A finales de noviembre, en el centro peninsular, el sol se mantiene sobre el horizonte poco más de nueve horas y media. Ese dato manda más que la temperatura sobre lo que puede hacer una hortaliza en una maceta: por debajo de unas diez horas de luz, la fotosíntesis apenas cubre el gasto de la propia planta y el crecimiento se detiene casi por completo, aunque el termómetro marque quince grados al mediodía. Entender eso cambia el sentido del mes entero. En noviembre no se siembra para cosechar en enero; se siembra para que la planta se instale, eche raíz y esté colocada cuando en febrero el día vuelva a alargarse.

Qué le hace noviembre a una maceta

Una maceta no se comporta como un bancal. El cepellón está rodeado de aire por los cuatro costados y por abajo, así que sigue la temperatura ambiente con muy poco retraso. En un huerto de suelo, a veinte centímetros de profundidad, la tierra conserva en noviembre buena parte del calor acumulado en verano; en un contenedor de treinta litros, ese colchón térmico dura unas horas. La consecuencia práctica es que las raíces pasan más frío del que sugiere el aspecto de la parte aérea, y que un cultivo que en tierra resistiría una helada suave puede quedarse tocado en maceta.

El segundo cambio es la evaporación. Con días cortos, humedad relativa alta y temperaturas bajas, un sustrato que en agosto se secaba en un día puede tardar ahora una semana en necesitar riego. Quien mantiene la rutina de verano ahoga el cultivo sin darse cuenta.

Siembra directa: lo que todavía entra a tiempo

En la franja mediterránea y en el sur, noviembre sigue siendo mes de siembra útil. Tierra adentro y en el norte conviene adelantar todo lo posible a la primera quincena, o pasar a trasplante de planta ya hecha.

Habas (Vicia faba). La siembra reina del mes. Directa siempre, porque no toleran bien el trasplante: dos semillas por golpe a 4-5 cm de profundidad, dejando 15-20 cm entre golpes. Necesitan al menos 30 cm de profundidad de sustrato. Germinan con el suelo por encima de 8-10 °C, lento pero seguro, y las variedades tipo Aguadulce o Muchamiel aguantan heladas de varios grados bajo cero en estado vegetativo.

Guisantes (Pisum sativum). Siembra directa a 3-4 cm, cada 6-8 cm, en fila doble para poder enrejarlos. Incluso las variedades llamadas enanas alcanzan 50-70 cm y agradecen un soporte; sin él se tumban y se pudren en cuanto llueve.

Espinaca (Spinacia oleracea). Germina bien entre 10 y 20 °C y mal por encima de 25, así que noviembre es su ventana natural. Siembra a 1-2 cm, aclarando a 10-12 cm. Con 20 cm de profundidad de maceta va sobrada.

Canónigos (Valerianella locusta) y rúcula (Eruca vesicaria). Dos cultivos ideales para jardinera baja. Los canónigos son de germinación lenta e irregular, con el óptimo justo en los 10-15 °C de este mes; cubre la semilla apenas medio centímetro y no dejes que la superficie se seque.

Rábano (Raphanus sativus). Sí, pero con expectativas ajustadas: los 25 días de primavera se convierten ahora en 50 o 60. Los rábanos de otoño salen más picantes y con más tendencia a ahuecarse si el riego es irregular.

Ajos (Allium sativum). Noviembre y diciembre son su momento. Se plantan dientes, no semillas: los exteriores del bulbo, los más gruesos, con la punta hacia arriba y cubiertos por 3-4 cm de sustrato, a 10-12 cm entre ellos y en maceta de 20 cm de fondo como mínimo. El ajo necesita pasar frío para formar bulbo después; plantarlo en febrero da casi siempre un ajo de un solo diente. Evita el ajo de supermercado importado: suele venir tratado antigerminante y con carga vírica que arrastrarás toda la temporada.

También entran lechuga de invierno de hoja recia (romanas y tipo Maravilla de invierno), acelga, perejil, cebolla en semillero para trasplantar en enero y habas de nuevo si la primera tanda no cuajó.

Trasplantes: mejor planta hecha que semilla tardía

Con poca luz, un semillero iniciado ahora en casa da plántulas ahiladas: tallos largos, pálidos y quebradizos que nunca se recuperan del todo. En noviembre conviene comprar o usar planta ya formada.

Es buen mes para asentar coles (repollo, lombarda, brócoli, coliflor), escarola, lechuga, apio y puerro. Ten en cuenta el volumen: una lechuga se apaña con 4-5 litros de sustrato, pero un brócoli o una coliflor necesitan 15-20 litros por planta para formar pella decente. Meter tres coles en una jardinera de balcón es la forma más rápida de cosechar tres cabezas del tamaño de un puño.

Los puerros se plantan enterrando el tallo hasta la mitad para blanquearlo, y las coles agradecen un pequeño aporcado en la base, que además las sujeta frente al viento. También es momento de plantar fresas (Fragaria x ananassa) en maceta y de dividir matas viejas de aromáticas perennes.

Lo que se recoge

Noviembre es un mes de cosecha más generoso de lo que parece, sobre todo si el otoño se plantó bien. Se recolectan acelgas, espinacas, lechugas y escarolas, los primeros brócolis y coliflores, zanahoria, remolacha, nabo, rábano, puerro, canónigos, rúcula y las últimas judías verdes en zonas costeras. La alcachofa (Cynara cardunculus var. scolymus) empieza a dar sus primeras cabezas en el litoral mediterráneo.

