Un tallo de dos milímetros y otro de tres no se pueden injertar juntos. Los cambium no coinciden, la pinza aprieta en falso y a las 48 horas la parte de arriba está mustia. Todo lo demás del injerto de tomate —el corte, la humedad, la temperatura— se aprende en una tarde; lo que cuesta de verdad es llegar al día del injerto con las dos plantas del mismo grosor.

El tomate en rama, ese que se recolecta con el ramillete entero y el pedúnculo verde, se cultiva casi siempre en ciclos largos bajo plástico, con la planta subiendo por el hilo durante seis u ocho meses sobre el mismo suelo. Esa combinación —ciclo largo y suelo repetido— es exactamente la que justifica el injerto. En un bancal nuevo, con rotación y cuatro plantas para casa, injertar no compensa.

Racimo de tomate en rama madurando en la planta

Qué arregla el injerto y qué no toca

El injerto sustituye la raíz de la variedad por la de un portainjertos resistente. Todo lo que gana la planta viene, por tanto, del suelo hacia abajo. Con un buen patrón se esquivan la fusariosis vascular (Fusarium oxysporum f. sp. lycopersici), la podredumbre del cuello y de la raíz (Fusarium oxysporum f. sp. radicis-lycopersici), la verticilosis (Verticillium dahliae), la raíz corchosa (Pyrenochaeta lycopersici) y buena parte del daño de los nematodos agalladores del género Meloidogyne.

Lo que no cambia en absoluto es la parte aérea. La variedad injertada sigue cogiendo mildiu (Phytophthora infestans), botritis, oídio y los virus que transmiten mosca blanca o trips, porque esas hojas y esos frutos son los mismos de siempre. Quien injerta esperando no volver a tratar de mildiu en un otoño húmedo del norte pierde el tiempo y el dinero de las semillas.

Conviene además saber dónde falla la resistencia a nematodos. La mayor parte de los patrones la deben al gen Mi-1, y ese gen deja de proteger cuando el suelo pasa de unos 28 °C sostenidos. En un invernadero de agosto en el sureste peninsular, con el suelo desnudo y sin acolchar, la planta injertada puede agallarse igual que una sin injertar. Acolchar y regar para bajar la temperatura del suelo forma parte del paquete.

Portainjertos: cuáles se usan y por qué

Para tomate se emplean sobre todo híbridos interespecíficos entre Solanum lycopersicum y Solanum habrochaites. Nombres habituales en catálogo: 'Beaufort', 'Maxifort', 'Multifort', 'Emperador'. Se diferencian básicamente en el vigor que imprimen y en el listado de resistencias, que viene impreso en el sobre con la nomenclatura internacional de códigos (Fol, For, Va/Vd, Pl, Ma/Mi/Mj). Merece la pena leer ese listado antes de comprar: si el problema del bancal es raíz corchosa, un patrón sin Pl no sirve de nada aunque sea el más caro.

Los patrones se dividen a grandes rasgos en dos grupos. Los de vigor alto (tipo 'Maxifort') empujan mucho la planta y encajan bien en ciclos largos de invierno, cuando hay meses por delante y radiación escasa. Los de vigor medio ('Beaufort' es el ejemplo clásico) dan una planta más equilibrada y son más manejables en ciclos cortos o para quien no tiene costumbre de podar a dos brazos.

Un aviso sobre el precio: la semilla de portainjertos se vende por unidades y cuesta bastante más que la de la variedad. Contar con un 20-25 % de bajas entre germinación y prendimiento es realista la primera temporada, así que hay que sembrar de más.

Cuándo se siembra y cuándo se injerta

El injerto se hace cuando ambas plantas tienen dos o tres hojas verdaderas y el tallo ronda los 2 mm, que en semillero caliente son unos 20-25 días desde la siembra. Ese es el punto: más fino, el tallo se aplasta con la pinza; más grueso, el tallo ya está lignificando y suelda peor.

Para que los dos lleguen a la vez hay que jugar con la fecha de siembra. Los patrones interespecíficos germinan más despacio y de forma menos pareja que una variedad comercial, así que se siembran unos días antes que la variedad. La cifra exacta depende del lote y del calor del semillero: apunta lo que hiciste y el grosor que tenía cada uno el día del injerto, y el año siguiente corriges dos o tres días arriba o abajo. Es el único método que funciona.

En el calendario peninsular, para un cultivo de primavera bajo plástico o en tomatera al aire libre, la secuencia razonable es: siembra en semillero con calor de fondo (22-25 °C) entre finales de enero y mediados de febrero, injerto a finales de febrero o en marzo, y trasplante desde mediados de abril en el litoral mediterráneo o a partir de mayo en zonas de interior, siempre pasado el riesgo de helada tardía. En los ciclos de otoño del sureste, la siembra se adelanta a junio-julio para trasplantar en agosto.

Elige para injertar una mañana fresca y nublada, o hazlo en interior con la persiana bajada. Un injerto hecho a mediodía de marzo junto a una ventana soleada se deshidrata antes de que te dé tiempo a llevarlo a la cámara.

El injerto de empalme, paso a paso

De todas las técnicas, la de empalme a bisel con pinza es la más rápida y la que mejor resultado da en tomate. Necesitas cuchillas de afeitar nuevas o un bisturí, pinzas de silicona del calibre adecuado al tallo (1,5 o 2 mm) y lejía diluida o alcohol de 70º para desinfectar entre planta y planta.

Ese detalle de la desinfección no es manía: los tobamovirus del tomate, incluido el virus rugoso (ToBRFV), se transmiten por contacto mecánico con una facilidad enorme y en la Unión Europea tienen la consideración de plaga cuarentenaria. Una cuchilla que pasa por cien plántulas es el vehículo perfecto. Manos limpias, cuchilla limpia y semilla de procedencia conocida.

