A treinta grados la flor cuaja sin problemas; a treinta y ocho se cae al suelo con el pedúnculo amarillo y no forma nada. Ese margen tan estrecho explica buena parte de lo que le pasa al pimiento morrón en un huerto español entre julio y agosto, y explica también por qué dos plantas idénticas dan cosechas tan distintas según dónde estén plantadas.

El morrón es Capsicum annuum, el mismo taxón que el pimiento de Padrón, el de guindilla o el italiano de asar. Lo que llamamos morrón es un grupo hortícola dentro de esa especie, el grupo Grossum: fruto grande, de pared gruesa, con tres o cuatro lóbulos marcados y sin picante. La ausencia de picor no es cuestión de cultivo ni de riego: es un gen recesivo que bloquea la síntesis de capsaicinoides en la placenta del fruto.

Pimientos morrones rojos maduros recién recolectados

Qué planta tienes delante

Es una solanácea perenne en su origen tropical americano que aquí cultivamos como anual, porque la primera helada la mata. Forma un tallo principal que se bifurca a los 25-35 cm de altura en una horquilla —la llamada cruz— y en ese punto aparece la primera flor. A partir de ahí la ramificación es dicotómica y cada bifurcación sucesiva lleva su flor. Entender esta arquitectura sirve para podar con criterio: todo lo que salga por debajo de la cruz son chupones que solo restan.

El sistema radicular es pivotante, pero se pierde el eje principal en el trasplante y lo que queda es una cabellera de raíces superficiales concentrada en los primeros 30-40 cm. De ahí la sensibilidad a la sequía puntual y, a la vez, a los encharcamientos.

Sobre el color: el pimiento verde y el pimiento rojo no son variedades distintas. Son el mismo fruto en dos momentos. El verde es el fruto cuajado y con tamaño hecho, todavía inmaduro; el rojo, amarillo o naranja es ese mismo fruto tras completar la maduración, que tarda de dos a tres semanas más en la planta. Existen variedades que viran a amarillo o chocolate en vez de a rojo, pero el proceso es el mismo. Si recolectas todo en verde, la planta sigue produciendo; si dejas madurar mucha carga, se frena.

Y una idea que circula mucho conviene desmontarla: los pimientos de cuatro lóbulos no son hembras ni los de tres son machos. El fruto es un ovario desarrollado, no tiene sexo. El número de lóbulos depende de la variedad y de la temperatura durante la formación de la flor, y no cambia nada del sabor ni del número de semillas de forma fiable.

Semillero: el momento y la temperatura

El pimiento germina despacio y necesita calor. La franja óptima del sustrato está entre 24 y 28 °C; por debajo de 18 °C la germinación se alarga hasta tres semanas o directamente se pudre la semilla. Con temperatura adecuada, la nascencia llega entre los 8 y los 14 días, bastante después que el tomate en las mismas condiciones.

En la Península, el calendario razonable es:

Zonas de interior y norte (Castilla, Aragón, cornisa cantábrica): semillero protegido a partir de mediados de febrero y hasta mediados de marzo, en invernadero, galería acristalada o dentro de casa junto a una ventana muy luminosa.

Litoral mediterráneo y valle del Guadalquivir: se puede adelantar a finales de enero o primeros de febrero, porque el trasplante llegará antes.

Siembra a 0,5-1 cm de profundidad en alveolos con sustrato fino y mantén humedad constante sin charco. En cuanto asome el cotiledón, lo que manda es la luz: una plántula de pimiento con calor y poca luz se ahíla en cuatro días y ya no se recupera, queda con un tallo largo y débil que se tumba. Si germinas en el interior de la vivienda, saca las bandejas a la luz directa en cuanto emerjan.

Cuando aparezca la segunda hoja verdadera, si has sembrado en semillero de siembra al voleo, repica a maceta individual de 8-10 cm. En alveolo no hace falta.

