Antes de sembrar chufa en el huerto conviene saber una cosa que casi nunca se cuenta: su pariente silvestre está catalogado entre las malas hierbas más difíciles de erradicar del planeta. Es la misma especie, Cyperus esculentus, y la variedad cultivada conserva buena parte de esa capacidad de expandirse. No es un motivo para renunciar a ella, pero sí para decidir dónde se planta antes de plantarla.

Qué es la chufa

La chufa es el tubérculo subterráneo de Cyperus esculentus var. sativus, una planta herbácea de la familia de las ciperáceas. Ese dato botánico explica más de lo que parece: las ciperáceas no son gramíneas, aunque lo parezcan. Sus tallos son de sección triangular y macizos, no cilíndricos y huecos como los de una hierba. Si coges un tallo de chufa entre los dedos y lo giras, notarás las tres aristas. Es el rasgo que delata a toda la familia, juncias incluidas.

La planta forma una mata densa de hojas acintadas y de un verde brillante, de 30 a 70 centímetros de alto, y extiende bajo tierra una red de rizomas finos. En los extremos de esos rizomas se forman los engrosamientos que comemos. Una sola chufa sembrada en primavera produce entre 300 y 400 tubérculos en una temporada. Ese es el negocio del cultivo y también la razón de su carácter invasor.

Conviene aclarar un malentendido persistente: la chufa no es un fruto seco, aunque se venda al lado de las almendras y las avellanas y aunque uno de sus nombres populares sea juncia avellanada. Es un tubérculo, igual que la patata es un tubérculo. Lo que ocurre es que se consume deshidratado, y esa textura dura y ese sabor dulce y a nuez lo colocan mentalmente en la estantería equivocada. Como consecuencia práctica: quien tiene alergia a los frutos secos no tiene por qué reaccionar a la chufa, y quien busca una bebida vegetal sin lactosa ni gluten tiene aquí una de las más antiguas de Europa.

Planta de Cyperus esculentus, la chufa

Su composición es peculiar para un tubérculo: alrededor de un 25 % de grasa, mayoritariamente ácido oleico, el mismo del aceite de oliva, más fibra, almidón y azúcares. De ahí que la horchata tenga cuerpo y no sea agua turbia.

De dónde viene y dónde se cultiva

La chufa procede del norte de África y del valle del Nilo, donde se documenta su consumo desde el Egipto faraónico. Llegó a la península con la agricultura andalusí y encontró en el litoral valenciano las condiciones exactas que necesita.

El cultivo comercial español se concentra en la comarca de l'Horta Nord, al norte de Valencia, con la Denominación de Origen Chufa de Valencia amparando municipios como Alboraya, Almàssera, Meliana, Foios, Vinalesa o Albalat dels Sorells. No es una elección casual ni meramente cultural: son suelos arenosos, sueltos y profundos, de origen aluvial, con agua abundante y veranos largos y cálidos. En una tierra pesada el tubérculo no engorda y, sobre todo, es imposible cribarlo en la cosecha.

Clima y suelo que necesita

La chufa exige un verano largo y caluroso: su ciclo ronda los 150 a 180 días desde la siembra hasta que la parte aérea se seca. Necesita temperaturas por encima de 15-18 ºC para brotar y da su mejor rendimiento entre 25 y 35 ºC. Las heladas destruyen el follaje, así que en el interior peninsular el ciclo se acorta y el calibre cae. Fuera del litoral mediterráneo y del valle del Guadalquivir, plantéala como cultivo de curiosidad más que de producción.

Sobre el suelo, la regla es sencilla y no admite atajos: cuanto más arenoso, mejor. Suelto, drenado, sin piedras, con pH neutro o ligeramente básico. Si tu tierra es arcillosa, cultívala en un contenedor grande o en una mesa de cultivo con sustrato arenoso: además de resolver el problema del suelo, resuelve de paso el del control.

Siembra

Se siembran los propios tubérculos secos, que primero hay que rehidratar sumergiéndolos en agua entre 24 y 48 horas. Sin ese remojo la nascencia es lenta e irregular. Descarta las que floten o presenten manchas.

El momento en la costa mediterránea va de mediados de abril a finales de mayo, cuando el suelo ya está templado. Adelantarse no gana nada: en tierra fría las chufas se pudren antes de brotar.

Marco orientativo: líneas separadas 40 a 50 centímetros y golpes cada 15 a 20 centímetros dentro de la línea, con dos o tres chufas por golpe y una profundidad de 3 a 5 centímetros. Tradicionalmente se siembra sobre caballón, que facilita el riego a manta y el arrancado posterior. La emergencia tarda de dos a tres semanas.

