Dentro de un armario de 100 × 100 × 200 cm caben dos metros cúbicos de aire, y de lo que se haga con ese aire depende más la cosecha que de la lámpara que se cuelgue arriba. Es el punto que se pasa por alto cuando se monta el primero: se invierte todo el presupuesto en luz y se deja la ventilación para más adelante.
Un armario de cultivo —también llamado grow box, grow tent o tienda de cultivo— es una estructura desmontable de tubos de acero forrada con tela opaca, reflectante por dentro, con cremalleras de acceso, manguitos para conductos y cables, y una bandeja recogegotas en el fondo. Su función es sencilla de enunciar y difícil de conseguir de otro modo: crear un volumen cerrado donde tú decides la luz, la temperatura, la humedad y el movimiento del aire, con independencia de lo que ocurra fuera.
Para qué sirve de verdad en un huerto español
Conviene decirlo pronto, porque hay mucha literatura entusiasta: en la península ibérica, con seis a nueve meses de sol aprovechable según la zona, cultivar hortalizas dentro de un armario rara vez sale rentable. Un kilo de lechuga producido con luz artificial cuesta en electricidad bastante más que un kilo de lechuga del mercado. Quien monte un armario esperando ahorrar en la compra se va a llevar un disgusto con la primera factura.
Donde sí encaja es en otros escenarios:
Adelantar semilleros. Este es el uso más claro y el que amortiza el equipo. Tomate, pimiento, berenjena y guindilla se siembran en España entre mediados de enero y febrero para trasplantar en abril. En una ventana de interior, con ocho o nueve horas de luz débil, salen plántulas ahiladas, largas y frágiles. En un armario con 200 µmol/m²/s durante catorce horas salen plantas cortas, gruesas y con el tallo lignificado. La diferencia se nota durante toda la temporada.
Esquejes y propagación. Un ambiente a 22-25 °C y 80-90 % de humedad relativa es exactamente lo que necesita un esqueje para enraizar, y es imposible de mantener en una habitación normal.
Especies tropicales y de sombra. Aráceas, orquídeas, carnívoras de turbera, helechos: plantas que en un piso español con calefacción sufren por el aire seco y que en un volumen cerrado se controlan bien.
Balcones sin sol y climas del norte. En Galicia, Asturias o la cornisa cantábrica el invierno no da luz suficiente para casi nada; el armario da autonomía real.
Cultivo fuera de temporada de aromáticas, albahaca, microverdes o fresas, más por tenerlas frescas que por economía.
Por qué un armario y no una estantería con un foco
La tela hace cuatro cosas que una estantería abierta no puede hacer.
Devuelve la luz. El forro interior —mylar liso o de diamante— refleja alrededor del 90-95 % de lo que le llega. En una estantería abierta, la luz que sale de lado se pierde entera; dentro del armario vuelve al cultivo. En la práctica esto sube la uniformidad del PPFD en los bordes de forma notable, que es donde suelen quedarse cortas las plantas de la periferia.
Aísla el fotoperiodo. La tela es opaca y las cremalleras van solapadas. Para especies de día corto, una entrada de luz durante la fase oscura basta para alterar la floración. Ese control no lo da un rincón del salón.
Canaliza el aire. Los manguitos superiores e inferiores permiten montar extracción en lo alto y entrada abajo, de modo que el aire recorre todo el volumen. Además crea presión negativa: el armario aspira ligeramente hacia dentro, y todo el aire que sale pasa obligatoriamente por el filtro.
Contiene el desastre. La bandeja recoge el agua que se escapa, y el cerramiento limita la entrada de mosca del sustrato, araña roja y esporas de oídio desde el resto de la casa.
La luz: números en lugar de vatios
La medida útil no es el vataje sino el PPFD, los micromoles de fotones fotosintéticos por metro cuadrado y segundo que llegan a la copa. Como referencias de trabajo:
Germinación y plántula, 100-250 µmol/m²/s. Crecimiento vegetativo de hoja (lechuga, acelga, albahaca, aromáticas), 200-400. Cultivo de fruto (tomate, pimiento, fresa), 400-800, y de poco sirve pasar de ahí sin aportar CO₂.
Más manejable todavía es el DLI, la integral diaria de luz, que combina intensidad y horas. Una lechuga se cultiva bien con 12-17 mol/m²/día; un tomate pide 20-30. Es fácil de calcular: PPFD × segundos de encendido ÷ 1.000.000. Con 300 µmol/m²/s durante 16 horas salen 17,3 mol/m²/día, sobrado para hoja.
Traducido a equipo: para un metro cuadrado, un LED de espectro completo de 100-150 W reales cubre hoja y semillero con holgura, y hacen falta 200-300 W reales para fruto. La palabra clave es reales: mucho fabricante anuncia "1000 W" en un aparato que consume 100. Mira el consumo de la etiqueta y la eficacia en µmol/J, que en un LED decente actual está entre 2,3 y 2,8.
