Si cruzas Castilla, la Mancha, Aragón o Extremadura en coche, lo que ves por la ventanilla durante horas es agricultura extensiva: parcelas grandes de cereal de secano, olivares de marco amplio, viñedos en vaso, dehesas con encinas dispersas y ganado suelto. Es el modelo que ocupa la mayor parte del territorio agrícola español y el que ha dado forma al paisaje del interior peninsular.

El término se usa muchas veces de forma vaga, y a menudo cargado de una connotación positiva que no siempre está justificada. Conviene definirlo bien, porque de la definición se derivan todas sus ventajas y todos sus problemas.

Qué es exactamente la agricultura extensiva

La agricultura extensiva es un sistema de producción que utiliza grandes superficies con una baja aplicación de insumos por unidad de superficie. Poco capital, poca agua, poco fertilizante, poco fitosanitario y poca mano de obra por hectárea.

La palabra clave es por hectárea. Extensivo e intensivo no se refieren al tamaño de la explotación ni a si es moderna o tradicional, sino a la intensidad con que se emplean los factores de producción sobre cada unidad de tierra. Una explotación cerealista de 800 hectáreas con tractores de última generación y GPS es extensiva; un invernadero de 0,5 hectáreas en Almería es intensivo. El extensivo puede ser perfectamente tecnificado.

Hay una segunda distinción que muchos textos pasan por alto y que importa: existen dos agriculturas extensivas muy distintas.

La extensiva de mercado, altamente mecanizada, propia de las grandes llanuras cerealistas de Norteamérica, Argentina, Australia, Ucrania y también de la España interior. Rendimientos moderados por hectárea, pero enormes por trabajador, y producción destinada íntegramente a la venta.

La extensiva de subsistencia, sin mecanización, propia de la agricultura itinerante de roza y quema de zonas tropicales, con rendimientos bajísimos tanto por hectárea como por trabajador y producción destinada al autoconsumo.

Ambas son extensivas según la definición, pero no tienen nada más en común. Cuando se habla de agricultura extensiva en España se habla siempre de la primera.

Campos de cultivo extensivo de cereal

Características principales

Gran superficie por explotación. Es una necesidad económica, no una preferencia. Si el margen por hectárea es bajo, la única forma de que la explotación sea viable es acumular hectáreas. En el cereal de secano castellano, la superficie mínima para que una explotación familiar tenga sentido económico se cuenta en cientos de hectáreas.

Baja densidad e insumos reducidos. En cereal de secano se siembran del orden de 150-180 kg de semilla por hectárea, frente a 200-220 en regadío. El olivar tradicional de secano se planta a marcos de 10 × 10 o 12 × 12 metros, unos 80-100 árboles por hectárea, frente a los 1.500-2.000 de un olivar superintensivo en seto. La lógica es la misma: en secano, el factor limitante es el agua disponible en el perfil del suelo, y meter más plantas por hectárea no aumenta la cosecha, la reparte y la empeora.

Dependencia directa del clima. Al ser mayoritariamente de secano, la cosecha depende de la lluvia y de su reparto. Un año seco puede reducir la producción de cereal a la mitad o menos; un año con lluvias en primavera puede duplicarla. Esta variabilidad interanual es el rasgo económico más característico del extensivo español y explica la importancia de los seguros agrarios y de las ayudas.

Rendimientos por hectárea bajos, rendimientos por trabajador altos. Una cebada de secano en la meseta ronda las 2-3 toneladas por hectárea; en regadío se van a 5-7. Un olivar tradicional de secano da entre 1.500 y 2.500 kg de aceituna por hectárea; uno superintensivo bien manejado puede multiplicar por cuatro o cinco esa cifra. En cambio, un solo agricultor con maquinaria adecuada puede llevar cientos de hectáreas de cereal, algo impensable en horticultura intensiva.

Alta mecanización, poca mano de obra. Toda la operación —siembra, tratamientos, cosecha— se hace con maquinaria de gran capacidad de trabajo en ventanas de tiempo estrechas. El empleo generado por hectárea es muy bajo, con la excepción de la vendimia y la recolección de la aceituna en explotaciones tradicionales.

Barbecho y rotaciones largas. El sistema tradicional de «año y vez» dejaba la tierra sin cultivar un año de cada dos para acumular humedad y mineralizar nutrientes. Hoy el barbecho blanco ha retrocedido mucho, sustituido por rotaciones con leguminosas (veza, guisante, yeros) y oleaginosas (girasol, colza) que rompen ciclos de plagas y enfermedades y, en el caso de las leguminosas, fijan nitrógeno atmosférico.

Los principales cultivos extensivos en España

Cereales de invierno. El bloque más importante en superficie, con del orden de seis millones de hectáreas. La cebada es el cereal más sembrado del país, por delante del trigo, porque tiene un ciclo más corto y escapa mejor de la sequía de finales de primavera. Le siguen el trigo blando, el trigo duro —concentrado en Andalucía y el valle del Ebro, base de la sémola y la pasta—, la avena, el centeno en suelos ácidos y pobres del noroeste, y el triticale.

