Sembrar chícharos en mayo es la forma más segura de no cosechar ninguno. Es el error que arruina más siembras de este cultivo en España, y viene de tratarlo como si fuera una judía o un tomate: se espera a que haga bueno. El chícharo funciona justo al revés, y entenderlo cambia por completo el resultado.

Chícharo, guisante, arveja, bisalto, pésol: son nombres de la misma especie, Pisum sativum. El de «chícharo» se usa sobre todo en Canarias, Galicia, Asturias y buena parte de América; conviene saber, eso sí, que en algunas comarcas del interior peninsular ese mismo nombre designa a la almorta (Lathyrus sativus), que es otra planta distinta.

Qué clase de planta es

Es una leguminosa anual de estación fría, de la familia de las fabáceas. Su tallo es hueco y débil, incapaz de sostenerse solo por encima de cierta altura, y trepa agarrándose con zarcillos, que son los foliolos terminales de la hoja transformados. Las hojas compuestas tienen además unas estípulas grandes en la base, muy características, a menudo mayores que los propios foliolos.

La flor es papilionácea, blanca o púrpura según variedad, y se autopoliniza dentro del botón antes incluso de abrirse. Esto tiene dos consecuencias prácticas: no dependes de los insectos para que cuaje, y puedes guardar semilla propia con la seguridad de que saldrá igual que la planta madre, salvo que cultives dos variedades muy juntas.

Como toda leguminosa, fija nitrógeno atmosférico gracias a la simbiosis con la bacteria Rhizobium leguminosarum, que forma nódulos rosados en sus raíces. Ese detalle no es anecdótico: condiciona todo el abonado, como se verá.

Planta de chícharo trepando con sus zarcillos

Qué tipo elegir antes de comprar semilla

Hay dos clasificaciones que se cruzan y las dos importan.

Por el porte. Los enanos se quedan en 40-70 cm, necesitan poco o ningún tutor y concentran la cosecha en dos o tres semanas. Los de enrame llegan a 1,5-2 m, exigen estructura, tardan más en empezar y producen durante mucho más tiempo. En balcón y en huertos pequeños, enanos. En bancal con espacio y ganas de cosecha larga, de enrame.

Por el grano. Los de grano liso son más rústicos, aguantan mejor el frío y son los indicados para siembra de otoño; su grano tiene más almidón y menos azúcar. Los de grano rugoso son bastante más dulces y de mejor calidad en fresco, pero más sensibles al frío y a la humedad en la nascencia, así que van mejor en siembra de finales de invierno.

Y aparte están los tirabeques (Pisum sativum var. macrocarpon), cuya vaina carece de la película de pergamino interna y se come entera, y los llamados sugar snap, de vaina carnosa y grano formado, que también se comen enteros. Para huerto doméstico son una opción excelente: rinden más peso comestible por metro cuadrado, porque no se tira la vaina.

Clima y calendario: el punto crítico

El chícharo vegeta bien entre 13 y 18 °C. Tolera heladas ligeras en estado vegetativo, hasta unos -4 o -5 °C si la planta es pequeña y está endurecida, aunque una helada durante la floración estropea las flores abiertas. El techo es el problema: por encima de 25-27 °C sostenidos, la planta deja de cuajar, aborta flores, se llena de oídio y se acaba. No hay riego que lo arregle.

Traducido a un calendario peninsular:

Litoral mediterráneo, Andalucía, valle del Guadalquivir, Canarias. Siembra de octubre a diciembre, incluso enero, para cosechar de marzo a mayo. Aquí sembrar en primavera es correr una carrera contra el calor que casi siempre se pierde.

Interior peninsular, meseta, valle del Ebro. Siembra de enero a marzo, en cuanto el suelo sea trabajable, para cosechar de mayo a junio. En zonas de invierno duro se elige la parte tardía de esa ventana o se protege con túnel.

Cornisa cantábrica y Galicia. Ventana amplia, de febrero a abril, con verano fresco que alarga bien la cosecha; también admite siembra de octubre con variedades de grano liso.

Zonas de montaña. De marzo a mayo, con el suelo ya deshelado.

La regla que resume todo: hay que sembrar de manera que la floración caiga en tiempo fresco. Si haces cuentas hacia atrás desde el momento en que empieza el calor de verdad en tu zona, y le restas los dos o tres meses que tarda en florecer, tienes tu fecha.

Suelo y abonado, el apartado donde más se falla

Prefiere suelos sueltos, profundos y bien drenados, con pH entre 6 y 7,5. Es sensible a la acidez: por debajo de 5,5 la nodulación falla y la planta se queda amarilla y raquítica. En suelos ácidos del noroeste, un encalado previo con caliza molida resuelve el problema.

