Entre 2.500 y 8.000 unidades Scoville. Ese es el margen en el que se mueve el chile cuaresmeño, y explica por qué gusta tanto a quien quiere picante sin renunciar a comer: pica lo justo para notarlo y no tanto como para tapar el resto del plato. En España se le conoce sobre todo por su otro nombre, jalapeño, y suele ser la primera guindilla mexicana que se planta en un huerto español. Con razón: es productivo, aguanta bien nuestros veranos y no exige nada que un tomate no exija ya.

Qué es exactamente el chile cuaresmeño

Botánicamente es Capsicum annuum, la misma especie que el pimiento italiano, el morrón, el de padrón y el serrano. No es un pariente lejano del pimiento dulce: es literalmente la misma especie, seleccionada durante siglos en dirección contraria. Eso tiene una consecuencia práctica que conviene retener desde el principio, y a ella volveremos: cruzan entre sí con total facilidad.

El fruto mide entre 5 y 9 cm de largo por 2,5 a 3,5 de ancho, con forma cónica de punta redondeada y una pared carnosa de tres o cuatro milímetros. Esa carne gruesa es su rasgo distintivo frente a otros chiles picantes, casi todos de pared fina, y es lo que permite rellenarlo, encurtirlo en rodajas sin que se deshaga y ahumarlo entero.

Se recolecta verde oscuro y brillante, aunque si se deja en la planta vira a rojo intenso. Es frecuente que quien lo cultiva por primera vez interprete ese verde como un fruto a medio hacer. No lo es: el jalapeño verde está fisiológicamente hecho, y verde es como se consume habitualmente en México. El rojo es más dulce, algo más picante y tiene provitamina A que el verde no tiene, pero no es «el bueno».

Chiles cuaresmeños verdes recién recolectados

De dónde vienen los dos nombres

«Jalapeño» remite a Xalapa, capital del estado de Veracruz, que fue históricamente el centro de comercialización de este chile aunque hoy la producción esté repartida por Chihuahua, Sinaloa y la cuenca del Papaloapan. «Cuaresmeño» tiene otro origen: alude a la Cuaresma, época en la que se preparaba relleno de queso o de atún como plato sin carne. En México ambos nombres conviven y se usan a veces con matices regionales, señalando a veces el cuaresmeño un fruto algo más grueso y ancho; fuera de México se emplean como sinónimos y así los trataremos aquí.

Merece la pena mencionar un tercer nombre, porque es el mismo chile: el chipotle no es una variedad, sino un jalapeño rojo maduro secado y ahumado con leña. Si alguien le vende semillas de «chile chipotle», le está vendiendo jalapeños.

Cuándo sembrar en España

Con los chiles, la siembra tardía se paga en frutos que no llegan a madurar. Desde la siembra hasta el primer fruto verde recolectable pasan entre cuatro y cinco meses, así que un semillero de mayo produce en septiembre, justo cuando las noches empiezan a bajar y la planta frena.

El calendario que funciona en la Península:

Semillero protegido de febrero a mediados de marzo. En el interior y en el norte, mejor la segunda quincena de febrero dentro de casa; en el litoral mediterráneo se puede adelantar a finales de enero si hay invernadero. La semilla de Capsicum necesita el sustrato entre 24 y 28 °C para germinar en 7-10 días. Por debajo de 18 °C la germinación se vuelve errática y puede tardar tres semanas o no producirse. Este es el punto donde fracasa más gente: el alféizar de una ventana en febrero está a 14 °C de noche. Un cable calefactor o una simple estera térmica bajo la bandeja cambian el resultado por completo.

Trasplante cuando la planta tenga 5 o 6 hojas verdaderas y hayan pasado las heladas. En la costa mediterránea y el valle del Guadalquivir, a partir de mediados de abril. En Madrid, Castilla o el interior de Aragón, no antes de mediados de mayo. El jalapeño no es solo sensible a la helada: por debajo de 12 °C nocturnos se queda parado, amarillea y arranca luego con semanas de retraso. Adelantarse dos semanas no compensa.

Antes de plantar en el sitio definitivo, hay que endurecer las plántulas: diez días sacándolas fuera unas horas al principio y el día entero al final. Una planta que ha vivido en interior y sale de golpe a pleno sol de mayo se quema las hojas en una tarde.

Suelo, marco y maceta

Quiere suelo suelto, con materia orgánica y sobre todo bien drenado. El encharcamiento es su enemigo número uno, más que la sequía. En terrenos arcillosos conviene plantar en caballón de 20-25 cm para que el cuello nunca quede en agua parada. pH cómodo entre 6 y 7.

El marco habitual en huerto familiar es de 40-45 cm entre plantas y 70-80 cm entre líneas. Apretarlas más da plantas altas y desgarbadas, con menos fruto y más oídio por falta de ventilación.