Trasplante y marco de plantación

La planta está lista con 12-18 cm de altura, tallo grueso y cinco o seis hojas verdaderas, lo que ocurre unos 55-70 días después de la siembra. Pero la fecha no la marca la planta, la marca el suelo: hasta que el terreno no esté por encima de 15 °C de forma estable y haya pasado el riesgo de helada, no salgan al exterior. En el litoral mediterráneo eso es finales de marzo o abril; en la meseta, la primera quincena de mayo; en zonas de montaña, no antes de finales de mayo.

Aclimata la planta durante una semana antes, sacándola unas horas al exterior y aumentando la exposición. Un pimiento que pasa del invernadero al huerto de golpe se queda parado un mes con las hojas moradas.

Marco: 40-50 cm entre plantas y 60-80 cm entre líneas. Apretar más no aumenta la producción total y sí multiplica los problemas de hongos por falta de aireación. Entierra el cepellón a su mismo nivel; el pimiento, a diferencia del tomate, no emite raíces adventicias por el tallo enterrado y lo único que consigues plantándolo hondo es favorecer la podredumbre del cuello.

Si tu suelo es arcilloso o riegas a manta, planta sobre caballón de 15-20 cm. Es la mejor defensa contra Phytophthora capsici, que ataca por el cuello en cuanto hay agua estancada.

En maceta necesita volumen: 20 litros por planta como mínimo para un morrón de fruto grande. En 10 litros la planta vive, pero da tres o cuatro pimientos pequeños y sufre estrés hídrico cada tarde de julio.

Cuidados durante el cultivo

Riego. Frecuente y moderado, nunca abundante y espaciado. El objetivo es que el suelo no oscile entre encharcado y seco, porque esa oscilación es la que provoca casi todos los desarreglos del fruto. En verano peninsular, riego por goteo diario o cada dos días según textura del suelo. Un acolchado de paja, restos de siega secos o corteza de 5 cm amortigua la evaporación y estabiliza la humedad mucho mejor que aumentar el caudal.

Abonado. El pimiento es exigente en potasio durante el cuaje y el engorde. Nitrógeno moderado: un exceso da una planta enorme, verde oscura, con hojas grandes, entrenudos largos y muy pocos frutos, además de atraer pulgón. Estiércol bien compostado incorporado en otoño o dos meses antes del trasplante, y a partir del primer cuaje, aportes quincenales de un abono rico en potasio o extracto de compost.

Entutorado. Una caña por planta atada con holgura, o dos cuerdas laterales tipo emparrado. Las ramas del pimiento son quebradizas y una bifurcación cargada de frutos se parte con una racha de viento.

Poda. Quita los brotes que salgan por debajo de la cruz. La flor de la cruz —la primera— puedes eliminarla si buscas frutos grandes y una planta más vigorosa; si la dejas, ese primer pimiento suele salir deforme y frena el crecimiento de la planta durante semanas. No deshojes la parte alta: el fruto expuesto al sol directo de agosto sufre asoleado, una quemadura blanquecina y apergaminada en la cara sur que después se pudre.

El cuaje: por qué florece y no da fruto

La planta se llena de flor y no ata un solo fruto: la explicación es térmica. El polen del pimiento pierde viabilidad por encima de 35 °C y también cuando las noches bajan de 15 °C o suben por encima de 24 °C sostenidas. En una ola de calor la planta abre flores, no cuaja ninguna y las va soltando por la base del pedúnculo durante dos semanas.

No es una carencia ni una enfermedad y no se arregla abonando. Lo que sí funciona es reducir el estrés: malla de sombreo del 30-40 % en las horas centrales durante los picos, acolchado y riego regular. Cuando bajen las máximas a finales de agosto, la planta vuelve a cuajar sola y da una segunda tanda en septiembre y octubre, que en muchas zonas es la mejor del año.

