La piel rugosa y parda de la reineta no es un defecto de la fruta: es exactamente el rasgo por el que se la reconoce. Ese aspecto áspero, que en el vocabulario frutícola se llama ruseteado, es una capa de corcho que la epidermis forma de manera natural en estas variedades y que las protege durante los meses de conservación. Una reineta lisa y brillante sería sospechosa, no lo contrario.
Conviene aclarar de entrada que «reineta» no designa una sola manzana. Es un grupo de variedades antiguas de Malus domestica emparentadas por origen y por carácter: carne firme, acidez alta, aroma marcado y una vocación culinaria evidente. En España las que se cultivan de verdad son dos: la Reineta Blanca del Canadá y la Reineta Gris del Canadá. La primera tiene la piel amarillo verdosa con ruseteado parcial, sobre todo alrededor del pedúnculo; la segunda va cubierta casi por completo de ese tono ocre grisáceo y suele resultar más aromática. Circula además la llamada Reineta Encarnada o Roja, de fondo amarillo con chapa rojiza.
Cómo es la fruta por dentro
El fruto es grande —muchas piezas superan los 75 mm de calibre—, achatado, con costillas marcadas hacia el ojo y una forma irregular que la aleja del calibrado uniforme del supermercado. La pulpa es blanca amarillenta, compacta, poco jugosa comparada con una Gala o una Fuji, y claramente ácida por su contenido en ácido málico.
Esa combinación de firmeza y acidez explica su uso. Al horno no se deshace: la pulpa se ablanda pero mantiene la estructura, de modo que la manzana asada conserva la forma en lugar de convertirse en puré. En tarta ocurre lo mismo, y la acidez equilibra el azúcar de la masa. En compota da un resultado consistente sin necesidad de añadir tanta azúcar como pide una variedad dulce. Cruda es perfectamente comestible, pero exige acostumbrarse: quien busque dulzor inmediato se llevará una decepción.
En el Bierzo, en León, la Denominación de Origen Protegida Manzana Reineta del Bierzo ampara la producción de las dos reinetas del Canadá. No es una casualidad geográfica: esa comarca reúne inviernos fríos, veranos secos y suelos profundos, que es justo lo que la variedad necesita.
El frío invernal manda
Antes de plantar hay que resolver una pregunta que decide todo lo demás: ¿tiene su zona invierno de verdad? La reineta es una variedad de necesidades de frío altas, del orden de mil horas por debajo de 7 °C acumuladas durante el reposo invernal. Sin ese frío, las yemas no salen de la latencia de forma ordenada: la brotación se retrasa y se escalona, la floración sale irregular y el cuajado es pobre. Un árbol plantado en la costa mediterránea templada puede vivir años y no dar apenas cosecha.
Por eso funciona bien en la mitad norte peninsular, en zonas de montaña media y en el interior con inviernos francos, y no es una elección sensata para el litoral cálido ni para el sur de invierno suave. Comprobarlo antes de gastar el dinero en el plantón ahorra un disgusto de cinco años.
Una variedad triploide no se poliniza sola
Tanto la Reineta Blanca del Canadá como la Gris son variedades triploides: tienen tres juegos de cromosomas y su polen es prácticamente estéril. No solo no se autopolinizan, es que tampoco sirven para polinizar a otras.
Consecuencia práctica: plantar un solo manzano reineta, o dos reinetas juntas, da un árbol precioso que florece cada primavera y cuaja cuatro manzanas. Para que fructifique hacen falta dos variedades diploides distintas que florezcan a la vez, porque una sola diploide se quedaría a su vez sin polinizador cuando la reineta no le devuelva polen útil. Golden Delicious, Granny Smith o Gala cumplen bien ese papel en floración media. La distancia entre ellos debe ser corta, dentro del radio de trabajo cómodo de las abejas: en un huerto familiar, plantarlos a menos de veinte metros.
Si no hay sitio para tres árboles, existe la salida del manzano polinjertado, con dos o tres variedades injertadas sobre el mismo pie. Ocupa el hueco de un solo árbol y resuelve la polinización.
Plantación, patrón y formación
Se planta a raíz desnuda entre noviembre y febrero, con el suelo no helado ni encharcado, o en cualquier momento del año si viene en contenedor, aunque el árbol arraiga mejor con la plantación invernal. El punto de injerto debe quedar por encima del nivel del suelo, cuatro o cinco dedos; si se entierra, la variedad emite raíces propias y el patrón deja de controlar el vigor.
La elección del patrón condiciona el tamaño y el manejo:
M9 da un árbol pequeño, de dos metros y medio a tres, entra en producción pronto —al tercer año— y permite recolectar desde el suelo, pero tiene raíz superficial y frágil: exige tutor permanente y riego regular, y no perdona la sequía. MM106 produce un árbol semivigoroso de unos cuatro metros, con buen anclaje y más autonomía frente a la sequía; es la opción sensata para huerto familiar sin riego localizado. El franco o pie de semilla levanta un árbol grande, longevo, que tarda seis o siete años en dar cosecha; tiene sentido en fincas amplias y poco más.
