El romero y la albahaca no deberían compartir maceta. Parece un detalle menor y es justamente lo que decide si una jardinera de aromáticas dura tres años o tres meses: una viene de laderas secas y pedregosas donde llueve en otoño y no vuelve a caer agua hasta abril, y la otra es una planta tropical anual que se marchita en una tarde si el sustrato se seca. Meterlas en el mismo recipiente obliga a regar mal a una de las dos.

Ese es el punto de partida de este artículo: las aromáticas se cultivan bien cuando se agrupan por necesidades hídricas, no por si se usan en el mismo guiso. A partir de ahí, casi todo lo demás (sustrato, tamaño de maceta, abonado, poda) se deduce solo.

Macetas con distintas plantas aromáticas cultivadas juntas

Dos grupos que no se riegan igual

El primer grupo es el de las leñosas mediterráneas: romero (Salvia rosmarinus, antes Rosmarinus officinalis), tomillo (Thymus vulgaris), lavanda (Lavandula angustifolia), salvia (Salvia officinalis), ajedrea (Satureja montana), orégano (Origanum vulgare) y laurel (Laurus nobilis). Todas comparten raíz adaptada a suelos pobres, pedregosos y con drenaje rápido. Toleran sequía prolongada y no toleran encharcamiento. Un romero regado cada dos días en una maceta con plato lleno de agua desarrolla podredumbre de cuello: las hojas se vuelven grisáceas desde la punta, la planta parece «seca» y el reflejo de regar más la remata en una semana.

El segundo grupo es el de las herbáceas de hoja tierna: albahaca (Ocimum basilicum), perejil (Petroselinum crispum), cilantro (Coriandrum sativum), menta y hierbabuena (Mentha spp.), cebollino (Allium schoenoprasum) y perifollo. Estas se cosechan por su hoja, crecen deprisa y necesitan el sustrato fresco de forma constante. Un solo golpe de sequía en la albahaca provoca que las hojas bajas amarilleen y que la planta se lance a florecer, con lo que el aroma decae de golpe.

Regla práctica: una jardinera para las leñosas, otra para las tiernas. Si solo hay sitio para un recipiente grande, deja las leñosas en macetas individuales y reserva la jardinera para las de hoja.

Sustrato y maceta: el drenaje manda

Los sustratos universales de saco son mezclas de turba pensadas para retener agua, que es exactamente lo contrario de lo que quiere un tomillo. Para las leñosas, mezcla el sustrato con un 30-40 % de material drenante: arena de río gruesa (no arena de playa ni arena fina de obra, que compacta), perlita, picón o grava volcánica. Un puñado de compost maduro basta como aporte de fertilidad; no hace falta más.

Para las herbáceas de hoja, el sustrato universal solo, o con un 20 % de compost, funciona bien.

El barro cocido sin esmaltar transpira por la pared y seca el cepellón antes que el plástico. Eso es una ventaja para romero, lavanda y tomillo, y una molestia en verano para albahaca y menta, que agradecen plástico o cerámica esmaltada. Tamaños mínimos razonables: 25-30 cm de diámetro y de profundidad para romero, lavanda, salvia y laurel; 20 cm para albahaca; 25 cm para menta, siempre sola.

Y el plato bajo la maceta: si lo usas, vacíalo media hora después de regar. El agua estancada ahí abajo mantiene los últimos centímetros del cepellón saturados de forma permanente, y esos son precisamente los centímetros donde está el grueso de la raíz.

Luz y frío

Las aromáticas de origen mediterráneo quieren sol directo, seis horas como mínimo. En sombra parcial siguen vivas pero se ahílan, los tallos se alargan entre nudo y nudo y la concentración de aceites esenciales baja: el mismo tomillo huele bastante menos. Orientación sur o poniente.

La albahaca y la menta admiten mejor la media sombra, y en el interior peninsular en julio y agosto lo agradecen: unas horas de sombra a mediodía evitan que la albahaca se achicharre. El perejil y el cilantro producen más y espigan más tarde en semisombra.

