Guardar los boniatos en la nevera estropea más cosechas que cualquier plaga del huerto. Por debajo de 10 °C el tubérculo sufre daño por frío: se endurece el corazón, aparecen manchas internas y el sabor se vuelve insípido, y ya no hay cocción que lo arregle. Es el final más habitual de un cultivo que ha ido bien durante cinco meses, y evitarlo cuesta exactamente nada.

Conviene decirlo al principio porque el boniato tiene esa peculiaridad: lo difícil no es cultivarlo —es de los cultivos más agradecidos del huerto de verano—, sino cerrar bien las dos últimas semanas.

Qué es el boniato y qué no es

El boniato, batata o patata dulce es Ipomoea batatas, una planta de la familia de las convolvuláceas. Es decir, pariente de la campanilla y de la enredadera de campanillas de jardín, no de la patata. Esta confusión no es solo taxonómica: tiene consecuencias directas. Al no ser una solanácea, el boniato no comparte plagas ni enfermedades con patata, tomate o pimiento, y puede entrar en la rotación justo después de ellos sin problema. Además, lo que comemos no es un tubérculo de tallo como en la patata, sino una raíz tuberosa, un engrosamiento de raíces auténticas. De ahí que no tenga yemas ni "ojos" repartidos como la patata: brota desde puntos de la superficie, casi siempre por el extremo proximal.

Tampoco es un ñame. En Latinoamérica y en algunas traducciones se mezclan los nombres, pero el ñame pertenece al género Dioscorea y es una planta completamente distinta.

La planta es una herbácea rastrera perenne que aquí se cultiva como anual. Emite guías de 2 a 4 metros que tapizan el suelo, con hojas de forma variable —acorazonadas, lobuladas o palmeadas según la variedad— y flores en trompeta lila o blanca, inconfundiblemente de campanilla, aunque en el clima peninsular florece de manera irregular y las semillas raramente interesan: la multiplicación es siempre vegetativa.

Planta de boniato, Ipomoea batatas

Variedades que funcionan en España

La primera decisión es el color de la carne, porque cambia el uso y el sabor más que ninguna otra cosa.

Los de carne naranja son los más dulces, húmedos y ricos en betacaroteno. Beauregard es el estándar comercial en España: productivo, de ciclo relativamente corto (100-110 días) y fiable. Georgia Jet es aún más precoz y resulta la mejor apuesta en el norte peninsular o en zonas de verano corto. Covington da piezas de forma muy regular.

Los de carne blanca o amarilla clara son más secos y harinosos, con sabor a castaña, y son la tradición peninsular. El boniato de Málaga, cultivado en la comarca de Vélez-Málaga, es el ejemplo más conocido; en Canarias y en Baleares se mantienen tipos locales de este estilo. Para asar al horno en Todos los Santos o para panellets, este tipo funciona mejor que el naranja, que suelta demasiada humedad.

Los de carne morada, tipo Okinawa o Murasaki, son más raros, muy densos en antocianinas, y de ciclo largo: solo tienen sentido en zonas cálidas del sur o del litoral.

Cómo obtener el plantel

El boniato no se siembra: se planta por esquejes brotados, llamados en inglés slips. Hay dos vías.

La casera consiste en poner un boniato sano en febrero o marzo en un sitio cálido —25-28 °C, un invernadero templado o el interior de la casa—, medio enterrado en arena húmeda o sujeto con palillos sobre un vaso de agua con la mitad inferior sumergida. En cuatro a seis semanas empieza a emitir brotes. Cuando alcanzan 15-20 cm, se arrancan girándolos con la mano desde la base, se ponen en un vaso de agua y en una semana emiten raíces propias. Cada boniato puede dar entre 5 y 15 esquejes en tandas sucesivas.

La otra vía es comprar plantel certificado. Merece la pena considerarla, porque el gran problema sanitario de este cultivo son los virus (el complejo del Sweet Potato Feathery Mottle Virus y compañía), que se acumulan de generación en generación en el material vegetal y van reduciendo la cosecha año tras año sin síntomas evidentes. Multiplicar siempre de la propia cosecha funciona unos años y luego degenera; renovar el material cada tres o cuatro campañas es una buena costumbre.

Durante el cultivo también se pueden hacer esquejes de guía: se corta un trozo de tallo de 25-30 cm, se le quitan las hojas inferiores y se entierra. Enraíza con una facilidad casi molesta. Es la forma más barata de ampliar la plantación en junio.

