Treinta centímetros de profundidad de sustrato. Ese número decide, más que ningún otro, si una acelga en maceta produce hoja durante seis meses seguidos o se queda en una mata raquítica de cuatro pencas finas. La acelga (Beta vulgaris var. cicla) tiene una raíz pivotante que hereda de su pariente la remolacha, y en un recipiente somero esa raíz choca con el fondo, se enrolla y la planta se para. Resuelto el continente, lo demás es un cultivo agradecido y muy difícil de estropear.

Planta de acelga con pencas blancas y hoja verde oscura

Por qué la acelga encaja tan bien en el balcón

Es una bienal que se cultiva como anual de hoja y que no se recolecta de una vez, sino poco a poco. Eso cambia por completo el rendimiento por maceta: una lechuga ocupa un recipiente durante dos meses y se acaba en una comida; una acelga ocupa ese mismo recipiente y va entregando hojas exteriores cada semana durante medio año o más.

Además tolera el frío mucho mejor que otras hortalizas de hoja, lo que la convierte en el cultivo que mantiene vivo el huerto urbano de noviembre a marzo, justo cuando el tomate y el pimiento ya no están.

El recipiente

Los dos números que importan son la profundidad y el volumen:

Profundidad mínima 25 cm, mejor 30. Por debajo de 20 cm la planta se desarrolla, pero se queda pequeña, se marchita en cuanto aprieta el sol y hay que regarla dos veces al día en verano.

De 10 a 15 litros de sustrato por planta. Una maceta redonda de 30 cm de diámetro y 30 de alto ronda los 20 litros y aloja cómodamente una planta grande, o dos si las va a recolectar en hoja joven. Una jardinera estándar de 60 x 20 x 20 cm da para dos plantas, no más, por mucho que se tenga la tentación de meter tres.

En mesa de cultivo, con los 25 o 30 cm de sustrato habituales, el marco es de 30 x 30 cm. Apretar el marco es el error más repetido: las plantas compiten, se estiran buscando luz, la ventilación entre hojas empeora y aparecen manchas foliares.

El material del tiesto influye más de lo que parece. El barro sin esmaltar transpira y refresca la raíz, lo cual es una ventaja en Sevilla en mayo y un inconveniente en cualquier sitio si uno se olvida de regar. El plástico y la fibra retienen mejor la humedad. Lo que no es negociable son los agujeros de drenaje: la acelga quiere sustrato húmedo, no encharcado, y en maceta la diferencia entre ambas cosas es un plato lleno de agua bajo el tiesto.

Sustrato

Necesita un medio fértil y con buena retención de agua, porque es una planta de mucha hoja y mucha transpiración. Una mezcla que funciona bien:

Seis partes de sustrato universal o fibra de coco, dos partes de humus de lombriz o compost bien maduro, y una o dos partes de perlita o arena gruesa para el drenaje. El pH ideal está entre 6,0 y 7,0, y la acelga es sensible a los suelos ácidos, así que en fibra de coco pura, que tiende a acidificarse, conviene esa fracción de compost.

Si reutiliza el sustrato de una temporada anterior, renueve al menos un tercio y añada compost. Y aplique rotación también en maceta: no plante acelga donde acaba de haber remolacha o espinaca, que son de la misma subfamilia y comparten plagas y hongos del suelo.

Qué variedad elegir

Para maceta hay tres perfiles útiles:

Las de penca blanca ancha, tipo 'Verde de penca blanca' o 'Amarilla de Lyon', son las clásicas de huerto. Alcanzan gran tamaño y dan mucha hoja, pero necesitan la maceta grande de verdad.

Las de penca de colores, vendidas como 'Bright Lights', 'Arco Iris' o penca roja y amarilla, tienen la penca más estrecha y la mata más contenida. Son las que mejor encajan en un balcón por tamaño y por aspecto, y su hoja es igual de buena; suelen espigarse un poco antes que las blancas.

Las acelgas de corte, sembradas densas y recolectadas a los 10 o 12 cm de altura para ensalada, permiten aprovechar jardineras someras donde una planta adulta no cabría. Se corta a un par de centímetros del sustrato y rebrota dos o tres veces.