El apio se recolecta ahora entero o cortando pencas exteriores. Si lo quieres blanco y menos fibroso, átalo y envuélvelo con cartón o papel opaco unos quince días antes de arrancarlo; el blanqueo reduce amargor pero también el contenido en clorofila, así que es una decisión de gusto, no de calidad.

Mata de apio cultivada en maceta lista para cosechar en noviembre

Fuera del huerto de hoja quedan por cerrar las calabazas curadas, los boniatos arrancados antes de las primeras heladas y los últimos pimientos, que en noviembre ya no maduran: si siguen verdes en la mata, recógelos y úsalos así, porque la planta no tiene ni luz ni calor para terminarlos.

El riego: cuando el sustrato pasa la noche frío y empapado, las raíces se asfixian sin aviso

La causa número uno de bajas en huerto de balcón en noviembre no es el frío, es el exceso de agua. Con el sustrato encharcado y frío, los hongos del suelo del tipo Pythium y Phytophthora encuentran su situación ideal y las raíces se asfixian sin que se vea nada desde arriba hasta que la planta colapsa de golpe.

Riega solo cuando los primeros tres o cuatro centímetros de sustrato estén secos al tacto, y hazlo por la mañana, para que la maceta no pase la noche empapada. Vacía siempre los platos: un plato con agua es una maceta con las raíces sumergidas. Y comprueba que los agujeros de drenaje no están tapados por raíces o por el poso de tierra del verano, porque con lluvias de otoño una maceta sin salida se convierte en un cubo.

Frío en maceta: cómo protegerlo bien

Antes de tapar nada, mueve. Pegar las macetas a una pared orientada al sur cambia el microclima varios grados: el muro devuelve por la noche el calor que ha acumulado de día. Agrupar los contenedores también funciona, porque reduce la superficie expuesta de cada uno.

Si esperas heladas, la manta térmica de 17 g/m² da unos dos grados de margen y deja pasar la luz, así que puede quedarse puesta varios días. Lo que no debe hacerse es cubrir con plástico transparente en contacto con las hojas: por la mañana condensa, se congela sobre el tejido y quema más de lo que protege. Y proteger la maceta importa tanto como proteger la planta: envolver el contenedor con arpillera o plástico de burbujas aísla las raíces, que es donde de verdad se pierde la partida.

Abonado y sustrato

Olvídate del nitrógeno en noviembre. Un abonado nitrogenado ahora fuerza brotes tiernos que no tienen luz para endurecerse y que la primera helada quema. Si vas a aportar algo, que sea materia orgánica bien hecha en superficie —dos o tres centímetros de compost o de humus de lombriz— que va liberando nutrientes despacio y hace de acolchado térmico. Las hortalizas de hoja que estén en plena producción sí agradecen un aporte líquido suave cada tres semanas, no más.

Es también el momento de recuperar el sustrato de las macetas que quedaron libres tras el verano. Retira raíces, mézclalo con un 25-30 % de compost y guárdalo cubierto: en primavera lo tendrás listo en lugar de estar comprando sacos con prisa.

Plagas y enfermedades del mes

La araña roja desaparece con la humedad, pero llegan otros. Los caracoles y babosas se ceban con las plántulas recién nacidas de espinaca y canónigos justo después de las lluvias; revisa de noche los bordes y bajos de las macetas, que es donde se refugian de día. El pulgón (Myzus persicae, sobre todo) sigue activo en habas y coles durante los días templados y se concentra en las puntas tiernas: un despunte manual del brote infestado resuelve más que cualquier tratamiento.

El mildiu de la lechuga (Bremia lactucae) y la botritis aparecen con el rocío persistente y la mala ventilación. La medida útil es de manejo, no de producto: espaciar más las plantas, no regar por aspersión y retirar de inmediato toda hoja amarilla o pegada al sustrato.

Errores frecuentes en noviembre

Sembrar apretado porque las plantas crecen despacio. La distancia se planifica para el tamaño final, no para el ritmo del mes. En invierno la ventilación entre plantas vale casi tanto como el riego.

Esperar cosecha rápida. Lo sembrado ahora estará prácticamente parado hasta febrero. No es que haya fallado: es que no hay luz. Sacarlo y volver a sembrar solo repite el ciclo.

Meter las macetas dentro de casa. Una hortaliza de invierno junto a un radiador y a metro y medio de una ventana pasa más apuros que a la intemperie. Las de hoja resisten el frío; lo que no resisten es la penumbra con calefacción.

Plantar ajo poco profundo o demasiado tarde. Un diente casi en superficie se descalza con las lluvias, y uno plantado en primavera no habrá recibido el frío que necesita para dividir el bulbo.

En resumen

Noviembre es un mes de colocación, no de producción. Se siembran directas habas, guisantes, espinaca, canónigos, rúcula, rábano, acelga y lechuga de invierno, se plantan ajos y fresas, y se trasplanta planta hecha de coles, puerro, apio y escarola, siempre respetando el volumen de sustrato que cada cultivo necesita. Se recolectan hojas, raíces de otoño, los primeros brócolis y las primeras alcachofas del litoral.

El manejo pesa más que el calendario: riego muy espaciado y siempre por la mañana, drenaje libre y platos vacíos, nada de nitrógeno, protección que empiece por mover las macetas al abrigo de una pared y que incluya el contenedor y no solo las hojas. Con menos de diez horas de luz, la planta no crece, se instala; y lo que se instale bien ahora es exactamente lo que se recogerá en marzo.


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