Y ahora el error clásico: echarle estiércol fresco o abono nitrogenado. Como fija su propio nitrógeno, un exceso de N produce una planta enorme, exuberante, verde oscura... y con muy pocas vainas, porque la planta invierte en hoja lo que debería invertir en grano. Además, la presencia de nitrógeno mineral abundante inhibe la formación de nódulos, de modo que se pierde justo la ventaja que aporta el cultivo.

Lo correcto: aprovechar el fondo de una hortaliza exigente anterior (un tomate, una calabaza, un puerro) y, si acaso, aportar fósforo y potasio, que sí necesita. Una ceniza de leña tamizada o un compost muy maduro y en dosis moderadas es suficiente. Nada más.

Rotación. Deja pasar 3 o 4 años antes de volver a poner leguminosa en el mismo bancal. Los hongos de suelo que lo atacan (Fusarium, Aphanomyces euteiches) se acumulan y no hay tratamiento que valga una vez instalados.

Siembra: mejor directa que en semillero

El chícharo tiene raíz pivotante y trasplanta mal. Cada vez que se rompe esa raíz principal la planta se retrasa, y buena parte de la ventaja del semillero se pierde. Lo normal, y lo recomendable, es sembrar directamente en el sitio definitivo.

En el huerto

Prepara el suelo mullido pero sin desmenuzarlo en exceso. Siembra a 3 cm de profundidad en suelo fresco, y hasta 4-5 cm si el suelo está seco o hay palomas y córvidos por la zona, que desentierran la semilla recién germinada con notable eficacia.

Marco: golpes de 2 o 3 semillas cada 20-25 cm, en líneas separadas 40-50 cm para variedades enanas. Para las de enrame, la solución práctica es sembrar en líneas dobles separadas 25-30 cm entre sí, con el enrejado en medio, y dejar 70-80 cm hasta el siguiente par de líneas para poder pasar y recolectar.

Germina con un mínimo de 5-8 °C en el suelo, y tarda entre 8 y 20 días según la temperatura: en enero puede irse a tres semanas y no significa que la siembra haya fallado.

Dos advertencias sobre la nascencia. No riegues abundantemente después de sembrar si el suelo ya está húmedo: la semilla del chícharo se pudre con facilidad en tierra fría y encharcada (Pythium, Fusarium), y esa es la causa más habitual de fallos de nascencia en siembras de invierno. Y si remojas la semilla antes de sembrar, que sea un par de horas como mucho; los remojos de un día entero la asfixian y la pudren.

En semillero y en maceta

Si aun así quieres adelantar, hazlo en alvéolos profundos, macetas de 8-10 cm o tubos de cartón de papel higiénico, y trasplanta con 8-10 cm de altura, sin deshacer el cepellón. Cuanto más joven, mejor prende.

Para cultivo permanente en maceta, elige variedades enanas y un recipiente de 30 cm de profundidad mínima. En una jardinera de 60 x 25 cm caben unas seis u ocho plantas. Riego más frecuente que en suelo y un tutor de malla o unas ramas, porque incluso los enanos se tumban con viento. Es un cultivo agradecido en balcón siempre que reciba al menos cinco o seis horas de sol, y sabiendo que la cosecha será modesta: un metro lineal de guisantes da un plato, no una despensa.

Semillas de chícharo en el surco durante la siembra

Entutorado

Instala el soporte antes de que la planta lo necesite, cuando tenga 15 cm. Poner el tutor cuando ya está tumbada implica manipular tallos frágiles y romper la mitad.

Sirve casi cualquier cosa donde el zarcillo pueda enrollarse, y ahí está la clave: el zarcillo agarra elementos finos, de menos de un centímetro de grosor. Una caña gruesa no le vale por sí sola. Funcionan bien la malla de nailon para trepadoras, el alambre de gallinero, una red de cuerdas entre dos postes, o el método tradicional y gratuito: ramas de poda ramificadas clavadas en la línea, lo que los hortelanos llaman «poner ramón».

Las variedades enanas se sostienen razonablemente entre sí si se siembran en línea densa, pero una malla baja de 50 cm mantiene las vainas limpias y fuera del barro.

Riego y cuidados

La demanda de agua no es uniforme a lo largo del ciclo. Antes de la floración, riego escaso: si le sobra agua, hace hoja y la raíz no profundiza. En las siembras de otoño e invierno, con las lluvias basta.

El momento crítico llega desde el botón floral hasta el llenado de la vaina. Ahí un golpe de sequía se traduce directamente en vainas medio vacías, con dos o tres granos en lugar de siete. Riega entonces de forma regular, mejor por goteo o a pie y no por aspersión: mojar el follaje en floración favorece el oídio y el mildiu.

Un acolchado de paja al pie hace tres cosas a la vez: conserva humedad, mantiene la raíz fresca cuando llega el calor y evita que las vainas bajas toquen la tierra.

Las escardas, a mano y superficiales, en las primeras semanas. La raíz es somera en su parte activa y una azada profunda hace más daño que las hierbas.

