Si en tu brócoli asoman puntos amarillos, ya llegas tarde. Lo que se come de Brassica oleracea var. italica es una inflorescencia entera cosechada antes de abrir, y el margen entre la pella perfecta y la pella pasada son tres o cuatro días de sol templado. Ese es el detalle que decide si la cosecha sale bien, y casi todo lo demás del cultivo consiste en llegar a ese momento con la planta en condiciones.

El brócoli es una variedad hortícola de la col silvestre, la misma especie que el repollo, la coliflor, el kale o el colinabo. Su rasgo propio es que los botones florales llegan a diferenciarse por completo y se agrupan en un ramillete compacto sobre un tallo grueso, en lugar de abortar y comprimirse en una masa blanca como ocurre en la coliflor. De ahí que su textura sea distinta y que, a diferencia de aquella, muchos tipos rebroten después del primer corte.

Ramillete de brócoli verde con los botones florales cerrados

Qué tipo plantar

No todo lo que se vende como brócoli se cultiva igual, y elegir mal el tipo es el primer error del calendario.

El brócoli calabrés es el habitual en el supermercado: forma una pella central grande y bastante uniforme, se cosecha en un ciclo de entre 80 y 110 días desde el trasplante y, tras el corte, emite rebrotes laterales más pequeños durante varias semanas. Es el más productivo por planta y el más agradecido para empezar.

El brócoli ramoso o morado (sprouting) no hace cabeza central destacada, sino decenas de brotecillos con tallo largo a lo largo de meses. Muchas variedades necesitan pasar frío para inducir la floración, se siembran en primavera o principios de verano y no se cosechan hasta el invierno o la primavera siguiente. Ocupan mucho tiempo la parcela, pero producen justo en el hueco de febrero-marzo en que el huerto va escaso.

El bimi o broccolini es un híbrido entre brócoli y kai-lan (B. oleracea var. alboglabra) de tallo fino y largo, ciclo corto y buena tolerancia al calor: la opción más razonable si quieres cultivarlo en primavera tardía. Y el romanescu, pese al nombre comercial de "brócoli romanesco", se comporta como una coliflor (var. botrytis): pella única, sin rebrotes y bastante más sensible.

Siembra, semillero y trasplante

En la mayor parte de la Península, el ciclo que mejor funciona es el de otoño-invierno: semillero entre finales de junio y agosto, trasplante entre agosto y octubre y recolección de noviembre a marzo. El brócoli forma la pella con calidad entre 15 y 20 °C, y por encima de 25 °C sostenidos durante la inducción produce cabezas sueltas, con los botones separados, granos desiguales y hojitas intercaladas entre los ramilletes. Intentar cosechar brócoli en agosto en el interior peninsular es trabajar para nada.

En la cornisa cantábrica, Galicia y zonas de montaña también funciona el ciclo de primavera: semillero protegido en febrero-marzo, trasplante en abril y cosecha en junio-julio, aprovechando que allí el verano no aprieta tan pronto.

La semilla germina bien entre 18 y 25 °C y nace en tres o cuatro días. Siembra en alvéolo o bandeja a 1 cm de profundidad y trasplanta cuando la planta tenga cuatro o cinco hojas verdaderas, en torno a cinco o seis semanas. Este punto no es cosmético: aquí se juega el problema más frustrante del cultivo.

Se llama abotonado prematuro. La planta produce una pella diminuta, del tamaño de una nuez, y se detiene sin llegar a desarrollar el marco de hojas. La causa no está en la fase final del cultivo, como suele suponerse, sino semanas antes: un plantón que se ha quedado demasiado tiempo en el alvéolo, con la raíz enrollada, pasando sed o soportando frío prolongado cuando su tallo ya superaba los 5-6 mm, se induce a flor sin haber creado antes la estructura vegetativa que sostendría una cabeza grande. Plantón joven, riego sin cortes y trasplante a tiempo lo evitan.

El marco de plantación depende del tipo. Para calabrés, 45-60 cm entre plantas y 60-70 cm entre líneas; para brócoli ramoso, que ocupa mucho más, hasta 75 cm. Apretar el marco reduce el tamaño de la pella central, aunque puede aumentar el total cosechado por metro cuadrado si buscas cabezas pequeñas. Entierra el plantón hasta las primeras hojas: enraíza por el tallo y aguanta mejor el viento cuando la cabeza pese.

Suelo, riego y abonado

Pide suelo profundo, fértil, con materia orgánica y buen drenaje, y un pH entre 6,5 y 7,2. Es una planta de mucho porte y de raíz relativamente superficial, así que agradece una preparación honda y un aporte previo de compost o estiércol bien hecho —dos o tres kilos por metro cuadrado— incorporado unas semanas antes del trasplante.

El riego debe ser abundante y sin sobresaltos. Un brócoli en pleno crecimiento consume del orden de 25 a 35 litros por metro cuadrado y semana en otoño templado, repartidos en dos o tres riegos. Los cortes de humedad seguidos de riegos fuertes producen tallos huecos y pellas irregulares. El goteo con acolchado es la combinación más eficaz, sobre todo en los trasplantes de agosto, cuando el suelo desnudo se calienta demasiado.

En abonado, el nitrógeno debe ir fraccionado: un aporte al trasplante y otro a las tres o cuatro semanas, antes de que empiece a formarse la cabeza. Pasarse de nitrógeno tiene consecuencias concretas y visibles: hoja muy tierna, planta imán para el pulgón ceniciento y tallos huecos por crecimiento demasiado rápido. Igual de importantes son el potasio, el calcio y dos micronutrientes:

  • Boro: su carencia deja el tallo hueco con las paredes pardeadas, produce pellas amargas y agrieta la médula. Aparece sobre todo en suelos arenosos, muy calizos o muy lavados por la lluvia.
  • Molibdeno: la deficiencia estrecha el limbo de las hojas jóvenes hasta dejarlas convertidas en una tira alrededor del nervio, un cuadro conocido como cola de látigo. Se da en suelos ácidos y normalmente se corrige subiendo el pH.

