Se reconoce por el borde de la hoja: grueso, ondulado y dentado, quebradizo al doblarlo, con un cogollo que cierra a medias y nunca llega a apretarse en bola. Eso es una batavia. Botánicamente sigue siendo Lactuca sativa, la misma especie que la romana, la mantecosa o la hoja de roble, pero pertenece al grupo de las crujientes o crisphead, y dentro de ese grupo ocupa un lugar propio: la textura de la iceberg con bastante más sabor y sin su compacidad de piedra.

Es, además, la lechuga que mejor aguanta el calor del verano peninsular, lo que la convierte en la opción sensata para julio y agosto en casi toda España.

Lechuga batavia con el cogollo semiabierto

Qué es exactamente una batavia

Las lechugas de cogollo se clasifican dentro de Lactuca sativa var. capitata, y ahí conviven dos familias muy distintas al tacto: las mantecosas, de hoja fina, blanda y aceitosa, y las crujientes, de hoja gruesa con nervio prominente. La batavia es del segundo grupo.

La iceberg también. La diferencia entre ambas está en el grado de cierre y en el nervio: la iceberg se seleccionó para formar una cabeza cerradísima, pesada y de larguísima conservación en cámara, pensada para transporte, y en el camino perdió aroma. La batavia mantiene el cogollo semiabierto, con hojas exteriores extendidas que siguen recibiendo luz y siguen fabricando sabor. La iceberg, de hecho, procede de la selección de batavias americanas del siglo XIX; es una batavia llevada al extremo del cierre.

En la etiqueta del vivero encontrarás nombres como Batavia rubia, Batavia roja de Grenoble, Reina de los Hielos o Blonda de París. Todas son batavias; lo que cambia es el color, el rizado y el calendario para el que están seleccionadas.

Variedades que funcionan en España

Reina de los Hielos (Reine des Glaces). Hoja verde intenso, muy recortada, en punta de flecha. Resiste el frío notablemente bien y es la mejor apuesta para siembras de finales de verano con cosecha de otoño-invierno.

Rubia de Grenoble y Roja de Grenoble. Hoja ancha, ampollada, con los bordes teñidos de pardo rojizo en la roja. Rústicas y de ciclo largo, buenas para media estación.

Blonda de París. Clásica de primavera, cogollo suelto y hoja clara.

Dorada de primavera (Dorée de Printemps). Precoz, para las primeras plantaciones tras el invierno.

Junto a estas hay decenas de híbridos comerciales seleccionados por resistencia a enfermedades. Al comprar semilla merece la pena leer los códigos del sobre: Bl seguido de números indica resistencia a razas concretas de mildiu (Bremia lactucae), y Nr:0 señala resistencia al pulgón de la lechuga (Nasonovia ribisnigri), el que se mete entre las hojas del cogollo y ya no hay manera de sacarlo. En huerto sin tratamientos, esas dos letras valen más que el nombre bonito de la variedad.

Siembra y trasplante

La batavia se siembra en semillero y se trasplanta, al contrario que la zanahoria o el rábano. Semilla apenas cubierta, 3-5 mm, porque necesita algo de luz para germinar, y a temperatura fresca.

Aquí está el dato que salva las siembras de verano: la semilla de lechuga entra en dormición por encima de 25-28 °C. No es que germine peor, es que deja de germinar. Sembrando en una terraza en pleno julio, la bandeja no nace y parece semilla defectuosa. La solución es sembrar a última hora de la tarde, regar con agua fresca y dejar el semillero a la sombra o en el interior de casa durante las primeras 48 horas; con 15-20 °C nace en tres o cuatro días.

Se trasplanta con 4-5 hojas verdaderas, unos 25-30 días después. Marco de 30 x 30 cm, o 30 x 35 cm para las variedades grandes de Grenoble; apretarlas más da cogollos pequeños y favorece que la humedad se quede estancada entre plantas.

El trasplante tiene un detalle que decide la supervivencia de la planta: el cuello va al ras del suelo, nunca enterrado. Un cepellón hundido dos dedos de más pudre por la base con Sclerotinia o Rhizoctonia, y la lechuga aparece un día caída de lado con el tallo deshecho, ya sin remedio. En bancal con acolchado, se planta sobre el caballón, no en el hueco.

Calendario peninsular

La batavia admite siembras escalonadas de febrero a septiembre en casi toda la Península, con cosecha entre 60 y 90 días después según la época: los ciclos de primavera y verano son más rápidos, los de otoño se alargan porque la planta crece con menos luz.

Interior peninsular: siembras de febrero-marzo bajo protección, y luego libres hasta agosto. Litoral mediterráneo y sur: se puede sembrar también en octubre y recolectar en invierno, eligiendo variedades resistentes al frío como Reina de los Hielos, que soporta heladas ligeras de hasta -4 o -5 °C sin daño en el cogollo. Norte húmedo: cuidado con las siembras de otoño, porque el mildiu se dispara con niebla y rocío persistente.

Sembrar cada tres semanas en pequeñas tandas da mucho mejor resultado que plantar veinte lechugas de golpe, que llegan todas al punto el mismo fin de semana y se espigan esperando turno.

Riego, abonado y los dos fallos que estropean la cosecha

La lechuga es 95 % agua y tiene un sistema radicular superficial, en los primeros 20-25 cm. Eso obliga a riegos frecuentes y moderados, no a encharcamientos espaciados. En verano, riego diario a primera hora o a última; en primavera, cada dos o tres días.

Regar por encima al atardecer deja el cogollo mojado toda la noche y es la invitación directa al mildiu: manchas amarillas limitadas por los nervios en el haz y polvillo blanco grisáceo en el envés. Riego a pie de planta, por goteo o a manta, y a ser posible por la mañana.