En maceta va perfectamente, y es una de las mejores opciones para terraza. El mínimo real son 15 litros por planta; en 7 u 8 litros vive, pero se seca dos veces al día en agosto y esa oscilación de humedad es la causa directa de que aparezcan frutos con la punta podrida. Un contenedor de 20-25 litros con buen sustrato produce una barbaridad.

Riego: el detalle que decide la cosecha

Lo que el jalapeño necesita no es mucha agua, sino agua constante. La podredumbre apical, esa mancha marrón hundida y correosa en la punta del fruto, es un fallo de transporte de calcio dentro de la planta, no una carencia de calcio en el suelo. La planta deja de mover calcio cuando la humedad del suelo va del charco al polvo y vuelta. Por eso el remedio de las cáscaras de huevo trituradas no funciona: buena parte de los suelos españoles son calizos y tienen calcio de sobra. Lo que funciona es riego por goteo, frecuente y moderado, y una capa de acolchado de paja o restos de siega que amortigüe las subidas de temperatura del sustrato.

En julio y agosto, en el interior peninsular, eso puede significar dos riegos cortos al día en maceta y uno diario en suelo. Mejor eso que una inundación cada tres días.

Abonado sin pasarse de nitrógeno

Un estercolado o compost bien hecho al preparar el bancal cubre el arranque. A partir de la floración, el equilibrio debe desplazarse hacia el potasio: un abono tipo 4-6-8 o los específicos de tomate cada diez o quince días bastan.

El error clásico es seguir con nitrógeno alto todo el verano. La planta responde con hojas grandes, verde oscuro, aspecto magnífico y prácticamente ningún fruto; encima el follaje tierno atrae al pulgón. Si una planta está enorme y no cuaja, el diagnóstico casi siempre es exceso de nitrógeno o exceso de calor, no falta de abono.

El calor extremo y el cuajado

Aquí hay un dato que sorprende a quien planta chiles pensando que cuanto más calor mejor: por encima de unos 32-35 °C sostenidos, y sobre todo con noches por encima de 24 °C, el polen pierde viabilidad y las flores caen sin cuajar. En Sevilla, Córdoba o Zaragoza es normal que una planta de jalapeño se quede parada dos o tres semanas en pleno agosto y vuelva a cargar de fruto a mediados de septiembre. No está enferma ni le falta nada.

Lo que sí se puede hacer es amortiguar: malla de sombreo del 30-40 % en las horas centrales, acolchado, y plantar en un sitio que reciba sol de mañana y algo de sombra a partir de las cinco. En el norte peninsular el problema es el contrario, y allí el invernadero o al menos un muro orientado al sur mejora mucho la producción.

Cultivo de chile jalapeño en el huerto

Poda, tutorado y manejo de la planta

La planta alcanza entre 60 y 120 cm según variedad y condiciones, con tallo leñoso en la base y ramificación en horquilla. Sus ramas son quebradizas y cargadas de fruto se parten con una racha de viento, así que un tutor de caña o una pequeña espaldera con dos alambres a 30 y 60 cm de altura evitan disgustos.

Sobre la poda: no hace falta despuntar sistemáticamente, pero sí conviene quitar la primera flor, la que sale en la cruz donde el tallo se bifurca, cuando la planta es todavía pequeña. Si la deja, dedica energía a ese fruto y retrasa el desarrollo del armazón. También ayuda limpiar los brotes que salen por debajo de la cruz y las hojas bajas que tocan el suelo, por donde entran las salpicaduras con esporas.

Plagas y enfermedades que verá de verdad

Pulgón. Coloniza brotes tiernos y el envés. Más que por lo que chupa, importa porque transmite virus como el del mosaico del pepino. Jabón potásico a primera hora o al atardecer, nunca a pleno sol, y repetido cada cinco días mientras dure el foco.

Araña roja. Aparece con calor seco y ambiente polvoriento. Se detecta por punteado amarillo en el haz y telaraña fina en el envés. Subir la humedad ambiental y mojar el envés con agua a presión suave la frena bastante.

Trips. Deja plateado en las hojas, pero lo grave es que transmite el virus del bronceado (TSWV), ante el cual no hay tratamiento: la planta afectada se arranca. Las trampas cromáticas azules ayudan a detectarlo pronto.

Oruga del fruto (Helicoverpa armigera). Perfora el chile y se instala dentro. Bacillus thuringiensis aplicado cuando las orugas son pequeñas es eficaz y respeta a los auxiliares.

Tristeza del pimiento (Phytophthora capsici). La planta se marchita de golpe con el suelo húmedo y el cuello aparece pardo y estrangulado. No tiene arreglo una vez declarada; se previene con drenaje, caballón, riego localizado y no repetir solanáceas en el mismo bancal más de un año de cada tres o cuatro.

