Cuando alguien pregunta por las patatas de siembra suele estar planteándose una duda muy razonable: si en la despensa hay patatas que ya han echado brotes, ¿por qué comprar otras en el vivero? La respuesta explica bastante bien qué son exactamente y por qué merece la pena pagar por ellas.

Patatas de siembra preparadas para plantar

Qué son las patatas de siembra

La patata (Solanum tuberosum) no se multiplica en el huerto por semilla botánica, sino por vía vegetativa: se planta un tubérculo y de sus yemas —los llamados «ojos»— brotan tallos que darán una planta nueva, genéticamente idéntica a la madre.

Una patata de siembra es un tubérculo producido específicamente para ese fin, bajo un programa de certificación sanitaria. Se cultiva en zonas frías y de altura, donde la presión de pulgones —los principales vectores de virus— es baja, y se somete a controles de campo y de laboratorio antes de venderse. Lleva una etiqueta de certificación con la variedad, la categoría y el calibre.

Se comercializan por calibres, habitualmente entre 28 y 55 mm. El tamaño ideal para plantar entera ronda los 40-50 g, aproximadamente el de un huevo pequeño.

Por qué no plantar las patatas de la despensa

Se puede hacer, y a veces sale bien. Pero hay tres razones de peso para no hacerlo de forma sistemática, y ninguna es comercial.

1. Virus. Es la razón principal y la que casi nadie conoce. La patata acumula virosis —virus Y de la patata (PVY), virus del enrollado de la hoja (PLRV), virus X— que se transmiten de generación en generación a través del tubérculo. Una planta virosada no siempre muestra síntomas evidentes, pero produce entre un 20 y un 60 % menos. Los programas de certificación existen precisamente para romper esa cadena. Si guardas tubérculos de tu propia cosecha año tras año, la producción decae progresivamente; es un fenómeno bien conocido y se llama degeneración varietal. Lo razonable es renovar la simiente cada dos o tres años.

2. Antigerminantes. Buena parte de la patata de consumo se trata en poscosecha con inhibidores de la brotación para que aguante en el lineal. Esas patatas brotan mal, tarde y de forma irregular.

3. Hongos y bacterias de suelo. La sarna común, la rizoctonia o la podredumbre parda pueden llegar a tu huerto con un tubérculo infectado y quedarse en el terreno durante años.

Dicho esto, si tienes patatas ecológicas sin tratar, de origen conocido y sanas, plantarlas no es ningún disparate: solo asume que el rendimiento será algo menor y que no sabes qué carga viral llevan.

El paso previo: la pregerminación

Es la operación que más diferencia marca y la que más se omite. Consiste en hacer brotar los tubérculos antes de plantarlos, y adelanta la cosecha entre dos y tres semanas.

Cuatro o seis semanas antes de la fecha de plantación, coloca las patatas en una sola capa, con la parte que tiene más ojos hacia arriba, en cajas o hueveras. El sitio debe estar a 10-12 °C, con luz indirecta abundante y buena ventilación.

La luz es fundamental y es donde se equivoca casi todo el mundo. A oscuras la patata brota igualmente, pero produce brotes largos, blancos y frágiles que se rompen al manipularlos y dan plantas débiles. Con luz salen brotes cortos, gruesos y de color verde o violáceo, de 1 a 2 cm, que es exactamente lo que quieres.

Deja dos o tres brotes por tubérculo y elimina el resto frotando con el dedo. Menos brotes significa menos tallos, y menos tallos significa menos patatas pero más gruesas. Si prefieres muchas patatas pequeñas, deja más.

¿Cortar los tubérculos? Con calibres grandes se puede, dejando dos o tres ojos por trozo, pero es una práctica arriesgada en clima húmedo: la superficie de corte es una puerta de entrada para hongos y bacterias. Si lo haces, corta dos o tres días antes y deja secar los trozos al aire para que cicatricen (suberización). En huerto familiar, es más seguro comprar calibre pequeño y plantar entero.