Siembra: el detalle del glomérulo

Lo que se compra como semilla de acelga no es una semilla, sino un glomérulo: un fruto seco y rugoso que contiene dos, tres o cuatro semillas verdaderas. Por eso de cada hoyo salen varias plántulas juntas. No es un fallo del envase y no significa que la siembra haya sido demasiado densa: hay que aclarar, dejando la plántula más vigorosa y cortando las demás a ras con tijeras en lugar de arrancarlas, para no mover la raíz de la que se queda.

Otros datos de siembra:

Profundidad de 1,5 a 2 cm, con el sustrato bien apretado encima. El glomérulo es duro y sembrado en superficie germina mal. Ponerlo en remojo 12 o 24 horas en agua templada antes de sembrar adelanta la nascencia varios días.

Temperatura: germina entre 10 y 30 ºC, con el óptimo en torno a 20-25 ºC. En condiciones buenas emerge en 7 a 12 días; con el sustrato a 10 ºC puede tardar tres semanas y la nascencia sale desigual.

Se puede sembrar directamente en la maceta definitiva, que es lo recomendable porque la raíz pivotante sufre con el trasplante, o en alvéolo grande y trasplantar con tres o cuatro hojas verdaderas sin romper el cepellón. Nunca trasplante una acelga a raíz desnuda cuando ya está crecida.

Cuándo sembrar, y el error que provoca el espigado

Aquí está la creencia que más disgustos da. Se repite que la acelga se siembra "en primavera, en cuanto no hiele", y con eso mucha gente siembra en febrero o marzo en el interior peninsular. El resultado es que en mayo o junio las plantas suben un tallo floral y el cultivo se acaba antes de empezar a producir.

La razón es la vernalización: la acelga es bienal y florece cuando ha acumulado frío. Una plántula joven expuesta durante semanas a temperaturas sostenidas por debajo de unos 10 ºC interpreta que ya ha pasado su invierno y, al alargarse el día, se espiga. No es falta de agua ni de abono: es el calendario.

Las dos ventanas fiables en España son:

De abril a junio, cuando el frío ya ha pasado de verdad, para cosechar en verano y otoño. En el interior, mejor tirando a mayo que a marzo.

De agosto a octubre, que es la siembra buena en el litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias. La planta se desarrolla con el otoño templado, atraviesa el invierno produciendo y se espiga en primavera, cuando ya ha dado meses de cosecha. Aquí la vernalización no molesta porque llega al final del ciclo, no al principio.

Cuando aparece el tallo floral, córtelo: se gana algo de tiempo, pero la hoja ya sale más pequeña y algo más basta. Es señal de que toca sembrar el relevo.

Luz y temperatura

Quiere seis horas de sol como mínimo en otoño, invierno y primavera. Con menos crece, pero da hojas grandes, blandas y de poco sabor, típicas del balcón orientado al norte.

En verano el criterio se invierte en la mitad sur y en todo el interior seco: por encima de 30 ºC la planta se para, las hojas pierden turgencia a mediodía y los bordes se queman. Ahí conviene sombra de tarde, una malla del 40 o 50 % o simplemente mover la maceta, que es la gran ventaja del cultivo en recipiente.

Al frío responde muy bien. Una planta ya establecida aguanta heladas de -4 a -6 ºC con daños superficiales en las hojas más expuestas y rebrota del cogollo. Lo que sí es un riesgo en maceta es que se hiele el cepellón entero, algo que no ocurre en suelo: en zonas de invierno duro, arrime los tiestos a una pared, agrúpelos y cúbralos con velo de forzado en las noches de helada fuerte.

Riego

La regla es humedad constante, sin encharcar. Los volúmenes pequeños se secan rápido: en verano, una maceta de 20 litros a pleno sol puede pedir riego diario, y en invierno bastará con dos veces por semana. Compruebe con el dedo a 3 o 4 cm de profundidad en lugar de regar por calendario.

Los altibajos de riego tienen consecuencias visibles: la penca se vuelve fibrosa y hueca, la hoja amarga y aparecen quemaduras en el borde por el desequilibrio en la llegada del calcio a los tejidos jóvenes. También favorecen el espigado prematuro.