Cuidados durante el ciclo

Riego. Es el cuidado decisivo. La chufa quiere agua abundante y constante durante todo el verano, sin llegar al encharcamiento permanente. En julio y agosto, en suelo arenoso, eso significa regar cada pocos días. Un estrés hídrico en pleno engorde se traduce directamente en tubérculos pequeños y fibrosos. Ahora bien, hay que cortar el riego varias semanas antes de la cosecha para que la tierra se seque y se pueda cribar; con el suelo húmedo, cosechar chufa es imposible en la práctica.

Escarda. Los primeros dos meses la mata todavía no cubre el suelo y las hierbas compiten con ventaja. Escarda superficialmente, sin remover a más de tres o cuatro centímetros, porque los rizomas están ahí mismo y romperlos cuesta producción.

Aporcado. Arrimar tierra a la base a mitad del ciclo ayuda a que la zona de tuberización quede suelta y aireada. Es una operación clásica del cultivo valenciano y mejora sensiblemente el calibre.

Abonado. Materia orgánica bien descompuesta antes de la siembra y poco más. El exceso de nitrógeno produce matas espectaculares y cosechas decepcionantes: toda la energía se va a la hoja.

Plagas. Es un cultivo notablemente rústico. Los problemas serios vienen de nematodos y de podredumbres por exceso de agua estancada, más que de insectos. La rotación amplia previene lo primero y el buen drenaje lo segundo.

La advertencia importante: control

La forma silvestre de esta especie, la juncia avellanada o coquito, es una hierba invasora de primer orden en arrozales, maizales y huertas de medio mundo. Se propaga por tubérculos que sobreviven años en el suelo, rebrota de cualquier fragmento y resiste la mayor parte de los herbicidas selectivos. La variedad cultivada es menos agresiva, pero funciona con el mismo mecanismo: cualquier tubérculo que quede en la tierra tras la cosecha brotará al verano siguiente, y en un bancal recogerlos todos es utópico.

Recomendaciones concretas: cultívala en contenedor, saco o mesa de cultivo si tu huerto es pequeño; si va en suelo, destina un bancal fijo y asume que tendrás chufa allí varios años. Nunca eches restos de la mata ni tubérculos al compost, ni tires sobrantes en un margen o en una acequia. Y si vives cerca de zonas agrícolas, ten presente que ese margen puede convertirse en un problema para el vecino.

Cosecha y secado

La chufa se cosecha en noviembre y diciembre, cuando la parte aérea se ha secado por completo y el suelo lleva semanas sin riego. Se levanta la mata con una horca o un arado y se criba la tierra para separar los tubérculos, que son pequeños, arrugados y del tamaño de una avellana pequeña.

Después viene la parte que sorprende a quien se estrena: el secado dura unos tres meses. No se pueden meter en un saco recién cosechadas, porque fermentan. El método tradicional consiste en extenderlas en capa fina en un local ventilado, removerlas a diario y humedecerlas ligeramente de vez en cuando para que la pérdida de agua sea lenta y uniforme. Si secan de golpe, la piel se agrieta, el tubérculo se parte y pierde calidad. Ese secado pausado es también el que desarrolla el sabor dulce y avellanado que se busca.

Chufas secas listas para consumo

Una vez secas y bien curadas, se conservan un año o más en lugar fresco y seco, y sirven tanto para consumo como para semilla de la temporada siguiente.

Qué hacer con la cosecha

El destino natural es la horchata. Se remojan las chufas secas de 12 a 24 horas en agua fría, se escurren, se trituran con agua limpia en proporción aproximada de una parte de chufa por tres o cuatro de agua, se deja reposar un par de horas y se cuela con paño fino apretando bien. Se endulza al gusto y se sirve muy fría. Es un producto sin conservantes: en la nevera aguanta uno o dos días, no más.

Más allá de la horchata, la chufa se come tal cual como fruto seco, molida en harina para repostería sin gluten, o remojada y añadida a ensaladas y granolas. La pulpa que queda al colar la horchata no se tira: seca y molida da una harina útil para bizcochos y galletas.

En resumen

La chufa es el tubérculo de Cyperus esculentus var. sativus, una ciperácea de tallo triangular, no un fruto seco ni una gramínea. Necesita suelo arenoso y suelto, verano largo y caluroso, y riego generoso de junio a septiembre que se corta varias semanas antes de arrancar. Se siembran los tubérculos remojados 24-48 horas entre abril y mayo, a 3-5 centímetros de hondo y con líneas a 40-50 centímetros, y se cosecha en noviembre o diciembre con la mata ya seca. Después hace falta un secado lento de unos tres meses para que no se agrieten. Y una precaución que no es menor: su capacidad de rebrotar de cualquier tubérculo olvidado hace muy recomendable cultivarla en contenedor o en un bancal reservado para ella.


Contenidos relacionados