Cuándo se plantan

La regla no es una fecha, sino una temperatura: el suelo debe estar por encima de 8-10 °C. Plantar en tierra fría y encharcada hace que el tubérculo se pudra antes de brotar.

Como referencia en la Península:

Sur y litoral mediterráneo: de enero a marzo para la cosecha temprana o extratemprana, con recolección de mayo a junio. En zonas muy suaves, como el litoral gaditano o Canarias, incluso en diciembre.

Centro peninsular: de marzo a abril, para recolectar en julio y agosto.

Norte y zonas de montaña: de abril a mayo, en cuanto pase el riesgo de heladas, con cosecha en septiembre.

Existe además la plantación de otoño (agosto-septiembre) en el litoral mediterráneo y el sur, para recolectar en noviembre y diciembre. Es habitual en zonas sin heladas.

El brote joven de patata es muy sensible: una helada de -1 °C lo quema. Si la planta ya ha emergido y se anuncia frío, aporca cubriéndola de tierra o tápala con manta térmica. La planta rebrota si la helada la pilla pequeña, pero pierde tiempo y cosecha.

Cómo se plantan en el huerto

Suelo. Suelto, profundo, con materia orgánica y sin encharcamiento. La patata prefiere pH algo ácido, entre 5,5 y 6,5. Este dato tiene una consecuencia práctica: no encales el terreno antes de plantar patatas. Los suelos alcalinos favorecen la sarna común (Streptomyces scabies), esa costra corchosa en la piel que no afecta al sabor pero estropea el aspecto.

Nada de estiércol fresco: aporta un exceso de nitrógeno, favorece la sarna y da mucha mata con pocos tubérculos. Compost bien maduro incorporado en otoño o dos meses antes.

Rotación. Tres o cuatro años sin solanáceas —patata, tomate, pimiento, berenjena— en la misma parcela. Es la mejor defensa frente al mildiu y los nematodos del quiste.

Marco y profundidad. Abre surcos de 10-15 cm de profundidad, separados 70-75 cm. Coloca los tubérculos con los brotes hacia arriba, separados 30-35 cm entre sí, y cúbrelos con tierra.

El aporcado. Es la operación decisiva del cultivo y conviene entender por qué. Los tubérculos no se forman en la raíz, sino en unos tallos subterráneos llamados estolones, que nacen del tallo principal por encima de la patata madre. Cuanto más tallo enterrado haya, más estolones y más patatas.

Además, un tubérculo que queda expuesto a la luz se vuelve verde por acumulación de clorofila, y ese verdeado va acompañado de un aumento de solanina, un glicoalcaloide tóxico. Las patatas verdes no deben comerse.

Por eso se aporca: cuando la planta alcance unos 20-25 cm, arrima tierra alrededor del tallo formando un caballón, dejando fuera solo las hojas superiores. Repite la operación dos o tres semanas después. Dos aporcados suelen bastar.

Riego. Regular desde la emergencia hasta la floración, que es cuando se están llenando los tubérculos y donde el déficit hídrico más penaliza el rendimiento. Evita las oscilaciones bruscas: alternar sequía y riego abundante provoca crecimientos secundarios y patatas deformes o agrietadas. Suspende el riego dos o tres semanas antes de la recolección, cuando la mata amarillea, para que la piel se endurezca.

Patatas en maceta y saco

Funciona bien y es una de las formas más agradecidas de cultivar en terraza, porque el momento de vaciar el recipiente tiene algo de búsqueda del tesoro.

Recipiente. Mínimo 30-40 litros por planta, con al menos 40 cm de altura. Sirven sacos de cultivo de tela, cubos de obra con agujeros, bidones cortados o los sacos de sustrato vacíos con perforaciones en el fondo. Cuantos más agujeros de drenaje, mejor: la patata no perdona el encharcamiento.

