El poleo (Mentha pulegium) crece de forma espontánea en las orillas de los arroyos, en las cunetas encharcadas y en los bordes de las charcas que se secan en verano. Ese dato, que parece anecdótico, decide si la planta sobrevive en el huerto: es una menta silvestre nativa de la península ibérica que necesita el pie húmedo, y la mayoría de la gente la coloca en el rincón seco de las aromáticas y la pierde en el primer verano.

Planta de poleo, Mentha pulegium, en floración

Qué es exactamente el poleo

El poleo es una labiada perenne de la familia Lamiaceae, el mismo grupo del romero, la salvia, el orégano y todas las mentas. Su porte es bajo y tendido: rara vez pasa de 30 o 40 cm, y buena parte de sus tallos reptan por el suelo enraizando en los nudos, igual que hace la hierbabuena. Las hojas son pequeñas, ovaladas, de un verde grisáceo, y desprenden un aroma inconfundible al frotarlas, más áspero y penetrante que el de la menta común.

Florece entre junio y septiembre con unas flores diminutas de color lila o rosado que no se agrupan en la punta del tallo, como en otras mentas, sino en verticilos: anillos apretados de flores que rodean el tallo a la altura de las hojas. Ese detalle es la forma más fiable de identificarlo en el campo y de distinguirlo de sus parientes.

Aquí conviene aclarar una confusión muy extendida. El «poleo menta» que se vende en bolsitas no siempre es poleo. En muchos casos es una mezcla de Mentha pulegium con menta piperita (Mentha × piperita), y en otros es directamente menta con un nombre comercial. No es un fraude grave, pero explica por qué el sabor de una infusión casera de poleo auténtico sorprende a quien solo conoce la versión de supermercado: es bastante más intenso y alcanforado.

Pariente de la menta, pero con otras necesidades

La mayoría de las aromáticas mediterráneas que cultivamos —tomillo, romero, lavanda, salvia— son plantas de secano que agradecen el suelo pobre, drenado y seco. El poleo no. Es la excepción de la familia y funciona al revés.

Necesita humedad constante en la raíz. En su hábitat natural vive con el pie mojado buena parte del año, y en el huerto ese es el factor limitante: en pleno julio, en el interior peninsular, un poleo en maceta puede necesitar riego diario. Si lo tratas como al romero, se agosta y no vuelve. El error más frecuente que veo es plantarlo en el rincón seco del huerto junto al tomillo, «porque son parientes».

El resto de sus exigencias son cómodas:

Suelo. Se adapta a casi cualquier textura, pero prefiere los suelos que retienen agua, incluso los algo arcillosos. Un aporte de compost al plantar le viene bien, aunque no es una planta glotona.

Luz. Sol directo en climas frescos del norte; en Andalucía, Extremadura o el valle del Ebro agradece la sombra de las horas centrales, sobre todo si el riego no es abundante.

Frío. Es rústico. Aguanta heladas de hasta unos -10 ºC. En invierno la parte aérea se seca casi por completo en zonas frías, pero rebrota de la cepa en cuanto sube la temperatura en marzo. No lo des por muerto en enero.

Multiplicación. Lo más rápido es la división de mata a comienzos de primavera o en otoño: se levanta un trozo con raíces y se replanta. También arraiga con facilidad por esquejes de tallo en agua o en sustrato húmedo durante la primavera. La semilla es viable pero minúscula, hay que sembrarla en superficie sin cubrir y tarda en dar una planta aprovechable.

Contención. Como toda menta, es invasora por rizoma. Si lo plantas en tierra libre, en dos o tres temporadas habrá colonizado el bancal entero. La solución práctica es plantarlo en una maceta grande hundida en el suelo, o en un cajón separado.

Cosecha y conservación

El momento de mayor concentración de aceites esenciales es justo antes de la floración plena, cuando los primeros verticilos empiezan a abrir. Corta los tallos por la mitad de su altura, en una mañana seca y después de que se haya evaporado el rocío, pero antes de que apriete el sol. La planta rebrota y suele permitir un segundo corte a finales de verano.

Para secarlo, haz manojos pequeños y cuélgalos boca abajo en un sitio ventilado, oscuro y a temperatura ambiente. La oscuridad importa: al sol el poleo pierde color y buena parte del aroma en pocos días. Cuando el tallo se parta en seco al doblarlo, desmenuza las hojas y guárdalas en tarro de cristal opaco o en un armario. Conserva bien el aroma unos doce meses.

Usos en la cocina, el botiquín y el huerto

El uso clásico es la infusión digestiva: una cucharadita de hoja seca por taza, agua a punto de hervir, tapada cinco minutos. Se toma después de comidas pesadas por su efecto carminativo, es decir, porque ayuda a expulsar los gases y relaja la musculatura del tubo digestivo. También se usa tradicionalmente para aliviar la tos y la congestión.

En la cocina de algunas zonas de España el poleo aromatiza guisos de caza, adobos y aceitunas aliñadas, siempre en cantidades pequeñas porque domina el resto de sabores con facilidad.

En el huerto tiene dos papeles interesantes. El primero es repelente: su nombre científico, pulegium, viene del latín pulex (pulga), porque desde la antigüedad se colgaban manojos para ahuyentar pulgas y otros insectos. Las hojas frescas restregadas o esparcidas molestan bastante a las hormigas y funcionan razonablemente bien para interrumpir sus rastros junto a los pulgones que ordeñan. El segundo, menos conocido, es que en flor es un imán para los polinizadores: abejas, avispillas parasitoides y sírfidos acuden en masa. Dejar florecer una mata de poleo en un rincón del huerto es una forma barata de mantener población de fauna auxiliar.

Precauciones que conviene tomar en serio

Que una planta sea tradicional y se venda en cualquier herbolario no significa que sea inocua. El poleo contiene pulegona, un compuesto que el hígado transforma en metabolitos hepatotóxicos. En una infusión ocasional la dosis es muy baja y no hay problema, pero hay tres reglas que no conviene saltarse:

Nunca ingerir el aceite esencial. El aceite de poleo es una concentración enorme de pulegona y se han documentado intoxicaciones graves y muertes por su ingestión. Repelente externo sí; por vía oral, no.

Evitarlo durante el embarazo y la lactancia. Se ha usado históricamente como abortivo, con resultados a menudo trágicos para la madre. No es una precaución formal: es una contraindicación real.

No convertirlo en la bebida diaria. Como infusión puntual después de comer no plantea problemas en adultos sanos; como sustituto del agua durante meses, sí. Tampoco es adecuado para lactantes y niños pequeños.

Si tomas medicación hepática o tienes cualquier problema de hígado, consúltalo antes.

En resumen

El poleo es una menta ibérica de bajo porte, fácil de cultivar siempre que se entienda que es la aromática de la familia que quiere el suelo húmedo, no seco. Se multiplica sin esfuerzo por división, hay que contenerlo para que no invada el bancal y se cosecha justo antes de florecer para aprovechar el máximo aroma. En el huerto suma como repelente de hormigas y sobre todo como refugio de polinizadores y fauna auxiliar. En la taza es un digestivo excelente y de sobra probado, siempre que se respeten sus límites: nada de aceite esencial por vía oral y nada de poleo en el embarazo.


Contenidos relacionados