Una bandeja de 104 alvéolos ocupa lo que un folio y de ella sale el tomate, el pimiento y la berenjena de toda la temporada. Ese es el argumento del semillero: concentrar en medio metro cuadrado, en condiciones controladas, las seis u ocho semanas más delicadas de la vida de una hortaliza, para llevarla al bancal cuando ya sabe defenderse.

Sembrar en semillero no es solo una manía de horticultor ordenado. Adelanta la cosecha entre tres y cinco semanas respecto a la siembra directa, permite aprovechar una semilla cara sin desperdiciar la mitad, salta el periodo en que un caracol se merienda una plántula recién nacida y deja el bancal ocupado por el cultivo anterior mientras la siguiente tanda ya está creciendo. A cambio exige atención diaria: un semillero olvidado un fin de semana de abril al sol se seca y se pierde entero.

Qué se siembra en semillero y qué no

La diferencia está en la raíz. Las especies de raíz pivotante, la que baja recta y no perdona que se la rompa, van directas a su sitio definitivo. Las de raíz ramificada aguantan bien el trasplante e incluso lo agradecen, porque emiten raíces nuevas en cada rotura.

Van muy bien en semillero: tomate, pimiento, berenjena, lechuga y escarola, todas las coles (repollo, brócoli, coliflor, kale), puerro, cebolla, apio, acelga, perejil, albahaca y la mayor parte de aromáticas de semilla.

Se siembran directas: zanahoria, chirivía, nabo, rabanito, remolacha si se quiere raíz limpia, espinaca, maíz, judía y guisante. Con la zanahoria no hay término medio: trasplantada da raíces bifurcadas y retorcidas que no valen para nada.

Caso intermedio, las cucurbitáceas. Calabacín, pepino, melón, sandía y calabaza se pueden adelantar en semillero, pero solo en maceta individual amplia y con un trasplante muy temprano, a las tres o cuatro semanas, sin deshacer el cepellón. Si se les enredan las raíces en el alvéolo y se les rompe al plantar, se quedan paradas un mes y la siembra directa de mayo las adelanta.

El recipiente: lo que importa es el volumen

Un vaso de yogur agujereado por abajo funciona igual de bien que un alvéolo de plástico del mismo tamaño. Lo que decide el resultado no es el material sino cuántos centímetros cúbicos de tierra tiene la planta y cuánto tarda en agotarlos.

  • Bandejas alveoladas de 3 a 4 cm de lado. Sirven para lechuga, coles, puerro, cebolla y aromáticas. En seis semanas la lechuga está lista para el bancal sin haber llenado del todo el cepellón.
  • Alvéolos grandes o macetas de 7 a 10 cm. Obligatorios para tomate, pimiento y berenjena si van a pasar más de un mes y medio en el semillero. Es habitual sembrar en bandeja pequeña y repicar a maceta a las tres o cuatro semanas.
  • Tacos de tierra prensada. Se hacen con una prensa manual y sustrato húmedo; la raíz se detiene al llegar al aire del borde y espera sin enrollarse. Es el sistema que mejor cepellón produce, aunque hay que regar con cuidado para que el bloque no se deshaga.
  • Pastillas de fibra de coco y macetas de turba prensada. Cómodas y limpias. Ojo con la instrucción del envase de "plantar entero": si el borde de la maceta asoma por encima de la tierra, hace de mecha y seca el cepellón, y la pared de turba tarda más en degradarse de lo que la raíz tarda en necesitar salir. Se rasga el fondo y se rompe el reborde superior antes de plantar.
Semillero improvisado en una huevera de cartón con plántulas recién nacidas

La huevera de cartón es el recipiente reciclado que más circula y el que peor se comporta. Cada hueco tiene apenas 25 o 30 cm³, el cartón absorbe agua del sustrato y la evapora por fuera, y en dos días de sol el fondo está seco. Vale para lechuga o coles que van a estar tres semanas escasas, nunca para un tomate. Si se usa, conviene apoyarla sobre una bandeja con un dedo de agua y no dejar que el cartón se seque nunca del todo.

Sea cual sea el recipiente, dos condiciones no son negociables: agujeros de drenaje y limpieza. Las bandejas reutilizadas de un año para otro se lavan y se sumergen unos minutos en lejía al 10 % aclarando después, o en agua a 60 grados. Los hongos que tumban plántulas pasan el invierno en los restos de sustrato pegados a los alvéolos.