La formación habitual es en eje central para patrones enanizantes y en vaso abierto para los vigorosos. La reineta tiende a fructificar en dardos y lamburdas sobre madera de dos años o más, así que la poda de invierno debe respetar esas formaciones cortas: quien despunta sistemáticamente todas las ramillas se queda sin flor.
Riego, abonado y aclareo
El manzano necesita agua sobre todo en dos momentos: las semanas posteriores al cuajado, cuando el fruto multiplica células, y el verano, cuando engorda. Lo importante no es la cantidad total sino la regularidad. Alternar sequía y riegos abundantes provoca agrietado del fruto y favorece el bitter pit, esas manchas pardas y amargas hundidas bajo la piel que aparecen al final del verano o ya en cámara. La reineta es especialmente propensa a este trastorno.
El bitter pit no es un hongo ni se cura con fungicida: es un problema de reparto de calcio dentro del árbol. Se agrava con exceso de nitrógeno, con brotación demasiado vigorosa, con cargas escasas de fruto muy grande y con el riego irregular. Abonar con estiércol a lo bruto todas las primaveras, lejos de mejorar la fruta, empuja al árbol justo hacia ahí. Con un aporte moderado de materia orgánica en otoño y un abonado equilibrado rico en potasio a la salida del invierno es suficiente.
La reineta también manifiesta vecería: un año carga en exceso y al siguiente descansa. Se corrige aclarando frutos a finales de mayo o principios de junio, cuando ya ha pasado la caída natural. Se deja una manzana por ramillete, separadas unos veinte centímetros entre sí. Cuesta hacerlo —da la impresión de estar tirando cosecha—, pero el resultado es fruta de mejor calibre, menos bitter pit y producción todos los años.
Plagas y enfermedades a vigilar
El moteado (Venturia inaequalis) es el problema sanitario principal en las zonas húmedas donde la reineta se da bien. Aparece con primaveras lluviosas como manchas aterciopeladas oliváceas en hoja y fruto. La medida más rentable es la más aburrida: retirar y destruir la hojarasca caída en otoño, que es donde el hongo pasa el invierno, y airear la copa con la poda.
La carpocapsa o gusano de la manzana (Cydia pomonella) hace el agujero clásico con serrín en el orificio. Se controla bien con trampas de feromona para seguir los vuelos y, en huerto pequeño, con bandas de cartón ondulado en el tronco donde las larvas se refugian y de las que se retiran en invierno. El pulgón lanígero (Eriosoma lanigerum) forma esas masas algodonosas blancas en ramas y heridas de poda; conviene no dejar tocones ni cortes mal cicatrizados, que son su punto de entrada. Y el oídio blanquea brotes y hojas en primaveras secas y templadas: se eliminan los brotes afectados en cuanto se ven.
Cuándo recoger y cómo guardarla
La reineta es variedad tardía. En la mitad norte peninsular la recolección va de finales de septiembre a finales de octubre, según altitud y año. Adelantarse produce fruta que nunca desarrolla aroma; retrasarse da manzanas harinosas que se conservan mal.
Las señales de madurez fiables son tres, y conviene mirarlas juntas: el color de fondo de la piel vira de verde a amarillo verdoso, las pepitas pasan de blancas a marrón oscuro al abrir un fruto de muestra, y la manzana se desprende girándola hacia arriba sobre el pedúnculo sin tirar de la rama. Si hay que forzar, aún no está.
Para consumo inmediato se recoge en su punto; para almacenar, unos días antes. Aquí está la particularidad más interesante de la variedad: la reineta mejora en la despensa. Recién cogida resulta dura y áspera, y después de varias semanas de conservación gana aroma y pierde parte de esa aspereza. Es de las mejores manzanas de guarda que existen; en cámara a 1 °C con humedad alta aguanta cuatro o cinco meses, y en una habitación fresca, oscura y ventilada, colocada en una sola capa y sin que las piezas se toquen, se conserva bien hasta bien entrado el invierno.
Dos precauciones al guardar: apartar cualquier fruto golpeado o con la piel rota, porque una manzana podrida contamina a las vecinas en cuestión de días, y no almacenar las manzanas junto a patatas o a hortalizas de hoja. La manzana desprende etileno, y ese etileno brota las patatas y acelera el deterioro del resto.
En resumen
La reineta es una manzana de invierno frío, piel corchosa y carne ácida, pensada para el horno y para la despensa antes que para comer al momento. Su cultivo se sostiene sobre tres decisiones: plantarla donde el invierno acumule frío suficiente, acompañarla de dos variedades diploides que la polinicen —porque siendo triploide su polen no sirve—, y mantener el riego regular con un abonado contenido para no provocar bitter pit. Aclarar frutos a principios de verano corrige la vecería y mejora el calibre. Se recoge en octubre, cuando las pepitas están oscuras y el fruto se desprende solo, y se guarda en frío unas semanas antes de comerla: en ese reposo es donde la variedad termina de hacerse.