Plantación: caballones, calor y poco nitrógeno

Cuándo. El boniato es tropical y no soporta el frío. Se planta cuando el suelo está por encima de 15-18 °C y ha pasado todo riesgo de helada: en el sur y el litoral mediterráneo, de finales de abril a mayo; en el interior y el norte, de mediados de mayo a mediados de junio. Con el suelo frío el esqueje se queda parado y se pudre.

Suelo. Aquí está la clave de la calidad. Necesita suelo suelto, arenoso o franco-arenoso y profundo. En terreno arcilloso y compactado las raíces salen retorcidas, bifurcadas y agrietadas, o directamente no engordan. Si tu suelo es pesado, no hay atajo químico: hay que aligerarlo con arena y compost muy hecho, o cultivar en caballones altos o en mesa de cultivo profunda.

Caballones. Formar lomos de 25-40 cm de alto es la práctica estándar, y no es un capricho: el caballón calienta antes, drena mejor y le da a la raíz un volumen mullido donde engordar sin resistencia. Marco recomendado: 30-40 cm entre plantas y 80-100 cm entre caballones. Plantar más apretado da muchas raíces pequeñas.

Cómo se planta el esqueje. Se entierran los 2-3 nudos inferiores en horizontal o en diagonal, no vertical de puntita, dejando fuera 2-4 hojas. Cada nudo enterrado producirá raíces, y de ahí saldrán los boniatos. Riega generosamente los primeros diez días: hasta que enraíce, el esqueje se marchita al mediodía y asusta, pero se recupera.

Abonado, con cuidado. Es el error más repetido con este cultivo. El boniato pide poco nitrógeno y bastante potasio. Si le echas estiércol fresco o abundante compost rico en nitrógeno, obtendrás un mar de guías espectacular y, debajo, raíces del grosor de un dedo. La materia orgánica debe estar bien madura y aportarse al cultivo anterior, no a este. Un aporte de ceniza de madera tamizada o de sulfato potásico antes de plantar es más útil que cualquier abono verde.

Mantenimiento durante el verano

Riego. Abundante y regular durante los dos primeros meses, mientras la planta forma follaje y empieza a engordar raíz. A partir de ahí se puede espaciar: el boniato tolera bien la sequía moderada y un exceso de agua en la fase final favorece agrietados y podredumbres. Las últimas dos o tres semanas antes de cosechar hay que cortar el riego: la piel endurece y el tubérculo se conserva muchísimo mejor.

Malas hierbas. Solo son un problema el primer mes. Después, el manto de guías cubre el suelo por completo y ahoga a la competencia. De hecho, es un cultivo excelente para limpiar un bancal enherbado.

Levantar las guías. La práctica tradicional es pasar cada dos o tres semanas levantando los tallos para que los nudos no arraiguen fuera del caballón. Tiene sentido cuando el suelo está muy húmedo, porque esos enraizamientos secundarios producen boniatos pequeños y dispersos que restan tamaño a los principales. Con riego por goteo y suelo seco entre líneas, el efecto es menor y no hace falta obsesionarse: hacerlo con brusquedad rompe tallos y perjudica más que beneficia.

Un apunte útil: las hojas jóvenes del boniato son comestibles y se cocinan como espinacas. Se pueden recolectar puntas tiernas durante el verano sin comprometer la cosecha, siempre con moderación.

Plagas y enfermedades

En comparación con casi cualquier hortaliza de verano, el boniato da pocos disgustos. Las guías apenas se ven atacadas y los problemas suelen venir del suelo.

Los gusanos de alambre (larvas de Agriotes) y las larvas de gusano blanco perforan galerías superficiales que no matan la planta pero estropean la pieza para la venta o la conservación. Aparecen sobre todo en parcelas que venían de pradera o de barbecho herbáceo.

Los nematodos agalladores (Meloidogyne spp.) provocan deformaciones y nódulos en las raíces y merman mucho la producción en suelos arenosos y cálidos reiteradamente cultivados. La rotación larga y las variedades resistentes son la respuesta.

La rosquilla negra (Spodoptera littoralis) puede defoliar en pleno agosto, y en zonas con presencia de jabalí o de conejo hay que contar con cerramiento, porque el boniato les gusta especialmente.

Mención aparte para el gorgojo del boniato (Cylas formicarius), presente en Canarias y sometido a control oficial. Es la plaga más grave de este cultivo a escala mundial: la larva perfora la raíz y la vuelve incomible por los compuestos amargos que la planta genera en respuesta. En zonas afectadas, no mover material vegetal sin control sanitario es una obligación, no una recomendación.

