La rama se abre por la cruz un día de julio, con dos berenjenas de medio kilo colgando de ella, y no hay forma de arreglarlo: la madera de la berenjena no cicatriza esa rotura y lo que queda es una planta desequilibrada y una puerta abierta para los hongos. Ese desgarro, que ocurre casi siempre en la horquilla donde el tallo principal se divide, es la razón por la que el entutorado no es un refinamiento de horticultor meticuloso sino una necesidad del cultivo.

La berenjena (Solanum melongena) es, en su origen tropical, un arbusto perenne y leñoso. Aquí la cultivamos como anual de verano y le pedimos que, en cinco meses, sostenga un peso de fruto muy superior al que su estructura joven puede aguantar. Poda y entutorado son las dos herramientas con las que se corrige ese desajuste.

Por qué la berenjena necesita tutor y el pimiento a veces no

Tres motivos concretos. El primero, el peso: una planta bien llevada carga a la vez cuatro o seis frutos de 200 a 500 gramos cada uno, y una variedad de fruto largo tipo 'Larga negra' concentra ese peso en el extremo de ramas que se van alargando. El segundo, la fragilidad de la madera: los brazos de berenjena son quebradizos y se rajan longitudinalmente por la inserción, no se doblan. El tercero, la sanidad: el fruto que toca el suelo se mancha, se pudre y atrae babosas, y una planta tumbada no ventila, lo que en agosto significa oídio y araña roja garantizados.

A esto se añade el viento. En terrazas y en huertos abiertos del interior peninsular, una planta de 1,20 m sin sujetar se vence con una tormenta de verano aunque no lleve fruto.

Cuándo poner el tutor

En el momento del trasplante o pocos días después, cuando la planta tiene 15-20 cm y aún no ha desarrollado raíz lateral. Es un detalle que se pasa por alto y tiene consecuencias: clavar una caña junto a una planta de dos meses significa atravesar el bulbo de raíces que ha construido en los primeros 20-25 cm de suelo, con el daño y el riesgo de entrada de Verticillium que eso implica.

En clima peninsular el trasplante de berenjena va de mediados de abril en la costa mediterránea a finales de mayo en el interior y en zonas de montaña, siempre con el suelo por encima de 15 °C. Ese mismo día se pone el tutor.

Sistemas de entutorado que funcionan

Caña individual. La solución del huerto familiar: una caña de bambú o un tutor de 1,5-1,8 m clavado 30 cm, a unos 8-10 cm del tallo, y ataduras cada 20-25 cm conforme la planta sube. Suficiente para variedades de porte medio y cosechas de tres o cuatro meses. Su límite es que sujeta bien el tallo principal pero no los brazos laterales cargados.

Triángulo o tipi de tres cañas. Tres tutores clavados alrededor de la planta y unidos arriba. Reparte mucho mejor el esfuerzo y permite atar cada brazo a una caña distinta. Es la mejor opción de bajo coste para variedades productivas al aire libre.

Espaldera de hilos (sistema holandés). Dos postes en los extremos de la línea, un alambre superior a 1,8-2 m y de él bajan hilos de rafia o cuerda, uno por brazo, que se atan sin apretar a la base del tallo o a un piquete. La planta se va enrollando alrededor del hilo o se sujeta a él con clips cada 20 cm. Es lo que se usa en invernadero y lo que hay que montar si vas a conducir la planta a dos o cuatro brazos y prolongarla hasta octubre. Requiere estructura firme: una planta de berenjena a final de temporada pesa varios kilos.

Malla vertical o jaula. Una malla de cuadro grande o un cilindro de mallazo alrededor de la planta. Muy poco trabajo, pero dificulta la recolección y el deshojado en el interior.

Cómo atar sin estrangular

El tallo de la berenjena engorda mucho durante la temporada, y una atadura que en junio quedaba holgada puede llegar a hincarse en septiembre. Usa rafia, cinta elástica de entutorar o clips, nunca alambre plastificado ni hilo fino, que corta.

