¿Compraste un plantón de lechuga roja intensa y te ha salido una lechuga verde con un tímido rubor en la punta? No te han engañado en el vivero. El color de la lechuga morada no es un rasgo fijo como el tamaño o la forma del cogollo: es un pigmento que la planta fabrica en respuesta a la luz y al frío, y que deja de fabricar cuando esas dos condiciones faltan. De ese hecho se desprende buena parte de lo que hay que saber para cultivarla.

Lechuga morada con hojas de color rojo intenso

Qué se está comprando cuando se pide «lechuga morada»

No existe una especie botánica llamada lechuga morada. Todas las variedades rojas son Lactuca sativa, la misma especie que la romana o la trocadero, seleccionadas por su carga de pigmento. Las que se encuentran con más facilidad en España son:

Lollo Rossa. Hoja muy rizada y encrespada, sin cogollo, con el ápice de un rojo casi granate y la base verde. Se cultiva por hoja suelta y aporta volumen y textura a las ensaladas más que sabor.

Hoja de roble roja (Red Salad Bowl). Hoja lobulada, tierna, de tono bronce a rojo cobrizo. Sabor suave y muy buena candidata para corte sucesivo.

Batavia roja y sus derivadas tipo Redina o Carmesí. Crujiente, cogollo abierto, borde vinoso. Es la que mejor aguanta el manipulado y la que más se ve en supermercado.

Maravilla de las Cuatro Estaciones. Mantecosa de cogollo apretado con las hojas exteriores rojo oscuro y el corazón verde amarillento. De las más sabrosas del grupo.

Romana roja tipo Rouge d'Hiver o Cimarrón. Porte erguido, nervio central grueso, hoja moteada de rojo. Notablemente rústica al frío.

Hay dos hortalizas que se confunden con esto en la frutería y que no son lechuga en absoluto. El radicchio y la achicoria de Treviso son Cichorium intybus: rojo intenso, nervadura blanca marcada y un amargor mucho más pronunciado, con un cultivo y una temporada distintos. La col lombarda es Brassica oleracea. Si compras semilla pensando que es lo mismo, lo que plantes se comportará de otra manera y en otra época.

De dónde sale el color

El rojo procede de antocianinas, principalmente cianidina-3-malonilglucósido, acumuladas en las vacuolas de las células de la epidermis. La planta las sintetiza como fotoprotección: cuando recibe radiación intensa, en particular la fracción ultravioleta y azul, activa la ruta que las produce para filtrar el exceso de luz que llega a sus cloroplastos.

De ahí se deducen las cuatro condiciones que intensifican el color:

Luz directa y abundante. Bajo malla de sombreo, dentro de un invernadero con plástico envejecido o en un balcón orientado al norte, la misma variedad sale pálida. En pleno sol, roja.

Noches frescas. Los descensos térmicos nocturnos por debajo de 10-12 °C disparan la acumulación de pigmento. Es la razón por la que la lechuga morada de octubre y noviembre tiene un color muy superior a la de junio.

Nitrógeno moderado. Un abonado nitrogenado generoso produce una planta grande, blanda, verdosa y desvaída. Menos nitrógeno da hoja más pequeña, más firme y mucho más roja.

Cierto estrés controlado. Un ligero déficit hídrico intensifica el pigmento. Ojo con pasarse: por debajo de cierto punto la planta se amarga y frena el crecimiento.

Esto tiene una consecuencia práctica que conviene asumir de entrada: si vas a cultivar en invernadero de invierno o en una terraza con poca radiación, elige variedad verde y no te frustres. Las rojas dan lo mejor de sí en cultivo al aire libre de final de verano a otoño y de final de invierno a primavera.

Siembra y calendario en clima peninsular

La semilla germina bien entre 15 y 20 °C y se bloquea por encima de 25-28 °C, así que los semilleros de pleno julio a pleno sol fracasan. Siembra a medio centímetro de profundidad como máximo, porque la semilla de lechuga necesita algo de luz para germinar.

Las dos ventanas buenas para las variedades rojas:

De agosto a septiembre para cosechar de octubre a diciembre. Es la mejor época de todas: crecimiento activo con noches cada vez más frescas y color máximo.

De febrero a abril para cosechar de mayo a junio. Buen resultado, con color algo menor conforme avanza la primavera y suben las mínimas nocturnas.

En verano las rojas espigan con facilidad y pierden color a la vez, doble motivo para saltarse esa tanda salvo en zonas de montaña o litoral norte. En invierno, la romana roja tipo Rouge d'Hiver y la hoja de roble roja aguantan heladas ligeras de -3 o -4 °C una vez endurecidas, aunque el ciclo se estira hasta los cuatro meses.

Trasplanta con 4-5 hojas verdaderas, a 25-30 cm entre plantas, y deja el cuello de la planta por encima del nivel del suelo. Enterrarlo unos centímetros «para que agarre mejor» es lo que hace que a mitad de ciclo el cogollo se venza de golpe con el tallo podrido por esclerotinia.

Riego y suelo

Suelo suelto, con materia orgánica bien descompuesta y pH entre 6,5 y 7,5. Riego frecuente y ligero, preferiblemente por goteo, manteniendo el suelo fresco sin encharcar. La raíz de la lechuga apenas baja de 25 cm y no tiene reservas para aguantar un olvido.