El pimiento es autógamo, se poliniza a sí mismo, pero los insectos provocan entre un 10 y un 40 % de cruzamiento. Esto importa si guardas semilla: si tienes guindillas cerca, la pulpa del morrón de este año no picará —es tejido materno—, pero las plantas que nazcan de esas semillas el año que viene pueden salir picantes.

Plagas

Pulgón (Myzus persicae, Aphis gossypii). Coloniza brotes tiernos y envés de hojas jóvenes, deforma el crecimiento y deja melaza sobre la que crece negrilla. El daño directo casi nunca es grave; lo grave es que transmite virus. Revisa los ápices una vez por semana desde el trasplante. Colonias pequeñas se resuelven con un chorro de agua a presión o jabón potásico al 1-2 % aplicado al envés y a última hora de la tarde. Las mariquitas y los sírfidos hacen el resto si no has fumigado con nada de amplio espectro.

Colonia de pulgones sobre un brote tierno

Araña roja (Tetranychus urticae). Aparece con calor y aire seco. Primero un punteado amarillento fino en el haz, después telaraña en el envés y en las axilas. El ácaro prolifera precisamente en las plantas con estrés hídrico y polvo, así que un riego correcto y humedecer el envés al atardecer ya reduce mucho la población. El azufre mojable funciona, pero no lo apliques por encima de 30 °C porque quema la hoja.

Trips (Frankliniella occidentalis). Deja plateados y deformaciones en hojas y frutos, pero el problema serio es que transmite el virus del bronceado (TSWV). Un solo trips infectivo puede arruinar la planta. Trampas cromáticas azules para detectarlo pronto y control estricto de malas hierbas en flor alrededor del bancal.

Mosca blanca (Bemisia tabaci, Trialeurodes vaporariorum). Más problemática en invernadero. Adultos que levantan en nube al mover la planta y ninfas fijas en el envés. Trampas amarillas y jabón potásico.

Orugas de fruto (Helicoverpa armigera, Spodoptera spp.). Perforan el pimiento por la zona del cáliz y se comen el interior; el fruto se pudre desde dentro y no lo ves hasta que lo cortas. Bacillus thuringiensis var. kurstaki aplicado cuando las orugas son pequeñas es eficaz y respeta la fauna auxiliar.

Gusanos grises (Agrotis spp.). Siegan la plántula recién trasplantada a ras de suelo durante la noche. Un collarín de cartón o botella alrededor del tallo en las dos primeras semanas lo evita.

Enfermedades

Tristeza o seca del pimiento (Phytophthora capsici). La planta se marchita de golpe, en uno o dos días, con la hoja aún verde, y al descalzarla se ve el cuello pardo y estrangulado. No hay curación. Se previene con drenaje, caballón, riego localizado sin mojar el cuello y rotación larga: el hongo sobrevive años en el suelo.

Oídio (Leveillula taurica). Aquí conviene fijarse bien, porque no se comporta como el oídio de la calabaza: el polvillo blanco sale en el envés, y en el haz solo se ven manchas amarillas difusas. Se confunde con una carencia y se pierde tiempo abonando. Provoca defoliación y con ella asoleado en los frutos. Azufre o bicarbonato potásico en cuanto aparezcan las primeras manchas.

Botrytis (Botrytis cinerea). Moho gris en heridas de poda, flores viejas y frutos en contacto con el suelo. Aparece con humedad alta y poca ventilación. Retira flores marchitas y restos, y airea.

Podredumbre apical (blossom-end rot). Una mancha deprimida, marrón oscura y correosa en la punta del fruto. Es una alteración fisiológica, no un hongo, y aquí hay una creencia que hace perder dinero: no se cura echando calcio al suelo. El suelo español medio, calizo, tiene calcio de sobra. Lo que falla es el transporte, porque el calcio viaja con el agua por el xilema y necesita un flujo constante. Riego irregular, salinidad alta o exceso de nitrógeno amoniacal lo bloquean. La solución es regularizar el riego y acolchar. Los frutos ya afectados no se recuperan; retíralos para que la planta no gaste en ellos.

