy distinta, y el agua no baja hasta que el sustrato de arriba está saturado. El resultado es que la franja húmeda se eleva y la planta tiene menos volumen útil de raíz, no más. Lo que drena es el agujero, y lo que airea es un buen sustrato. Si la pieza tiene agujeros, la grava sobra; si no los tiene, la grava no salva nada.

3. El volumen manda. Un recipiente bonito pero de cinco centímetros de fondo solo admite plantas de raíz superficial. Como referencia: las aromáticas quieren 15-20 cm de profundidad, las lechugas y hojas de ensalada 15 cm, un tomate necesita 25-30 litros de sustrato para dar algo decente, y las suculentas se conforman con 7-10 cm. Elegir la planta según el recipiente, y no al revés, evita el 80 % de los fracasos.

1. La caja de pino sin tratar, convertida en jardinera

Las cajas de madera de pino tipo KNAGGLIG son la conversión estrella, y con razón: cuestan poco, tienen buen volumen y aguantan una plantación seria de aromáticas o de hortalizas de hoja.

El fallo típico: plantar directamente dentro. El pino sin tratar en contacto permanente con sustrato húmedo se pudre en dos o tres temporadas, y en climas húmedos del norte peninsular, antes.

Cómo hacerlo bien. Primero, tratar la madera por dentro y por fuera con aceite de linaza, dos o tres manos con secado entre ellas. Es un producto atóxico, apto si vas a plantar comestibles, y prolonga bastante la vida de la pieza. Nada de barnices sintéticos ni protectores de exterior con biocidas si van a crecer plantas que te vas a comer.

Segundo, forrar el interior con lámina impermeable de estanque o geotextil, grapada al borde superior, y perforarla en la base coincidiendo con los huecos entre listones. La lámina evita el contacto directo tierra-madera pero deja salir el agua.

Tercero, elevar la caja del suelo con unos tacos de madera o unos pies de plástico. Una jardinera apoyada directamente sobre el suelo se encharca por abajo y se pudre desde la base.

Qué plantar. Con 20-25 cm de profundidad va bien casi todo el huerto de hoja: lechuga, rúcula, acelga, espinaca, rabanitos, y aromáticas. También bulbosas de primavera si la usas como jardinera ornamental.

2. El carrito auxiliar, convertido en huerto de aromáticas móvil

El carrito de tres bandejas tipo RÅSKOG es probablemente la mejor conversión de todas, y la que menos trabajo requiere, porque no hay que hacerle nada: se colocan macetas encima de las bandejas. Las bandejas son de chapa perforada, así que el agua sobrante escurre sola.

La ventaja real es la movilidad. Un huerto de aromáticas que se puede empujar permite seguir el sol de estación, meterlo bajo techo en una ola de calor o retirarlo del viento. En una terraza española eso vale más que cualquier truco de sustrato.

El error que arruina estos carritos: mezclar aromáticas con necesidades hídricas opuestas. Es tentador poner albahaca junto al romero porque quedan bien juntos, pero el romero, el tomillo, la salvia, el orégano y la lavanda son mediterráneas de secano que quieren sustrato drenante y riegos espaciados, mientras que la albahaca, el perejil, el cilantro y la menta necesitan humedad constante. Riegues como riegues, la mitad va a sufrir.

La solución es organizar por bandejas: la bandeja de arriba, que recibe más sol y se seca antes, para las de secano; las inferiores, más sombreadas, para las de humedad. Y cada planta en su maceta individual, nunca todas en una jardinera común.

Y la menta, siempre sola. Mentha es agresivamente estolonífera: en una jardinera compartida coloniza todo el volumen en una temporada y ahoga a las vecinas.

Pon un platillo bajo cada maceta o una bandeja continua si el carrito va a estar en interior, porque las bandejas perforadas gotean.