Plagas y problemas del cultivo

Comparte enemigos con el resto de la familia. Las orugas de Pieris brassicae y Pieris rapae y la polilla de las coles (Plutella xylostella) se controlan con Bacillus thuringiensis var. kurstaki aplicado al atardecer y sobre larvas jóvenes. La mosca de la col (Delia radicum) ataca el cuello del plantón recién trasplantado y se frena con un collarín de cartón. La pulguilla (Phyllotreta spp.) perfora las hojas del semillero.

El caso más molesto es el pulgón ceniciento (Brevicoryne brassicae), porque se refugia entre los ramilletes de la pella, donde ni el agua ni ningún tratamiento llegan bien, y no aparece hasta que la verdura está en el plato. La prevención razonable es una malla antiinsectos de 1 mm colocada el mismo día del trasplante, que además resuelve de paso las mariposas y la mosca. Si aparece en la cosecha, un remojo de veinte minutos en agua fría con sal desprende buena parte.

Dos problemas más que conviene saber diagnosticar: la ceguera, cuando la planta pierde la yema apical por frío, daño mecánico o babosas y crece sin llegar a formar cabeza nunca; y el pardeado de la pella por heladas fuertes durante la formación, que oscurece los ramilletes exteriores. Ninguno tiene remedio una vez instalado.

Cosecha y calidad

El punto de corte es cuando la cabeza está compacta, de color verde-azulado uniforme y con los botones aún cerrados y de grano fino. Si el ramillete empieza a soltarse, si el verde vira a amarillento o si asoman flores abiertas, la textura ya se ha vuelto fibrosa y el sabor más azufrado. Con temperaturas suaves, ese estado se pierde en pocos días, así que en plena cosecha conviene mirar la parcela cada dos jornadas.

Corta con cuchillo afilado dejando 10 a 15 cm de tallo y hazlo en oblicuo: un corte horizontal acumula agua de lluvia sobre el tocón y provoca podredumbre justo donde deberían salir los rebrotes. Después del corte central, deja la planta en pie y sigue regando: en las variedades calabresas los brotes laterales dan cabezas de 5 a 10 cm durante seis u ocho semanas más, y sumadas suelen igualar el peso de la pella principal.

Recolecta a primera hora de la mañana, con la planta fría. El brócoli tiene una tasa de respiración altísima —de las mayores entre las hortalizas—, así que se degrada muy rápido a temperatura ambiente: amarillea, pierde vitamina C y se ablanda en un par de días. En nevera, sin lavar y en bolsa perforada, aguanta bien una semana. Para congelarlo hay que escaldarlo dos o tres minutos y enfriarlo de golpe en agua con hielo; si se congela en crudo, las enzimas siguen trabajando y en unos meses queda con sabor rancio.

Brócoli partido a la mitad mostrando el tallo

Valor nutricional y cómo cocinarlo sin estropearlo

Cien gramos de brócoli crudo aportan alrededor de 34 kcal, 2,5-3 g de fibra, unos 3 g de proteína y en torno a 89 mg de vitamina C, bastante más que una naranja a igualdad de peso. Añade cantidades altas de vitamina K, folatos, potasio, betacarotenos y los pigmentos luteína y zeaxantina.

Lo que le ha dado fama, sin embargo, es la glucorafanina, un glucosinolato que al romperse el tejido y actuar la enzima mirosinasa se convierte en sulforafano. Y ahí está la clave práctica: la mirosinasa se destruye por encima de unos 60-70 °C. Un brócoli hervido diez minutos conserva la glucorafanina pero ya no tiene enzima que la transforme, y además ha perdido en el agua buena parte de la vitamina C y de los propios glucosinolatos, que son solubles.

De ahí tres recomendaciones concretas y contrastadas:

  • Al vapor tres o cuatro minutos, hasta que esté verde brillante y todavía crujiente. Es el método que mejor conserva tanto los compuestos como la textura.
  • Trocéalo y déjalo reposar unos minutos antes de cocinarlo. La mirosinasa empieza a trabajar en cuanto se rompe la célula, de modo que parte de la conversión ocurre antes de que el calor la desactive.
  • Si lo usas congelado, cuya mirosinasa ya inactivó el escaldado industrial, añade al plato una pizca de mostaza en grano, rúcula o rábano rallado: aportan la enzima que falta y restauran buena parte de la conversión.

Por último, un desperdicio evitable: el tallo y las hojas se comen. El tronco pelado de su corteza fibrosa es dulce, tierno y perfectamente aprovechable en crema, salteado o rallado en crudo, y las hojas grandes se cocinan igual que una berza.

En resumen

El brócoli es un cultivo de estación fresca que en España se siembra en semillero durante el verano, se trasplanta entre agosto y octubre y se cosecha de noviembre a marzo. Necesita suelo fértil, pH cercano a 7, riego constante sin cortes, nitrógeno fraccionado y vigilancia sobre el boro. El fallo más común, el abotonado prematuro, se decide en el semillero: plantón joven, sin sed y trasplantado a tiempo. Corta la pella con los botones cerrados, en oblicuo y dejando la planta en pie para aprovechar los rebrotes laterales. Y cocínalo poco y al vapor, porque el hervido largo destruye precisamente lo que hace interesante a esta verdura.


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