Oidiopsis (Leveillula taurica). Manchas amarillas en el haz con polvillo blanco en el envés. Se confunde con carencias; el detalle es que el micelio está debajo. Azufre mojable, evitando aplicarlo por encima de 30 °C para no quemar.

Recolección y qué es el «rayado»

Los primeros frutos verdes se recogen entre 70 y 90 días después del trasplante. Están listos cuando alcanzan su tamaño, la piel está firme, brillante y suena hueco al darle un golpecito.

Con el tiempo aparecen en los hombros del fruto unas líneas finas de color claro, como estrías corchosas. En México se llama rayado o corcheo, y es un signo de madurez apreciado: indica que el chile ha desarrollado sabor y picor plenos. Fuera de México suele interpretarse como un defecto o un principio de podredumbre y se descarta el fruto. No lo tire: es exactamente el momento óptimo para encurtir o para ahumar.

Corte siempre con tijera dejando un centímetro de pedúnculo. Tirando del fruto se arrancan ramas enteras, porque la madera es frágil. Y recolectar con frecuencia estimula a la planta a seguir floreciendo: si deja los chiles madurar hasta rojo en la mata, la producción total cae.

Guardar semilla: cuidado con los cruces

Aquí está la trampa que anunciábamos. Capsicum annuum es en su mayor parte autógama, pero los abejorros y abejas provocan un porcentaje de cruzamiento nada despreciable, a veces por encima del 20 % si hay otras variedades cerca. Si guarda semilla de un jalapeño plantado al lado de pimientos de padrón o de un habanero, la descendencia puede salir cualquier cosa. Para semilla fiable hay que separar variedades al menos 100 metros o embolsar flores, algo poco práctico en un huerto pequeño; lo razonable es comprar semilla o dedicar un año a una sola variedad.

Otro aviso: el picor no está en las semillas. La capsaicina se produce en el tejido placentario, esa membrana blanquecina a la que van pegadas las pepitas. Quitar las semillas rebaja el picante solo porque de paso se arranca la placenta. Si quiere un jalapeño suave, retire con cuidado toda la nervadura blanca y deje las semillas: notará la diferencia.

En la cocina y en la despensa

La carne gruesa del cuaresmeño le da usos que otros chiles no admiten. Encurtido en rodajas con vinagre, zanahoria y cebolla es la conserva clásica y aguanta meses en la nevera. Relleno de queso y rebozado da los jalapeños poppers. Y el fruto rojo, secado lentamente al humo, es el chipotle, que en casa se puede aproximar con un ahumador o una barbacoa con tapa a temperatura baja y muchas horas.

Nutricionalmente, cien gramos de jalapeño verde aportan del orden de 100-120 mg de vitamina C, bastante más que la misma cantidad de naranja, aunque nadie coma cien gramos de golpe. El rojo suma carotenoides. La capsaicina actúa sobre el receptor TRPV1, el mismo que detecta el calor, y de ahí la sensación de quemazón sin daño real en el tejido. Conviene desmontar un bulo persistente: el picante no provoca úlceras; esas las causa casi siempre Helicobacter pylori o el abuso de antiinflamatorios. Otra cosa es que si ya existe una lesión, el picante moleste.

Dato práctico de cocina: la capsaicina no es soluble en agua, sí en grasa y en alcohol. Beber agua tras un mordisco desafortunado la reparte por la boca. Un trago de leche entera o un bocado de yogur funcionan de verdad.

Qué hacer al final del verano

El chile es en origen una planta perenne, no anual: lo que la mata es nuestro invierno, no su ciclo. Una planta en maceta se puede podar a un tercio en octubre, entrar a un lugar luminoso por encima de 12 °C y regar muy poco hasta marzo. Rebrota en primavera y produce antes y más que una planta de semilla. Perderá casi todas las hojas y parecerá muerta durante el invierno; no la tire hasta que en marzo el tallo esté claramente seco y quebradizo.

En resumen

El chile cuaresmeño o jalapeño es un Capsicum annuum de fruto carnoso, picor moderado y cosecha larga, perfectamente adaptable al huerto y a la maceta en España. Las claves son sembrar pronto y con calor de fondo en el semillero, trasplantar sin prisa cuando las noches superen los 12 °C, regar poco y a menudo en lugar de mucho y de tarde en tarde, y no cebar con nitrógeno pasada la floración. Espere un parón en el cuajado durante la ola de calor de agosto, recolecte verde y con tijera para que la planta siga produciendo, y no descarte los frutos con estrías corchosas: son los mejores. Si guarda semilla, tenga presente que se cruza con cualquier otro chile o pimiento cercano.


Contenidos relacionados