Plagas y enfermedades

Pulgón verde del guisante (Acyrthosiphon pisum). El más importante. Coloniza brotes tiernos y botones florales en primavera, debilita la planta y transmite virus. Con siembra temprana suele llegarse a cosecha antes de que explote. Si aparece, jabón potásico sobre las colonias y confianza en mariquitas y sírfidos, que acuden pronto.

Sitona (Sitona lineatus). Deja mordeduras semicirculares en el borde de las hojas, muy reconocibles. En planta adulta es puramente estético; en plántula recién nacida puede frenarla. Sus larvas comen los nódulos radiculares.

Gorgojo del guisante (Bruchus pisorum). La hembra pone sobre la vaina verde y la larva se desarrolla dentro del grano. Aparece al abrir el sobre de semilla guardada y encontrar granos con un agujero redondo. Se controla metiendo la semilla propia una semana en el congelador antes de guardarla.

Polilla del guisante (Cydia nigricana), trips, y en la nascencia palomas y babosas, que pueden arrasar una línea entera en una noche.

Oídio (Erysiphe pisi). Prácticamente inevitable al final del ciclo, cuando llegan los días calurosos con noches húmedas: polvo blanco sobre hojas y vainas. Si aparece con la cosecha ya empezada, no merece la pena tratar; recoge y arranca. Sembrar pronto es la mejor prevención, y hay variedades con resistencia.

Mildiu (Peronospora viciae) en primaveras frías y lluviosas, y rabia o antracnosis (Ascochyta / Didymella pinodes), que mancha tallos y vainas. Contra ambos: airear, no mojar la hoja, no repetir cultivo y no guardar semilla de plantas enfermas.

Recolección

Desde la siembra pasan entre 60 y 90 días en siembras de primavera; las de otoño tardan mucho más en tiempo real, hasta cinco o seis meses, porque la planta pasa el invierno casi parada.

El punto de corte es fácil de acertar si se sabe qué mirar: la vaina debe estar bien llena, con los granos marcándose, todavía verde intenso y brillante. Cuando la vaina pierde el brillo, se vuelve mate y empieza a amarillear por la base, el grano ya ha convertido sus azúcares en almidón y sabe a harina. Para tirabeques, al revés: se cogen con la vaina aún plana y el grano apenas insinuado.

Se recolecta cada 2 o 3 días, empezando por las vainas más bajas, que son las primeras en formarse. Y hay una razón mecánica para no dejarlas pasar: cuanto más se recoge, más produce la planta. Si permites que unas cuantas vainas maduren y sequen, la planta interpreta que ha cumplido su ciclo reproductivo y deja de florecer.

Coge las vainas sujetando el tallo con la otra mano. Tirar de golpe arranca ramas enteras, porque el tallo es hueco y quebradizo.

Después de la cosecha

Aquí hay un gesto que separa al hortelano que aprovecha el cultivo del que no: no arranques las plantas de raíz. Córtalas a ras de suelo y deja las raíces con sus nódulos enterradas. Al descomponerse liberan el nitrógeno fijado y benefician a lo que siembres después: coles, lechugas, acelgas o cualquier hoja agradecen ese sitio. La parte aérea, al compost, salvo que esté enferma.

Sobre el grano recolectado hay un dato que explica por qué el guisante de huerto no se parece al comprado: los azúcares empiezan a convertirse en almidón en cuestión de horas tras el corte. Consúmelos el mismo día o, si no puedes, escáldalos 1-2 minutos y congélalos enseguida; congelado en el día es infinitamente mejor que fresco de tres días.

Para guardar semilla, deja algunas plantas sin recolectar hasta que la vaina se seque y suene el grano al agitarla. Desgrana, seca a la sombra, pasa por congelador contra el gorgojo y guarda en frasco hermético en lugar fresco. La semilla mantiene buen poder germinativo tres años.

En resumen

El chícharo o guisante (Pisum sativum) es un cultivo de frío que se siembra de octubre a diciembre en el sur y el litoral mediterráneo, y de enero a abril en el interior y el norte. Todo el éxito depende de que la floración caiga en tiempo fresco, porque por encima de 25-27 °C la planta deja de cuajar.

Se siembra directamente a 3 cm de profundidad, en golpes de dos o tres semillas cada 20-25 cm, sin abonado nitrogenado —fija su propio nitrógeno y el exceso solo da hoja— y con el tutor puesto antes de que la planta se tumbe. El riego importa sobre todo en floración y llenado de vaina. Se recoge cada dos o tres días, con la vaina llena y brillante, porque cosechar seguido estimula más floración.

Y dos detalles finales que casi nadie aplica y sí cambian algo: cortar las plantas a ras dejando las raíces noduladas en el suelo, y comer o congelar el grano el mismo día de la recolección.


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