Olivar. Con unos 2,7 millones de hectáreas, España es con diferencia el primer productor mundial de aceite de oliva. La mayor parte de esa superficie sigue siendo olivar tradicional de secano, en Jaén, Córdoba, Granada, Extremadura y Castilla-La Mancha, con marcos amplios y árboles de varios pies. Coexiste con un olivar intensivo y superintensivo en regadío que crece deprisa y que representa un modelo distinto.

Viñedo. España tiene la mayor superficie de viñedo del mundo, en torno al millón de hectáreas, aunque no es el primer productor de vino en volumen precisamente por lo extensivo del sistema: gran parte del viñedo manchego está en secano, con marcos amplios y rendimientos moderados. El vaso tradicional sin espaldera es la expresión más extensiva del cultivo.

Girasol. Principal oleaginosa de secano, muy extendida en Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía. Encaja bien como cultivo de primavera en rotación con cereal de invierno.

Leguminosas de grano. Garbanzo, lenteja, veza, yeros, guisante proteaginoso, altramuz. Superficies mucho menores que el cereal pero con un papel agronómico desproporcionado por su capacidad de fijar nitrógeno y romper el monocultivo cerealista.

Almendro. El almendro tradicional de secano, en marcos amplios y en zonas de montaña media del Levante, Andalucía oriental y Aragón, es un cultivo extensivo clásico, con rendimientos bajos y muy dependientes de las heladas de floración.

Dehesa y ganadería extensiva. No es agricultura en sentido estricto, pero es el sistema extensivo más singular de España. Cerca de tres o cuatro millones de hectáreas en Extremadura, Salamanca, Andalucía occidental y Portugal, con encinas y alcornoques dispersos sobre pastizal, ganado porcino ibérico, vacuno y ovino a cargas ganaderas muy bajas, y aprovechamiento del corcho y la bellota. Es un sistema agrosilvopastoral con siglos de estabilidad y reconocido como hábitat de alto valor natural.

Labores de laboreo del suelo con tractor

Ventajas

Bajo coste por hectárea y menor riesgo financiero. La inversión por unidad de superficie es una fracción de la que exige un invernadero o una plantación en seto. Un mal año duele, pero no arruina en la misma proporción.

Consumo de agua muy reducido. Al ser fundamentalmente de secano, no compite por el recurso hídrico. En un país donde la agricultura consume alrededor del 70-80 % del agua disponible, esto no es un detalle menor.

Menor presión de insumos por hectárea. Menos fertilizante mineral, menos fitosanitarios y menos energía por unidad de superficie, con la consiguiente reducción de la contaminación difusa por nitratos, un problema serio en zonas de regadío intensivo.

Biodiversidad asociada. Este es el argumento ambiental más sólido a favor del extensivo español, y merece detalle. Los cultivos herbáceos extensivos de secano son el hábitat de las aves esteparias: avutarda, sisón, ganga ibérica, ortega, alcaraván, aguilucho cenizo, cernícalo primilla. España alberga las poblaciones más importantes de Europa de varias de estas especies —la mayor parte de la población mundial de avutarda está aquí— y dependen por completo del mosaico de cereal, barbecho, leguminosa y pastizal que genera este modelo. Ni el regadío intensivo ni el abandono con matorralización sirven para ellas.

Paisajes culturales y patrimonio. La dehesa, el olivar de sierra o el viñedo en vaso son sistemas moldeados durante siglos y difícilmente reconstruibles una vez perdidos.

Papel territorial. Es el modelo que mantiene actividad económica en comarcas del interior donde ninguna otra alternativa productiva es viable.

Bienestar animal en el caso ganadero. Cargas bajas, animales en libertad y alimentación basada en pastoreo y recursos del propio sistema.

Inconvenientes que conviene decir

Rendimientos bajos y muy variables. La renta del agricultor extensivo oscila enormemente entre años buenos y malos, y esa incertidumbre condiciona toda la planificación.

Fuerte dependencia de las ayudas públicas. En muchos cultivos extensivos españoles, las ayudas de la Política Agrícola Común representan una parte muy sustancial de la renta agraria. Sin ellas, buena parte de la superficie cerealista de secano de baja productividad no sería rentable. Es un hecho estructural del sistema, no una anomalía.

Erosión. El laboreo convencional repetido, el barbecho desnudo y el trabajo del suelo en pendiente en olivares y viñedos han causado y siguen causando pérdidas de suelo severas en buena parte del sur y el centro peninsular. Es el principal problema ambiental del extensivo español.

Necesidad de mucha tierra. Lo que se traduce en una barrera de entrada enorme para quien quiere empezar y en una tendencia continua a la concentración de la propiedad.

Escasa creación de empleo. Poca mano de obra por hectárea significa despoblación en comarcas donde es la actividad dominante.

El malentendido: extensivo no es sinónimo de sostenible

Es la confusión más repetida y merece un apartado propio.

Que un sistema use pocos insumos por hectárea no significa automáticamente que su impacto ambiental sea menor. Depende de la unidad con que se mida.

Por hectárea, el extensivo tiene menos impacto: menos nitratos, menos fitosanitarios, menos agua, más espacio para la fauna silvestre.

