El sustrato de una maceta a mediados de octubre sigue rondando los 18-20 °C aunque el aire ya no pase de 15 °C por la mañana. Ese desfase entre suelo templado y aire fresco es justo la combinación que buscan las raíces recién plantadas: emiten raicillas nuevas sin tener que sostener a la vez un crecimiento aéreo exigente. Por eso octubre es, para las aromáticas mediterráneas, un mes de plantación mejor que abril, y no un mes de espera.
Lo que cambia respecto a la primavera es el criterio. En octubre no se siembra casi nada: se planta y se multiplica. Entender esa diferencia evita la mitad de los fracasos.
Qué plantar en octubre y qué no
Las aromáticas leñosas del monte mediterráneo son las grandes candidatas del mes. Romero (Rosmarinus officinalis, hoy reclasificado como Salvia rosmarinus), tomillo (Thymus vulgaris), lavanda y lavandín (Lavandula angustifolia, Lavandula x intermedia), salvia (Salvia officinalis), orégano (Origanum vulgare), ajedrea (Satureja montana) e hisopo (Hyssopus officinalis) se plantan de cepellón en octubre y pasan el invierno haciendo raíz bajo tierra. En marzo arrancan con un sistema radicular hecho, mientras que las plantadas en primavera se pasan el primer verano intentando alcanzar ese mismo punto.
Entre las de hoja tierna, octubre es el mes del perejil (Petroselinum crispum), el cilantro (Coriandrum sativum), el perifollo (Anthriscus cerefolium) y el cebollino (Allium schoenoprasum). Estas sí admiten siembra directa, y además el otoño les sienta mejor que la primavera: el cilantro sembrado en abril espiga en cuanto aprietan los 28 °C, mientras que el de otoño da hoja durante meses sin subir a flor. El cebollino se multiplica mejor por división de mata que por semilla; en octubre se saca el cepellón, se parte en tres o cuatro porciones con raíz y se replanta cada una.
Lo que no toca en octubre es la albahaca (Ocimum basilicum). Es una planta de calor, anual, que se detiene por debajo de 12 °C y se ennegrece con la primera noche de 5 °C. Comprar en octubre esas macetas de supermercado con veinte plántulas apretadas y esperar que duren hasta Navidad es tirar el dinero, salvo que se tenga una ventana muy soleada y protegida. Tampoco es momento de sembrar semilla de romero, lavanda o tomillo: germinan lentas y desiguales incluso en condiciones buenas, y con el suelo enfriándose se pierden casi todas. Para esas, cepellón o esqueje.
El mes de los esquejes semileñosos
Octubre da la madera en el punto exacto para esquejar romero, lavanda, salvia, tomillo, mirto y santolina: ramas de este año, ya endurecidas en la base pero aún flexibles en la punta. Se corta un fragmento de 8 a 12 cm por debajo de un nudo, se le quitan las hojas del tercio inferior y se entierra la mitad en una mezcla de arena de río y turba a partes iguales, o directamente en perlita.
Los detalles que deciden el resultado son tres. Primero, no clavar el esqueje empujando: se hace un agujero previo con un lápiz para no descortezar la base. Segundo, mantener el sustrato apenas húmedo, no mojado; el esqueje sin raíces no bebe, y el exceso de agua lo pudre antes de que enraíce. Tercero, situarlo a media sombra y resguardado del viento, no a pleno sol. Con el suelo todavía templado, el romero y la lavanda enraízan en cuatro a seis semanas; la salvia y el tomillo pueden pedir ocho. Las hormonas de enraizamiento aceleran el proceso, pero en estas especies no son imprescindibles.
Una tasa de éxito del 50-60 % es normal y perfectamente aceptable, así que conviene poner el doble de esquejes de los que se necesitan. No se trasplantan hasta que asoman raíces por el drenaje o hasta que un tirón suave encuentra resistencia.
Maceta, sustrato y drenaje
La profundidad manda más que la anchura. El romero y la lavanda desarrollan una raíz que busca hacia abajo y necesitan 25-30 cm de profundidad como mínimo para llegar a adulto; en macetas de 15 cm se quedan raquíticos y se secan en cuanto llega un día de poniente. Tomillo, orégano y ajedrea, más rastreros, se conforman con 18-20 cm pero agradecen anchura. El perejil, que tiene raíz pivotante como su parienta la zanahoria, pide 20-25 cm de fondo: en jardineras someras da mata pequeña y espiga antes.
La menta (Mentha spp.) va siempre en recipiente propio. Sus rizomas colonizan cualquier maceta compartida en una sola temporada y ahogan al resto. Es además la excepción a la regla del drenaje: tolera y hasta prefiere el sustrato constantemente húmedo, al contrario que todas las anteriores.
Para las mediterráneas, el sustrato de saco puro es un error frecuente. Está formulado con mucha turba, retiene demasiada agua y en invierno se convierte en una esponja fría. La mezcla que funciona es aproximadamente 60 % de sustrato universal, 30 % de arena gruesa de río o perlita y 10 % de compost maduro. Estas plantas vienen de suelos pobres, pedregosos y a menudo calizos; el exceso de materia orgánica les da un crecimiento blando, aguado y poco aromático, porque los aceites esenciales se concentran precisamente cuando la planta pasa algo de sed y algo de hambre. Un romero mimado con abono huele menos que uno criado a la intemperie.