Sobre tecnologías: el LED blanco de 3000-3500 K con algo de rojo de 660 nm es hoy la opción sensata para casi cualquier armario doméstico. El sodio de alta presión sigue funcionando pero convierte en calor una proporción mucho mayor de la energía, y en un armario pequeño de un piso español eso es un problema serio de mayo a septiembre.
La distancia se ajusta con un medidor o, a falta de él, por observación: hojas que se ahuecan hacia arriba, blanqueo del centro o bordes tostados indican exceso; entrenudos largos y tallo fino indican defecto.
Ventilación: el cálculo que hay que hacer sí o sí
La regla práctica es renovar el volumen del armario una vez por minuto. Un armario de 1 × 1 × 2 m son 2 m³, es decir 120 m³/h. Pero el filtro de carbón, los codos del conducto y la rejilla frenan el caudal, así que hay que multiplicar por 1,5 o 2: en ese ejemplo, un extractor de 180-250 m³/h.
El montaje habitual es: entrada de aire pasiva por los manguitos inferiores, filtro de carbón activo colgado dentro arriba, extractor tirando de él y conducto hacia fuera. Filtro dentro y extractor después, no al revés: así el ventilador trabaja con aire ya limpio y no se ensucia.
A eso se le añade un ventilador oscilante pequeño dentro, moviendo el aire entre las plantas sin apuntar directamente a ellas. No es un accesorio: la brisa rompe la capa límite de humedad sobre la hoja —lo que permite que la planta transpire y absorba nutrientes—, previene oídio y botritis, y provoca tigmomorfogénesis, el engrosamiento del tallo por movimiento. Las plantas de armario sin ventilador salen larguiruchas y se doblan al sacarlas fuera.
Un extractor con controlador por temperatura o un motor EC regulable evita tenerlo a tope todo el día: menos ruido, menos consumo y más vida del filtro. El carbón activo, por cierto, dura entre doce y dieciocho meses y se agota antes si trabaja con humedad por encima del 70 %.
Temperatura, humedad y VPD
Rangos de partida para la mayoría de hortícolas: 20-26 °C con la luz encendida y unos 4-6 °C menos en el periodo oscuro. Esa caída nocturna no es un capricho; la diferencia entre temperatura diurna y nocturna regula el alargamiento del tallo, y sin ella las plantas se estiran.
Humedad relativa: 80-90 % en esquejes, 60-70 % en crecimiento, 45-55 % en floración y fructificación. Bajar la humedad al final es lo que evita que la botritis arruine una cosecha en tres días.
Quien quiera afinar debe mirar el VPD (déficit de presión de vapor), que combina temperatura y humedad en un solo número: alrededor de 0,8-1,0 kPa en vegetativo y 1,2-1,5 kPa en fructificación. Hay tablas y calculadoras gratuitas; un termohigrómetro con memoria de máximos y mínimos cuesta diez euros y es la mejor compra del montaje.
El verano peninsular es el enemigo real. Un armario con 200 W de luz en una habitación a 30 °C se pone por encima de 35 °C sin dificultad, y por encima de 32 °C el cuajado del tomate y del pimiento falla. Las medidas que funcionan: colocar el armario en la habitación más fresca y con suelo, y sobre todo encender la luz de noche y apagarla de día. El pico de calor cae en la fase oscura, y de paso el consumo se va a las horas de tarifa valle.
Olores, ruido y convivencia
El filtro de carbón, correctamente dimensionado y con el armario en presión negativa, retiene prácticamente todo el olor. Los fallos casi siempre son los mismos: filtro más pequeño que el caudal del extractor, cremalleras mal cerradas, o un manguito abierto que rompe la depresión y deja escapar aire sin filtrar por las costuras.
El ruido viene del motor y de la turbulencia en el conducto. Un extractor EC a media potencia, conducto aislado acústicamente y soportes de goma para desacoplar vibraciones bajan mucho el nivel. Colgar el extractor con dos gomas en vez de atornillarlo al bastidor es gratis y se nota.
Riego, sustrato y raíces
Dentro de un armario funcionan igual de bien el sustrato y el cultivo sin suelo, y la elección depende de cuánto quieras intervenir.
Sustrato orgánico en maceta de tela: más tolerante a los errores, con reserva de nutrientes propia, pH objetivo 6,0-7,0. Es lo recomendable para empezar.
Fibra de coco y perlita (70/30): inerte, exige alimentar en cada riego con solución completa, pH 5,5-6,2 y EC entre 0,8 mS/cm en plántula y 1,8-2,2 en pleno crecimiento. Más rápido y más exigente.