En invierno, romero, tomillo, lavanda de espliego, salvia y orégano aguantan sin problema las heladas de casi toda la Península; Lavandula angustifolia resiste holgadamente por debajo de -10 °C. Son más delicadas el cantueso (Lavandula stoechas), la mejorana (Origanum majorana), que en zonas frías se comporta como anual, y la hierbaluisa (Aloysia citrodora), que pierde absolutamente toda la hoja y se queda en un manojo de varas secas. No la tires: rebrota de la base en abril o mayo, más tarde de lo que uno espera.

La albahaca es anual y muere. Por debajo de unos 10 °C se ennegrece y se para; no hay forma de «pasarla el invierno» en un balcón peninsular. Se resiembra cada primavera.

El tiesto de hierbas del supermercado

Esas macetitas de albahaca o perejil que se venden en la sección de fresco no son plantas de jardinería, son producto de consumo inmediato. Dentro hay veinte o treinta plántulas sembradas juntas en un cepellón de turba minúsculo, forzadas en invernadero con riego y abonado continuos, y calculadas para durar hasta que te las comes.

Puestas en el balcón sin más, colapsan en pocos días: las raíces compiten entre sí, el cepellón se seca cada tarde y aparece hongo en la base. Si quieres alargarlas, sácalas del tiesto, separa el bloque en tres o cuatro porciones con las manos deshaciendo la turba con cuidado y planta cada porción en una maceta de 15-20 cm con sustrato nuevo. Riega y déjalas a media sombra una semana antes de darles sol pleno. Con la albahaca funciona bastante bien; con el perejil, menos, porque tiene raíz pivotante y encaja mal el trasplante.

Cosechar y podar

El aroma no está repartido por igual a lo largo del año. La concentración de aceites esenciales alcanza su máximo justo antes de la floración y cae en cuanto la planta abre las flores y empieza a fabricar semilla. Para tomillo, orégano, ajedrea y salvia, ese es el momento de cortar si vas a secar hierba para el invierno. Y hazlo por la mañana, cuando el rocío ya se ha evaporado pero antes de que apriete el sol.

En albahaca, menta y cilantro conviene ir despuntando las inflorescencias en cuanto asoman. La hoja que sale después de la floración es más pequeña, más dura y más amarga.

La poda de las leñosas tiene una limitación que da muchos disgustos: lavanda, romero y tomillo no rebrotan de la madera vieja. Si cortas por debajo de la zona con hojas, esa rama se queda muerta y la mata se abre por el centro sin remedio. Poda cada año, después de la floración, retirando en torno a un tercio del crecimiento del año y dejando siempre hoja verde por debajo del corte. Una lavanda podada así se mantiene compacta diez o doce años; una lavanda sin podar se desmorona en cuatro.

Mata de lavanda en flor

Las que invaden

La menta y la hierbabuena se propagan por rizomas subterráneos que recorren toda la jardinera por debajo, salen por los agujeros de drenaje y colonizan la maceta vecina. En un año se comen al perejil y al cebollino que tengan al lado. Solución: maceta propia, sin excepción, y renovación del cepellón cada dos años, porque agota el sustrato y las hojas se van haciendo pequeñas.

El toronjil o melisa (Melissa officinalis) hace algo parecido pero por semilla: si la dejas florecer, siembra el resto de macetas. Corta las flores.

Abonado: la mano floja

Aquí hay una creencia muy extendida que conviene desmontar. Las aromáticas mediterráneas no quieren suelo rico. Vienen de terrenos pobres y calizos, y en suelo fértil crecen más pero huelen menos: el exceso de nitrógeno produce tejido blando y acuoso, con menor proporción de aceite esencial, además de atraer pulgón y volver la planta más sensible al frío y al oídio. Un romero abonado a fondo es un romero grande y soso.

Para este grupo, un aporte de compost maduro en superficie al final del invierno es suficiente para todo el año. Nada más.

Las de hoja tierna sí agradecen alimento, porque se cosechan continuamente y en maceta el sustrato se agota: albahaca, menta, perejil y cebollino responden bien a un abono líquido equilibrado o rico en nitrógeno cada dos o tres semanas de abril a septiembre. Con la dosis de la etiqueta basta; pasarse produce hoja grande y de sabor plano.