El nudo correcto es en forma de ocho: se da una vuelta al tutor, se cruza la cinta y se rodea el tallo dejando un dedo de holgura. Así el tallo no roza contra la caña. Y ata siempre por debajo de una hoja o de una bifurcación, nunca en un entrenudo liso, porque la atadura resbala hacia abajo con el peso.

Berenjena creciendo en la rama de la planta

La cruz: el punto de referencia de toda la poda

La berenjena crece con un solo tallo hasta que, a los 30-45 cm de altura, se bifurca. En esa horquilla —la cruz— suele aparecer la primera flor. A partir de ahí, cada brazo vuelve a bifurcarse en dos, y esos en dos más, y así sucesivamente. Toda la poda de la berenjena consiste en decidir cuántas de esas ramificaciones se mantienen.

Por debajo de la cruz no se deja nada. Todos los brotes que salgan del tallo principal por debajo de la bifurcación se eliminan en cuanto se ven, con los dedos, cuando miden 3-4 cm. Son chupones que compiten por savia, tapan la base de la planta e impiden que el aire circule a ras de suelo. Este destallado se repite cada semana o diez días durante el primer mes y medio; después la planta deja de emitirlos.

La primera flor de la cruz se elimina si la planta está aún poco desarrollada. Ese primer fruto, cuajado antes de que haya estructura vegetativa, frena el crecimiento y suele salir deformado. Si la planta llega a la cruz vigorosa, con hoja grande y tallo grueso, se puede dejar.

Formación a dos, tres o cuatro brazos

De las dos ramas que nacen en la cruz se conservan ambas y a partir de la siguiente bifurcación es donde se elige. En cada nueva horquilla se deja crecer una rama como prolongación del brazo y se despunta la otra dejando una o dos hojas y el fruto. Repitiendo esa operación en cada nivel se obtiene una planta conducida.

Dos brazos: planta muy aireada, fruto grande y de calibre homogéneo, cosecha algo menor en número. Es la conducción de invernadero y de marcos densos.

Tres o cuatro brazos: el equilibrio habitual al aire libre. Más fruta total, calibre algo menor, y necesita más sujeción.

Libre, sin conducir: perfectamente válida en un huerto familiar del norte o en cultivos de ciclo corto. Se deja ramificar y se limita el trabajo al destallado por debajo de la cruz, al tutorado y a quitar lo que se rompa o se seque. Conviene aclarar aquí una idea muy repetida: podar la berenjena no aumenta los kilos totales, los concentra en frutos más grandes, más limpios y con menos incidencia de enfermedades. Si tu objetivo es cantidad y no calibre, no podar no es un error.

Deshojado y aclareo de frutos

Las hojas viejas de la base, una vez recolectado el fruto que estaba a su altura, ya no aportan: dan sombra al suelo, retienen humedad y son el primer sitio donde entra la Botrytis. Se van eliminando dos o tres cada semana, cortando a ras del tallo con tijera limpia, y siempre en días secos y por la mañana, para que la herida cicatrice antes de la noche.

El error contrario es igual de dañino: deshojar en masa. La berenjena necesita masa foliar para engordar el fruto y, además, la hoja protege del sol directo. Un fruto expuesto en pleno agosto en el interior peninsular se quema por insolación, con manchas blanquecinas hundidas en la piel. Nunca dejes al descubierto la fruta en desarrollo.

En cuanto al aclareo, la berenjena tiende a cuajar más de lo que puede alimentar. Dejar uno o dos frutos por bifurcación y retirar los deformados, los pequeños que no arrancan y los que quedan pegados entre sí da un resultado mucho mejor que dejarlo todo. Los frutos deformes, además, son un sumidero hormonal que frena el cuaje de las flores siguientes.

El despunte de final de ciclo

Hacia finales de agosto o principios de septiembre, según la zona, conviene cortar el ápice de cada brazo. A partir de ese momento, cualquier flor nueva no llegará a fruto comercial antes del frío, y la planta seguiría gastando en ella. Despuntando, toda la energía va a los frutos ya cuajados, que engordan y maduran antes. En invernadero, el despunte se hace además cuando la planta alcanza el alambre superior.