La secuencia:

1. Corta el patrón en bisel de unos 45º, por encima de los cotiledones. Retira toda la parte superior.
2. Corta la variedad con el mismo ángulo y a la misma altura relativa, dejando arriba dos o tres hojas. Todo lo que quede de tallo por debajo del corte se tira.
3. Coloca la pinza sobre el patrón y encaja dentro la variedad, presionando hasta que las dos superficies se toquen en toda su extensión. Si el bisel de uno asoma por un lado, vuelve a cortar: un contacto parcial suelda mal y la unión se parte con el primer viento.
4. Directamente a la cámara, sin pausas. Entre el corte y la humedad saturada deben pasar segundos, no minutos.

La hendidura (patrón cortado y abierto en cuña, variedad afilada en punta) sigue siendo útil cuando los tallos no igualan bien o ya han engrosado. Y el injerto de aproximación, en el que se unen las dos plantas de pie con sus dos raíces y solo después se corta la de la variedad, es el más seguro para quien empieza: no hay riesgo de deshidratación porque la variedad nunca se queda sin raíz. A cambio da mucho más trabajo y ocupa el doble de bandeja.

La cámara de prendimiento

Aquí se gana o se pierde la partida. Sin raíz que reponga agua, la variedad depende de que el aire esté tan cargado de humedad que no pueda transpirar. El objetivo es 90-95 % de humedad relativa y 22-25 °C, con las noches por encima de 18 °C.

En casa se monta con un túnel bajo de plástico transparente dentro del semillero, o con una caja de plástico cerrada. Riega la bandeja a fondo antes de meterla, pulveriza las paredes y ciérralo. Los dos primeros días, oscuridad total o penumbra: una manta térmica o una tela por encima. A partir del tercer día se empieza a dar luz tamizada y se abre un dedo de ventilación en las horas frescas, ampliando cada día. Del séptimo al décimo, la planta ya está fuera y aclimatada.

Dos errores de manual en esta fase. Uno: destapar de golpe al ver que las plantas están tiesas al cuarto día; se marchitan en media hora y muchas no se recuperan. Dos: dejar la cámara al sol directo, que la convierte en un horno donde se pasa de 25 a 40 °C en un cuarto de hora y se cuece todo el lote. La cámara va en sombra o con doble malla.

Trasplante y manejo de una planta injertada

Primera regla, y no admite excepción: la unión del injerto tiene que quedar al menos 3 cm por encima del suelo. Si se entierra —o si al aporcar se tapa después—, la variedad emite raíces propias por encima de la soldadura, esas raíces entran en contacto con el suelo infectado y toda la resistencia comprada se anula. La planta funciona, pero funciona como si nunca la hubieras injertado.

Lo segundo es vigilar los brotes del patrón. El portainjertos rebrota desde las axilas de sus cotiledones y desde la base; si uno de esos brotes prospera, roba savia y acaba dominando la planta, dando hojas raras y ningún tomate aprovechable. Revisa la base cada semana durante el primer mes y pellizca lo que salga por debajo de la pinza.

Tercero, el vigor. Un patrón interespecífico entrega mucha más planta de la que la variedad sabe gestionar sola: si se conduce a un solo brazo, se dispara el crecimiento vegetativo, los ramilletes salen espaciados y el cuajado empeora. La solución estándar es conducir a dos brazos, dejando que se desarrolle el hijuelo de debajo del primer ramillete, y bajar la densidad de plantación en consecuencia, del orden de una planta y media por metro cuadrado. Así el exceso de vigor se convierte en racimos en lugar de en tallo.

Interior de un invernadero con tomate conducido en vertical

Sobre el sabor y otras expectativas

Circula la idea de que injertar mejora el tomate. No mejora nada del sabor por sí mismo: la variedad es la misma y su genética manda sobre azúcares y acidez. Lo que sí ocurre es lo contrario cuando el manejo se descuida. Una planta muy vigorosa con riego generoso y nitrógeno de sobra produce frutos más grandes y más aguados, con menos grados Brix. Si buscas sabor, la vía es apretar un poco el riego a partir del cuaje y subir la conductividad de la solución, no cambiar de patrón.

Tampoco cuentes con más producción en un suelo sano. En ausencia de patógenos, la diferencia entre injertado y no injertado en un huerto casero bien rotado es pequeña y no paga la semilla ni el trabajo. El injerto rinde cuando hay un problema de suelo diagnosticado, cuando el ciclo es largo o cuando el suelo tiene sal o se enfría mucho, situaciones en las que el sistema radicular del patrón sostiene la planta y el de la variedad no.

Y una curiosidad que aparece cada primavera: injertar tomate sobre patata (Solanum tuberosum) es posible porque son especies compatibles, pero el resultado da pocos tomates y pocos tubérculos pequeños. Como experimento escolar, entretenido; como producción, un mal negocio. Recuerda además que toda la parte verde de la patata contiene solanina y no se come.

En resumen

El injerto en tomate en rama es una herramienta contra problemas de raíz y contra el desgaste del suelo en ciclos largos, no un truco para cosechar más ni para que el tomate sepa mejor. Elige el patrón por su lista de resistencias y por el vigor que puedas manejar; siembra el portainjertos unos días antes para que ambos lleguen a 2 mm de tallo a la vez; corta en bisel con cuchilla limpia y pasa la planta a una cámara con 90-95 % de humedad y 22-25 °C durante una semana, con dos días de oscuridad y apertura progresiva.

Después, tres cosas sostienen el trabajo: la unión siempre por encima del suelo, los rebrotes del patrón eliminados y la planta conducida a dos brazos para dar salida al vigor. Si el bancal está limpio, se rota bien y el cultivo es corto, ahorra el esfuerzo y planta de semilla.


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