Procedimiento. Pon 15 cm de sustrato en el fondo, coloca uno o dos tubérculos pregerminados —no más, aunque el recipiente sea grande— y cúbrelos con 10 cm. Conforme el tallo crezca, ve añadiendo sustrato hasta llenar el recipiente, dejando siempre las hojas superiores al aire. Es el equivalente al aporcado, y es lo que multiplica la cosecha.

Sustrato. Ligero: mezcla de sustrato universal con compost y un 20 % de perlita o fibra de coco. Los sustratos pesados se compactan y asfixian los estolones.

Riego. Frecuente pero sin charco. En verano, revisa a diario. Los sacos de tela transpiran y se secan más rápido que el plástico.

Rendimiento realista: entre 1 y 2 kg por recipiente de 40 litros bien llevado. No vas a llenar la despensa, pero sí a comer patatas nuevas de primerísima calidad.

Recolección y conservación

Las patatas nuevas se pueden empezar a sacar unas dos o tres semanas después de la floración, escarbando con la mano por el lateral del caballón sin arrancar la planta. Tienen la piel finísima y no se conservan.

Para la cosecha principal, espera a que la mata amarillee y se seque por completo. Ese es el momento en que el tubérculo ha terminado de engordar y ha formado una piel firme. Arranca con el suelo seco, con horca, empezando lejos de la planta para no clavar los tubérculos.

Deja las patatas secarse unas horas a la sombra —nunca al sol directo, que las verdea— y cúralas después dos semanas en un lugar oscuro y fresco a unos 12-15 °C, para que cicatricen los pequeños daños de la recolección.

Guárdalas en cajas o sacos de papel, en oscuridad total, entre 4 y 8 °C, con ventilación y sin humedad. La oscuridad es innegociable: evita el verdeado. Y no las guardes junto a manzanas o peras, cuyo etileno acelera el brotado.

Recolección de patatas en el huerto

Problemas más comunes

Mildiu (Phytophthora infestans). El gran enemigo. Manchas pardas con halo amarillento en las hojas y un fieltro blanquecino en el envés, que en pocos días arrasa la mata y pudre los tubérculos. Aparece con humedad alta y temperaturas templadas: primaveras lluviosas en el norte, sobre todo. Prevención: marco amplio, riego al pie, no mojar el follaje y retirar de inmediato el material afectado. Si el ataque se dispara, cortar toda la parte aérea y esperar dos semanas antes de arrancar salva buena parte de la cosecha.

Escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata). Adultos rayados en amarillo y negro y larvas rojizas que defolian la planta a velocidad notable. En huerto pequeño, la recogida manual de adultos, larvas y las puestas de huevos anaranjados en el envés es perfectamente eficaz si se hace con constancia.

Sarna común. Costras corchosas en la piel. Favorecida por suelos alcalinos, secos en la fase de tuberización y por el estiércol fresco. No afecta al interior del tubérculo.

Patatas verdes. Falta de aporcado. No se comen.

Mucha mata y pocas patatas. Exceso de nitrógeno, o falta de sol.

En resumen

Las patatas de siembra son tubérculos certificados sanitariamente, producidos para plantar y no para comer, y su ventaja real frente a las patatas de la despensa es que están libres de las virosis que reducen progresivamente el rendimiento y que no llevan tratamiento antigerminante.

El cultivo se apoya en cuatro puntos: pregerminar con luz durante cuatro o seis semanas para obtener brotes cortos y gruesos; plantar cuando el suelo supere los 8-10 °C, entre enero y mayo según la zona; aporcar dos veces para multiplicar los estolones y evitar el verdeado; y esperar a que la mata se seque antes de la cosecha principal, cortando el riego tres semanas antes.

Añade una rotación de tres o cuatro años sin solanáceas y evita encalar el terreno, y habrás esquivado la mayoría de los problemas que arruinan el cultivo.


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