Sembrar col china en marzo suele acabar igual: una planta que estira un tallo floral de medio metro y nunca llega a cerrar el cogollo. No es mala suerte ni mala semilla. Es que se ha sembrado en la estación equivocada, y con esta hortaliza el calendario pesa más que cualquier otro cuidado.

La col china (Brassica rapa subsp. pekinensis) es una crucífera de hoja que forma un cogollo alargado, apretado, de nervios blancos y anchos y limbo verde claro muy rizado. Se cultiva en China desde hace al menos mil quinientos años, donde surgió como híbrido natural entre el nabo y las formas asiáticas de hoja del mismo Brassica rapa. Llegó a Europa tarde, ya en el siglo XX, y en España se ha ido metiendo en los huertos familiares en las dos últimas décadas gracias a que es rápida, agradecida y ocupa el hueco que dejan los cultivos de verano.

Cogollo de col china con los nervios blancos característicos

No la confundas con el pak choi

En los catálogos de semillas y en la verdulería se mezclan con alegría dos hortalizas que son parientes pero no la misma cosa. La col china propiamente dicha, también llamada napa o wong bok, es la subespecie pekinensis: forma un cogollo compacto, cilíndrico o abarrilado, que puede pesar entre uno y tres kilos. El pak choi o bok choy es Brassica rapa subsp. chinensis, no acogolla, tiene pecíolos carnosos verdes o blancos en roseta abierta y hojas de cuchara.

La distinción importa en el huerto, no solo en la cocina. El pak choi se cosecha en cuarenta o cincuenta días y tolera mejor los sustos térmicos; la col china necesita entre setenta y noventa días para cerrar el cogollo y es mucho más sensible al frío y al fotoperiodo. Si compras semilla etiquetada solo como «col china» y te sale una roseta abierta que nunca acogolla, revisa la subespecie antes de culpar al cultivo.

Cuándo sembrar en España, que es lo que decide la cosecha

Es un cultivo de otoño. La siembra buena en la mayor parte de la Península va de mediados de julio a primeros de septiembre, para recolectar entre octubre y diciembre. En el litoral mediterráneo y en el sur se puede estirar hasta mediados de septiembre; en el interior de Castilla, Aragón o la meseta norte conviene no pasar de la segunda semana de agosto, porque el cogollo tiene que estar hecho antes de las primeras heladas fuertes.

El motivo de fondo es la vernalización. Una planta de col china que ya tiene ocho o diez hojas verdaderas y recibe una racha de dos o tres semanas por debajo de unos 12-13 °C interpreta que ha pasado el invierno, y en cuanto los días se alargan sube a flor. Por eso la siembra de primavera falla tanto: la plántula joven pilla el frío de marzo y el fotoperiodo creciente de mayo, y en lugar de cogollo obtienes una vara con flores amarillas. Sembrando en verano el proceso va al revés, los días acortan y las temperaturas bajan poco a poco, que es justo lo que la planta necesita.

Si aun así quieres una cosecha de primavera, hay dos condiciones: variedades declaradas resistentes al espigado (los catálogos las señalan como «bolt resistant» o «anti-montado») y no trasplantar hasta que las mínimas estén asentadas por encima de 12 °C, normalmente ya en abril. Aun con eso, la cosecha de primavera es siempre más floja que la de otoño.

El rango térmico ideal para el desarrollo está entre 15 y 22 °C. Por encima de 25 °C sostenidos las hojas exteriores crecen mucho y el cogollo queda flojo o directamente no cierra; por debajo de 10 °C el crecimiento se para.

Semillero, trasplante y marco

Germina rápido y bien: a 20-25 °C nace en tres o cuatro días. Puedes sembrarla en alveolos y trasplantar con tres o cuatro hojas verdaderas, a los veinte o veinticinco días, o hacerlo a golpes directamente en el bancal con dos o tres semillas por hoyo y aclarar después. La siembra directa tiene una ventaja real: la col china tiene raíz pivotante y no le gusta que se la rompan, y un trasplante brusco es uno de los factores que dispara el espigado. Si trasplantas, hazlo con cepellón entero y a última hora de la tarde.