3. El cuenco de madera, convertido en jardín de suculentas

Los boles de madera de haya o de bambú tipo BLANDA son ideales para un jardín de suculentas de sobremesa. Su forma ancha y poco profunda encaja exactamente con el sistema radicular superficial de las crasas.

Cuenco de madera reconvertido en jardín de suculentas

Cómo taladrarlo. Broca de madera de 8-10 mm, tres o cuatro agujeros repartidos por el fondo. Truco importante: apoya el bol sobre una tabla de sacrificio y taladra desde el interior hacia fuera, para que la madera no se astille en la cara vista. Lija los bordes de los agujeros y da dos manos de aceite de linaza por dentro.

Sustrato. Mineral y muy drenante: entre un 60 y un 70 % de arena silícea gruesa, pómez, picón o perlita, y el resto sustrato para cactáceas. Con solo 5 u 8 cm de fondo, un sustrato que retenga agua es sentencia de muerte.

Qué plantar. Especies de crecimiento lento y raíz superficial: Echeveria, Haworthia, Sedum, Sempervivum, Crassula ovata joven, Graptopetalum. Evita Aeonium de porte grande o Agave, que en un año necesitan cinco veces ese volumen.

Riego. Poco y solo cuando el sustrato esté seco del todo. Y una advertencia sobre la ubicación: un bol de madera con suculentas necesita luz muy intensa. Si lo pones en el centro de una mesa de comedor, a dos metros de la ventana, las plantas se estirarán y perderán la forma en pocos meses. Es la típica composición que se hace por decoración y muere por falta de luz.

4. Las bolsas de tela, convertidas en macetas de cultivo

Las bolsas de rafia o de tejido resistente, del tipo de las bolsas grandes de la compra, funcionan sorprendentemente bien como macetas de cultivo, y son la conversión más barata de todas.

Bolsas de tela usadas como macetas para plantas

Tienen una ventaja agronómica real que no es evidente: la tela permeable produce autorrepicado de raíces (lo que en inglés llaman air pruning). Cuando una raíz llega a la pared de tela y toca el aire, se seca en la punta y la planta responde ramificando por detrás. El resultado es un cepellón lleno de raíces finas y activas, en lugar del ovillo enrollado que se forma en una maceta rígida. Las plantas suelen desarrollarse mejor.

Preparación. Si la bolsa es de plástico tejido impermeable, hay que perforar el fondo y los laterales bajos con un punzón caliente o unas tijeras: entre seis y diez agujeros de medio centímetro. Si es de tela permeable, no hace falta. Dobla el borde superior hacia fuera dos o tres dedos para que la bolsa se sostenga por sí sola.

El contrapunto: se secan mucho más rápido que una maceta de plástico, porque evaporan por toda la superficie. En julio y agosto, en el interior peninsular, una bolsa de 20 litros al sol puede necesitar riego diario. Es la conversión más productiva pero la más exigente en riego. Un mantillo de corteza o de paja por encima reduce bastante la evaporación.

Qué plantar. Patatas (el uso clásico: se planta en el fondo con poca tierra y se va rellenando conforme crece la mata), tomate cherry, calabacín, judía, fresas. Casi cualquier hortaliza si la bolsa supera los 20 litros.

5. La estantería metálica, convertida en invernadero de balcón

Las estanterías metálicas de baldas perforadas tipo HYLLIS, envueltas en un plástico transparente de vivero o una funda de invernadero, dan un invernadero de balcón perfectamente funcional por muy poco dinero. Sirve para adelantar semilleros en febrero y marzo, o para proteger plantas sensibles al frío durante el invierno.

Dos precauciones que la mayoría de tutoriales omite:

Ventilación. Un plástico cerrado al sol de marzo alcanza fácilmente los 45 o 50 °C en su interior, y eso mata plántulas en una tarde. Hay que poder abrir la parte frontal durante el día y cerrarla al anochecer. Un termómetro de máximas y mínimas dentro cuesta poco y evita desastres.

