La ventana de siembra de octubre se cierra bastante antes de que acabe el mes. Lo que se echa en la maceta durante la primera quincena encuentra todavía un sustrato tibio, entre 16 y 20 °C, y nace en cinco o seis días; lo mismo sembrado el 28 puede tardar dos semanas en asomar y llegar al invierno sin tamaño suficiente para aguantarlo. En un huerto en maceta esa diferencia se nota el doble, porque el contenedor se enfría antes que el suelo. Octubre no es un mes flexible: es el último con inercia térmica del verano y conviene aprovecharlo con la agenda por delante.

Lo primero: el sustrato que dejó el verano

Antes de sembrar nada, ocúpate de la tierra. Un sustrato que ha llevado tomate o pimiento desde abril llega a octubre compactado, lleno de raíces leñosas y con acumulación de sales de los abonados. Si vuelves a sembrar encima sin tocarlo, la germinación será irregular y lo achacarás a la semilla.

El procedimiento es sencillo. Arranca la planta con el cepellón, desmenuza y retira las raíces gruesas, y da un riego largo y abundante que salga por el drenaje para lavar sales. Después sustituye el tercio superior por sustrato nuevo mezclado con un 25-30 % de compost o humus de lombriz maduro. Un sustrato reutilizado puede dar cosechas perfectas durante años; lo que no funciona es reutilizarlo sin reponer nada.

Aprovecha para revisar el drenaje. Los agujeros tapados por el poso de una temporada entera se convierten en un problema serio en cuanto lleguen las lluvias de otoño, que en la vertiente mediterránea suelen ser las más intensas del año.

Siembra directa en octubre

Espinaca (Spinacia oleracea): su mes por excelencia. Germina óptimamente entre 10 y 20 °C y mal por encima de 25, así que en la primera semana de octubre, si aún aprieta el calor, conviene sembrar a la sombra o esperar unos días. Siembra a 1-2 cm y aclara a 10-12 cm. Necesita nitrógeno para hacer hoja ancha.

Acelga (Beta vulgaris var. cicla): siembra a 2 cm; lo que parece una semilla es en realidad un glomérulo con varios embriones, por eso salen tres o cuatro plántulas juntas y hay que aclarar sin falta a una cada 20-25 cm. Maceta de 25 cm de fondo.

Lechuga (Lactuca sativa): siembra superficial, apenas cubierta. Ojo con un detalle poco conocido: la semilla de lechuga entra en termoinhibición por encima de unos 25-28 °C y no germina, aunque esté sana y bien regada. Si siembras a principios de octubre en el sur, hazlo al atardecer y en un sitio fresco.

Rúcula, mizuna, canónigos y berros: el grupo de hoja rápida. La rúcula (Eruca vesicaria) está lista para el primer corte en cinco o seis semanas y rebrota dos o tres veces. Los canónigos (Valerianella locusta) germinan lentos y desiguales; siémbralos densos y ten paciencia.

Rábano y nabo: siembra directa siempre, porque el trasplante deforma la raíz. El rábano de otoño tarda 40-50 días, casi el doble que en primavera.

Zanahoria (Daucus carota): posible en octubre en zonas suaves, con la condición de mantener la superficie húmeda durante los 14-21 días que tarda en nacer. En maceta elige variedades cortas tipo Chantenay o Parisienne, que se apañan con 20-25 cm de fondo; una zanahoria larga en una jardinera baja sale bifurcada o retorcida.

Cebolla en semillero: octubre es buen momento para las variedades tempranas destinadas a trasplante en enero, cuando la plantita tenga el grosor de un lápiz.

También entran perejil, cilantro, escarola, col china y las últimas siembras de remolacha en el litoral.

Guisantes y habas: la siembra que decide la primavera

Estas dos leguminosas son la razón de que octubre importe tanto. Sembradas ahora, pasan el invierno haciendo raíz y arrancan en febrero con una ventaja que ya no se recupera si se siembran tarde.

Guisantes cultivados en maceta con soporte de enrame

El guisante (Pisum sativum) se siembra directo a 3-4 cm de profundidad, en fila doble, con 6-8 cm entre semillas, en maceta de 30 cm de fondo. Germina bien entre 10 y 20 °C. Aguanta bien las heladas ligeras en fase de hoja, pero la flor se daña con dos grados bajo cero, y ahí está el argumento a favor de sembrar en octubre y no en agosto: se busca que florezca en febrero o marzo, no en pleno diciembre. Pon el soporte desde el principio, incluso en variedades enanas; colocarlo cuando la mata ya está tumbada implica romper zarcillos.

La haba (Vicia faba) va a 4-5 cm de profundidad y 15-20 cm entre golpes, en 30 cm de fondo como mínimo porque hace raíz pivotante. Las variedades tipo Aguadulce resisten heladas de varios grados bajo cero. Ninguna de las dos necesita abonado nitrogenado: fijan su propio nitrógeno mediante Rhizobium, y un exceso de nitrógeno da mata frondosa y pocas vainas.