La poda de renovación: una segunda cosecha en otoño

Es la operación que menos se conoce y la que más rendimiento saca a la planta en el litoral mediterráneo, en Canarias y en zonas del sur donde las heladas llegan tarde o no llegan. Como la berenjena es perenne por naturaleza, admite un rebrote completo.

A mediados o finales de agosto, cuando la planta está agotada, con hoja pequeña, plagada de araña roja y con frutos de mala calidad, se corta a 30-40 cm del suelo, justo por encima de la cruz, dejando dos o tres yemas visibles en cada brazo. Inmediatamente después: riego abundante, un aporte de abono equilibrado con nitrógeno y potasio, y retirada de todos los restos vegetales del bancal. En diez o quince días la planta emite brotes nuevos, y en unas ocho semanas hay una segunda cosecha, de octubre a diciembre, con fruta de excelente calidad porque cuaja con temperaturas más suaves.

Dos condiciones para que salga bien: que el sistema radicular esté sano —si hay síntomas de verticilosis o de nematodos, no lo intentes, es mejor arrancar— y que en tu zona queden al menos diez semanas por delante sin heladas. En Burgos, en Soria o en Ávila esta poda no tiene sentido; en Valencia, Málaga o Alicante es rutina.

Berenjenas recién cosechadas

Herramienta e higiene

La berenjena es solanácea y comparte enfermedades con tomate, pimiento y patata, incluidas virosis que se transmiten por contacto y por herramienta. Cuatro reglas que no cuestan nada:

Poda con tijera afilada y desinfectada entre plantas —alcohol de 70°, lejía al 10 % o una llama— si estás retirando material sospechoso. Los brotes tiernos se quitan con la mano; para lo leñoso, tijera.

No fumes ni manipules tabaco antes de tocar las plantas: el virus del mosaico del tabaco se transmite desde el tabaco elaborado y afecta a las solanáceas.

Corta el fruto con tijera dejando 2-3 cm de pedúnculo, nunca tirando de él. Al tirar se arranca corteza del brazo y se abre una herida. Muchas variedades tienen espinas duras en el cáliz, así que trabaja con guantes.

Retira del huerto todo lo que podes, hojas incluidas. Dejarlo entre las líneas es mantener el inóculo dentro del cultivo.

Errores que se repiten

Poner el tutor tarde. Ya está dicho, pero es el más frecuente y el que más daño invisible causa.

Podar en las horas de calor. Con 35 °C la planta está en estrés hídrico y las heridas se secan mal. Primera hora de la mañana, siempre.

Confundir poda con deshojado agresivo. Quitar hojas sanas de la mitad superior no mejora nada y expone el fruto al sol.

Dejar los chupones "por si acaso". Un chupón bajo la cruz nunca dará una berenjena decente y sí quitará savia y ventilación durante meses.

Podar con la planta mojada. Después de una lluvia o de un riego por aspersión, las esporas entran por cualquier corte. Espera a que seque.

Atar con hilo fino. El tallo engorda, el hilo se hinca y se termina anillando la planta.

En resumen

Clava el tutor el mismo día del trasplante, cuando aún no hay raíz que dañar, y elige el sistema según la ambición del cultivo: caña individual o tipi de tres cañas al aire libre, espaldera de hilos si vas a conducir la planta y alargar el ciclo. Ata en ocho, con rafia o cinta elástica, siempre bajo una hoja o una bifurcación.

Elimina todos los brotes por debajo de la cruz durante el primer mes y medio, quita la primera flor si la planta va justa de vigor, y decide a partir de la segunda bifurcación si conduces a dos, tres o cuatro brazos. En cada horquilla, una rama sigue y la otra se despunta con una hoja y su fruto. Aclara a uno o dos frutos por bifurcación y retira los deformados.

Deshoja solo por debajo del fruto cosechado, en días secos y por la mañana, sin exponer nunca la fruta al sol directo. Despunta los brazos a finales de agosto para que madure lo que queda. Y si vives en la costa mediterránea o en el sur, corta la planta a 30-40 cm en agosto, abona y riega: tendrás una segunda cosecha de otoño con mejor calidad que la de pleno verano.


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