El marco de plantación es más amplio de lo que la gente calcula al ver la plantita: 35-40 cm entre plantas y 45-50 cm entre líneas. Apretarla es un error clásico. Con poco espacio los cogollos salen pequeños, se ventilan mal y aparecen podredumbres en las hojas de la base justo cuando llegan las lluvias de octubre.

Suelo, riego y abonado

Quiere suelo suelto, profundo y con mucha materia orgánica, bien drenado pero con capacidad de retener humedad. El pH óptimo está entre 6,5 y 7,5, y aquí hay un matiz importante: los suelos ácidos, por debajo de 6, favorecen la hernia de la col, así que un encalado previo en terrenos ácidos del norte peninsular es dinero bien gastado.

Incorpora estiércol bien hecho o compost maduro, unos 3-4 kg por metro cuadrado, un mes antes de sembrar. Nunca estiércol fresco: quema las raíces jóvenes y atrae mosca. Es una planta exigente en nitrógeno durante la fase de hoja, y agradece un aporte de humus de lombriz o un abonado nitrogenado suave a las tres semanas del trasplante. En cambio, pasarse de nitrógeno en la fase final da hojas tiernas, aguadas, con más pulgón y peor conservación.

El riego debe ser regular y sin altibajos. La col china tiene sistema radicular superficial y mucha superficie foliar: sufre enseguida con la sequía. Lo que de verdad estropea la cosecha no es regar poco, sino regar a rachas. Un periodo seco seguido de un riego abundante provoca el rajado del cogollo y favorece la necrosis marginal de la hoja, ese borde marrón seco de las hojas interiores que aparece por falta de calcio localizada. Ojo con esto último: casi nunca falta calcio en el suelo, lo que falla es el transporte del calcio a las hojas jóvenes cuando la planta pasa sed. Echar más caliza no lo arregla; regar de forma constante y acolchar, sí.

El riego por goteo con acolchado de paja funciona muy bien. Mojar la hoja con aspersión en otoño, con noches húmedas, es la mejor forma de invitar al mildiu.

Plagas: la pulguilla y las orugas mandan

La pulguilla de las crucíferas (Phyllotreta spp.) es el problema número uno en las siembras de julio y agosto. Son escarabajos diminutos que saltan al acercar la mano y dejan las hojas jóvenes acribilladas a agujeritos redondos. En plántula pueden acabar con la siembra. La solución práctica y sin producto es la malla antiinsectos de 0,8-1 mm colocada desde el día de la siembra, no cuando ya ves los agujeros. Mantener el suelo húmedo también las molesta, porque prefieren la superficie seca y caliente.

Después llegan las orugas de la col: Pieris brassicae y Pieris rapae (esas mariposas blancas que revolotean sobre el bancal), Mamestra brassicae y la plusia Autographa gamma. Contra ellas, Bacillus thuringiensis var. kurstaki aplicado al atardecer y repetido cada siete o diez días mientras haya vuelo. Es específico de lepidópteros y respeta la fauna auxiliar. La misma malla que frena a la pulguilla impide que las mariposas pongan.

El pulgón ceniciento (Brevicoryne brassicae) forma colonias grises y harinosas en el envés y en el corazón del cogollo, donde es muy difícil llegar con nada. Revisa semanalmente y actúa pronto con jabón potásico. Y en octubre, con las lluvias, entran caracoles y babosas, que se meten entre las hojas del cogollo y lo dejan inservible: trampas de cerveza, retirada manual nocturna o fosfato férrico.

Enfermedades

El mildiu (Hyaloperonospora brassicae) es el habitual del otoño: manchas amarillentas angulosas en el haz y un fieltro grisáceo en el envés, con humedad alta y temperaturas de 10-15 °C. Se previene con marco amplio, riego al pie y retirada de hojas afectadas.