El sustrato

Tierra del huerto en un semillero, no. Se compacta con los riegos hasta formar una costra que la plántula no atraviesa, viene cargada de semillas de hierba y trae los mismos hongos del suelo de los que precisamente queremos escapar.

Lo que se busca es un material fino, esponjoso, que retenga humedad y drene a la vez, y pobre en nutrientes. Esto último sorprende, pero la semilla lleva dentro toda la reserva que necesita hasta las primeras hojas verdaderas; un exceso de sales solo quema la radícula recién emitida. Nada de estiércol fresco, de compost sin madurar ni de abono líquido las dos primeras semanas.

Una mezcla que funciona: dos partes de turba rubia o fibra de coco por una de perlita o vermiculita, tamizada para quitar los grumos grandes. Los sustratos comerciales etiquetados "para semilleros" ya vienen con esa granulometría fina y una fertilización de arranque muy baja; el sustrato universal de saco grande, con su carga de abono, es demasiado basto y demasiado rico para semillas pequeñas.

Siembra: profundidad, densidad y temperatura

La regla de la profundidad es sencilla: se entierra la semilla a dos o tres veces su propio grosor. Un tomate, medio centímetro. Una calabaza, dos centímetros. Las semillas muy finas de lechuga, apio, tomillo o petunia se dejan prácticamente en superficie, apenas espolvoreadas con vermiculita, porque necesitan luz para germinar. Enterrar una semilla de lechuga un centímetro es condenarla.

Dos o tres semillas por alvéolo y luego se corta con tijera la más débil, sin arrancarla, para no mover las raíces de la que se queda. Sembrar a puñados en una bandeja común obliga después a separar plantitas enredadas y multiplica el riesgo de hongos por falta de aireación.

La temperatura del sustrato manda más que la del aire:

  • Tomate: germina bien entre 20 y 25 °C, en cinco a ocho días.
  • Pimiento y berenjena: exigen entre 22 y 28 °C y son lentos, de diez a veinte días. Por debajo de 18 °C la germinación se vuelve errática o directamente no ocurre, y ahí se pierde la mitad de un sobre creyendo que la semilla era mala.
  • Coles, lechuga, puerro, cebolla: 15 a 20 °C les basta.
  • Lechuga en verano: por encima de 26 o 28 °C entra en termoinhibición y no nace. Para las siembras de julio y agosto conviene poner la bandeja en sombra fresca, o incluso dos días en el frigorífico tras humedecerla, antes de sacarla.

En una casa española, un radiador cercano, la parte alta de un armario o un cable calefactor de semillero resuelven los grados que faltan en febrero. La zona de germinación puede estar a oscuras salvo para las semillas que piden luz; lo que no puede es estar a oscuras un día más de la cuenta.

Cuándo sembrar en España

El cálculo se hace hacia atrás desde la fecha en que ya no hiela en la zona, restando las semanas que la planta necesita en semillero. Tomate y berenjena piden unas ocho semanas; el pimiento, diez; las coles, cinco o seis; la lechuga, cuatro.

  • Litoral mediterráneo y sur: solanáceas de finales de enero a mediados de febrero, para plantar en abril.
  • Interior peninsular y meseta: de finales de febrero a mediados de marzo, para plantar a mediados de mayo, cuando ya pasaron los santos de hielo.
  • Norte húmedo y zonas de montaña: marzo, con trasplante a partir de finales de mayo.
  • Coles y brásicas de otoño e invierno: semillero en junio y julio, trasplante en agosto y septiembre.
  • Puerro y cebolla de primavera: semillero de enero a marzo.

Adelantar la siembra de enero pensando en cosechar antes suele salir al revés: un tomate sembrado el 15 de enero en el alféizar de un salón pasa dos meses estirándose sin luz suficiente y llega al bancal más débil que otro sembrado tres semanas después. La luz de febrero, no el calendario, es la que pone el límite.

Riego y luz, las dos causas de fracaso

El sustrato de un semillero debe estar húmedo como una esponja escurrida, constante, sin llegar nunca a encharcarse ni a secarse del todo. Regar desde arriba con la regadera descoloca las semillas pequeñas y salpica tierra sobre los cotiledones. Es mejor regar por inmersión: apoyar la bandeja en un recipiente con dos dedos de agua, esperar a que la superficie oscurezca y retirarla para que escurra. Un pulverizador sirve los primeros días.

