La tomatera (Solanum lycopersicum) es, en origen, una planta rastrera. No tiene un tallo leñoso capaz de sostener su propio peso, y menos aún el de los frutos. En el huerto la cultivamos en vertical porque así ocupa menos, recibe más luz, se airea mejor y los tomates no tocan el suelo. Pero eso obliga a sostenerla, y sostenerla bien marca una diferencia enorme en la sanidad de la planta y en la cosecha.

Un tallo que se dobla o se parte por el peso de un ramillete pierde la conducción de savia por encima del punto de rotura. Y una planta tumbada en el suelo tiene las hojas bajas en contacto permanente con tierra húmeda, que es justo la vía por la que entran el mildiu (Phytophthora infestans) y la alternariosis (Alternaria solani).

Qué variedades hay que atar

Antes de comprar cuerda conviene saber qué se ha plantado, porque no todas las tomateras necesitan lo mismo.

Las variedades de crecimiento indeterminado —la mayoría de las tradicionales: corazón de buey, raf, montserrat, cherry de rama, muchmiel— crecen sin parar mientras las condiciones lo permitan, pueden superar los dos metros y necesitan tutor y atado sí o sí.

Las de crecimiento determinado o «de mata baja» —muchas variedades industriales y de conserva, tipo roma— se detienen solas a los 60-100 cm y forman una mata compacta. Estas se pueden cultivar sin tutor, con acolchado bajo la planta, aunque un aro o una jaula baja mejora la ventilación y facilita la recolección.

Cuándo empezar

El tutor se coloca en el momento del trasplante, cuando la plántula tiene 15-20 cm, no después. Clavar un tutor junto a una tomatera ya desarrollada significa atravesar el cepellón y romper raíces, con la consiguiente parada de la planta y una puerta abierta a hongos del suelo.

El primer atado se hace cuando la planta alcanza unos 30-40 cm y empieza a inclinarse. A partir de ahí se ata cada 20-25 cm de crecimiento nuevo, lo que en pleno verano significa revisar cada semana o cada diez días. En el calendario peninsular, el trasplante al aire libre va de mediados de abril en el litoral mediterráneo y el sur a mediados de mayo en la meseta y el norte, siempre pasado el riesgo de heladas tardías, y el atado se prolonga de mayo a agosto.

Tutores de caña colocados en un cultivo de tomateras

Sistemas de entutorado

Caña individual. Lo más simple: una caña de bambú o una varilla de 2 a 2,5 m clavada 30-40 cm en el suelo, a unos 10 cm del tallo y por el lado contrario al viento dominante. Vale para pocas plantas. Su punto débil es que una caña sola con una tomatera cargada de fruta y una racha de viento acaba en el suelo.

Estructura en A o triángulo. Dos cañas cruzadas en cada posición y una caña horizontal apoyada en las cruces, atadas entre sí. Es mucho más estable que las cañas individuales y sigue siendo barato.

Emparrado con alambre y cuerda (sistema holandés). Dos postes robustos en los extremos de la línea, un alambre tenso a 2-2,2 m de altura y, de él, una cuerda vertical por planta que se ata sin apretar a la base del tallo o se sujeta con un clip. La planta se enrolla alrededor de la cuerda a medida que crece. Es el sistema profesional, el más limpio y el que menos ataduras exige. Deja siempre cuerda sobrante enrollada arriba: te permitirá descolgar la planta cuando llegue al alambre.

Jaula o aro. Un cilindro de malla electrosoldada de unos 45-50 cm de diámetro alrededor de la planta. Prácticamente no hay que atar: se van metiendo las ramas por dentro. Cómodo para variedades determinadas y para quien tiene poco tiempo, pero dificulta el destallado y la ventilación en variedades muy vigorosas.

Cómo se ata

Este es el punto donde se cometen los errores más caros, y todos vienen de lo mismo: apretar.

El tallo de una tomatera engorda a lo largo de la temporada. Un tallo que en junio tiene 8 mm puede tener 20 mm en agosto. Una atadura ceñida en junio estrangula la planta en agosto, cortando el paso de savia elaborada y provocando marchitez por encima del nudo. Cuando alguien se encuentra la planta amarilla justo por arriba de una atadura, casi siempre es esto.

La forma correcta es el ocho: se pasa la cuerda alrededor del tutor, se cruza formando un ocho y se rodea el tallo con holgura, dejando espacio para meter un dedo. El cruce impide que la planta resbale hacia abajo y el bucle amplio permite el engrosamiento. Nunca se ata rodeando tallo y tutor juntos con una vuelta apretada.

La atadura se coloca justo por debajo de un nudo, es decir, del punto donde nace una hoja. El engrosamiento del nudo actúa de tope y evita que la cuerda deslice.

En cuanto al material, usa cuerda de rafia, cinta de tela ancha, algodón o tiras de camiseta vieja. Evita el alambre plastificado fino y el hilo de nailon delgado: cortan el tallo como una sierra. Cuanto más ancha es la atadura, mejor reparte la presión.

Ata por debajo de los ramilletes de flores y frutos, no por encima. El peso que hay que sostener es el del racimo, y la atadura tiene que quedar entre el racimo y el suelo para trabajar a favor.

Errores frecuentes y cómo evitarlos

Atar con el tallo mojado o a primera hora con rocío. Manipular tomateras húmedas facilita la transmisión de bacteriosis y de virus. Trabaja con la planta seca, a media mañana.

Tutor demasiado corto. Una caña de 1,5 m para una variedad indeterminada obliga a despuntar en julio y a perder la producción de finales de verano. Calcula 2,2-2,5 m fuera del suelo.

Tutor demasiado poco clavado. Menos de 30 cm de enterramiento y la caña se vence con la primera tormenta de agosto, con la planta ya cargada.

Confundir atar con destallar. Son dos operaciones distintas y complementarias. El destallado —quitar los brotes axilares que salen entre el tallo y las hojas— se hace en variedades indeterminadas para conducirlas a uno o dos tallos. Si no destallas, la planta se convierte en una maraña que ninguna atadura sostiene. Retira los chupones cuando midan 3-5 cm, pinzándolos con los dedos; si esperas a que sean gruesos, la herida es grande y tarda en cerrar.

Dejar la cuerda del año anterior. Rafia, cañas y clips reutilizados sin desinfectar transmiten enfermedades entre campañas. Las cañas se pueden desinfectar con una solución de lejía al 10 % y secar al sol.

Un apunte sobre el final de temporada

Hacia mediados o finales de agosto en la meseta, y en septiembre en zonas cálidas, conviene despuntar la planta: cortar el ápice dos hojas por encima del último ramillete que vaya a llegar a madurar. La planta deja de invertir en crecimiento y concentra recursos en engordar y madurar los frutos que ya tiene. A partir de ese momento el atado deja de ser necesario, aunque hay que revisar que las ataduras existentes no estén clavándose en tallos que han seguido engrosando.

En resumen

Coloca el tutor el día del trasplante, no después, y elígelo de al menos 2,2 m para variedades indeterminadas, bien clavado. Empieza a atar cuando la planta llegue a 30-40 cm y repite cada 20-25 cm de crecimiento. Ata siempre en ocho, con material ancho y blando, holgado, justo bajo un nudo y por debajo de los ramilletes. La regla que resume todo: la atadura debe sostener la planta sin tocarla apenas, porque el tallo va a seguir engordando toda la temporada.


Contenidos relacionados