Hoja de crucífera con síntomas de mildiu

La alternariosis (Alternaria brassicae) deja manchas circulares pardas con anillos concéntricos, sobre todo en hojas viejas y tras periodos de hoja mojada prolongada.

La más grave a largo plazo es la hernia de la col (Plasmodiophora brassicae), que deforma las raíces en tumores y provoca marchitez a pleno sol aunque el suelo esté húmedo. No tiene tratamiento curativo doméstico y sus esporas de resistencia aguantan en el suelo hasta quince o veinte años. La única gestión posible es preventiva: rotación de al menos cuatro años sin ninguna crucífera en la misma parcela (y ahí entran también rábano, nabo, rúcula, mostaza y berros), pH por encima de 7 y no mover tierra ni herramientas de una zona infectada al resto del huerto.

Recolección y conservación

Se recoge cuando el cogollo está firme al apretarlo con la mano, entre setenta y noventa días desde la siembra según variedad. Corta con cuchillo a ras de suelo dejando una o dos hojas exteriores como protección. Si esperas demasiado el cogollo se abre por arriba y la planta empieza a subir a flor.

Aguanta bien heladas ligeras, de hasta unos -2 o -3 °C, que incluso mejoran su sabor porque la planta acumula azúcares. Por debajo de eso el cogollo se hiela y al descongelarse se pudre, así que en zonas frías conviene cubrir con manta térmica o cosechar antes.

Conservada entera, sin lavar y envuelta en papel, se mantiene dos o tres meses en el cajón de verduras del frigorífico a 0-2 °C. Es una de las hortalizas de hoja que más dura, muy por encima de la lechuga.

En la cocina y lo que se dice de sus propiedades

Cruda en ensalada tiene una textura crujiente y un sabor mucho más suave que el repollo, sin ese amargor. Salteada al wok un par de minutos es su uso más agradecido, y es la base del kimchi coreano, donde se fermenta en salmuera con guindilla. También sirve para sopas, guisos y para envolver rellenos escaldando las hojas.

Nutricionalmente aporta poco más de 15 kcal por cada 100 g, agua en su mayor parte, fibra, vitamina C, folatos y una cantidad notable de vitamina K. Como todas las crucíferas contiene glucosinolatos, compuestos azufrados que se estudian por su interés en la salud. Dicho esto, conviene bajar el volumen a las afirmaciones que circulan: es una verdura buena dentro de una dieta variada, no un remedio. Las propiedades que se le atribuyen para curar dolencias concretas no están respaldadas y ninguna hortaliza sustituye a un tratamiento médico.

Dos precauciones reales y concretas, esas sí. Su contenido en vitamina K interfiere con los anticoagulantes orales tipo acenocumarol o warfarina: quien tome esa medicación no debe eliminarla, pero sí mantener un consumo estable y avisar a su médico si cambia de hábitos. Y en cantidades muy altas y sobre todo en crudo, los glucosinolatos de las crucíferas pueden interferir en la captación de yodo por el tiroides; para una persona sana con consumo normal esto es irrelevante, pero merece mención en quien tenga hipotiroidismo diagnosticado y déficit de yodo. La cocción reduce bastante ese efecto.

En resumen

La col china es un cultivo de otoño y ese es el dato que decide todo lo demás: siembra entre julio y principios de septiembre, con variedades resistentes al espigado si te sales de esa ventana. Dale suelo rico y suelto con pH neutro, marco amplio de 35-40 cm, riego constante sin altibajos para evitar rajado y bordes necrosados, y protección con malla antiinsectos desde el primer día contra pulguilla y mariposas de la col. Rota cuatro años sin crucíferas para no arrastrar la hernia. Recoge cuando el cogollo esté firme y guárdalo entero en frío, donde aguanta meses. Y trátala como lo que es en la mesa: una verdura excelente, versátil y ligera, sin necesidad de atribuirle poderes que no tiene.


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