Virosis (TSWV, PMMoV, CMV). Mosaicos, deformaciones, anillos concéntricos en el fruto. No tienen tratamiento. Se controla el vector —pulgón y trips—, se arrancan las plantas afectadas y se desinfectan las manos y las tijeras entre plantas. Si el virus del mosaico del pimiento (PMMoV) te ha entrado alguna vez, busca variedades con resistencia L3 o L4.

Sobre rotación: no plantes pimiento donde el año anterior hubo tomate, patata, berenjena u otro pimiento. Comparten patógenos de suelo y los acumulas. Deja tres o cuatro campañas de margen.

Recolección

Los primeros pimientos verdes están listos entre 60 y 80 días después del trasplante, cuando el fruto tiene el tamaño propio de la variedad, la piel brillante y firme, y suena hueco al golpearlo con el dedo. Para rojo, amarillo o naranja, hay que esperar dos o tres semanas más en la planta.

Corta siempre con tijera dejando un centímetro de pedúnculo. Si tiras a mano, arrancas la ramificación entera y pierdes las flores que venían detrás. Recolectar con frecuencia mantiene la planta produciendo hasta la primera helada.

En la cocina y en la nevera

Se come crudo en ensalada, asado y pelado, frito, relleno, en pisto, en escalivada o convertido en conserva. El asado tradicional —horno fuerte, después reposo tapado 15 minutos para que la piel se despegue con el vapor— concentra los azúcares del fruto rojo y es donde más se nota la diferencia entre un morrón de huerto y uno de cámara.

Aguanta en el cajón de la nevera una o dos semanas. Sin envolver en plástico: la condensación acelera la pudrición desde el pedúnculo. Congela bien troceado y en crudo si lo vas a usar cocinado, y también asado y pelado, en bolsas con su propio jugo. En seco no se conserva bien por su alto contenido en agua, salvo variedades de pared fina.

Qué aporta nutricionalmente

El dato que sorprende: el pimiento rojo contiene más vitamina C que la naranja, en torno a 130-150 mg por 100 g frente a los 50 mg del cítrico. El verde, al estar inmaduro, tiene bastante menos, y la vitamina C se degrada con el calor, así que crudo es donde más rinde.

La maduración también dispara los carotenoides: el rojo acumula betacaroteno —precursor de la vitamina A— y capsantina, el pigmento que le da el color. El amarillo y el naranja aportan luteína y zeaxantina. Es hipocalórico, alrededor de 20-30 kcal por 100 g, con un 92 % de agua, fibra y potasio.

Al no tener capsaicina, no irrita la mucosa gástrica como sí puede hacerlo un pimiento picante, aunque su piel es indigesta para algunas personas: pelarlo tras asarlo resuelve ese problema sin perder los carotenoides, que son liposolubles y se aprovechan mejor precisamente con un poco de aceite.

En resumen

El pimiento morrón es Capsicum annuum del grupo Grossum, un cultivo de ciclo largo que se siembra en semillero caliente entre enero y marzo y se trasplanta cuando el suelo supera los 15 °C, con 40-50 cm entre plantas y sobre caballón si el terreno retiene agua. Necesita riego frecuente y regular más que abundante, potasio durante el engorde y tutor, porque sus ramas se parten.

La falta de cuaje en pleno verano es térmica y se corrige con sombreo, no con abono. La podredumbre apical del fruto es un problema de riego irregular, no de falta de calcio en el suelo. Vigila pulgón y trips por lo que transmiten más que por lo que comen, planta sobre lomo para esquivar Phytophthora y busca el oídio en el envés de la hoja, no en el haz.

Recolecta en verde a partir de los dos meses del trasplante o espera dos o tres semanas más para el rojo, que es el mismo fruto maduro, con más vitamina C, más carotenoides y más azúcar.


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