Tapar la bandeja con plástico o una tapa transparente mantiene la humedad hasta la nascencia. En cuanto asoman los primeros cotiledones, esa tapa se quita. Dejarla puesta unos días más, con calor y aire quieto, es la receta exacta del damping off: las plántulas se estrangulan a ras de sustrato, se doblan y caen como segadas, y el hongo (Pythium, Rhizoctonia, Fusarium) avanza en círculo por la bandeja. Contra eso no hay tratamiento una vez empezado; solo prevención: recipientes limpios, siembra poco densa, riego justo, ventilación y nada de abono nitrogenado temprano.

Nacida la plántula, necesita toda la luz posible desde el primer día. Un tallo largo, pálido y fino que se tumba es una planta ahilada, y no se recupera del todo. Una ventana orientada al sur da entre tres y cinco horas útiles en invierno, insuficientes para un tomate; un invernadero pequeño, una cajonera fría en el exterior o un tubo LED de cultivo a diez o quince centímetros de las hojas durante catorce horas al día resuelven el problema. Si no hay luz que ofrecer, la alternativa honesta es sembrar más tarde.

Repicado y aclimatación

El repicado consiste en pasar cada plántula a un recipiente mayor cuando aparecen las dos primeras hojas verdaderas, las que ya tienen forma de hoja de tomate y no de cotiledón redondeado. Se sujeta siempre por un cotiledón, nunca por el tallo: un tallo aplastado entre los dedos deja una lesión que la planta no cierra, mientras que un cotiledón roto es prescindible. Se hace un agujero con un lápiz, se introduce la raíz sin doblarla, se aprieta suavemente alrededor y se riega para asentar.

La semana previa al trasplante definitivo toca el endurecimiento. Una planta criada a 20 °C, sin viento y con luz filtrada, sacada de golpe al sol de mayo, aparece al día siguiente con las hojas blanqueadas por quemadura y tarda dos semanas en reaccionar. Se evita sacándola al exterior de forma progresiva durante siete a diez días: primero un par de horas en sombra, luego media jornada, después sol de mañana, y finalmente la noche entera fuera si no se esperan mínimas bajas. Al mismo tiempo se espacia un poco el riego, para que el tallo se endurezca.

En el trasplante, el tomate admite y agradece enterrarse hasta la primera hoja, porque emite raíces adventicias en todo el tallo enterrado y sale reforzado. El pimiento y la berenjena, no: su cuello enterrado se pudre. Y conviene regar el cepellón una hora antes de sacarlo, para que salga entero y no se desmorone.

Detalles que ahorran disgustos

  • Etiquetar en el momento de sembrar, con variedad y fecha. Dos plántulas de tomate de variedades distintas son indistinguibles hasta que dan fruto.
  • Anotar el porcentaje de nascencia. Si de veinte semillas nacen tres, el problema estaba en la temperatura o en la edad del sobre, y conviene saberlo antes de repetir.
  • Vigilar la caducidad. Tomate y pimiento conservan buena germinación cuatro o cinco años en frío y seco; puerro, cebolla y chirivía pierden viabilidad en uno o dos años.
  • Girar la bandeja media vuelta cada dos días si la luz llega solo por un lado, para que los tallos no se curven todos hacia la ventana.
  • No abonar antes de tiempo. A partir de la tercera o cuarta semana, y siempre a dosis muy diluida, un cuarto de la recomendada en la etiqueta.

En resumen

El semillero adelanta la cosecha varias semanas y aprovecha la semilla, pero solo con las especies que toleran el trasplante: solanáceas, coles, lechugas, puerros y aromáticas sí; zanahoria, nabo, espinaca, maíz y leguminosas, a su sitio y directas. Cualquier recipiente sirve si tiene drenaje, está limpio y ofrece el volumen que la especie necesita durante las semanas que va a pasar dentro.

El sustrato debe ser fino, drenante y pobre en nutrientes; la profundidad de siembra, dos o tres veces el grosor de la semilla; la temperatura, entre 20 y 25 °C para tomate y por encima de 22 °C para pimiento. Después de la nascencia se retira la tapa de inmediato, se riega por inmersión y se da toda la luz disponible, porque el ahilamiento y el damping off se llevan por delante más semilleros que cualquier plaga. Se repica sujetando por los cotiledones y se endurece la planta durante una semana antes de plantarla. Con eso, lo que llega al bancal en abril o mayo es una planta corta, gruesa y verde oscuro, que arranca sin pararse.


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