Por kilogramo de producto, la comparación puede invertirse. Si producir una tonelada de trigo en secano requiere tres veces más superficie que en regadío intensivo, esa tonelada lleva asociada tres veces más territorio ocupado, y la huella por kilo en emisiones o en energía no es necesariamente menor. Es el conocido debate entre land sparing —producir mucho en poco terreno y conservar el resto— y land sharing —producir menos en más terreno, compatibilizando producción y naturaleza. No hay una respuesta universal; depende del territorio y de qué especies se quiera conservar.

Y sobre todo: un mal manejo extensivo puede ser muy dañino. Un olivar de secano labrado varias veces al año en una ladera de Jaén pierde toneladas de suelo por hectárea y año, un daño irreversible a escala humana. Un cereal en monocultivo continuo con barbecho blanco degrada la materia orgánica del suelo. Extensivo describe la intensidad de uso de los factores, no la calidad ambiental del manejo.

Lo que sí ha mejorado sustancialmente el balance del extensivo español es la agricultura de conservación: siembra directa sin laboreo o con laboreo mínimo, mantenimiento de los restos de cosecha sobre el suelo y, en el caso del olivar y el viñedo, cubiertas vegetales entre calles segadas o pastoreadas en lugar de suelo desnudo. Estas prácticas reducen la erosión de forma drástica, mejoran la infiltración —crítica en secano— y aumentan el carbono orgánico del suelo. España es uno de los países europeos con mayor superficie bajo estos sistemas, y es el camino por el que va el sector.

Diferencias con la agricultura intensiva

Superficie. El extensivo necesita explotaciones grandes para ser viable; el intensivo obtiene renta suficiente en superficies pequeñas.

Insumos por hectárea. Bajos en extensivo, altos en intensivo: fertirrigación, tratamientos programados, sustratos, invernaderos, control climático.

Agua. El extensivo es predominantemente de secano; el intensivo depende del riego, y su localización viene determinada por la disponibilidad de agua.

Capital. El extensivo invierte sobre todo en tierra y maquinaria; el intensivo, en instalaciones y en insumos recurrentes cada campaña.

Rendimiento. Bajo por hectárea y alto por trabajador en extensivo; lo contrario en intensivo.

Mano de obra. Muy escasa por hectárea en extensivo; muy elevada en intensivo, sobre todo en horticultura y fruticultura.

Ciclos. El extensivo hace normalmente una cosecha al año, condicionada por las estaciones; el intensivo puede encadenar varios ciclos anuales y producir fuera de temporada.

Riesgo. El extensivo asume riesgo climático; el intensivo, riesgo de mercado y de precios, con costes fijos altos que hay que cubrir sí o sí.

Producto. El extensivo produce commodities —grano, aceite, vino a granel— cuyo precio se fija en mercados internacionales; el intensivo produce a menudo productos frescos diferenciados con mayor valor añadido por kilo.

Los dos modelos no son alternativas morales sino respuestas distintas a condiciones distintas de suelo, clima, agua y mercado. En España conviven, y buena parte del territorio agrícola solo admite el extensivo, porque sin agua no hay otra opción.

Qué significa esto para un huerto familiar

Un huerto doméstico es, por definición, intensivo: mucha producción en poca superficie, riego, abonado frecuente y mucha mano de obra por metro cuadrado. Pero hay ideas del mundo extensivo perfectamente trasladables.

La rotación de cultivos con leguminosas para aportar nitrógeno y romper ciclos de plagas es exactamente el mismo principio que rige las rotaciones cerealistas. El barbecho o descanso de un bancal con siembra de abono verde funciona por las mismas razones. La cubierta vegetal del olivar es el equivalente al acolchado del huerto: proteger el suelo del impacto de la lluvia y del sol. Y la idea de adaptar la densidad de plantación al agua disponible es igual de válida en un bancal de secano que en una hectárea de cebada.

En resumen

La agricultura extensiva se define por emplear poca inversión, poca agua y pocos insumos por hectárea sobre grandes superficies, con rendimientos bajos por unidad de suelo pero altos por trabajador. En España ocupa la mayor parte del territorio cultivado: cereal de secano, olivar tradicional, viñedo, girasol, leguminosas, almendro y dehesa.

Sus ventajas reales son el bajo consumo de agua e insumos, el coste reducido por hectárea, el mantenimiento de comarcas rurales que no admiten otro uso y, muy destacadamente, el sostenimiento de una biodiversidad —las aves esteparias, la dehesa— que depende por completo de este modelo.

Sus problemas son la variabilidad de las cosechas, la dependencia de las ayudas, la erosión asociada al laboreo y la escasa generación de empleo.

Y el matiz que conviene no perder: extensivo no equivale a sostenible. Un olivar de secano labrado en pendiente es extensivo y erosiona gravemente el suelo. Lo que mejora de verdad el balance ambiental del extensivo español no es su extensividad, sino prácticas concretas de manejo: siembra directa, cubiertas vegetales, rotaciones con leguminosas y mantener el suelo cubierto.


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