El barro cocido sin esmaltar es mejor recipiente que el plástico para todas ellas, porque transpira por la pared y saca humedad del cepellón. En climas de invierno duro tiene la contrapartida de que el barro fino puede agrietarse si el agua del interior se hiela, así que en zonas de heladas fuertes conviene barro grueso o resina.
Riego y abonado a partir de octubre
El error que más aromáticas mata en otoño no es el frío: es el riego de verano mantenido en octubre. Con menos horas de luz, temperaturas más bajas y evaporación reducida, una maceta tarda dos y hasta tres veces más en secarse. Regar cada dos días como en agosto asfixia la raíz y abre la puerta a hongos del suelo del género Phytophthora y a la podredumbre basal, que en romero y lavanda no tiene marcha atrás: cuando la planta amarillea desde el centro, ya es tarde.
La regla práctica: meter el dedo tres o cuatro centímetros en el sustrato y regar solo si está seco a esa profundidad. En octubre eso suele traducirse en un riego cada 7 a 12 días para las mediterráneas, y cada 3 o 4 para perejil, cilantro y menta. Siempre por la mañana, para que la maceta no pase la noche fría y empapada. Y fuera los platos bajo la maceta, o al menos vaciarlos media hora después de regar.
El abonado se suspende. Un aporte de nitrógeno en octubre provoca brotes tiernos que llegan a diciembre sin lignificar y se queman con la primera helada. Si la planta lo pide, un puñado de compost en superficie a modo de acolchado es suficiente; el abonado de fondo se reserva para febrero o marzo.
Poda: lo que sí y lo que no
Se puede y se debe recolectar en octubre, incluso a manos llenas: es la última cosecha buena del año para tomillo, orégano, salvia y romero. Lo que no procede es la poda de formación o de renovación. Cortar fuerte ahora estimula rebrote tierno justo cuando la planta debería estar entrando en reposo, y deja heridas abiertas en la época más húmeda del año. Esa poda va después de la floración de primavera.
Y una regla que salva lavandas y romeros viejos: no cortar nunca sobre madera vieja sin hoja. Estas especies no tienen yemas latentes en el leño desnudo, de modo que un corte por debajo de la zona verde deja un muñón que ya no rebrota. Se recorta siempre dentro de la parte con hojas.
Cosechar y secar antes de que llueva
La concentración de aceites esenciales es máxima a media mañana, cuando el rocío ya se ha ido pero el sol todavía no ha calentado del todo la hoja. Se corta en manojos, se atan flojos y se cuelgan boca abajo, a la sombra, en sitio ventilado. El secado al sol degrada los aromáticos volátiles y deja hierba de color pajizo y olor a heno. Por encima de unos 35 °C ocurre lo mismo, así que el horno y el radiador no son buena idea salvo a temperatura muy baja.
En un lugar aireado, el tomillo y el orégano quedan listos en una o dos semanas: el tallo debe partir en seco, no doblarse. Entonces se desmenuza y se guarda en tarro de cristal opaco o en despensa oscura. Guardar hierba que todavía conserva humedad es la vía directa al moho en el bote.
Quién pasa el invierno fuera y quién no
En el litoral mediterráneo, Andalucía occidental y la costa atlántica gallega, prácticamente todas las aromáticas mediterráneas pasan el invierno a la intemperie sin protección. En el interior peninsular, con heladas habituales desde noviembre, romero, tomillo, lavanda, salvia y ajedrea aguantan bien —la lavanda de angustifolia resiste bastante por debajo de cero—, pero conviene arrimar las macetas a una pared orientada al sur, que devuelve calor por la noche, y agruparlas para que se protejan entre ellas.
Las que sí necesitan resguardo o entrar bajo techo: hierbaluisa (Aloysia citriodora), albahaca y citronela (Cymbopogon). Sobre la hierbaluisa, un aviso: pierde toda la hoja en otoño y queda como un manojo de palos secos. Cada año se tiran ejemplares perfectamente vivos por creerlos muertos. Lo mismo pasa con el estragón francés (Artemisia dracunculus), que desaparece por completo bajo tierra y rebrota de raíz en abril. Antes de descartar una maceta en invierno, rasca la corteza de una rama: si por debajo hay verde, la planta está viva.
Un último detalle de ubicación: en octubre el sol está mucho más bajo que en julio y los aleros, muros y balcones proyectan sombras largas. Un rincón que en verano recibía seis horas de sol puede quedarse en dos. Merece la pena mirar dónde da realmente la luz ahora y mover las macetas en consecuencia.
En resumen
Octubre se aprovecha plantando de cepellón las aromáticas leñosas —romero, tomillo, lavanda, salvia, orégano, ajedrea— para que hagan raíz con el suelo aún templado, esquejando esas mismas especies con madera semileñosa, y sembrando perejil, cilantro y perifollo, que en otoño rinden mejor que en primavera. La albahaca queda fuera del calendario. Macetas hondas, sustrato con un tercio de arena o perlita, riego espaciado a 7-12 días y abonado suspendido hasta febrero. Nada de podas fuertes hasta después de la floración, y nunca cortando sobre madera sin hojas. Y antes de dar por muerta una planta pelada en invierno, comprobar si queda verde bajo la corteza.