Trasplantes del mes

Octubre es el gran mes de plantar coles. Brócoli, coliflor, repollo, lombarda y kale (Brassica oleracea en sus distintas variedades botánicas) se ponen ahora con planta de cinco o seis hojas verdaderas. El error clásico en balcón es de volumen: una coliflor o un brócoli necesitan de 15 a 20 litros de sustrato por planta para formar pella; con menos hacen una cabeza raquítica por muchas atenciones que reciban. El kale y las coles de hoja se conforman con 10 litros.

También se trasplantan lechuga, escarola, apio y puerro. La escarola, si la quieres poco amarga, se blanquea atándola por arriba unos doce o quince días antes de cortarla, siempre con la planta seca para que no se pudra por dentro. El puerro se planta enterrando bien el fuste. Y es momento de plantar fresas y de dividir matas de aromáticas perennes como tomillo, orégano y cebollino.

Lo que se cosecha

Octubre cierra el verano y abre el otoño en la misma mesa. Se recogen los últimos tomates, pimientos, berenjenas, calabacines y judías verdes; las calabazas, que deben cortarse con un buen trozo de pedúnculo y curarse al sol una semana antes de guardarlas; y los boniatos, que se arrancan antes de la primera helada porque el frío los estropea en el propio sustrato.

Del huerto de otoño empiezan a entrar acelgas, primeras espinacas, lechugas, rábanos, zanahorias y remolachas sembradas en agosto y septiembre, y en zonas templadas los primeros brócolis. La albahaca da su última cosecha: en cuanto bajen las mínimas de 10 °C se ennegrece, así que conviene cortarla entera y conservarla en aceite o congelada.

Un consejo sobre los tomates verdes que queden en la mata: no van a madurar en la planta con estas temperaturas. Recógelos y déjalos en interior junto a una manzana, que desprende etileno y acelera el proceso.

Riego, luz y ubicación

El riego debe bajar de golpe respecto a septiembre, no de forma gradual y distraída. Con menos radiación y noches frescas, el sustrato tarda mucho más en secarse y la maceta encharcada en octubre es la causa más habitual de que un cultivo de otoño no llegue a diciembre. Comprueba con el dedo: si a tres centímetros hay humedad, no riegues. Y riega por la mañana, nunca al anochecer.

La ubicación también cambia. En verano se buscaba sombra en las horas centrales; ahora hay que buscar el máximo de sol directo posible, porque las horas de luz caen rápido a lo largo del mes. Mover las macetas a la posición más despejada del balcón es, en octubre, una intervención tan eficaz como abonar.

Plagas y hongos de octubre

La oruga de la col (Pieris rapae y P. brassicae) sigue activa y en octubre puede dejar una col recién trasplantada en nervios. Revisa el envés de las hojas y retira las puestas amarillas a mano; si la presión es alta, Bacillus thuringiensis subespecie kurstaki es específico de larvas de lepidóptero, respeta a los auxiliares y está autorizado en producción ecológica.

Caracoles y babosas aparecen con las primeras lluvias y se ceban con las plántulas recién nacidas. La araña roja, en cambio, desaparece sola con la humedad ambiental, así que no tiene sentido seguir tratándola.

El rocío persistente y la falta de ventilación traen oídio y mildiu. La medida más eficaz no es un producto sino el manejo: respetar las distancias de plantación, regar al pie y nunca por encima de la hoja, y retirar cuanto antes las hojas amarillas o en contacto con el sustrato.

Errores frecuentes

Apurar los cultivos de verano. Mantener una tomatera agotada hasta noviembre ocupa una maceta que debería llevar ya coles o habas, y cada semana de retraso en octubre cuesta un mes de crecimiento en primavera.

Sembrar de golpe todo lo mismo. Con la lechuga y la rúcula, siembras escalonadas cada dos o tres semanas evitan tener veinte matas a punto el mismo día.

Abonar con nitrógeno a finales de mes. Sirve para las hortalizas de hoja en pleno crecimiento, pero en las que van a pasar el invierno provoca brotes tiernos que la primera helada quema.

Confiar en la lluvia. Un chaparrón de otoño moja el sustrato de una maceta mucho menos de lo que parece, sobre todo si la planta tiene follaje amplio que hace de paraguas. Comprueba siempre por debajo de la superficie.

En resumen

Octubre en maceta se resuelve con tres tareas encadenadas: renovar el sustrato que dejó el verano, sembrar directas espinaca, acelga, lechuga, rúcula, canónigos, rábano, nabo, zanahoria corta, guisante y haba en la primera quincena, y trasplantar coles, escarola, apio y puerro con volumen suficiente de tierra —15 a 20 litros por planta en brócoli y coliflor—. Mientras tanto se cierran calabaza, boniato y los últimos frutos de verano.

El resto es ajuste fino: reducir el riego de forma decidida y regar solo por la mañana, mover las macetas a la posición más soleada, vigilar orugas y caracoles con revisión manual antes que con tratamientos, y no abonar con nitrógeno lo que va a pasar el invierno. Sembrado a tiempo, octubre es el mes que sostiene la despensa de enero y adelanta la de abril.


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