El cantueso (Lavandula stoechas) tiene además una exigencia propia: no soporta suelos calizos, al revés que el espliego. En agua de riego dura y sustrato calcáreo amarillea por clorosis férrica. Si tu agua es dura, plántalo en sustrato para acidófilas.

Multiplicar por esqueje

Casi todas las leñosas se multiplican con facilidad de esqueje semileñoso entre finales de agosto y septiembre, cuando el brote del año ya ha empezado a endurecerse pero aún flexa sin partirse. Corta trozos de 8-10 cm por debajo de un nudo, retira las hojas de la mitad inferior, entierra dos tercios en una mezcla a partes iguales de turba y perlita, y mantén el conjunto a la sombra y solo húmedo, no empapado. En cuatro a seis semanas hay raíz en romero, lavanda, salvia, tomillo y hierbaluisa.

El estragón francés (Artemisia dracunculus var. sativa) merece un aviso concreto porque no produce semilla fértil: solo se propaga por división de mata o esqueje. Si compras un sobre de semillas rotulado «estragón», lo que germinará será estragón ruso (Artemisia dracunculoides), una planta más alta, más rústica y prácticamente sin sabor anisado. Para tener el bueno hay que partir de una planta ya enraizada.

Precauciones reales

Que una planta sea aromática no la convierte automáticamente en comestible ni en inocua. Dos casos que conviene tener claros si cultivas en un balcón con niños o animales:

La ruda (Ruta graveolens) contiene furanocumarinas y su savia es fototóxica: el contacto de la piel con la planta seguido de exposición al sol produce quemaduras y ampollas que tardan semanas en curar y dejan marca. Podarla en manga corta un día de verano es suficiente para provocarlas. Si la cultivas por su valor ornamental, hazlo con guantes y manga larga. No es una hierba de cocina.

El poleo (Mentha pulegium) es de uso tradicional en infusión, pero su aceite esencial es hepatotóxico y está desaconsejado en el embarazo. La hoja para infusión ocasional es otra cosa que el aceite concentrado, y esa distinción vale para muchas aromáticas: la planta fresca en la cocina y el aceite esencial no son el mismo producto ni tienen el mismo margen de seguridad.

Y si vas a recolectar en el campo en vez de cultivar, la identificación tiene que ser segura al cien por cien. Hay umbelíferas silvestres muy tóxicas con aspecto próximo al del perejil o el hinojo.

Calendario orientativo para clima peninsular

Febrero-marzo: poda de formación de las leñosas si no se hizo tras la floración, aporte de compost, trasplante y renovación de sustrato. Siembra de perejil (germina lento, de tres a cuatro semanas; ayuda dejar la semilla en remojo la noche anterior) y de cilantro, siempre a sitio definitivo por su raíz pivotante.

Abril-mayo: siembra o plantación de albahaca, cuando ya no haya riesgo de heladas. División de matas de menta y cebollino.

Junio-julio: cosecha para secado de tomillo, orégano, ajedrea y salvia, antes de que abran las flores. Recolección de espigas de lavanda a media floración. Despunte continuo de la albahaca.

Agosto-septiembre: esquejes semileñosos. Segunda siembra de cilantro y perejil para otoño, que en esta época espigan mucho menos que en primavera.

Octubre-noviembre: reducción drástica del riego en las leñosas. Retirada de la albahaca agotada. Protección o entrada a resguardo de mejorana, cantueso e hierbaluisa en zonas de heladas fuertes.

En resumen

Separa las aromáticas leñosas mediterráneas de las herbáceas de hoja tierna y riega cada grupo según lo que pide: escaso y espaciado para romero, tomillo, lavanda y salvia; constante para albahaca, menta y perejil. Añade un 30-40 % de material drenante al sustrato de las primeras y vacía siempre el plato. Dales sol directo, abónalas poco (el exceso de nitrógeno les quita aroma) y pódalas cada año sin entrar nunca en la madera sin hojas. Cosecha justo antes de la floración, que es cuando el aceite esencial está en su punto. La menta, en maceta propia. Y recuerda que aromática no significa comestible: la ruda quema la piel al sol y conviene saberlo antes de podarla.


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