Entre las enfermedades, en campo aparecen fusariosis y podredumbres en suelos encharcados. Y en almacén, la podredumbre blanda (Rhizopus) entra siempre por heridas: de ahí la importancia de curar bien las piezas, que es el siguiente punto.

Flor de boniato en forma de campanilla

Cosecha y curado

El ciclo va de 4 a 5 meses desde la plantación, así que en España se cosecha entre finales de septiembre y noviembre. Las señales de que ha llegado el momento: las hojas empiezan a amarillear y la planta pierde vigor. En cualquier caso, hay una fecha límite absoluta: antes de la primera helada. Si el follaje se hiela, hay que arrancar en un plazo de uno o dos días, porque la muerte de la parte aérea da paso a podredumbres que suben desde el cuello hacia la raíz.

Se cosecha con horca, nunca con azada, aflojando el caballón a 30 cm de la planta y levantando toda la mata a la vez. La piel del boniato recién sacado es finísima y se descascarilla al menor roce. Cada rasguño es una puerta de entrada para hongos, así que hay que manipular las piezas casi con delicadeza y no lavarlas: se cepilla la tierra en seco cuando estén curadas.

El curado es el paso que separa un boniato que dura una semana de uno que dura seis meses, y el que casi nadie hace en el huerto familiar. Consiste en mantener las raíces durante 5 a 10 días a 28-30 °C con humedad relativa alta, del 85-90 %. En esas condiciones la planta cicatriza sus propias heridas formando una peridermis nueva y la piel endurece. En casa se improvisa metiendo los boniatos en cajas con papel, cubiertos con un plástico perforado, en el punto más cálido y soleado disponible: un invernadero pequeño en octubre suele dar justo esas condiciones.

El curado tiene además un efecto sobre el sabor. Durante ese proceso y las semanas siguientes, las enzimas amilasas convierten parte del almidón en maltosa: por eso un boniato recién cosechado sabe soso y a las tres o cuatro semanas está mucho más dulce. Quien lo prueba nada más arrancarlo y concluye que su variedad no vale, se equivoca de momento.

Después del curado, la conservación se hace en un lugar seco, oscuro y ventilado, entre 12 y 15 °C. Ni en la nevera, ni en un sótano frío y húmedo, ni en bolsa de plástico cerrada. Bien curados y bien guardados, aguantan de cuatro a seis meses.

Propiedades y cocina

Nutricionalmente, el boniato aporta en torno a 85-90 kcal por cada 100 gramos en crudo, fibra, potasio y vitamina C. Su rasgo destacado es el betacaroteno de las variedades de carne naranja, precursor de la vitamina A, presente en cantidades muy altas; las variedades blancas apenas lo contienen, así que si el interés es ese, el color de la carne importa.

Sobre el índice glucémico hay más confusión de la debida. El boniato no es automáticamente "apto para diabéticos": es dulce y contiene bastante hidrato de carbono. Lo que sí ocurre es que la forma de cocinarlo cambia mucho el resultado: hervido conserva un índice glucémico moderado, mientras que asado largo al horno se dispara, porque el calor prolongado da tiempo a las amilasas a convertir almidón en azúcares simples antes de inactivarse. Precisamente por eso el boniato asado sabe tan dulce.

En la cocina española, el destino clásico es el asado entero al horno, con la piel, a 190-200 °C durante 45-60 minutos, hasta que rezuma caramelo por las grietas. En Cataluña y Baleares es la base de los panellets de Todos los Santos; en Valencia, del relleno de los buñuelos y los pastissets. Va bien en puré con un poco de mantequilla, en crema con jengibre, cortado en gajos al horno con pimentón, o en tempura. Las variedades secas y blancas se prestan mejor a lo tradicional; las naranjas, a purés y cremas.

En resumen

El boniato se planta por esqueje brotado en primavera, con el suelo ya por encima de 15-18 °C, en caballones altos de suelo suelto, a 30-40 cm entre plantas. Riego generoso los dos primeros meses, muy poco nitrógeno —o guías sin cosecha— y prácticamente ningún cuidado después, porque su propio manto de hojas se encarga de las hierbas.

Se arranca entre septiembre y noviembre, siempre antes de la primera helada, con el riego cortado dos semanas antes y con cuidado de no herir la piel. Y entonces viene la parte que decide todo: curar unos días en calor y humedad, y guardar a 12-15 °C en seco y a oscuras. Ni frigorífico ni plástico. Un cultivo fácil que se juega su resultado en la última quincena.


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