Anclaje. Una estructura ligera cubierta de plástico se convierte en una vela. En un balcón con viento hay que anclarla a la pared o lastrar la balda inferior con peso. Los accidentes con invernaderos de balcón volando son más frecuentes de lo que parece.

Metal, terrazas y calor: el punto que casi nadie menciona

Los cubos, regaderas y contenedores metálicos quedan muy bien como macetas, pero en el clima español tienen un problema serio: el metal conduce el calor y no aísla nada. Un recipiente metálico oscuro a pleno sol de julio puede superar los 45 °C en el sustrato pegado a la pared, y las raíces empiezan a dañarse a partir de unos 35-40 °C sostenidos.

Si vas a usar metal en una terraza soleada del centro o del sur peninsular, hay tres mitigaciones que funcionan: elegir colores claros, forrar el interior con una lámina de plástico de burbujas o de corcho antes de meter el sustrato, y usar recipientes de mayor volumen, porque cuanta más masa de sustrato, más lento sube la temperatura. La misma lógica se aplica al plástico negro.

Con el metal galvanizado y el zinc también conviene forrar el interior si vas a cultivar comestibles, simplemente por no tener el sustrato ácido en contacto directo con el recubrimiento durante años.

Cómo taladrar cada material

Plástico. Broca normal de metal, velocidad media, sin presionar. Si el plástico es quebradizo, calienta ligeramente la zona o usa un punzón caliente.

Metal fino. Marca el punto con un granete o un clavo y un martillo para que la broca no patine. Broca HSS, velocidad baja, unas gotas de aceite. Lima las rebabas después.

Cerámica esmaltada o gres. Broca de diamante de corona, velocidad baja y refrigeración con agua constante, nunca en modo percutor. Empieza con el taladro inclinado para abrir la marca en el esmalte y luego endereza. Es lento: un agujero puede llevar dos o tres minutos. Si aceleras, la pieza se raja.

Vidrio. Mismo procedimiento que la cerámica, con aún más paciencia, y asumiendo que se puede romper. En la práctica, con recipientes de cristal suele compensar más montar un terrario cerrado sin drenaje, con musgo, helechos pequeños y Fittonia, y una capa de carbón vegetal activado en el fondo que evita los malos olores. Lo que no debe hacerse nunca es plantar suculentas o cactus en un recipiente de vidrio sin drenaje: es el error decorativo más repetido y siempre acaba en podredumbre.

Un apunte sobre el peso en balcones

Si vas a montar varias jardineras grandes en un balcón, conviene hacer una cuenta rápida. El sustrato húmedo pesa aproximadamente 1 kg por litro. Una jardinera de 60 litros con la tierra empapada ronda los 60-70 kg, y tres de esas son más de 200 kg concentrados en poco más de un metro cuadrado.

Los balcones de vivienda están dimensionados para cargas de uso, no para tierra permanente. Como norma práctica: coloca las piezas pesadas pegadas a la fachada, que es donde el forjado tiene más capacidad, reparte el peso en lugar de concentrarlo y evita las estructuras muy cargadas en el borde exterior o apoyadas en la barandilla.

En resumen

Casi cualquier caja, cuenco, cubo, bolsa o estantería puede acabar siendo una buena maceta, siempre que se respeten tres cosas: agujeros de drenaje reales —o el recurso del cubremacetas con maceta interior—, un volumen de sustrato acorde con la planta que vas a meter y un material que no cocine las raíces al sol. La caja de pino necesita aceite de linaza, forro perforado y estar elevada del suelo; el carrito de aromáticas exige separar las mediterráneas de secano de las que quieren humedad; el cuenco de madera solo admite suculentas de raíz superficial y mucha luz; las bolsas de tela dan raíces excelentes pero piden riego casi diario en verano; y la estantería-invernadero necesita ventilación y anclaje. Olvida la capa de grava del fondo: no drena, solo te quita espacio de raíz.


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