Hidroponía pura (DWC, NFT): máximo control y máximo riesgo; una bomba parada en verano cuece las raíces en pocas horas.
Las macetas de tela merecen mención aparte porque resuelven un problema típico del cultivo en interior: al llegar la raíz al borde se topa con aire y se autopoda, ramificando en lugar de dar vueltas al cepellón. Y airean el sustrato, que dentro de un armario con riego frecuente tiende a asfixiarse.
Qué medidas comprar y qué se olvida siempre
Los formatos habituales son 60 × 60 × 140, 80 × 80 × 160, 100 × 100 × 200, 120 × 120 × 200 y 240 × 120 × 200 cm. Para semilleros y esquejes basta el de 60 o el de 80; para llevar plantas a fruto, el de 100 × 100 × 200 es el mínimo cómodo.
El error de dimensionado más común es la altura. Hay que sumar: maceta (25-35 cm) + planta + distancia lámpara-copa (30-40 cm) + grosor de la lámpara + colgadores + filtro de carbón arriba. Con 140 cm de armario no queda sitio para nada que crezca; por eso los de 160 y 200 cm son los que la gente acaba comprando en segunda instancia.
Sobre la tela: el denier (600D frente a 210D) indica la densidad del tejido. Un 600D es más opaco, aguanta mejor el peso colgado en las barras y no se descose por las cremalleras, que es por donde fallan los baratos. Comprueba también la carga máxima admitida por las barras superiores, porque un filtro de carbón lleno pesa varios kilos.
Y la instalación eléctrica: nada de encadenar regletas, temporizador de calidad dimensionado para la carga real —los mecánicos baratos se funden con lámparas potentes—, y protección diferencial en el circuito. Hay agua y hay electricidad a un palmo de distancia.
Qué cuesta poner uno en marcha
Órdenes de magnitud para un armario de 100 × 100 × 200 cm en España, para hacerse una idea: el armario en sí, entre 70 y 130 €; una lámpara LED de 150-250 W reales de marca reconocible, entre 130 y 300 €; el conjunto de extractor, filtro de carbón y conducto, entre 90 y 180 €; ventilador interior, temporizador, termohigrómetro, medidor de pH y EC, otros 60-120 €. En total, entre 350 y 700 € según cuánto se afine.
El consumo se calcula sin misterio. Una lámpara de 200 W encendida 18 horas gasta 3,6 kWh al día. A unos 0,15 €/kWh son unos 0,55 € diarios, algo más de 16 € al mes solo de luz, a lo que hay que sumar el extractor (30-50 W en continuo). Con esos números en la mano, cada uno decide si compensa.
Errores que se repiten
Montar la luz y dejar la ventilación para después. Sin extracción, el armario se convierte en un invernadero cerrado a 38 °C y con humedad al 85 %. Es el camino directo al oídio y a las plantas paradas.
Meter demasiadas plantas. Un armario de 80 × 80 admite dos o tres plantas de fruto adultas, no ocho. Sin aire entre ellas, la parte baja se queda a oscuras y la humedad no se evacúa.
Confiar en los generadores caseros de CO₂. El bote de levadura y azúcar es una de las creencias más extendidas del cultivo de interior y no funciona en un armario ventilado: el extractor renueva el aire cada minuto y se lleva el CO₂ antes de que sirva de nada. El aporte de CO₂ solo tiene sentido en salas selladas, con PPFD alto y control de temperatura, y no es terreno de aficionado.
No aclimatar al sacar las plantas fuera. Una plántula criada bajo LED, sin viento ni ultravioleta, se quema en una tarde de sol de abril. Hay que endurecerla una o dos semanas: primero sombra y unas horas, luego sol directo progresivo.
Abrir la cremallera cada media hora. Cada apertura tira el clima estable que has construido. Ventanas de inspección transparentes y un higrómetro con lectura exterior evitan buena parte de esas aperturas.
Queda una advertencia obvia pero necesaria: el armario es una herramienta neutra, y el cultivo de determinadas especies está regulado en España. La responsabilidad de qué se cultiva dentro es de quien lo monta.
En resumen
Un armario de cultivo es un volumen controlado: tela opaca y reflectante, luz que tú eliges, aire que tú renuevas. En clima peninsular no compite con el huerto de exterior en verano, pero es la mejor herramienta que hay para adelantar semilleros de enero y febrero, enraizar esquejes y mantener especies tropicales. Al montarlo, dimensiona primero la ventilación —volumen del armario por 60, multiplicado por 1,5— y luego la luz, en µmol y no en vatios anunciados; deja altura de sobra, pon un ventilador interior, mide temperatura y humedad, y enciende de noche en verano. Con un presupuesto de 350 a 700 € y unos 20 € mensuales de electricidad tienes un sistema que funciona todo el año, siempre que entiendas para qué lo estás usando.