Mayo es el mes en que el huerto cambia de marcha. Se acaba el riesgo de helada en casi toda la península, entran los cultivos de verano y, casi de un día para otro, las plantas empiezan a pedir agua, nutrientes y vigilancia a un ritmo distinto. Es también un mes de solapamiento: mientras se plantan los tomates se están cosechando las habas y los guisantes del ciclo anterior.

Planta y siembra los cultivos de verano

La referencia clásica para plantar sin miedo son los santos de hielo, en torno al 12-15 de mayo. No es superstición: en el interior peninsular y en zonas de montaña es habitual que una última irrupción de aire frío deje heladas tardías a mediados de mayo, y basta una noche para arrasar tomates y calabacines recién plantados. En el litoral mediterráneo y en el sur se puede plantar desde finales de abril; en la meseta norte, más vale esperar a después de esas fechas.

Trasplante definitivo: tomate, pimiento, berenjena, pepino, calabacín, calabaza, melón, sandía, puerro y apio.

Siembra directa: judía verde de mata baja y de enrame, maíz dulce, calabaza, calabacín, pepino, melón, sandía, remolacha, acelga y zanahoria. La judía es exigente en temperatura de suelo: con menos de 15 ºC se pudre la semilla.

Siembras que aún convienen: lechugas de variedad resistente al espigado, albahaca (que va estupendamente junto al tomate), rúcula y escalonados de rábano.

Al trasplantar, dos detalles marcan la diferencia. El primero es plantar al atardecer, nunca a mediodía, y regar abundantemente justo después para asentar la tierra alrededor del cepellón. El segundo es específico del tomate: enterrarlo profundo, hasta las primeras hojas, porque el tallo emite raíces adventicias en toda la parte enterrada y la planta gana un sistema radicular mucho más potente. Con pimiento y berenjena no funciona: esas se plantan al mismo nivel que tenían en el alveolo.

Entutorado, poda y acolchado

Coloca los tutores en el momento de plantar, no un mes después. Clavar una caña junto a una planta ya desarrollada rompe raíces y abre puertas de entrada a hongos del suelo.

En tomate de crecimiento indeterminado, empieza el destallado: retira los brotes que salen en la axila entre el tallo y cada hoja. Hazlo cuando midan dos o tres centímetros, pinzándolos con los dedos y en días secos, para que la herida cicatrice rápido. Si esperas a que sean ramas, la herida es grande y la planta ya ha gastado energía en balde. Las variedades determinadas o de mata baja no se destallan.

Es el momento ideal para acolchar. Una capa de 5-8 cm de paja, restos de siega secos o compost grueso sobre el suelo húmedo hace tres cosas a la vez: reduce mucho la evaporación, frena la nascencia de hierbas adventicias y evita que las gotas de riego salpiquen tierra sobre las hojas bajas, que es la vía de entrada habitual del mildiu y la alternariosis. Deja un par de centímetros libres alrededor del cuello de la planta para que no se pudra.

Aprovecha también para escardar antes de acolchar: en mayo las hierbas compiten en serio por el agua y el nitrógeno, y una hierba arrancada pequeña cuesta la décima parte de esfuerzo.

Aumenta la frecuencia de riegos

La evapotranspiración se dispara en mayo. Una planta de tomate adulta puede consumir en torno a dos litros diarios en un día caluroso, y un bancal que en abril aguantaba con un riego semanal puede necesitar tres.

La regla útil no es «regar más veces», sino regar más cantidad y con menos frecuencia. Un riego abundante que empape 25-30 cm de profundidad obliga a la raíz a bajar y hace a la planta más resistente al calor de julio. Riegos cortos y diarios crean un sistema radicular superficial que se colapsa en la primera ola de calor.

Para comprobarlo, mete un dedo o un palo en la tierra: si a 5 cm está seca pero a 10 cm sigue fresca, todavía no toca regar.

Otras recomendaciones concretas:

Riega temprano por la mañana o al atardecer. A mediodía se pierde una parte importante por evaporación y se aumenta el riesgo de quemaduras.

Riega el suelo, no la planta. Mojar el follaje del tomate, la patata o la cucurbitácea es la mejor forma de sembrar mildiu y oídio.

El goteo es la opción más eficiente y además localiza la humedad en la línea de cultivo en vez de repartirla entre las hierbas. Si lo instalas ahora, comprueba caudales y tapa el riesgo de obturación con un filtro de malla.

Riego por goteo instalado en un cultivo

Vigila plagas y enfermedades

Mayo es el mes en que casi todo despierta. Merece la pena una revisión de dos minutos cada dos o tres días, mirando el envés de las hojas, que es donde se instala casi todo antes de que se vea nada por arriba.

Pulgón. Aparece en brotes tiernos, habas, pimientos y frutales. Un chorro de agua a presión o jabón potásico aplicado al atardecer resuelve un foco pequeño. Antes de tratar, mira si ya hay larvas de mariquita o de sírfido en la colonia: si las hay, no hagas nada.

Escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata). Recoge los adultos a mano y aplasta las puestas de huevos naranjas del envés. Con revisión periódica no hace falta ningún producto.

Oídio. Polvillo blanco en calabacín, pepino y calabaza. Aparece con calor seco y noches frescas. Corta y retira las hojas afectadas y no las eches al compost.

Mildiu. Manchas aceitosas en tomate y patata, con pelusilla gris en el envés. Necesita humedad prolongada en la hoja, así que la prevención principal es el manejo: separar bien las plantas, ventilar, quitar hojas bajas y no mojar el follaje.

Mosca blanca, trips y araña roja. Empiezan a subir con el calor. Las trampas cromáticas amarillas y azules ayudan a detectarlos pronto y a medir si el problema crece.

Caracoles y babosas. Con las lluvias de primavera hacen destrozos en plántulas recién trasplantadas. Recogida nocturna, barreras de ceniza o gránulos de fosfato férrico, que es la opción menos agresiva para el resto de fauna.

Sobre los tratamientos preventivos, conviene ser honesto: tratar «por si acaso» cada semana es contraproducente. Los productos de amplio espectro, incluidos los autorizados en ecológico, eliminan también a los depredadores naturales, y el resultado a medio plazo suele ser peor. Si usas azadiractina (aceite de neem), aplícala al atardecer, nunca sobre flores abiertas para no afectar a los polinizadores, y solo cuando haya una plaga identificada. El caldo bordelés y el azufre son preventivos razonables contra hongos, pero el azufre no debe aplicarse con más de 30 ºC porque quema el follaje.

Abona los cultivos

El abonado de fondo se hizo en invierno; lo de mayo es mantenimiento para plantas que están creciendo a toda velocidad.

El cambio importante es el equilibrio de nutrientes. Mientras la planta está haciendo hojas y tallo agradece el nitrógeno, pero en cuanto empieza a florecer hay que reducirlo y pasar a aportes ricos en potasio. Un tomate sobrealimentado de nitrógeno hace una mata enorme, oscura y frondosa que cuaja mal y produce frutos con problemas.

Opciones prácticas:

Compost maduro o humus de lombriz en superficie, alrededor de cada planta, incorporado con un ligero rascado y regado después. Es el aporte más equilibrado y el que menos riesgo tiene.

Purín de ortiga diluido al 10 % para las plantas en fase de crecimiento vegetativo: rico en nitrógeno, ideal para coles, acelgas y lechugas.

Purín de consuelda diluido al 10-15 % para las que ya están en flor y fruto: aporta bastante potasio.

Ceniza de madera tamizada, una cantidad pequeña —un puñado por metro cuadrado— por su contenido en potasio. Ojo: sube el pH, así que no conviene en suelos calizos, que ya son la mayoría en España.

Y una advertencia sobre el culo negro del tomate, que empieza a verse a final de mes. Esa mancha oscura y hundida en la base del fruto es una carencia de calcio localizada, pero casi nunca se debe a que falte calcio en el suelo: se debe a riegos irregulares, que impiden a la planta transportarlo. Echar calcio no lo soluciona; regularizar el riego y acolchar, sí.

Abono natural para el huerto

Cosechas y otras tareas del mes

Mayo ya da bastante: habas, guisantes, fresas, ajos tiernos, lechugas, acelgas, espinacas de última siembra, rábanos, primeras cebolletas y las hierbas aromáticas en pleno vigor. Las habas y los guisantes se recogen tiernos y a diario, porque un par de días de más los vuelve harinosos.

Cuando termine el cultivo de habas y guisantes, corta la planta a ras y deja las raíces en el suelo: los nódulos de las leguminosas contienen nitrógeno fijado que quedará disponible para el siguiente cultivo. Arrancarlas de cuajo desperdicia ese abono gratuito.

En los frutales toca el aclareo de frutos en melocotoneros, ciruelos, perales y manzanos: dejar un fruto cada 10-15 cm parece un desperdicio, pero es lo que separa una cosecha abundante de fruta pequeña de una cosecha razonable de fruta de calidad, y además evita la vecería.

Si tienes ajos plantados en otoño, en mayo empiezan a emitir el escapo floral en las variedades que lo hacen. Córtalo: la planta dejará de invertir en él y engordará el bulbo. Además se come, salteado.

En resumen

En mayo se planta el huerto de verano —tomate, pimiento, berenjena, cucurbitáceas, judía, maíz— esperando a que pase el riesgo de helada tardía a mediados de mes en zonas de interior. Hay que entutorar al plantar, empezar el destallado del tomate, acolchar para ahorrar agua y frenar hierbas, y pasar a riegos más abundantes y menos frecuentes para forzar el enraizamiento profundo. El abonado se orienta hacia el potasio en cuanto aparecen las flores, y la vigilancia de plagas se hace por revisión frecuente del envés de las hojas en vez de por tratamientos sistemáticos. Es un mes de trabajo intenso, pero es el que decide la cosecha de julio y agosto.


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