El segundo fallo es el abonado. Un exceso de nitrógeno da una planta grande, blanda, sin firmeza, más apetecible para el pulgón y peor de conservar. Y abre la puerta a un daño desconcertante: el tipburn, ese borde de las hojas interiores que se vuelve pardo y translúcido como quemado. Es una carencia localizada de calcio, sí, pero no se corrige echando calcio al suelo. El calcio se mueve con el agua de la transpiración y las hojas del interior del cogollo, que apenas transpiran, no reciben su parte cuando la planta crece a toda velocidad o cuando el riego es irregular. Lo que lo evita es un crecimiento constante: nitrógeno moderado, humedad estable y evitar los golpes de calor bruscos tras días nublados.

Un tercer punto, menos vistoso pero real: la lechuga acumula nitratos, sobre todo en el nervio central y en el tallo, y lo hace más cuanto menos luz recibe y más nitrógeno tiene disponible. La normativa europea fija por eso límites máximos de nitratos en lechuga, más estrictos en la de verano que en la de invernadero de invierno. En huerto casero se traduce en dos reglas sencillas: no cargar la mano con abonos nitrogenados y cosechar a media mañana o al mediodía, cuando la planta lleva horas de luz y ha reducido su contenido en nitratos, en lugar de a primera hora del amanecer.

El espigado y el amargor

Cuando la lechuga sube a flor, el cogollo se estira, aparece un tallo central y el sabor se vuelve amargo de golpe. Lo desencadena la combinación de días largos y temperaturas por encima de 25 °C, no el calor por sí solo, y por eso las plantaciones de junio corren más riesgo que las de agosto.

El amargor viene del látex blanco que rezuma al cortar el tallo, rico en lactucopicrina y compuestos emparentados. Es esa savia la que dio pie al viejo uso del llamado lactucario como sedante, obtenido de especies silvestres emparentadas y no de la lechuga de huerta, que apenas lo contiene. No es materia de cocina ni de botiquín casero: en la lechuga de mesa, el látex solo interesa como señal de que la planta se ha pasado de punto.

La batavia soporta el calor mejor que la mantecosa y bastante mejor que la romana de invierno, pero no es inmune. Para retrasar el espigado: sombreo del 30-40 % en las horas centrales de julio, riego sin interrupciones, marco algo más amplio para que corra el aire y, sobre todo, recolectar en cuanto está en punto en lugar de dejarla en el bancal "un par de días más".

Detalle de las hojas rizadas y crujientes de la lechuga batavia

Recolección y conservación

Se cosecha cuando el cogollo tiene volumen y cede poco al apretarlo con la palma, sin esperar a que esté duro. Corte limpio con cuchillo al ras del suelo, dejando el tocón fuera si hay sospecha de podredumbre.

Un truco de esta familia: las batavias admiten una recolección parcial de hojas exteriores durante semanas antes de cortar el cogollo, cosa que una iceberg no permite. Prolonga la cosecha de un bancal pequeño de forma notable.

En casa aguanta de una a dos semanas entre 0 y 4 °C, mejor que cualquier mantecosa, gracias al grosor de la hoja. Sin lavar, en bolsa perforada o envuelta en paño ligeramente húmedo. Lavada y escurrida, se deteriora en tres o cuatro días. Y no conviene guardarla junto a manzanas, peras o tomates maduros: el etileno que desprenden esas frutas provoca en la lechuga manchas pardas en los nervios.

Qué aporta en la mesa

Ronda las 15-18 kcal por 100 g, con alrededor de 1,3 g de fibra y prácticamente nada de grasa. Su interés nutricional está en otro sitio: aporta folatos en cantidad apreciable, vitamina K, potasio y, en las hojas exteriores verdes, beta-caroteno y luteína. Las variedades rojas, como la Roja de Grenoble, suman antocianinas en la zona coloreada.

Ese reparto tiene una consecuencia práctica: las hojas exteriores, más verdes y con más luz recibida, concentran bastante más caroteno y vitamina que el corazón blanquecino. Tirarlas para quedarse solo con el cogollo pálido es descartar la parte más nutritiva; basta con retirar las que estén dañadas y aprovechar el resto.

En cocina, su firmeza es la ventaja. Aguanta aliños con vinagre o vinagretas emulsionadas sin desmayarse, sirve para ensaladas que han de esperar un rato en la mesa, y en tiras gruesas soporta incluso un salteado rápido o unos segundos a la plancha, cosa impensable con una lechuga de hoja fina. Quien toma anticoagulantes tipo antivitamina K debe mantener un consumo estable de verduras de hoja, incluida esta, y consultarlo con su médico, pero eso vale para toda la familia y no es motivo para excluirla.

En resumen

La batavia es una Lactuca sativa del grupo de las crujientes, hermana mayor de la iceberg pero con el cogollo semiabierto y mucho más sabor. Se siembra en semillero de febrero a septiembre, con la precaución de mantener el germinador por debajo de 25 °C en verano, y se trasplanta con cuatro o cinco hojas dejando el cuello al ras. Riego frecuente y a pie de planta, nitrógeno contenido y humedad estable evitan de una vez el mildiu, el pulgón alojado en el cogollo, el tipburn y el exceso de nitratos. Aguanta el calor mejor que las mantecosas, se conserva más días y admite ir cogiendo hojas exteriores antes de cortar la planta entera. Cosechada en punto y con sus hojas verdes puestas, aporta folatos, vitamina K y caroteno con apenas quince calorías por cada cien gramos.


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