Evita mojar la hoja al atardecer. El follaje húmedo durante toda la noche es lo que permite que el mildiu se instale, y en una lechuga roja las primeras manchas se ven mucho peor sobre fondo oscuro, así que suele detectarse tarde.

Un acolchado de paja mantiene la humedad, refresca el suelo y, sobre todo, impide que el agua salpique tierra sobre las hojas bajeras. En variedades de hoja suelta como la Lollo Rossa, donde se cosecha hoja a hoja durante semanas, esa limpieza se agradece en cada corte.

Plagas y enfermedades

Babosas y caracoles. El plantón recién trasplantado en septiembre es su objetivo preferido y pueden dejar un bancal en tocones en dos noches. Fosfato férrico, revisión nocturna y retirada de refugios húmedos alrededor del bancal.

Pulgón. Nasonovia ribisnigri se aloja en el interior del cogollo. En las variedades rojas cuesta más verlo: el verde claro del áfido destaca poco entre hojas oscuras y rizadas, y cuando se descubre la colonia ya está establecida. Revisa el corazón de la planta abriendo las hojas cada semana a partir del mes de trasplante. Si el problema es recurrente, busca semilla con resistencia declarada a Nasonovia.

Mildiu velloso (Bremia lactucae). Manchas amarillas de contorno anguloso limitadas por los nervios y polvillo blanco en el envés, con temperaturas suaves y humedad alta. Marco de plantación amplio, riego al pie y retirada de hojas bajeras.

Esclerotinia (Sclerotinia sclerotiorum) y botritis (Botrytis cinerea). Podredumbre acuosa en la base. Rotación de tres años, plantación en caballón y retirada de las plantas afectadas fuera del huerto, sin echarlas al compost.

Minador (Liriomyza spp.) y trips. Daño estético en huerto doméstico; retirar hojas afectadas basta casi siempre.

Cultivo de lechuga morada en el huerto

Valor nutricional y comportamiento en la cocina

En composición básica, una lechuga roja y una verde son casi idénticas: en torno a 15-18 kcal por 100 gramos, un 94-95 % de agua, aporte de folatos, vitamina K, potasio y fibra en cantidad modesta. La diferencia real está en las antocianinas y en un contenido algo mayor de compuestos fenólicos, concentrados en la epidermis coloreada.

Las antocianinas se comportan como antioxidantes en ensayos de laboratorio. De ahí a afirmar que comer lechuga morada previene una enfermedad concreta hay un salto que la evidencia disponible no permite dar, y conviene decirlo claro: es una hortaliza saludable dentro de una dieta variada, no un tratamiento.

Dos apuntes prácticos de cocina que sí dependen de la química del pigmento. Las antocianinas cambian de color con el pH: en medio ácido se mantienen rojas o incluso se avivan, y en medio alcalino viran a un gris azulado poco apetecible. Aliñar con vinagre o limón conserva el color; cocerla en agua dura y muy caliente lo destruye. Y como el pigmento es hidrosoluble, un remojo largo lo va disolviendo: lava las hojas rápido bajo el grifo y escúrrelas, sin dejarlas media hora en un barreño.

Creencias que conviene desmontar

Que la lechuga da sueño. La fama viene del lactucario, el látex amargo con lactucina y lactucopicrina que se extrae del tallo de Lactuca virosa y Lactuca serriola, plantas silvestres emparentadas. Una lechuga de ensalada cosechada en su punto contiene cantidades ínfimas de esos compuestos. Cenar ensalada no seda a nadie.

Que adelgaza. Aporta muy pocas calorías y sacia por volumen, lo que la hace útil en una dieta hipocalórica. Eso no es lo mismo que un efecto adelgazante propio, y menos aún si va bañada en aliños grasos.

Que el color rojo indica que está pasada o quemada. El bronceado del borde es pigmento, no daño. Lo que sí es un defecto es el borde marrón, seco y quebradizo de las hojas interiores, que corresponde al tipburn y se asocia a riego irregular y crecimiento acelerado, no a falta de calcio en el suelo.

Una precaución real, en cambio: como toda hortaliza de hoja, acumula nitratos, más cuanto más nitrógeno recibe y menos luz tiene. Es un motivo para no abonar en exceso y para no convertir las verduras de hoja en la base de la alimentación de bebés menores de un año.

En resumen

La lechuga morada es Lactuca sativa como cualquier otra —no confundir con el radicchio, que es Cichorium intybus— y su color depende de antocianinas que la planta fabrica con luz intensa, noches frescas y nitrógeno moderado. Cultívala al aire libre sembrando de agosto a septiembre o de febrero a abril, trasplanta a 25-30 cm con el cuello fuera del suelo, riega poco y a menudo por goteo y sin mojar la hoja de noche. Vigila babosas en el trasplante y abre el cogollo para buscar pulgón, que en hoja oscura pasa desapercibido. En la cocina, aliña con ácido para fijar el color y lava rápido para no perder pigmento. Es una hortaliza excelente y decorativa, sin propiedades medicinales que sostener.


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