Riegue al pie y no sobre la hoja. La acelga no es especialmente sensible a los hongos, pero mojar el follaje por la tarde en un balcón poco ventilado es la mejor manera de invitar a la cercospora. Un acolchado fino de fibra de coco o compost sobre el sustrato reduce bastante la evaporación.

Abonado, con una advertencia sobre los nitratos

Es un cultivo exigente en nitrógeno y en maceta el sustrato se agota rápido, así que a partir de la sexta u octava semana conviene un aporte líquido cada 15 días, o un recebo de humus de lombriz de un par de centímetros cada mes o mes y medio.

Ahora la parte que casi nunca se cuenta: la acelga, igual que la espinaca y la rúcula, acumula nitratos en las hojas, y lo hace tanto más cuanto más nitrógeno haya disponible y menos luz reciba. Es la razón por la que abonar a lo bruto un cultivo de hoja en un balcón sombrío es una mala idea. Dos medidas sencillas: no pasarse con abonos nitrogenados de acción rápida y recolectar por la tarde tras un día soleado, cuando la planta ya ha metabolizado buena parte del nitrato acumulado durante la noche.

Un aporte de compost o humus como base y un abono orgánico equilibrado en el mantenimiento cubren todas sus necesidades sin llegar a ese terreno.

Recolección

La primera recolección llega entre 50 y 70 días después de la siembra, cuando las hojas exteriores midan unos 20 cm. A partir de ahí se cosecha cada semana o cada diez días.

El método correcto es cortar las hojas exteriores por la base de la penca, con un cuchillo o unas tijeras, dejando intacto el cogollo central del que salen las nuevas. Retire como mucho un tercio de las hojas de cada planta en cada pasada; si la desnuda entera, la mata tarda semanas en recuperarse.

Dos advertencias sobre gestos habituales. Arrancar la hoja de un tirón desgarra el cuello de la planta y abre una puerta a la podredumbre: hay que cortar, no tirar. Y no espere a que las hojas alcancen un tamaño espectacular: las hojas viejas y muy grandes tienen la penca leñosa y concentran más oxalatos, así que se pierde calidad por querer ganar volumen.

Retire también, cada cierto tiempo, las hojas basales amarillentas o manchadas aunque no las vaya a comer. Airean la mata y eliminan focos de hongo.

Plagas y problemas frecuentes

Minador de la hoja (Pegomya, Liriomyza). Es lo más común. La larva excava galerías o ampollas translúcidas entre las dos epidermis. Se corta y se retira la hoja afectada en cuanto se ve; un insecticida no llega a la larva porque está dentro del tejido. Si es recurrente, malla antiinsectos sobre la maceta.

Pulgón negro (Aphis fabae). Coloniza el envés y las hojas nuevas. En maceta se resuelve con un chorro de agua a presión y jabón potásico repetido cada cuatro o cinco días.

Caracoles y babosas. En terraza suben por las paredes del tiesto y hacen agujeros redondeados de noche. Revisión nocturna y trampas; el borde de la maceta limpio y seco ayuda.

Cercospora (Cercospora beticola). Manchas redondas de pocos milímetros, con el centro claro y un borde rojizo definido. Aparece con calor húmedo y follaje mojado. Retire las hojas afectadas, espacie las plantas y riegue al pie.

Mildiu. Manchas amarillas difusas en el haz y un fieltro grisáceo o violáceo en el envés, típico de otoños húmedos. Mejorar la ventilación es la medida principal.

Y un problema que no es plaga: hojas pequeñas y planta parada sin síntomas de nada. Casi siempre es maceta pequeña, sustrato agotado o falta de luz, en ese orden.

En resumen

La acelga en maceta funciona si se le dan 25 o 30 cm de profundidad, entre 10 y 15 litros de sustrato fértil por planta y un riego regular sin encharcar. La siembra se hace de abril a junio, o de agosto a octubre en el litoral y el sur, evitando la siembra temprana de invierno que vernaliza las plántulas y las hace espigar antes de producir. Se recolectan las hojas exteriores cortándolas por la base, nunca más de un tercio por planta, y se abona con moderación y con criterio orgánico para no acumular nitratos. Con esas condiciones, dos o tres macetas dan hoja de forma continua durante seis meses o más.


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